CAPITULO 20: PROBLEMAS Y PREJUICIOS
POV KATNISS
Luego de una mañana completa de indicaciones, charla y la realización de alguna tarea, llego la hora del almuerzo. Mary salió a preguntar algo en Mesa de Entrada y entregar una documentación, y me dejó a mí para que contestara el teléfono mientras ella se ausentaba. Se estaba tomando muy en serio lo de cuidarme.
Llamaron a la puerta. Me puse de pie y me dirigí a la puerta.
-Mary no está. –Dije en cuanto el rostro de Peeta apareció ante mi vista. Peeta se apoyo de costado en el marco de la puerta justo frente a mí cruzando los brazos. Sonrió de lado.
-En realidad, te buscaba a ti.
-Dime.
-Cuando te desocupes, ven a mi oficina. Saldremos para almorzar.
-¿Y si no quiero? –Le pregunte con la intención de pincharlo.
-Vendrás de todos modos. –Me dedico una sonrisa maliciosa.
-¿Me obligaras? –Le pregunte, frunciendo el ceño. No era como si pensara en rechazar la invitación.
-Si es necesario, sí. –Pero su expresión relajada, me dijo lo contrario.
-Era lo que imaginaba. –Hice una pausa y asentí. –Vale. En cuanto ella regrese, iré. –Le prometí.
Peeta asintió y se alejó. Lo vi entrar a su oficina, no sin antes voltearse para mirarme. Algo en el modo de observarme, hizo que mi corazón latiera un poco más rápido de lo normal.
Desconcertada ante mis emociones, cerré la puerta y volví al escritorio. Me entretuve leyendo un material que me dio Mary, sin embargo, no me podía concentrar. Ella entró minutos más tarde.
-Lamento la demora, Katniss. –Dijo al verme. –Puedes salir, si quieres. Tienes una hora de descanso.
-No se preocupe. Gracias. ¿Usted se quedara?
-Solo unos minutos y después saldré. Aprovecha y toma aire. Tal vez puedas ir con Peeta a algún lugar, él seguramente se tomará un descanso. Ya sabes que no deberías estar sola en tu estado.
Asentí. Tomé mi cartera y salí. Golpeé la puerta de la oficina de Peeta y él salió un minuto más tarde, cerrando la puerta con llave y metiéndosela al bolsillo de su pantalón.
-¿Lista?
-¿Y tú? –Le pregunté al tiempo que asentía.
-Completamente.
Caminamos por el pasillo y bajamos por el ascensor hasta la planta baja. Me sentí incomoda cuando por trayectos, la gente o empleados se detenían a mirarnos… a mirarme. Ya me había preparado para recibir más atención de la deseada en mi estado.
-Ignóralos. –Susurró Peeta a mi lado mientras atravesamos el hall de la planta baja.
-Llamó mucho la atención.
-En varios sentidos. –Asintió. –En parte es mi culpa. Eres nueva y esto no ayuda. –Señalo mi bastón y mi pierna. –Lo siento. –Pero esta vez la culpa había desaparecido de su mirada. Ya no lucía como alguien torturado por la culpa. Esa etapa la habíamos superado.
-Me la quitaran en tres semanas posiblemente.
-No me lo habías dicho. Eso es genial.
-Se me debe haber olvidado. Me lo dijo en la última cita.
-¿El miércoles?
Glimmer, la hermana de Johanna y amiga, me había acompaño a esa cita. A Peeta solo le había comentado que hubo un progreso.
-Sí. –Respondí. –Personalmente espero que me lo saquen antes.
Peeta se rió y pasó su brazo amistosamente por mis hombros.
-Eres muy ansiosa. –Se burlo. –Pero…
-¿Pero?
-Aunque te entienda, debes tener paciencia.
Alcé mi cabeza hasta que nuestras miradas se encontraron, me perdí en la suya unos instantes. Peeta no apartó la mirada en ningún momento y me sonrió deslumbrantemente al cabo de unos segundos.
-Tú eres el paciente aquí. No yo.
En un impulso, levanté mi mano libre y alcance la suya que sujetaba delicadamente mi brazo, él no se resistió. Entrelazamos nuestras manos.
-Deberías ejercitarla. –Me recomendó. –Sino aquí… te volverás loca, Katniss. –Dijo en tono solemne mi nombre.
-Creo que podre apañármelas sola. –Le asegure. –Sigues preocupándote por mi salud mental. Que detalle.
