Nota de Autor:
Nadieimportante: Si te puedo decir aunque aparece que canción es en el capitulo anterior de cual se trata. Puse en un capitulo la versión original y en otro la traducida. La canción es:
"Angels" del cantante, Robbie Williams.
(Búscala asi en google o you tube, te pasaría en enlace pero lo tendrías que copiar y pegar ya que los enlaces aparecen como textos al publicarlos aquí. Sera más rápido que lo busques tú misma en internet (si tuvieras cuenta en fanfiction te hubiera pasado el enlace por mensaje privado, asique espero que leas este capítulo y la nota hasta el final y sepas que canción es), es un tema hermoso y tiene sus años, fue lanzada en el año 1997 y pertenece al álbum "LIFE THRU A LENS".
La letra original es:
"ANGELS"
(Robbie Williams)
"I sit and wait,
Does an angel contemplate my fate
And do they know
The places where we go
When we're grey and old
'cos I have been told
That salvation lets their wings unfold.
So when I'm lying in my bed
Thoughts running throught my head
And I feel the love is dead
I'm loving angels instead.
And throught it all she offers me protection
A lot of love and affection.
Whether I'm right or wrong
And down the waterfall
Wherwever it may take me
I know that life won't break me
When I come to call she won't forsake me
I'm loving angel instead
When I'm feeling weak
And my paint walks down a one way street
I look above
And I know I'll always be blassed with love.
And as the feeling grows
She breathes flesh to my bones
And I when love is dead
I'm loving angels instead.
And throught it all she offers me protection
A lot of love and affection.
Whether I'm right or wrong
And down the waterfall
Wherwever it may take me
I know that life won't break me
When I come to call she won't forsake me
I'm loving angel instead
And throught it all she offers me protection
A lot of love and affection.
Whether I'm right or wrong
And down the waterfall
Wherwever it may take me
I know that life won't break me
When I come to call she won't forsake me
I'm loving angel instead."
Y esta es la traducción:
"ANGELES"
"Me siento y espero
¿Un ángel contempla mi destino?
¿Y saben ellos? ¿Los lugares a los que vamos
cuando somos canosos y viejos?
Porque me han dicho que la salvación,
les permite desplegar sus alas.
Por eso cuando estoy acostado en mi cama
Con pensamientos corriendo por mi cabeza.
Y siento que el amor está muerto,
En vez de eso amo a los Ángeles.
Y a través de todo, ella me ofrece protección,
Un montón de amor y afecto,
Aunque esté bien o mal
Y bajo la cascada
Dondequiera que me lleve,
Sé que la vida no me arruinara
Cuando llegue el momento,
Ella no me abandonara
En vez de eso, amo a los Ángeles.
Cuando me siento débil,
Y él dolor camina, en una sola dirección.
Miro hacia arriba,
y sé que siempre seré bendecido con amor.
Y a medida que el sentimiento aumenta,
Ella le otorga carne a mis huesos,
Y cuando el amor esta muerto
En vez de eso amo a los Ángeles.
Y a través de todo, ella me ofrece protección
Un montón de amor y afecto.
Aunque esté bien o mal.
Y bajo la cascada
Dondequiera que me lleve,
Sé que la vida no me arruinara.
Cuando llegue el momento, ella no me abandonara
En vez de eso, amo a los Ángeles.
Y a través de todo, ella me ofrece protección
Un montón de amor y afecto.
Aunque esté bien o mal.
Y bajo la cascada
Dondequiera que me lleve,
Sé que la vida no me arruinara.
Cuando llegue el momento, ella no me abandonara
En vez de eso, amo a los Ángeles."
Buenas noches y disfruten del capítulo.
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CAPITULO 19: PRIMER DIA DE TRABAJO
POV KATNISS
Johanna me despertó con él desayuno ya preparado en la mesita de luz. Y unos trajes de camisa, blazer con pantalón o falda en colores neutros colgados en perchas en la puerta del armario protegidos en fundas, tarde varios minutos en darme cuenta que estaban ahí.
-¿Y eso? –Pregunte señalándolos.
-Los trajo Cinna para ti. –Dijo sin dejar de mirarme. Sabia de que hablaba.
-Pero yo no le pedí nada.
