A/N: Hola :) Como han pedido que actualice pronto aquí va el siguiente capítulo. Lo habría publicado mas temprano, pero le agregue algunas cosas y otras se las modifique. Creo que les va a gustar ;)

Jamie Mellark Stark: No estás equivocada. :D

El Lector Cinefilo: No se, habrá que esperar algun capítulo desde la perspectiva de Katniss :)

Pao C: Vi que me enviaste un mensaje a Wattpad me llego al mail :) Y si, nunca hay decir nunca. Yo pensé que era una inútil escribiendo en la escuela primaria y los primeros años de la secundaria, pero a los quince años empecé a escribir, y a los dieciséis me volví una adicta a la lectura, por lo que le agarre mas gusto a escribir y aquí estoy :) Solo tienes que intentarlo. Me pasa algo similar porque suelo ser muy emotiva a la hora de describir a mis personajes favoritos, como si estuviera hablando de alguien real y bueno algunos se me quedan mirándome raro, los que nunca han leído y no entienden lo que te puede transmitir un personaje ficticio. Me gustaría inventar una máquina para poder sacar a al menos un personaje de un libro. Sí, es muy tierno, Katniss es su niña especial. Esperemos que pronto se den cuenta que el primer beso de ambos fue entre ellos. :3 Y no me odies, actualice bastante pronto. Jajajajaja

Barbi: Si, he subido muchas cosas en las últimas semanas, por retos de foros, actualizaciones y un regalo por el amigo invisible. Tendrás que ponerte al día xD Y cuando pasara, pronto. De ahora en adelante las cosas irán un poco más rápido.

Saludos y disfruten el capítulo,

Lucy.


CAPÍTULO 27: CONFESIONES

POV PEETA


"ROMEO

Si con mano sobradamente indigna he profanado la santidad del altar, he aquí la dulce expiación de mi falta: mis labios, sonrojados peregrinos, dispuestos están a mitigar con tierno beso la ruda impresión de mi mano.

JULIETA

Buen peregrino te equivocas, porque vuestra mano ha mostrado un respeto del todo decoroso; porque los santos tienen manos que las de los peregrinos pueden tocar, y unir las manos es el beso del piadoso viajero en Tierra Santa.

ROMEO
¿No tienen labios los santos y también los devotos viajeros?

JULIETA
Sí, peregrino, labios tienen, que han de emplearlos en orar.

ROMEO
Si así es, santa querida, permite que los labios hagan las veces de manos: te lo suplican, escucha su ruego, no vaya mi fe a troncarse en desesperación.

JULIETA
Los santos no se mueven, aunque atiendan la súplica que se les hace.

ROMEO
No os mováis, pues, en tanto que voy a recoger el fruto de mi oración: así vuestros labios purificaran los míos de su pecado."


Escena V

"ROMEO Y JULIETA"

De William Shakespeare


Su mirada se detuvo unos momentos en mis labios, antes de ella rompiera la escasa distancia que los separaba. Ninguno de los dos puso resistencia. Nos entregamos de una forma plena al beso, tal como la primera vez. Solo que esta vez no fue por accidente. Ambos éramos plenamente conscientes de lo que pasaba. Ni siquiera me dejó terminar la frase, pero no me importo. Besarla era mil veces mejor. De todos modos, dudaba que fuera capaz de hablar.

No existía nada que nos detuviera. Ella enredó sus dedos entre mis mechones de cabello, justo detrás de mi cabeza. Y yo rodee su espalda con mis brazos atrayéndola más hacia mí. Ella jadeo desesperada en busca de aire. Se apartó de mí un poco para recuperarse y volvió a mis labios al instante. Internamente salte de alegría, mientras me ubicaba justo arriba de ella. Tal vez ella no era tan inmune a mí después de todo. Le gustaba, le atraía… al menos.

