CAPITULO 11: CINNA
POV KATNISS
Esa noche Peeta durmió en mi cama nuevamente. No porque yo se lo pidiera, ni por que hubiéramos quedado de acuerdo en eso. Peeta había decidido hacerme compañía un rato y veíamos un programa de televisión, cuando se quedo dormido. Y yo ni siquiera me había dado cuenta en qué momento. Como pude lo tape con las mantas, apague el televisor y me dormí.
El ruido de un timbre nos despertó, ambos nos miramos aun semidormidos y tardamos en reaccionar.
-¿Qué hora es? –Le pregunte.
El miro la hora en su reloj.
-Diez y media. Me quede dormido, lo siento.
El timbre sonó nuevamente.
-¿Quién crees que sea? –Me pregunto.
-No sé. Tal vez sea Cinna. No me dijo a qué hora vendría.
-Iré a ver.
Peeta se levanto. Y salió de la habitación. Seguía vestido con la misma ropa que se puso la tarde anterior, asique no se preocuparía por cambiarse. Aunque yo si debía hacerlo. Tome la ropa que había dejado en el gran cajón de la mesa luz y me cambie. Fui al baño y volví a la cama. Estaba sentada allí agotada por el esfuerzo y el dolor, cuando Peeta entró.
-Es él. –Me aviso. -¿Quieres ir o prefieres quedarte aquí?
-Voy.
Peeta me ayudo. Cargo con la mayor parte del peso de mi cuerpo, para que hiciera el mínimo esfuerzo. Pero por menos esfuerzo que yo hiciera el dolor seguía existiendo. Intente ocultárselo a Peeta, pero fue inútil.
-No puedes decirme que no me sienta culpable, cuando tú estás sufriendo. –Dijo evidentemente molesto consigo mismo.
No dijo nada más el resto del camino. Me condujo al living, donde nos encontramos con Cinna.
Él nos observaba mientras nos acercábamos. Él lucia realmente espectacular, simple pero elegante. Solo llevaba una camisa negra de seda con mangas largas y detalles en forma de ondas bordados con hilo dorado muy fino en la zona del hombro, la parte superior del pecho y espalda. También un pantalón de vestir negro muy simple, la tela era en apariencia muy suave.
Lo veía algo perdido sin saber cómo reaccionar ante mi presencia. Tal vez estaba analizando en qué estado me encontraba.
-Cinna. –Lo salude feliz. Me alegraba volver a verlo, aunque fuera bajo una circunstancia como esta. Le dedique una sonrisa para tranquilizarlo. Tuvo el efecto que esperaba. Él me sonrió abiertamente.
-Buenos días, Katniss. Lamento haberlos despertado.
-¡Oh, no te preocupes! –Lo tranquilice.
-¿Necesitas ayuda? –Ahora Cinna se dirigió a él.
-No, gracias. Puedo con ella.
Nos acercamos más y Peeta me dejo en el sofá vacio, Cinna estaba en otro que se encontraba en un costado contra la pared.
-Él es…
-Lo sé. Nos presentamos. Y tú me hablaste de él por teléfono.
Peeta solo nos observaba a ambos.
Yo asentí afirmativamente.
-Seguro te hablo muy mal de mí. –Interrumpió Peeta, mirando a Cinna. – Ayer estaba algo molesta conmigo. ¿No, Katniss? –Luego, me miro de reojo a mí.
-No es cierto.
-Sí, lo es. –Me hablo en el oído y me dijo palabras sueltas "cocina" "harina", entre otras.
-Cállate. -Lo fulmine con la mirada, para ocultar lo avergonzada que me sentía por recordar estuve a punto de besarlo por segunda vez.
-¿Ves, Cinna? Y aun lo está. –Luego empezó a reírse entre dientes.
-Te advertí, que hicieras buena letra conmigo.
-Creo que lo olvide. –Me sonrió.
-Eres insoportable cuando estas de buen humor. –Le solté.
-Y tú eres muy divertida cuando te molestas por algo.
-Vamos a ver si te divierte tanto cuando te atraviese el corazón con una flecha.
Peeta no cambio su expresión y eso me enfureció aun más. Aunque, ¿cómo iba a cambiarla, si él sabía que no estaba hablando en serio?
Me hice hacia atrás y me apoye en el respaldo del sofá cruzada de brazos. Suspire y evite la mirada de Peeta. Centre mi atención en quien sería algo asi, como mi nuevo niñero temporal. Fue ahí cuando me di cuenta la manera en la que Cinna nos miraba a ambos. Cinna nos miraba a mí y a Peeta alternativamente. Era un misterio para mí saber lo que estaba pasando por su mente. Pero parecía divertirse bajo esa mascara de tranquilidad.
-Vaya que tiene carácter ¿no? –Pregunto Peeta en tono confidente a Cinna, como si yo no estuviera presente.
-Conviene no provocarla. Debe ser mucho más peligrosa una Katniss realmente enojada. –Coincidió Cinna con una sonrisa.
-Los estoy escuchando y viendo a ambos. –Me queje. –Se supone que deben cuidarme, no aliarse en mi contra.
-Es lo que estuve haciendo todos estos días, Preciosa. Ahora le toca a tu amigo.
Peeta acaricio mi mejilla, provocando que involuntariamente me ruborizara. Se levanto del sillón y se marcho.
-¿Qué paso aquí? –Pregunto inquisitivamente Cinna.
-Nada. –Respondí.
-Hare de cuenta que te creo. Puede que no te conozca, pero se cuando las personas mienten.