-Lo sé, pero pensó que podías necesitarlos. Los hizo exclusivamente para ti. No lo culpes, yo lo ayude un poco con las medidas. De hecho le di ese que llevaste a la entrevista para que lo tuviera de modelo. Te van a quedar perfectos.
-Lo estuvieron planeando a mis espaldas. –La acuse.
-Poco más de una semana. –Sonrió de forma inocente.
-¿Esta aquí?
-Fue a realizar un trámite, ya vuelve. Paso hace una hora solo para dejarte esto. Él te llevara al trabajo. Mientras tanto desayuna, arréglate y vístete.
Había pasado un mes y medio desde el accidente, y luego de que la doctora me diera de alta para empezar a realizar ciertas actividades o tareas, había acordado con Peeta empezar hoy. Él venía a verme casi siempre y a veces cuando yo me sentía bien y estaba de humor me sacaba del departamento con cualquier excusa para que no estuviera encerrándome entre cuatro paredes todo el tiempo. Otras veces lo hacían Glimmer, Johanna y Cinna. Yo odiaba quedarme en el departamento tanto tiempo sin poder hacer nada, asique no oponía resistencia, salvo que me sintiera realmente mal.
-Yo diría que uses este. –Johanna se había parado y dirigido hacia el armario. Mire en su dirección, estaba señalando el traje con falda.
-¿Estás loca? Es corto, tengo la férula, si no lo recuerdas. No puedo ir asi.
-¿No quieres llamar la atención, verdad? Pero de por si lo harás llevando ese bastón, o un solo zapato.
-Gracias por querer pincharme, pero… paso. Usare pantalón.
-Cinna tenía razón. Por eso te hizo el otro.
-Él parece conocerme más que tú.
-Yo creí que tal vez podías elegir algo diferente.
-No, por las siguientes semanas, hasta que me quiten esta cosa.
-¿Cuánto tiempo más tendrás la férula?
-No lo sé. Tres semanas más, creo… o un mes. En la próxima consulta me lo dirá.
Termine de desayunar y me dirigí al baño con ayuda de uno de los bastones. Había logrado dejar de usar el otro dos semanas atrás, al notar que caminar cada vez me costaba menos y las molestias habían cedido. Cuando salí, Johanna ya no estaba en la habitación, pero había dejado cada prenda del traje sobre la cama. La camisa era blanca y el pantalón y el blazer eran de una tela gruesa, pero extremadamente suave al tacto. El color era de un gris oscuro. Debía agradecérselo a Cinna mas tarde. Me empecé a vestir, pero no entraba la parte baja del pantalón a causa de la gruesa férula. Cinna no había pensado en eso.
Una risa en la puerta llamo mi atención. Johanna se estaba riendo de mi inútil intento de ponerme el pantalón.
-Johanna. –Le grite.
-La cremallera, Katniss.
-¿Qué?
-Sube el cierre. –Se acerco a mí y se agacho a mi lado y tomo algo de la parte baja del pantalón y lo subió, lo que me permitió pasar el pantalón completamente por mi pie. –Cinna pensó en todo. -Aclaro.
-Ya lo veo.
El pantalón era un poco angosto, pero él había agregado unos cierres desde la parte interior de ambos lados, que a primera vista parecían de adorno, pero eran de gran ayuda para mí. Baje el cierre y me coloque bien el pantalón. Y finalmente el zapato derecho negro con un poco de taco. El cual no era muy femenino, pero era lo que me resultaría más cómodo usar por el momento.
-No los había visto.
-Porque eres muy distraída. –Se burló. –Ahora coge mi mano y mírate en el espejo. –Hice lo que me indicó y me llevó unos metros hasta el enorme espejo de dos metros que se encontraba en una esquina. –Sabía que te quedaría bien. –Dijo mientras asentía. –Pero cuando vuelvas te probaras el otro, por la dudas que haya que hacerle algún arreglo.
Observe mi imagen en el espejo, el pantalón disimulaba un poco la férula, pero no tanto. Fuera de eso me veía bastante bien y el traje aunque no salía tanto de lo normal, era genial.
-Me encanta.
-Estoy segura que a Cinna le encantara escucharlo.
