CAPITULO 15: EL REGRESO DE JOHANNA
POV KATNISS
Los días fueron pasando, Johanna se estaba demorando más de lo planeado en volver. Pero, Cinna y Peeta seguían conmigo. Resultaba agradable pasar tiempo con ellos. Aun no le había dado una respuesta a Peeta por su propuesta y ya habían pasado cuatro días. Aunque él no volvió a hablar del tema. Le había pedido tiempo, me lo estaba dando sin presionarme.
Entre semana, Cinna pasaba toda la mañana y parte de la tarde conmigo. El resto del día lo pasaba con Peeta. La mayoría de los malestares habían desaparecido. El esguince y la fractura eran unos temas más delicados. Las cicatrices estaban desapareciendo y el golpe en la cabeza que había sufrido tras el impacto, ya molestaba menos y la cicatriz tenía mejor aspecto. Dos días antes, Peeta me había llevado al primer control con la doctora, quien me aseguro que todo iba bien, pero debía seguir haciendo reposo unas semanas más.
El fin de semana lo pase exclusivamente con Peeta, ya que él no debía ir a trabajar. Nos habíamos dedicado a jugar juegos de mesa, ver televisión y hablar. También me había dejado ayudarlo un poco en la cocina. Siempre trataba de mantenerme ocupada en algo, para que no me aburriera y me distrajera un poco de lo que me pasaba, lo hizo tras darse cuenta que cuantos más días pasaban, me ponía de mal humor por momentos por sentirme tan jodidamente inútil. Era su manera de sacarme de ese estado y animarme.
Su comida era tan deliciosa, que todos los kilos que había perdido durante mi estadía, los había recuperado en los últimos días. Debía controlarme o mi cuerpo sufriría las consecuencias, debido a que al menos dos o tres meses más no podría hacer ningún tipo de actividad física. Peeta no tenía la culpa, la fractura que había sufrido varios meses atrás, no se había curado del todo y yo como una inconsciente iba a andar en bicicleta por las calles de un lugar que apenas conocía. Podría haberme dañado cualquiera, hasta yo misma.
El domingo, mientras mirábamos televisión con Peeta, durante la noche, decidí que era momento de hablar. Lo pensé mucho y había tomado una decisión.
-Peeta.
Me senté en el sofá que yo estaba ocupando para verlo mejor. Peeta estaba recostado tranquilamente en otro sofá a un costado del mío contra pared. Estaba muy entretenido viendo un programa televisivo, por lo que lo sorprendí. Se giro a verme de inmediato entre preocupado y alerta.
-Tranquilo. Estoy bien. No necesito nada. –A veces era tan dulce que estuviera atento a mí. Él se relajo.
-Entonces, dime.
-Quería hablarte sobre la propuesta que me hiciste. –Él asintió y me sonrió animándome a continuar.
-¿Ya lo decidiste?
Asentí.
-Voy a aceptar.
Su sonrisa se hizo más grande y su mirada se ilumino como si le hubiera dicho que se había ganado un millón de dólares en la lotería.
-Pero, con una condición. –Le dije, aunque no entendía porque sentía tanta alegría.
-Te escucho. –Espero pacientemente a que continuara hablando.
-No quiero trato especial.
-¿Solo esa?
-Sí.
-Tendrás el trato que le daría a cualquier otro empleado y tendrás tu mes de prueba para que te vayas ambientando con la ayuda de mi secretaria.
Asentí.
-Aunque esperaremos a que la doctora te dé el alta medico y tú te sientas más segura. Por unas semanas te tendrás que cuidar, Katniss. Incluso cuando empieces a trabajar, te daremos tareas que requieran menos esfuerzo, hasta que te recuperes.
Eso no se lo iba a discutir. Tenía razón. Se lo agradecí y él me dedico una de las sonrisas de lado que tanto me gustaban.
El ruido de lo que parecía una puerta o ventana abrirse o cerrarse me despertó. Mire sobresaltada a mí alrededor. ¿Peeta había despertado? Intente moverme pero algo cálido y duro me lo impidió. Sus brazos aun rodeaban mi cintura desde atrás. Mi corazón dio un vuelco cuando Peeta aun dormido me atrajo aun más hacia él, en vez de soltarme. Dormir juntos se había convertido en una rutina y yo me sentía segura con él. Ya me había demostrado que era una buena persona y no haría nada para dañarme. Me cuidaba de un modo que me resultaba dolorosamente familiar. Del modo que lo hacia mi padre. Pero él no era mi padre, y yo no era su hija, haciendo que me resultara desconcertante el modo de cuidarme y hacerme sentir que era especial teniendo en cuenta que hasta hace un par de semanas éramos unos completos desconocidos. Su cabeza apoyada en mi espalda y su aliento cálido y su respiración pausada rozando mi cuello, me tranquilizaba y al mismo tiempo hacia que algo similar a mariposas en mi estomago hicieran acto de presencia. Por algún motivo, recordé nuestro beso y me ruborice. Ese beso había despertado emociones en mi, a las que yo me negaba darles un nombre. Me alegraba demasiado que Peeta estuviera completamente dormido. De ese modo no podía verme. Mi ex novio jamás había despertado esas emociones y mucho menos había despertado ese hambre que me despertaba Peeta con solo un roce de labios. Peeta era delicado, dulce y apasionado. Gale en cambio, era brusco y realmente siempre acababa odiando los pocos besos que conseguía robarme. Y cuando intentaba avanzar un poco más, llegaba a sentir asco o miedo y como podía