CAPITULO 13: SENTIMIENTOS

POV PEETA

Finnick no me dio tiempo de salir de mi oficina. Él mismo vino a buscarme. Se sentó frente a mí. Me dedico una de esas sonrisas torcidas suyas, por la que las chicas suspiraban, incluso las que trabajaban aquí. Clavo sus ojos verdes esmeralda en los míos.

-Hola.

-Hola. ¿No te dije que nos encontrábamos afuera?

-Creo que me olvide. De todas formas, da igual ¿Cómo estás?

-Bien ¿Tú?

-Mejor que tú, seguro. ¿La chica sigue internada? Hace días que no hablamos.

-No, le dieron de alta hace tres días. Aunque debe seguir haciendo reposo y pasado mañana la debo llevar para un control.

-¿No tiene familia?

-En Estados Unidos. Vive con una amiga aquí desde hace un par de semanas. Pero ella está de viaje.

-Asi que tú te tienes que hacer cargo de todo lo que tenga que ver con ella. Como eres, no me extraña que lo hagas.

-Yo le hice daño, en primer lugar. Soy responsable por ella.

-Si todos pensaran como tú, el mundo estaría mejor. Eres consciente de que otro la hubiera abandonado y hubiera escapado ¿no?

Por un momento lo pensé. Si, era consciente de eso.

-Sí. Me parece muy cruel. –Hice una mueca.

-Lo es. ¿Cómo se encuentra?

-Bastante bien dentro de todo. Siente dolor pero es normal.

-¿Sigues con ella?

-La lleve al departamento de su amiga, me quedare con ella hasta que su amiga regrese.

-¿Incluso en las noches?

-Sobre todo en las noches, no está siendo fácil para ella.

-No entiendo.

-Tiene pesadillas originadas de recuerdos dolorosos. Le afectan mucho asi que me quedo con ella toda la noche. Eso parece tranquilizarla.

-Estas ¿queriendo decir que duermes con ella? –Pregunto incrédulo.

Puse los ojos en blanco.

-Sí. Pero no lo malinterpretes. Solo dormimos. –Me quise matar por abrir la boca, la imaginación de Finnick empezaba a volar en un segundo. Ahora debía bajarlo de la nube.

-Vaya, pensé que te odiaba o algo asi. Teniendo en cuenta lo que paso.

-No me odia.

-¿Es linda?

-Estás haciendo muchas preguntas, Finnick. –Le reproche. –Además es algo irrelevante ¿no te parece? Casi la mato.

-Sí, lo es. Pero siento curiosidad.

-Eres peor que una vieja chusma. –Me reí.

-Bueno, esta vieja chusma quiere saber si te parece linda.

No. Es hermosa. Pensé o eso creí hasta que vi la expresión de sorpresa en el rostro de Finnick ¿Lo había dicho en voz alta?

-¡No lo puedo creer! Peeta admitiendo que una chica es hermosa. ¿Los extraterrestres secuestraron al verdadero Peeta Mellark y te trajeron a ti? Es eso ¿no?

Si. Lo había dicho en voz alta.

Quería maldecirme a mí mismo; y al mismo tiempo golpear a mi amigo. Si hubiera estado más cerca de él, juro que hubiera hecho lo segundo.

-No te avergüences, amigo. Algún día iba a pasar.

-No ha pasado nada. –Mentí. Lo que yo estaba sintiendo, no entraba en la categoría de "nada".

-Todavía. –Sonrió con picardía.

Le estaba a punto de replicar cuando repare en que el estaba viendo el contenido de las carpetas que mi secretaria me pasó. Las había estado observando de reojo durante toda la conversación y yo apenas había prestado atención a ese detalle.

-Oye ¿Qué haces con eso? Es confidencial. –Se las quise sacar pero no me dejo

-No están nada mal sus perfiles y algunas parecen bien preparadas. –Comento. –Algunas, solamente. Yo creo que a la mitad de estas candidatas que he visto las descartaría para el puesto. Jóvenes lindas sin preparación, y otras con currículos casi perfectos, pero que cuando las vi la semana pasada eran muy… Para ser más suave, seria la típica joven que en cuanto te vea, se lanzaría sobre ti como una garrapata para conseguir más beneficios o un aumento o porque le atrae el poder. Te podría decir cuáles son las que me dieron esa impresión y te evitarías muchos problemas. Sé que odias tener a esas mujeres cerca.