Pasaron cinco, diez, quince o veinte minutos y seguíamos besándonos, el tiempo perdió importancia para nosotros. Sus labios eran cálidos, húmedos y deliciosos. Deseé perderme en ellos para siempre. Los besos que al comienzo eran suaves y dulces, se convirtieron en besos atrevidos y arrebatadores. Nuestros corazones latían a la par desbocados y con frecuencia debíamos apartarnos unos segundos ambos con los ojos cerrados para tomar aire y luego volver juntar nuestros labios. Toda la tensión, todo el deseo contenido durante el dia, nos estaba cobrando factura. Me sentí al punto de desfallecer, sin embargo, deseaba perpetuar ese momento tanto como fuera posible. Sus manos descansaban en la parte trasera de mi cabeza, sus brazos en mi cuello, obligándome con urgencia a aumentar a presión, yo rodee su cintura con mis brazos y luego empecé a pasear mis manos por su espalda. Katniss gimió ante el contacto cuando encontré el lugar exacto donde acababa su camisa y metí una de mis manos por debajo de la misma entrando en contacto con su piel. Su piel pareció arder bajo mi toque ¿o tal vez fui yo? Nuestros labios aun unidos se entreabrieron y exploramos libremente la boca del otro. Katniss llevó una mano a mi espalda acercando mi pecho hacia el suyo, acabando con la escasa distancia que interpuse en un comienzo y yo suspiró entregándome por completo al beso, que era correspondido con creces.

¿De donde había salido esta Katniss tan… tan…? No encontraba las palabras correctas para describirla, su vergüenza habitual, pasó a convertirse en desinhibición y algo de torpeza por dejarse llevar por el momento. Yo mismo me sentí así. Pero a ninguno de los dos nos molestó. Maldición, todo era tan nuevo, estaba perdido por la mujer que tenía entre mis brazos. Jamás había besado a alguien así, jamás había sentido ese fuego abrazador que dominaba todo mi cuerpo y cada uno de mis sentidos. Un instinto casi primitivo me domino y me deje llevar por él. Katniss seguro pasó por lo mismo, porque no me detuvo, no me golpeó, no me alejó. Me exigió más, alimentando mi hambre. Hambre muy distinta a la que pudiera haber sentido anteriormente con el primer beso que compartimos unos días después del accidente. Pero no solo eso, me sentí completo y lleno de vida. Como un naufrago perdido en el mar por años, meses, que consigue llegar a tierra firme, encontrando en ese nuevo lugar su hogar. Katniss era mi hogar y ya no podía, ni quería alejarme ella. Quería vivir y morir allí, en sus labios, en su cuerpo, acariciando su piel cada día de mi vida y mirando sus ojos tempestuosos, como el cielo en un día de tormenta, era un buen contrate con los míos que eran como un pequeño cielo en día agradable y despejado.

El ruido de unos pasos, nos hizo volver a la realidad. Nos separamos y abrimos nuestros ojos mirándonos sorprendidos, tanto por lo que había ocurrido como por el ruido de pasos alejándose. Mire hacia el lugar donde provenían. La parte trasera de ropa y calzado de diseño fue lo único que pude ver antes de que saliera por la entrada del living y desapareciera por el pasillo que le seguía. Katniss arrastró sus manos a mi cuello. Volví a mirar a Katniss, más relajado.

-Cinna está aquí.

-¿Nos vio? –Asentí.

-Nos quiso dar un poco de intimidad. –Se ruborizó por mi comentario. La desinhibición no duro demasiado. Ella seguí siendo muy pura e inocente, se avergonzaba con facilidad si estaba frente a una situación incómoda.

Me atrajo hacia ella y enterró su rostro en mi pecho. Acaricie su espalda con mis dedos.

-No sé que me sucede contigo. Siento cosas… pero no estoy preparada. Siento no ser tan clara, pero… -Sacó su cabeza de su escondite y me miró mordiéndose su labio, mientras intentaba controlar alguna emoción.