-Pero odio mi cabello. –Le dije. Me lo había lavado en la noche, y ahora estaba con frizz.
-Eso tiene solución también.
La seguí hasta su habitación donde me sentó en una silla frente a una mesa con espejo donde ella siempre se maquillaba y peinaba, la mesa era ocupada por maquillaje, los accesorios, y las modeladoras de cabello. Pero justo cuando estaba por empezar, su teléfono sonó.
-Puedes pasar. La puerta está abierta. –Le escuche decir antes de cortar.
-¿Cinna? –Le pregunte.
-Sí.
Cinco minutos más tarde Cinna estaba entrando en la habitación de Johanna. Se detuvo a observarme con detenimiento al notar que llevaba puesto su traje. No me hacía sentir incomoda su estudio detenido, después de todo era estilista y diseñador, era su trabajo fijarse hasta en el último detalle de la apariencia de los modelos o sus clientes.
-¿Y? –Le pregunte.
-Se ve perfecto en ti. Tenía miedo que no te quedara bien. Le estuve haciendo algunos retoques hasta ayer en la tarde. Cuando te quiten la férula, le tendremos algunos ajustes al pantalón, para que se adapte a tus piernas, porque te quedara muy suelto. Pero no te preocupes por eso ahora.
-Gracias. –Le dije. –Me gustaron los dos. En serio, te lo agradezco.
-No es nada, Katniss. –Me dijo sonriendo.
-Necesito que la mano de un profesional, Cinna. –Interrumpió Johanna. –Katniss quiere un cambio de look.
La sonrisa de Cinna se intensifico. La semana anterior se había ofrecido a cortarme el cabello y me lo había dejado bien.
-Empecemos. No tenemos mucho tiempo.
-Peeta no se molestara si llega diez minutos tarde en su primer día. –Comento Johanna, guiñándome un ojo y luego mirando a Cinna. –No te preocupes por el tiempo.
-En eso tienes razón. Katniss es un caso especial para él.
-¿Qué tengo yo de especial? –Los interrumpí.
-A Peeta le gustas. –Me contestó Cinna en tono confidencial, mirando mi reflejo en el espejo.
-Yo no le…
-Vamos, descerebrada. –Me interrumpió mi amiga. –No me digas que no te has dado cuenta.
No dijeron nada más, empezaron a trabajar en mí. Al cabo de unos cuarenta minutos de maquillaje y peinado ya estaba lista. Aunque Johanna ayudo, Cinna hizo la mayor parte del trabajo. En otra circunstancia me hubiera hecho un peinado ella, pero no le hubiera salido tan perfecto como a él. Me había planchado el cabello y me lo había modelado en pequeñas ondas que caían sobre mi espalda, mientras que había apartado tres mechones del lado izquierdo y los enrolló dándoles forma detrás a la altura de la nuca y ocultando las puntas justo detrás de mi oreja entre el cabello.
Finalmente, Cinna me llevó al trabajo.
-¿Quieres que te acompañe? –Me preguntó en cuanto se detuvo frente al edificio.
Observe a mí a alrededor, aun costado de las escaleras había una rampa especial para discapacitados en la que no me había fijado anteriormente. No me vería obligada a subir o bajar las escaleras. Era algo bueno. Volví a mirarlo a Cinna.
-No. Estaré bien.
-En la tarde te vendré a buscar. Suerte.
Asentí. Salí del auto, Cinna me pasó la cartera que había colocado en el asiento trasero
-Adiós. –Le dije para despedirme. –Y gracias por todo. –En el último mes se había convertido en un gran amigo.
-De nada.
Cinna no se fue hasta que entré al edificio. Cuando me gire a verlo desde la puerta. Él se despidió con la mano y se fue. Suspire. Estaba nerviosa a pesar de saber lo que me esperaba de ahora en adelante. Intente controlar mis nervios y me dirigí hacia el ascensor a uno de los pisos superiores. Me debatí entre buscar primero a Peeta o a su secretaria. La busque primero a ella, su oficina estaba cerrada. Había dos puertas más a los costados de esta. Seguramente Peeta estaba en una de ellas. Lo llame, y el ringtone de un teléfono móvil sonó demasiado cerca. Tal vez había sido una casualidad. La llamada se cortó, Peeta tal vez la había rechazado o estaba cerca de mí. Mire a mi alrededor, pero no lo vi.
