CAPÍTULO 25: RECOMENDACIONES

POV KATNISS

-PARTE I-


Me quedé mirando a Finnick sorprendida mientras entraba nuevamente en la enfermería. Aun me costaba creer que mi antiguo amigo estuviera aquí, frente a mí luego de tantos años. Estaba feliz, pero no podía dejar de sentirme algo culpable, porque yo jamás lo escuche cuando me prevenía sobre Gale. Todo lo que dijo sobre él fue tan acertado, no entendía porque había estado tan ciega de no poder verlo, de creer que él era buena persona. Finnick como buen amigo que fue, me advirtió e hice caso omiso de sus palabras. Definitivamente, le debía un montón de disculpas, pero eso sería otro día. No deseaba tocar temas desagradables justo el día de nuestro reencuentro.

-¿Cómo te sientes ahora? –Me preguntó en tono preocupado, pero parecía luchar por reprimir una sonrisa.

-Oh, yo… -No sabía que contestar. Un par de minutos antes, conseguí olvidarme del motivo por el que llegue a la sala. En esos segundos, con Peeta trayéndome mi medicina para que la tomara y él acariciando mi rostro mientras nos perdíamos en la mirada del otro, lo único en lo que pude pensar fue en besarlo. De hecho no había parado de pensar en eso desde los dos incidentes a la hora del almuerzo. –No fue nada, Finn. Solo que soy una idiota. Pensé que sería capaz de soportarlo. Pero aún me siento débil. Peeta tiene razón en quejarse de mí, debería escucharlo. –Reconocí, rogando porque él no leyera en mis expresiones lo que realmente pasaba por mi cabeza.

-Él se preocupa por ti. Prácticamente te has convertido en el centro del mundo para él. Si te dice algo, es para ayudarte.

-Sí, lo sé. –Le contesté avergonzada. Sin embargo, mi mente se quedo con una de sus frases.

"Prácticamente te has convertido en el centro del mundo para él."

¿Qué se suponía que significaba eso?

-¿Por qué dijiste lo segundo, Finn?

-¿Lo segundo? No tengo idea de que estás hablando.

-Te has convertido en el centro del mundo para él. –Imite su tono de voz.

-Oh, eso. –Asintió Finnick sonriendo. -¿Tú qué crees, Kat? –Me dirigió una mirada suspicaz.

-Yo no creo nada. –Le corté. Ni siquiera sabía lo que yo misma sentía, menos lo que sentían los demás. -¿Qué estuvieron hablando tú y Peeta afuera?

-¿Por qué te interesa tanto saberlo?

-Peeta parecía incomodo y molesto. –Si exactamente eso había percibido.

Miré a Finnick con atención y el parecía estar ocultando algo. Finalmente me sonrío.

-Me dijo que si no te cuidaba mientras él no estaba, me mataría. Y yo le dije que no se preocupara y que estabas en buenas manos.

Lo miré entrecerrando los ojos.

-Está bien creo, que se molestó cuando me reí hace un rato. –Agregó sonriendo divertido. -¿Pero por que te interesa saber que me dijo? No es como si estuvieras interesada en saber todo de él ¿me equivoco? –Uní mis labios en una línea, si saber que contestar. Claro que me importaba, por algún extraño motivo me importaba todo lo relacionado a él. -¿Te gusta? –Preguntó tras un rato de no contestarme.

Me ruborice pero no conteste de inmediato. Finnick se rió.

-No digas tonterías, Finnick. –Golpee su brazo con fuerza.

-Eso dolió, Katniss. –Puso expresión de dolor exagerada mientras frotaba su brazo con su mano, y yo rodé los ojos.

-No exageres.

-Vale. Vale. Cambiemos de tema. –Acepto y se alejo de mí sentándose en la otra camilla. –Es agradable verte nuevamente.

-Lo mismo digo.

-¿Qué haces aquí? Cuando supe que tú estabas aquí, me sorprendí, aún no acabas tus estudios.

-Decidí cambiar de aire. No abandone la carrera, pero ahora no cursare, me dan todo el material por internet, solo iré para fechas de exámenes. No lo estoy llevando tan mal, creí que sería más complicado y además, Peeta me está ayudando.