-No tengo idea. Aun no me he puesto a ver ninguno. Estoy con miles de cosas más importantes. Trabajo atrasado, por ejemplo. Con Kat al cuidado de mi no he tenido tiempo de hacer casi nada.

Kat… ¿porque la tenía que llamar por un apodo con Finnick frente a mi? Suspire, nunca vería a Katniss como una chica cualquiera.

Vi cuatro carpetas de la pila en el mismo lugar que Mary las había dejado, Finnick aun no las había visto en apariencia. Finnick las había estado sacando de una en una.

-Sí. Tú eres experto en mujeres fáciles. Desperdiciaste la mitad de tu vida con ellas. Las puedes reconocer a mil kilómetros. –Dije en tono cortante, mientras tomaba las carpetas que no él no había visto. –Seguramente tu ayuda en esto me vendrá genial.

-No me insultes, estoy luchando por cambiar eso.

-Más te vale, porque si le haces algo a Annie yo mismo te matare por idiota. –Annie era una tan dulce, decente y se veía tan frágil que me preocupaba que alguien como Finnick le rompiera el corazón o la traicionara. No podía traicionar a la primera mujer que realmente valía la pena para él.

-Y yo dejare que me mates. Te lo puedo asegurar. –Que lo reconociera, ya era bueno. –No está en mis planes traicionarla.

-Ahora deja todo eso y dámelo.

-Pensé que tal vez necesitabas ayuda. No creo que quieras que cualquiera trabaje contigo.

A veces me exasperaba. Tal vez tenía razón, además, yo no tenía cabeza para pensar en nada más que el trabajo y los problemas con Katniss y los sentimientos que provocaba en mi.

Baje la mirada y noté que una hojas se habían salido un poco hacia los costados de una carpeta oficio negra. La abrí para volver a acomodar las hojas en su lugar, pero en cuanto vi la foto me quede paralizado. Ese rostro lo reconocía muy bien. Los ojos grises, el cabello castaño, la forma del rostro y el color de su piel.

-Katniss. –Susurre. Estaba tan sorprendido que no pude apartar mi mirada de su foto.

-¿Katniss? Peeta ¿Qué sucede? Parece que hubieras visto un fantasma. –No lo mire. Traslade mi mirada y leí el resto de la información que contenía la hoja.

Apellido y Nombres: Katniss Camille Everdeen

Lugar de Nacimiento: Ohio, Estados Unidos

Fecha de Nacimiento: 8 de mayo de 1.991

Nacionalidad: Americana

Estado Civil: Soltera

Hijos: Ninguno

También había un par de datos más como el domicilio, localidad, estado, teléfono que yo conocía de memoria.

-¿Peeta? ¿Está todo bien? –Preguntó evidentemente preocupado.

-Es ella.

-¿Ella? ¿La chica que atropellaste?

En un segundo tuve a Finnick justo detrás de mí, observando lo mismo que yo.

-Katniss Everdeen. –Dijo con una emoción y nostalgia que me resulto extraña en él teniendo en cuenta que no la conocía ¿o sí? –No lo puedo creer. –Me arranco la carpeta de la mano y empezó a leer. -¿Atropellaste a Katniss? –Su tono de voz se volvió severo y de reproche.

-¿La conoces? –Me gire a verlo sorprendido.

Su mirada me indico que estaba dispuesto a matarme. Pero ¿Por qué?

-Fuimos a la misma universidad. Fuimos muy buenos amigos. Deje de tener contacto con ella cuando egrese y me volví aquí. Hace años que no sabía nada de ella. –Estaba sonriendo de oreja a oreja. –En realidad, solo tres años.

-¿Amigos? –Volví a preguntar para asegurarme que había entendido bien. Era demasiada casualidad que se conocieran. ¿Era una broma?

-Sí. Jamas pasó nada entre nosotros, relájate hombre. –Me dio una palmada en el hombro y volvió a su atención a las hojas que contenía la carpeta.

No era a eso a lo que me refería. Era increíble la facilidad con la que se desviaba de tema.