-¿Me buscabas? –Preguntó una sensual voz en mi oído con los labios casi rozándolos. Mi corazón latió rápido del susto. Casi perdí el equilibrio, pero un brazo rodeo mi cintura con delicadeza. Gire en dirección a la voz. El rostro de Peeta apareció ante mi vista. Por un momento sonreí. Pero al recordar el susto que me dio, lo fulmine con la mirada.
-Lo siento. –Se disculpo. –No quería asustarte. –Su sonrisa me decía todo lo contrario.
-Sí, se nota. –Dije en tono ironico.
-Bueno, tal vez solo un poco.
-Te despertaste de buen humor.
-Siempre lo estoy. Tú eres la cascarrabias.
Le golpee el hombro a modo de respuesta.
-Y golpeas fuerte.
-No tientes tu suerte demasiado, Peeta. –Lo amenace en broma.
-Definitivamente no me conviene. –Su voz no se altero en lo más mínimo. No me temía. Me abrazó unos segundos. Le respondí de inmediato, entre sus brazos me sentía segura. –Es bueno tenerte aquí. –Escrute la zona con mi mirada mientras sujetaba su espalda con mi brazo libre. Algunas personas nos estaban mirando. Un hombre con traje y una joven rubia que usaba un intento de "vestido" demasiado corto para considerarse como tal, nos miraron unos segundos y luego se metieron a una de las oficinas con varias carpetas en los brazos cada uno. Una pareja con una niña sentada en el regazo de la madre, miraban distraídamente en nuestra dirección por momentos. Entendía eso, uno se aburre de esperar y mira hacia cualquier lugar con la esperanza de que pase el tiempo. Pero en realidad, esa familia no me preocupaba. Los otros dos que trabajaban aquí me preocupaban. No quería que en mi primer día, se crearan rumores falsos.
-Me gustaría decir lo mismo, pero aun no empiezo. –Peeta me sonrió mientras se apartaba de mí con cuidado.
-Te aseguro que no me convertiré en un ogro. Pero si te cruzaras con alguno por aquí, vas a tener que lidiar con ellos.
Me reí.
-¿Eso no me lo deberías decir en privado? Estamos en el pasillo.
-Buen punto. Pero nadie me escucho, excepto tú. Y casi nadie ha llegado todavía. No te esperaba tan temprano. ¿Quién te trajo?
-Cinna. Johanna no tenía tiempo para traerme.
-Eso explica tu peinado.
-Fue el responsable.
-Es hermoso. –Peeta miro detrás de mí. La gente seguía llegando. Volvió a mirarme. –Vamos.
-¿A dónde?
-Mary aun no llega. Mientras esperamos, te quedaras conmigo en la oficina.
Asentí y lo seguí. Me llevo hasta su oficina que se encontraba a la derecha, dos puertas más allá de la oficina de Mary. No era ninguna de las dos en las que había pensado.
La oficina era de un blanco radiante, las paredes, el techo. Solo el piso de mármol color gris claro y los muebles en tonos oscuros contrastaban. Unos tres ventanales grandes ocupaban la pared lateral izquierda, dejando entrar luz e iluminando toda la oficina. Era casi idéntica a la oficina en la que me habían entrevistado. Me senté en una de las sillas de madera revestidas en cuero mullidas que estaban del lado contrario del escritorio.
-¿Quieres algo?
Negué con la cabeza. Peeta se sentó en otra silla idéntica a mi lado.
-No puedo creer que estés nerviosa. –Admitió.
-¿Tanto se nota?
-En realidad, no tanto. Pero conozco cada gesto tuyo, como para asegurarlo.
Aunque no quería admitirlo eso se debía a Peeta, porque muy en el fondo no quería decepcionarlo. Y porque por otra parte, cuando estaba con él, sentía cosas que no terminaba de comprender.
-Pues… me conoces muy bien.
-Es tu primer día, pero, no tienes porque estarlo. Me conoces y Mary te ayudara un tiempo hasta que te adaptes. Incluso yo.