-¿Entonces no piensas volver?

-No lo sé. Creo que no. Me siento en casa aquí. Extraño mucho a mi hermana y mi madre, inevitablemente. Pero estoy en contacto con ellas casi cada dia. Eso hace más fácil la situación. Jamás había tenido tanta consciencia de lo aprisionada que me sentía en el lugar que fue mi hogar por tantos años. Estados Unidos, tiene muchos recuerdos, la mayoría tristes, pero al mismo tiempo me ataban allí. Ahora me siento libre, libre de fantasmas y recuerdos que me hacían muy mal. Estando aquí puedo recomenzar de nuevo mi vida y plantearme o replantearme cosas en las que jamás había pensado que eran posibles.

-¿Y cuáles son esos fantasmas?

-Muchos, Finnick. Más de lo que alguna vez te conté en el pasado. Entre ellos mi difunto padre, la depresión de mi madre, la tristeza de Prim y la mía propia y toda la responsabilidad que cargaba sobre mis hombros. Desde que mi padre murió, me vi en la obligación de pensar en los otros más que en mí, trate de no detenerme de pensar en mi dolor y lo dejaba guardado para mí, por el bien de mi hermana. Y eso poco o poco me estaba matando, consumiendo. Ahora Prim es más grande y es muy responsable y entiende las cosas que han pasado, mi madre se desvive por nosotras y superó su depresión. Todo es más tranquilo y pueden estar sin mí atrás de ellas todo el tiempo. Por primera vez estoy haciendo algo por mí misma y no creo que te hagas una idea de lo bien que se siente. Luego de muchas charlas con ellas y con mis amigas acabe por decidirme a venir aquí. No estoy sola, vivo con una de mis mejores amigas de la infancia, y su familia a la que casi considero la mía, también viven aquí, aunque por el momento no los he visto, están de viaje.

-Me pone feliz escuchar eso. Ya era hora de que lo hicieras. Pero claro, en ese momento no era momento adecuado. Tu situación familiar era bien difícil. Irte hubiera sido abandonarlas. Y tú no hubieras sido capaz de hacerlo, con tu hermana tan pequeña.

-No hubiera sido capaz. Ahora estoy más tranquila, también porque mi madre está saliendo con alguien, es un hombre muy agradable, trabaja con ella, y nos ama a Prim y a mí, incluso al asqueroso gato de Prim, que parece quererlo más a él que a mí. Sé que ambas están en buenas manos, la ayudó mucho a mamá a salir del pozo donde estaba metida, cuando eran amigos y acababa de morir mi padre. Y hace tres meses empezaron una relación. Se cuanto le está costando porque, tal vez jamás olvide a su esposo, pero al menos está intentando salir adelante, y ese hombre siempre estuvo apoyándola en los peores momentos.

-Me sorprende lo de tu madre, la última vez que la vi, estaba…

-Si… no era feliz. -Le interrumpí. -Pero si la vieras ahora, parece que volvió a la vida.

-Eso es bueno. ¿Y tú? ¿Qué has hecho de tu vida?

Le empecé a contar todo, cada detalle y él me escuchaba y me contestaba contándome todas las cosas que había logrado en estos años. Pero claro el no pudo evitar preguntarme algo que consideraba importante, mi vida amorosa, le acabe contando que hacía mucho tiempo había terminado con él. Y Finnick pareció encantado con la noticia. Estuvo a punto de preguntarme el motivo cuando un grupo de médicos entro a la sala y justo detrás Peeta. Peeta me miró a mí y me sonrió mientras iba a sentarse junto a Finnick, a quien miro con algo de sospecha, haciendo que este último se riera y se encogiera de hombros.

-Tranquilo, todo está bien. –Le contestó Finnick.

Peeta suspiro algo relajado y volvió su atención a mí mientras los médicos se acercaban a mí y me hacían un chequeo general de mis reflejos, la temperatura corporal, mis pulsaciones y presión arterial, incluso me levantaron el pantalón hasta la línea de la rodilla de mi pierna izquierda y tocaron la piel de mi pierna descubierta y vi obligada a reprimir un grito de dolor. Odiaba la estúpida fractura y verme obligada a hacer reposo la mayor parte del tiempo. Finnick y Peeta me miraron con preocupación cuando notaron mi molestia.