-Y la física también. –Agregó. Sentí una estremecimiento recorrer cada terminación nerviosa de mi cuerpo y me ruboricé. No entendí el motivo, él no había dicho nada incorrecto. Pero mi cuerpo no reaccionaba nunca de forma correcta y normal ante su presencia durante las últimas semanas. Ya estábamos fuera del edificio, bastante cerca de la rampa, a luego de descender por ella. Me apoyé contra la pared para no perder el equilibrio y disimular un poco frente a él.
Con suerte lo interpretaría como cansancio. Pensé.
Peeta no se apartó de mí, ni yo solté su mano, porque me temblaba todo y temía caerme. Y mi corazón trataba de encontrar desesperadamente una manera de salirse de mi cuerpo.
-¿Estás bien? –Pregunto preocupado. Si, lo había interpretado del modo que pensé.
Asentí. No le podía decir la verdad, no podía decirle que él en parte era el responsable de lo que sentía. Me sentía tan confundida.
-Es el esfuerzo. –Le asegure. No tenía demasiado que ver con eso, pero se lo dije de todos modos. –Solo dame dos minutos.
-Te puedo llevar al departamento. Fue una jornada larga para ti. Quedamos en que empezarías despacio.
-No. Estoy bien, en serio. Quiero quedarme. –Le dije. –Mary apenas me deja hacer cosas. Puedo soportarlo. –Le sonreí. –Está haciendo lo que le pediste.
-¿Segura? Porque te juro que ella no se molestara si te vas. Entiende que no te encuentras bien.
-Segura. Vamos a almorzar.
Quise volver a apoyarme sobre mis propios pies y caminar, pero él me detuvo. Nuestros rostros de encontraron peligrosamente cerca; nuestros labios a tan solo milímetros de distancia. Un solo movimiento y podíamos terminar como aquella primera vez. El recuerdo solo me hizo desearlo más. ¿También le ocurría a él? Si me guiaba por su reacción, tal vez sí. Sentía su aliento en mi rostro y su respiración se volvió agitada. Esto no estaba nada bien, debía alejarme, pero en el fondo no quería. Peeta cerró los ojos acabando con el contacto visual entre ambos, lo que ayudo a despejar la mente y pensar con claridad. Apoyo su frente en la mía unos segundos. Cerré los ojos, sería más fácil hablar si dejaba de mirarlo. Inconscientemente, llevé mi mano al cuello de su camisa primorosamente blanca, acercándolo a mí.
-Peeta… -Empecé. No sabía que decir. No sabía si detenerlo o permitir que continuara.
-Iré a buscar el auto. –Abrí los ojos y lo descubrí mirándome. Seguía tan afectado como yo, pero fue el primero en poner un poco de distancia. –Tú no te muevas. –Apartó gentilmente mi mano de su camisa y se fue.
Tal vez si no me hubiera quedado tan perturbada le hubiera preguntado, a donde había dejado su auto o si demoraría. No había estacionamiento propio, asique los debían dejarlos en la calle o en alguna playa de estacionamiento privada. No reconocí su Audi en la calle en la me ubicaba. Me senté con cuidado sobre una pared que servía de medianera entre el edificio y una editorial que se ubicaba al lado. Solo tenía menos de un metro de altura y casi medio metro de ancho. Con él lejos de mi vista, intente recomponerme… emocionalmente hablando. Poco a poco mi respiración se volvió normal y mi corazón recupero su cadencia habitual. Apoyé mi mano en mis labios, había estado tan cerca de suceder por segunda vez… aquí y en mi primer día de trabajo. Internamente me maldije, estaba terriblemente mal. Aún no me sentía preparada para nada de eso y además podrían habernos visto.
-Vaya, eso sí que fue rápido. –Dijo una voz femenina muy cerca de mí.
Levanté mi rostro, una mujer muy joven estaba parada a un metro de distancia. Tras mirarla en detalle la reconocí. Era la rubia con "vestido" negro de satén que nos había visto a Peeta y a mí en la mañana. De cerca se veía aun más atrevida y su vestido a pesar de cubrirle toda la espalda, tenia cuello más abierto que no disimulaba nada sus senos exuberantes gracias a las milagrosas cirugías plásticas. El vestido era tan corto y ajustado a su figura como recordaba. Su pelo era completamente lacio y se había maquillado exageradamente acorde a su estilo.
-¿Perdón? –Le pregunte. No entendía a que se refería.
-Disculpa debí haberme presentado antes. Eres nueva.
-Que observadora. –Susurré.
-Soy Cashmere. ¿Tú eres?
-Katniss. –Contesté.
-Bien, Katniss. Me he querido presentar antes, pero habías estado muy ocupada, yo también y no quería ser una molestia. Somos las únicas jóvenes trabajando en esa planta. Nos veremos seguido. Es bueno tener carne joven y fresca cerca.