terminaba alejándolo de mi para obligarlo a que parara y la atmosfera acaba volviéndose fría, sobre todo porque en su mirada solo podía ver reproche. Reproche porque yo jamás le correspondí como parecía desear, porque jamás me mostraba cariñosa con él. Cuando acepte empezar la relación, le había dejado claro, que no estaba muy segura y él me había contestado que no importaba, que con el tiempo me demostraría que intentarlo valía la pena y que son el tiempo lo terminaría queriendo. Él no podía estar más equivocado y era un hipócrita porque además de mí, tenía un sequito de mujeres atrás suyo. Me tomo por idiota. Hubiera deseado sentir dolor por semejante engaño, pero la verdad fue que en vez de dolor, sentí alivio. Era imposible que sintiera dolor cuando no sentía nada por él parecido a amor o atracción. Cuando a pesar de intente cambiar mis sentimientos mágicamente, solo pude sentir cariño de amistad y lastima. ¿Por qué negarlo? Lo que me llevo a iniciar la relación fue la lástima, porque él me hacía creer que era alguien inocente, bueno y con el corazón herido por no ser correspondido. Con Gale cada atención que le prestaba era forzada, al menos de mi parte. Nunca me sentí completamente cómoda con él, y generalmente él como un tempano de hielo, cuyas barreras era imposible traspasar. Con Peeta era diferente, sentía como si pudiera ser yo misma con él, las conversaciones eran fluidas, jugábamos y nos gastábamos bromas entre nosotros. Y también estaban la mayoría de esos momentos en los que era increíblemente tierno. Tan tierno, cuidadoso y comprensivo que parecía irreal. Decir que Peeta no me provocaba seria mentir. Pero aun no le podía dar nombre a aquello que sentía y realmente no quería hacerlo.
Lo dejaba dormir conmigo. Dejaba que me diera toda esa atención. Lo había besado. Permití que me besara, cuando sabia y era consciente que si se tratara de cualquier otro hombre, lo hubiera golpeado hasta dejarlo hecho polvo por el atrevimiento. Yo no solía dejar que la gente se me acercara tanto, sobre todo si eran del sexo opuesto. Ni siquiera dormí nunca en un mismo lugar con los chicos con los que salí. Pero con Peeta todo era diferente y aun no entendía el motivo o no quería entenderlo.
Estaba oscuro, solo entraba luz a través del gran ventana de la habitación. Aun era de noche. La puerta estaba cerrada. La ventana si estaba entreabierta. Todo estaba en silencio. Me relaje pensando que el ruido que había sentido había sido la ventana abriéndose por el viento que corría fuera. Gire la cabeza a un costado unos segundos para comprobar que Peeta seguía profundamente dormido. Parecía un querubín, con su piel clara y blanca, su cabello rubio cenizo con suaves ondas formándose alrededor de su cabeza y sus pestañas rubias curvas y tan largas que parecían enredarse entre ellas. Sonreí y me permití apartar un mechón de cabello que caía sobre su frente. Casi como si me sintiera, sonrió dormido. Una sensación de paz me paz me invadió al verlo sonreír. Al menos uno de nosotros dormía bien en las noches. Poco después volví a dormirme descansando mi cabeza en la almohada, tan pegada a su pecho tanto como me permitía el estar en esa posición.
Cuando volví a despertar me encontraba sola. El reloj indicaba que eran las siete de mañana, Peeta seguramente había ido a preparar el desayuno, en dos horas debía estar en el trabajo y Cinna seguramente llegaría dentro de poco. Me quede un rato mas durmiendo, hasta que sentí la puerta de la habitación abrirse y mire en dirección a ella.
-Buenos días. –Me saludo Peeta con su habitual sonrisa y una bandeja entre sus manos.
-Buenos días. –Le respondí.
Me estire bostezando y me apoye con mucho cuidado contra el respaldo de la cama adoptando una postura sentada. El se acercó y me dejo la bandeja con el desayuno en mi regazo. Se sentó a los pies de la cama.
-¿Ya desayunaste? –Le pregunte.
-Sí, desperté más temprano. Pensé que aun seguías dormida.
Negué con la cabeza.
-¿Paso algo?
Generalmente esperaba a que estuviera despierta para servirme el desayuno.
-Sí. Tienes visitas.
-¿Cinna?
Sacudió la cabeza, negando.
-No. Tú amiga esta aquí.
-¿Johanna llego? –Lo vi asentir. -¿Hace cuanto?
-En la madrugada. Lleva varias horas aquí. Al parecer no quiso molestar y se fue a descansar directamente. Está en el living tomando su desayuno.
Entonces el ruido que había sentido era ella llegando y abriendo o cerrando alguna puerta.
-Debo reconocer que me asuste cuando la vi. ¿No te había dicho que vendría?
-No. No sabía nada. Pero creo que sentí cuando llegó, pero no pensé que fuera ella, ni que alguien había entrado.
-Era ella. Come tranquila y le diré que te puede pasar a verte.
-Gracias.
Se acerco observando detenidamente mi rostro y desenredo un poco mi cabello con sus dedos.
-¿Está muy mal? –Pregunte. Deseando que no se notara el rubor natural que amenazaba con aparecer con su contacto.
Peeta rio entre dientes.
-Solo un poco. –Continúo pasando su mano por mi cabello y luego se detuvo. –Ahora está mejor. –Acaricio mi mejilla y se aparto con un suspiro audible. Parecía querer decir algo más, pero no lo hizo. Solo se alejo y salió de la habitación.