En realidad, si tenía motivos para estar nerviosa. Pero no era algo que le pudiera decir a él. Peeta acaricio mi mejilla unos segundos. Su contacto me relajó casi de inmediato, al mismo tiempo que enviaba una electricidad a través de mi cuerpo.
-Te voy a traer algo. ¿Tal vez unos chocolates?
Chocolate. Conocía mis debilidades.
-¿Para eso debes salir? –No quería que se tomara tantas molestias.
-No lo creo. Tal vez todavía encuentre algunos en las máquinas expendedoras de la planta baja.
-¿Hay maquinas expendedoras? –No había visto ninguna.
-Sí, solo hay que saber dónde encontrarlas, no están a la vista de todos. Más tarde harás un recorrido por las instalaciones. Te ofrecería otra cosa pero, solo suele haber chocolate, aperitivos y latas de soda.
-No pasa nada. Está bien.
Le ofrecí dinero, pero en cuanto me vio con la billetera, se negó en redondo a aceptármelo. Como casi siempre. Después salió de la oficina. Volvió minutos después con una barra de chocolate, una pequeña caja con media docena de bombones rellenos y dos latitas de Coca-Cola. Me dio los chocolates y les quito el seguro a las latas antes de pasarme una.
-Gracias.
-No hay de qué.
Tenía tantos hermosos gestos. Era difícil que no me gustara aunque fuera un poco. Aunque realmente no tenía sed empecé a beber, quite el envoltorio de la barra de chocolate y corte un trozo para mí y lo comí. Peeta no quería. No colaboraba con mis nervios demasiado tampoco. Sentado a mi lado se quedo observándome como si esperara que le preguntara algo, mientras tomaba distraídamente su Coca-Cola en ocasiones. Le pedí que me hablara del trabajo que debía desempeñar a partir de ahora y los horarios. Algo que en realidad no habíamos tratado en profundidad anteriormente. Solo superficialmente. Sabía que el horario en el que él trabajaba aproximadamente, pero tal vez los de otros empleados auxiliares fuera diferente. Luego de unos veinte minutos de charla en la que Peeta me estaba explicando todo, alguien golpeo la puerta. Peeta se disculpo y fue a ver quién era.
La voz de una mujer llamó atención, pero desde mi posición no podía ver quién era.
-Está conmigo. –Contestó a una pregunta que no alcance a escuchar. Estaba hablando de mí. Guarde los chocolates en mi cartera y deposite la lata casi vacía sobre el escritorio junto a la otra. Peeta se giró a verme y me sonrió, antes de volver su atención a quien estaba del otro lado de la puerta. –Pasa.
Una mujer hizo su aparición por la puerta. Era la secretaria.
-Señorita Everdeen, un gusto volver a verla. –Dijo en un tono formal y amable.
-Lo mismo digo. –Le contesté. Peeta se acercó y se quedó parado a poca distancia de mí, entre Mary y yo. Me puse de pie y la miré a ella. La primera vez que la vi me pareció una mujer agradable. Ahora me sonreía y los costados de sus labios se formaban leves arrugas. Aun asi era una mujer de un aspecto más joven para su edad y tanto físicamente como mentalmente se mantenía muy bien. Con sus setenta y años era una mujer muy activa. Pero era esperable que ya quisiera poner un fin a esta etapa y dedicar más tiempo a su familia, como me había asegurado. Dentro un tiempo yo ocuparía su lugar de forma plena, el cambio seria gradual al principio. Peeta sabía que yo necesitaba un poco de asesoramiento y que no me encontraba en un estado óptimo aun, quería que me recuperara por completo. Él lo prefería asi.
-¿Estas lista? –Me preguntó ella.
-Completamente. –Dijo calmada.
-Bien. Vamos a empezar.
-No la hagas sufrir mucho. –Advirtió Peeta a mi lado mirando directamente. Lo miré instintivamente entre sorprendida y asustada. –Es una broma. Tranquila. –Me dijo a modo de disculpa.
-No me gustan tus bromas. –Confesé.
Me sonrió y me miró con ternura. Había momentos que me hacia olvidar por completo todo. Ese era uno de esos momentos.
-En serio, cuídala y no la sobrecargues mucho. Esta nerviosa y debe seguir cuidándose. –Continuó con la mirada fija en mí, pero dirigiéndose a Mary.