-¿Es una broma? ¿La conoces de verdad?

-No te mentiría. ¿Es ella?

-Sí. –Respondí.

-Qué pequeño es el mundo. Katniss aparece luego de años aquí, se presenta a una entrevista en el lugar en el que casualmente trabajo, para ser tu empleada. Y luego tú sin saberlo la atropellas. Y actualmente cuidas de ella. ¿De verdad no la habías visto ese día?

Lo pensé unos segundos. Ese día yo había entrado a la oficina de Mary para consultarle algo y había una chica de espaldas poniéndose un abrigo de pelo castaño, estatura y cuerpo de Katniss. No le preste atención ese día y solo la había visto un segundo. Pero, era Katniss. Recién ahora me daba cuenta de ese detalle.

-Sí, de hecho la vi. Pero estaba de espaldas. Ni siquiera ella me vio. No la reconocí cuando ocurrió todo. Incluso tenía un peinado recogido, diferente a como esta siempre ¿Qué me iba a imaginar que era la misma que se presentó a la entrevista?

-Demasiadas coincidencias.

-Para ambos.

-Te debería matar y hacerte una denuncia por lo que le hiciste a mi amiga.

-¿Lo harás? –Le pregunté.

-No. Estas arrepentido y tratando de reparar tu error. Además, le correspondería a Katniss y si no lo hizo sus motivos tendrá. Me sorprende que sigas vivo, de todos modos.

-¿Por qué?

-Tiene una personalidad bastante particular, se enoja con mucha facilidad y si le hacen algo realmente malo, es capaz de guardarte rencor por el resto de su vida y no dirigirte ni siquiera una mirada. No perdona fácilmente. Y tú… me sorprende que no te odie. O peor que estés muerto.

-Me he dado cuenta que se enoja con mucha facilidad.

-Pues trata de evitarlo. A veces es tan terca como una cabra.

-Eso también lo sé. Pero puede ser muy dulce y delicada. –Le respondí.

-¿Dulce? ¿Delicada? –Pregunto extrañado. -¿En serio? ¿Hasta qué punto la conoces, Peeta? –Vi algo de diversión en sus expresiones. Nunca había dicho tanto de una mujer y menos me había sonrojado después de soltar esa declaración. Finnick me miro inquisitivamente como preguntado "¿Qué me ocultas?", pero no podía confesárselo, porque ni yo sabía lo que sentía.

-¿Me disculpas? Quiero hablar un minuto con Mary. Luego almorzaremos fuera. –Le respondí incomodo y antes de que pudiera detenerme o preguntar cualquier cosa más me fui.

-Esto no se quedara asi, Peeta Mellark. –Me grito mientras ocupaba mi asiento frente al escritorio. No le respondí, demasiado avergonzado con la situación. Lo escuche reír antes de que cerrara la puerta de mi oficina.

Salí de la oficina con la carpeta de Katniss en mi mano. Entre a la oficina de Mary, sabía que la encontraría, ella casi siempre pedía una vianda y almorzaba aquí cuando tenía mucho trabajo como ahora.

-Peeta ¿necesitas algo?

-De hecho, si.

-Siéntate. –Asentí. Y me senté frente a ella del otro lado del escritorio.

-Ya lo decidí.

-¿Qué decidiste?

-Por casualidad ¿fue esta la mujer que entrevistaste y con la que programaste una segunda entrevista conmigo? –Recordaba vagamente que ella me había indicado que la joven era la que había visto en su oficina.

Le pase la carpeta y ella vio la primer hoja y la volvió a cerrar.

-Si, Katniss Everdeen. ¿Por qué, querido?

-Quiero que Katniss Everdeen ocupe el puesto.

-Pero, ella ha sufrido un accidente. No sabemos cuándo se recuperara lo suficiente para venir a trabajar.

-La esperaremos todo el tiempo que sea necesario.

-Como quieras, Peeta. ¿Quieres que le hable?

Sonreí. Yo la veía todos los días.

-No. De eso me encargare yo.

-¿Estás seguro?

-Completamente.

-¿A qué se debe tu decisión?

-Luego te cuento. Finnick me está esperando.