-¿Es necesario eso? –Preguntó Finnick. Uno de los médicos lo miró.

-Era para comprobar si sentía algo, evidentemente siente dolor aun. ¿Hace cuanto se fracturo, Señorita Everdeen?

-Varios meses. –Contesté. –Me estaba recuperando, pero hace un mes y medio tuve un accidente y lo empeoro más supongo. –Evite detallar lo sucedido para no incomodar a Peeta, quien continuaba sintiéndose culpable por lo sucedido. Miré a Peeta, quien hizo una mueca y dejó entrever algo de culpa en su mirada. Quise acercarme y decirle algo para calmarlo, pero nadie iba a dejar que me moviera, solo mantuve mi mirada en él, hasta que él se percató de esto y mantuvo su mirada fija en la mía.

-En realidad fue mi culpa. –Dijo Peeta aun mirándome, aunque los tres médicos tenían la atención puesta en él. –Yo hace un mes y medio la atropelle. Ella iba en bicicleta, y yo en mi auto, estaba doblando una esquina, ella apareció de repente y no tuve tiempo de frenar. Pero no fue tan grave, por suerte. Solo un par de fracturas, esguinces y algunos golpes o rasguños. Ahora no tiene ninguna molestia aparte de la pierna. He estado atento todo este tiempo a su tratamiento, su doctora nos dijo que su recuperación va bien.

-¿Usted sabe que medicación toma? –Preguntó uno de ellos haciendo anotaciones en un un block de notas.

-Por supuesto. –Peeta se puso de pie y tomo la bolsa con mi medicación y se la paso al hombre, quien saco todo de la bolsa, mirando con atención las etiquetas de los medicamentos. –La doctora dijo que las fuera suspendiendo de a poco o que las dejara de tomar en cuanto ya no fuera necesario.

-¿Tuvo algún efecto colateral?

-Acidez, tal vez. Y cansancio, bastante diría. Y se ha descompuesto luego de unas semanas de tomar esos medicamentos. La doctora le receto también un protector gástrico y al menos controlo la acidez. También algo para evitar el vomito. -Recordé las veces en las que me había sentido terriblemente avergonzada por vomitar frente a Peeta. A pesar de la paciencia, preocupación y comprensión constante de Peeta.

-Debió ser por este antibiótico y desinflamante. –Dijo el hombre sosteniendo una caja y un pequeño frasco, una de ellas era la que contenía la medicación que acababa de tomar. –Las drogas son muy fuerte. –Le haré una receta nueva, con una medicación que tiene el mismo efecto, pero no es tan fuerte como esta. En teoría, ese medicamento, no tendrá ningún efecto negativo en su organismo. Si presenta algún problema, pueden discutirlo con su doctora de cabecera.

-Gracias. ¿Y cómo se encuentra ella? –Peeta parado a mi lado acaricio mi rostro y yo recosté mi cabeza contra su mano. El contacto resultaba extremadamente reconfortante, sobre todo porque no me sentía particularmente bien. Él me miro con cariño.

-Está bien. Solo debe tomar lo que nosotros le indiquemos y hacer reposo. Y por supuesto nada de esfuerzos innecesarios. –Peeta rompió contacto conmigo y miro a los tres doctores.

-¿Eso incluye trabajo?

-Sobre todo, trabajo. Al menos por unas semanas más o hasta cuando lo considere necesario su doctora.

Peeta sonrió triunfal y me miró a mí. Rodé los ojos, y maldije para mis adentros, él había ganado. Ahora debía esperar a que se le ocurriera a él dejarme empezar a trabajar.

-Ya escuchaste, Katniss. Nada de trabajo. –Me dijo en voz baja.

Como mi personalidad terca lo requería, lo fulmine con la mirada. Odiaba que tuviera la razón, en cuanto a mi salud se refería.

Quince minutos después nos libramos de los médicos que le dejaron a Peeta varias hojas con anotaciones y recomendaciones y recetarios, que llevaban escrito los nombres de otros medicamentos nuevos, que tendría ocuparse de conseguirme más tarde.

*.*.*.*.*.*.*.*