-Es normal. No te preocupes, Peeta. Estará bien conmigo. Sígueme, Katniss.
Asentí; y se dio vuelta para dirigirse a la puerta. Lo iba a hacer, pero Peeta me sujetó de la mano y me detuvo. Me dio un beso en la mejilla, mientras me susurró una sola palabra:
-Suerte.
Lo miré y le dedique una sonrisa, antes de que me dejara irme. Mientras avance, rogué que Peeta no hubiera notado mi rubor, pero mi cuerpo reacciono tardíamente debido a la sorpresa. Lo más lógico hubiera sido que me sintiera incomoda, pero no era asi. Aunque me resultara difícil aceptarlo, disfrutaba esas atenciones que tenia conmigo.
Mary me espero fuera de la oficina. La seguí hasta llegar a la suya y me hizo pasar. Me senté en el mismo lugar que la primera vez, luego de que ella me lo indicara. Espere a que ella hablara.
-El señor Mellark me ha hablado mucho de ti. Lamento que hayas tenido que pasar por eso. Espero que ahora te sientas mejor.
-Lo estoy. Él ha cuidado muy bien de mí en este tiempo. –Y le debía mucho por eso.
-Peeta es un buen chico. –Dijo en un tono maternal. Al oírla hablar era evidente que había una relación de años detrás del modo en que lo trataba. Confirmaba la versión de Peeta. –Lo conozco desde que era pequeño, no esperaba otra cosa de él.
-Si, Peeta me contó eso. Que tú y su madre son intimas amigas desde hace mucho tiempo. Y que eres como una segunda madre para él. -¿Peeta? No sabía cómo referirme a él, ahora era mi jefe, pero también era mi amigo. Me costaba llamarlo de un modo tan formal. Aunque debería empezar a llamarlo asi en el trabajo, al menos frente a otras personas.
-Sí, ambas teníamos la misma profesión. Nos conocimos asi –Afirmo. Ella también había sido abogada, pero seguramente al pasar los años decidió dedicarse a esto. –Con respecto a él…yo diría más bien abuela. –Bromeó.
Me reí un poco.
-Sus padres eran muy jóvenes cuando nació su hermano mayor, tenían entre diecinueve y veinte años. –Seneca, cuatro años mayor que Peeta, recordé. –Sus padres lucharon mucho para seguir estudiando, terminar sus respectivas carreras, trabajar y criar a sus hijos. ¿Lo sabías?
No sabía eso. Sus padres eran relativamente jóvenes, entre cuarenta y ocho, y cuarenta y nueve años.
-No con tanto detalle. Al parecer lograron todo.
-Sí, pero les costó al principio.
-Entiendo.
Hubo una pausa, recordé la entrevista y la elección que hicieron. Solo quería confirmar lo que me contó él.
-¿Le puedo hacer una pregunta?
-La que quieras. –Dijo ella volviendo la atención a mí, en lugar de la documentación que estaba leyendo.
-¿Peeta no sabía que era yo cuando ocurrió el accidente?
-No. No había visto ningún curriculum hasta casi dos semanas después, luego de comunicarme contigo. Estaban todos en mi poder. Asi lo habíamos decidido, yo elegiría a quien consideraba que merecía el puesto. Peeta no tuvo nada que ver con ello. Solo aprobó mi decisión cuando supo que eras tú. Pero se llevó una gran sorpresa al enterarse, y yo también. Me había dicho tu nombre solamente, podía ser cualquier chica de la ciudad que llevara tu mismo nombre. Realmente, no lo asocie. Y Peeta estaba tan pendiente de ti, que por varios días dejo a un lado el trabajo.
-Fue una gran coincidencia. –No me había mentido. Él no sabía nada.
-O el destino. –Dijo sonriendo. –Tal vez simplemente debía pasar.
Era un concepto muy idealista, pero no creía en esas cosas.
-En fin, ahora estas aquí y eres mi aprendiz. Y en poco tiempo, si todo va bien, me reemplazaras. Confió en ti. Sé que lo harás bien.
-Entonces, espero no defraudarla. –Le dije simplemente. Le dediqué una sonrisa.
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