Ella me devolvió la carpeta y yo volví con Finnick. Fuimos a almorzar a un restaurante que se encontraba a dos calles. A veces íbamos a alguno que se encontrara más lejos, pero habíamos perdido mucho tiempo hablando en mi oficina.

-¿Qué fuiste a hacer con Mary? –Me preguntó mientras esperábamos que trajeran nuestros pedidos.

-Lo que corresponde con respecto a Katniss.

-La vas a contratar.

-Hubiera pasado de todos modos. Mary pensaba hacerlo desde el principio. ¿Cómo la conociste? –Le pregunte.

-En su primer año. La habían invitado a una fiesta de fraternidad que organizaban en la casa de un estudiante que vivía allí. Y ella fue, yo también había ido. Una amiga en común nos presento. Quiero aclarar que no fue muy abierta conmigo, hasta creo que le caía mal. Pero con el tiempo se fue ablandando y descubrió que no era tan malo después de todo. Y mantuvimos una relación de amistad. Es un hueso duro de roer en realidad, cuesta acercarse a ella si le diste una mala impresión.

-No me extraña que le hayas dado una primera mala impresión, Finnick. A primera vista pareces superficial. Pero no lo eres. Por otro lado, ella es diferente.

-Diferente, hermosa, dulce, delicada ¿algo mas, Peeta?

Rodé los ojos.

-Sí. Cuando le digo que me deje en paz, lo hace. No como tú.

-¿Sigue de novia?

-¿Qué? –Un punzada de celos me atravesó. Ella no nombro ningún novio.

-Ella tenía un novio cuando la vi por última vez. Quería saber si tal vez te dijo algo al respecto.

No entendía porque, su comentario me molesto tanto.

-Dijo que no tiene.

-Eso es bueno. –Y sonrió tan abiertamente. Parecía feliz.

-No te entiendo.

-Siempre me cayó mal su novio, era un idiota.

-Suenas celoso. –Bromee.

Aunque era yo lo estaba. Doblemente celoso. No entendía porque la simple idea de ella en los brazos de otro hombre, me hacía sentir tanto dolor y odio.

-Eso nunca. Ella era mi amiga. Simplemente, odiaba a su novio.

-¿Por algún motivo en especial? –La curiosidad me invadió.

-No era un buen tipo para ella. En realidad, para ninguna mujer decente.

-¿La engañaba?

-Adivinaste. Desde el día uno, y antes también. Pero era muy inteligente, jamás dejo que ella sospechara que andaba con otras. Yo siempre lo supe, al principio le decía que tuviera cuidado que él no era quien creía que era y que no le convenía, pero no me creía. Luego, me canse. Y me quede callado, porque no quería ganarme su odio. También por un par de cosas más que no me gustaban de él. Siempre me preocupe por ella, no me gustaba ni siquiera cuando era solo su amigo. Hay algo oscuro en él.

-¿A qué te refieres?

-Siempre sentí que con la mayoría él demostraba ser algo que no era. Cosas que con el tiempo fui descubriendo. No era alguien confiable.

-¿Ella lo amaba? –Seguro no me gustaría la respuesta a esa pregunta. Pero mi curiosidad era mayor.

¿Katniss amo a ese idiota? Solo pude imaginar el dolor que pudo haber sentido luego de escuchar lo que Finnick me iba contado. Nadie se merece engañado, nadie merece sufrir y mucho menos ella. De tenerlo en frente le hubiera dado mil quinientos golpes hasta dejarlo irreconocible, como pudo no valorar a la mejor mujer del mundo, como pudo engañarla a Katniss una y otra vez ¿acaso no sentía remordimiento?

Era mi instinto protector que hablaba, eran esos sentimientos que Katniss había despertado por primera vez en mí.

-No. Creo que termino aceptándolo porque luego de dos años de amistad, termino confundiendo sus sentimientos de amistad con otra cosa. Y porque él se le declaro primero un año antes de que empezaran a salir. Ella no lo quería de ese modo y sentía lastima por él. Creía que si le daba una oportunidad podía llegarlo a querer de otro modo. Estúpido si te pones a pensarlo ¿no? Jamas sentí que estuviera realmente enamorada. Me alegra saber que no funciono. Ella se merece algo mejor. Hay otra cosa por la que tengo curiosidad ¿Qué hace aquí? Aun no finaliza sus estudios. Creo que le debe quedar un año.