-Es imaginación tuya. –Dije quitándole importancia al asunto. Aunque en el fondo, sabía que Cinna acertó.
-Como sea. ¿Cómo te sientes?
-Una inútil. Peeta no me deja hacer nada. Y la verdad entre la medicación y las molestias que siento, tampoco me siento con ánimos de hacer nada.
-Ya va a pasar. Al menos estas bien. Cuando Johanna me llamo para decirme todo, me asuste, pensé que te encontraría peor.
-¿Johanna exagero tanto?
-Bueno, es normal teniendo en cuenta que no te ha visto. Y más porque sabe lo orgullosa que eres como para reconocer que estas mal.
-¿Tu también piensas eso?
-Por ahora, no. Tal vez cuando nos conozcamos mas pueda hacerme una idea de cómo eres tú realmente. Por ahora me resultas agradable, a pesar de haber amenazado de muerte a una persona.
-Al parecer nadie toma en serio mis amenazas. –Comente.
-No. –Reconoció sonriendo.
Al rato, Peeta volvió con el desayuno, o al menos parte de él. Cinna le ayudo a traer el resto. Peeta me trajo una bandeja con soportes en los costados que cuando lo abrías formaban una mesita.
-¿Esto estaba acá? –Le pregunte. No sabía que Johanna tenía una. Jamas la había visto.
-Lo encontré en la cocina. Te resultara útil estos días.
Yo estaba sentada con las piernas sobre el sillón y una almohada bajo mi pie. Ubique la bandeja al costado de mis piernas, y él me sirvió todo.
Cinna no quiso desayunar. Ya lo había hecho antes de venir.
Peeta se sentó en la otra punta del sofá donde yo estaba. Cinna y Peeta increíblemente parecían llevarse muy bien. Aunque el primer tema que tocamos no fue precisamente agradable. Mientras Peeta contaba lo que había sucedido la mirada torturada que había visto en el hospital volvió. Solo cuando yo intentaba atraer su atención de alguna manera y él me miraba, lograba arrancarle una sonrisa. Pero hubo algo que me llamo la atención, no sabía quién me había socorrido en la calle. Seguramente había sido ese medico del que me hablo, ¿o ese hombre había llegado junto con la ambulancia? Se lo pregunte.
-Fui yo junto con el médico que de casualidad pasaba por la calle. Estábamos tratando de traerte de vuelta, habías sufrido un paro cardiorespiratorio. Yo realmente pensé que te había matado.
-Los podía escuchar y sentir.
-¿En serio? –Pregunto más animado.
-Sí, pero no entendía del todo lo que decían, ni siquiera lo que pasaba y no podía reaccionar. Tu sabias hacer reanimación, masajes cardiacos.
-Sí y no
-¿Cómo es eso?
-En un momento de mi vida, me toco hacer un curso de primeros auxilios. Pero no es lo mismo practicar con un muñeco, que con una persona. Pero de eso se encargo él. No me hubiera animado, de todos modos. De haberlo intentado seguramente hubiera fallado. Siempre me pareció más complicado y jamás me había visto envuelto en una situación asi. –Si no se había encargado de los masajes eso me dejaba con la segunda opción y por alguna razón me avergonzó. Tal vez porque recordé que recientemente nos habíamos besado.
-Bueno, supongo que te lo tengo que agradecer. Me trajeron de vuelta.
-Ya lo hiciste. –Me dedico una tierna sonrisa.
-¿A él no lo vi?
-¿En el hospital? No. Pero lo he visto un par de veces allí, y me preguntó por ti.
Luego de un rato, Peeta anuncio que se iría, pero que volvería mas tarde. Beso mi frente y coloco unos mechones de cabello detrás de mi oreja de forma tierna.
-No hagas rabiar a tu niñero. –Murmuro para que solo yo escuchara. Fruncí el entrecejo algo molesta.
-Tonto. –Murmure en el mismo tono bajo que él.
-Llámame. –Me pidió.
Luego se aparto de mí y se dirigió a Cinna.
-Si tienes algún problema o debes irte antes, solo avísame. Katniss sabe mi número. Yo vendré inmediatamente.
-No te preocupes. Todo estará bien. No tengo ningún plan hoy, puedes ausentarte todo el tiempo que quieras.
-Gracias.
Cinna se puso de pie y camino junto a Peeta, para acompañarlo hasta la puerta. No pude seguir escuchando de qué hablaban. Antes de desaparecer de mi vista, Peeta se volteo solo para encontrarse con mi mirada y sonreírme. Una extraña e inquietante sensación se apodero de mí en ese instante, pero termino tan pronto como él desapareció de mi vista.
El resto del día pasó entre charlas con Cinna que solo se ausentaba para ir a la cocina o buscar algo que yo necesitara. Fue agradable, porque pude conocerlo más a fondo. Realmente me caía bien, era una gran persona. Era amable, centrado y comprensivo. En un momento determinado le pregunte sobre su trabajo.
-Johanna me dijo que eres un maravilloso diseñador. Eres muy famoso en el país. Me gustaría ver algún día tus diseños. He visto algunos vestidos que le hiciste a Johanna y son fabulosos
-Gracias. Si quieres, yo mismo te mostrare mi mundo, el lugar donde trabajo y donde tengo mis tiendas. Pero, esperaremos a que te recuperes primero y puedas caminar por tu propia cuenta ¿Te parece?
-Me encantaría.
-Es un trato. –Dijo sonriéndome. Yo le devolví la sonrisa.
Si, definitivamente me agradaba.