Arquee las cejas ¿carne joven y fresca? Ese comentario despectivo hacia la gente mayor casi me hizo vomitar.
–Si veras, en nuestro piso solo trabajan cuatro abogados, cada uno con una o dos secretarias que van rotando horarios. Hay cuatro abogados; las demás son mujeres que rondan los cincuenta, y luego esta Mary, a la que obviamente conoces.
-Entiendo. –Dije tratando de controlar mi molestia.
-Ya que eres nueva ¿Qué te parece si te presento al resto de mis amigas? Todas las que trabajan aquí en el edificio.
Si eran tan superficiales como ella, realmente pasaba de su ofrecimiento. No era la clase de amistad que deseaba establecer.
-Gracias por tu ofrecimiento pero ahora estoy apurada. Tal vez… después.
-¿No eres de muchas palabras, verdad? ¿O solo se las dedicas a los hombres… puntualmente a tu posible jefe?
La fulminé con la mirada.
-¿Qué insinúas?
-Nada, solo opino sobre lo que veo. Los vi esta mañana y los acabo de ver ahora. Por cierto, muy conveniente, querida.
Apreté los dientes para no lanzarme sobre ella y golpearla. Por no decir que primero debía encontrar un modo de bajarme de mi improvisado asiento sin hacerme daño. Pude subirme, pero ahora que estaba literalmente con los pies colgando a medio metro del suelo, bajar me costaría.
-No es lo que piensas. –Le espeté.
-Oh, claro que no. Creo que nos llevaremos muy bien. Somos parecidas en algo. Y eres linda naturalmente, aunque no te vendría mal un cambio radical de imagen.
-¿Cómo tú?
-Podría ser. Tendrías más éxito.
-No quiero éxito. Y el que tenga lo ganare de forma limpia.
-Estas empezando de forma muy limpia. –Se burló. –Pero definitivamente deberías ganarte un premio. Peeta nunca se ha fijado en una mujer desde que trabaja aquí. Nunca lo he visto flirteando con nadie y ha rechazado a cada mujer que ha tenido otras intensiones con él, realmente me sorprende verlo ahora.
-A ti seguramente te rechazo ¿no? –Dije en tono burlón, sin molestarme en aclararle cual era mi relación exacta con él. Que pensara lo que se le diera la gana.
-Al parecer le gusta el estilo normal y muy simple. Y desgarbado. –Ella hablaba con despecho, pero no porque lo quisiera. Sino porque seguramente se creía invencible y no estaba acostumbrada al rechazo. Pobrecita.
Sonreí al recordar sus palabras, si me guiaba por sus palabras, Peeta no era un rompecorazones, ni mujeriego y había rechazado a una mujer que llevaba escrito en su frente "prostituta" –metafóricamente hablando-. Aunque de por sí, ya lo había sospechado. Él no era ese tipo de hombre.
Por otra parte, su comentario fue completamente insultante. En otra situación, le lastimaría ese "hermoso" rostro con mucho gusto.
-En realidad, Peeta valora los sentimientos. Obviamente, tú no tienes. Es algo que albergas en tu alma. Oh, cierto ¡tampoco tienes alma! Olvida lo que dije, tal vez sea demasiado difícil de comprender para tu cerebro. Tal vez todas esas cirugías plásticas te han quemado todas las neuronas.
Por su expresión atónita y finalmente enfadada y de odio, me di cuenta que me había ganado una enemiga en mi primer día. Genial, ahora me haría la vida imposible. Pero yo también tenía mis armas y eran igual de poderosas. Se creía que no me defendería. Definitivamente, Cashmere estaba muy equivocada, no me conocía.
-¿Me estás diciendo estúpida? –Su cara se puso roja como un tomate por la vergüenza y el enfado.
-Tú lo dijiste, no yo. –Aclaré. –Además tú empezaste. No tienes ni idea como lo conocí. Te recomiendo que no te metas en la vida de los demás. Es muy patético.
-Tú eres patética.
-No más que tú. –Observé a mi alrededor habían cinco pares de ojos centrados en nuestro ataque verbal. Nos miraron de la una y a la otra como si fuera un partido de ping pong o tenis.
Maldición, no quise tener tanta atención. Pero esa chica de verdad, me sacó de mis casillas.
-¿Qué está pasando aquí? –Gritó una voz dolorosamente conocida muy cerca de nosotras. Mire hacia un costado, sin cambiar la expresión de odio de mi rostro. Peeta estaba al lado mío. -¿Katniss? –Preguntó en tono más suave y preocupado. No le contesté, solo señale con mi mentón a la intrusa que había venido a molestar.