-A mí solo me dijo que decidió pasar una temporada con su amiga. Y que ahora está estudiando a distancia. Supongo que solo piensa presentarse a rendir finales.

Sentí alivio al escuchar sus palabras, tal vez era verdad y no lo amaba. La voz de Finnick me hizo volver a la realidad.

-Es extraño.

-¿Qué es extraño? –Sentí que me había perdido parte de la conversación, ya que no entendía a que se refería.

-Ella es muy pegada a su madre y su hermanita sobre todo desde la muerte del padre. Te conto eso ¿no?

Asentí, y espere a que continuara hablando.

-Busco una universidad que quedara muy cerca de su hogar, para estar cerca de ellas. Es extraño que tomara una decisión tan drástica a estas alturas.

-Tendrás que preguntárselo tú cuando la veas. Dudo que a mí me lo diga.

-Mantenme informado sobre ella.

Le sonreí y asentí.

-Por supuesto.

-¿Ahora me dirás que te sucede a ti con Katniss? –Pregunto en tono confidencial acercándose a través de la mesa como si fuera a contarme un secreto.

-Te dije que no sucede nada. –Mentí patéticamente.

-Vamos, más de uno de mis compañeros estaba enamorado de ella, pero los pobres hombres no tuvieron éxito, Katniss los evitaba apenas se acercaban. No me vas a decir que a ti no te gusta ¿verdad?

-Cállate.

-Vamos hombre, ese sonrojo lo dice todo. Katniss… te gusta.

No era una pregunta. Era una afirmación.

-Katniss es justamente tu tipo.

-¿Y cómo sabes cuál es mi tipo? –Aventure.

-Por las chicas con las que has salido durante tu adolescencia. Perfil bajo, tranquilo, que amaban estudiar y leer. Chicas serias con las que nunca tuviste nada que fuera mas allá de un beso, por la corta edad y timidez, o porque simplemente pensaban con la cabeza y sabian que ciertas cosas podían ser un error del que después se arrepentirían, compartían tiempo juntos y se divertían con cosas simples que mas podían acercarse a una amistad que un noviazgo. Tú te tomas las cosas en serio y no a la ligera como la mayoría. Tu solo estaría de forma plena únicamente con la persona que ames de verdad, estas esperando a la persona indicada. Me lo repetiste hace unos días a esto último. Jamas quise cambiar tu forma de pensar y actuar. Nunca. Pero me gustaba sacarte de quicio. Si yo te decía que debías hacer lo mismo que yo, era solo para cargarte. Era divertido verte casi explotar cuando lo insinuaba. Tú jamás cambiarias de postura. Lo sabía.

-Vaya, sino lo hubieras dicho jamás lo habría adivinado. –Respondí con ironía, rodando los ojos. –Sabía perfectamente que tu única intención era molestarme. ¿Pero donde entra Katniss en tu ecuación?

-Tú sabes muy bien donde. Katniss tiene algunas de las características que te llaman la atención en una mujer, o que valoras. La única diferencia con las pocas chicas con las que has salido es que ella es explosiva y temperamental. Y es hermosa. Puede no atraerme para ser mi pareja, pero no se puede negar esa realidad, Peeta. ¿O sí? –Fijo su mirada en la mía y yo empecé a moverme incomodo.

-No. No se puede negar.

-¿Entonces?

-Lo que siento por ella me confunde. –Confesé en un susurro. Lo había dicho. Al fin, lo había dicho. No se lo había confesado a nadie hasta ahora. Pero por algún motivo, me permití confiar en Finnick y decirle aunque fuera una parte de la verdad. Sentí como si me quitara un peso de mis hombros, un peso tan grande que me sentí aliviado. –Despierta cosas en mí que no entiendo. Que nunca he sentido, no como ahora. Todo es tan nuevo, vivo e intenso que me asusta.

Finnick me miraba comprensivo y al mismo tiempo emocionado.

-Es difícil resistirse a esa chica ¿no? –Bromeo y yo alce la vista hacia él.

Me reí.

-Es imposible. –Conteste siendo completamente sincero.