-Shhh. –Liberé una de mis manos y acaricie sus labios hasta borrar esa expresión tensionada de su rostro. –No me expliques nada. Está todo bien.

Sabía que debía estar algo desilusionado, pero no lo estaba. Katniss estaba reconociendo que le pasaban cosas conmigo, tenía tiempo de sobra para convencerla de que podía llegar a amarme. Nos conocíamos hacia tan poco tiempo, no le podía exigir nada. Tampoco la presionaría. Además el beso fue tan perfecto, aun podía ver su mirada extasiada, mis ojos debían lucir igual. Sonreí ampliamente.

-No me estoy aprovechando de ti. - Katniss sonrió avergonzada.

Maldije internamente a Cashmere por haberla acusado de ello, pero le tenía que hacer saber que yo jamás pensaría algo tan falso sobre ella.

-Lo sé. –Su aclaración estaba fuera de duda. –Sé quién eres. –Acaricié su cabello.

-Estoy confundida. Los dos lo estamos. –Estaba a punto de negarlo, pero no lo hice. No era el momento. –Tal vez sería mejor que siguiéramos como siempre.

-¿Amigos?

-Por ahora. Hasta que pueda poner en orden mis sentimientos. Me parece lo mejor.

Me quede pensando que quería decir ella con ese "por ahora". Pero no me atreví a preguntarlo.

-Bien. –Acepte. Ya tendría tiempo de reflexionar sobre sus palabras luego. –Pero no me alejare de ti.

-No quiero que te alejes de mí, tampoco. –Dejó descansar su frente sobre la mía y me sonrió tiernamente. –Quiero que te quedes conmigo.

-Siempre. –Le prometí al tiempo que besé la punta de su nariz y ella siendo como era se ruborizó. –Volví a sonreír.

-¿Qué le diremos a Cinna? Eso fue incomodo. –Sí, sobre todo para ella. Para algunas cosas era tan delicada e inocente. A mí la única persona capaz de hacerme sentir vergüenza era ella.

-Él no es entrometido, tal vez ni pregunte. No hay mucho que decir, lo vio. Somos adultos. Dile lo que quieras. –Besé su frente antes de moverme del sofá, luego le sonreí. –No es Johanna.

Katniss abrió los ojos como platos, asustada ante la idea.

Me reí.

-Eso habría sido muy embarazoso. Hasta para mí, Katniss. Podría haber sido peor, solo piénsalo. –Se había pasado dos semanas gastándonos bromas porque dormí cada una de esas noches con Katniss. Por lo que suponía que no se atrevió a contarle sobre sus pesadillas esas primeras noches. Y no volvió a tener pesadillas, pero en el último aspecto no supe si creerle o no.

-Tienes razón. Es solo Cinna. –Coincidió.

-¿Tú quieres que te traiga algo?

-Leche. –Respondió.

Salí del living y me dirigí a la cocina, donde me encontré con Cinna, sentado en un taburete alrededor de la mesa. Él continuaba con unas gafas de sol oscuras puestas, impidiéndome ver su mirada.

-Hola. –Lo saludé cuando me detuve frente a él. No supe que más decir después de lo que él había visto. Pero él se adelanto.

-Hola, Peeta. –Me sonrió. –Lamento haber interrumpido. –Observé su rostro. De verdad parecía lamentarlo.

-No interrumpiste nada. –Contesté. –Además, yo te pedí que vinieras.

-¿Cómo esta?

-Mejor. Se descompenso un poco, pero ahora está bien. Debí insistirle más para que volviera antes, pero no lo hice las veces suficientes para convencerla.

-Es cabeza dura. –Cinna parecía divertido.

Asentí. Me senté frente él del otro lado en la mesa. Intenté no pensar en lo que pasó con Cinna justo frente a mí, pero resultó imposible.

Me pidió que siguiéramos siendo amigos, solo que ¿Cómo podíamos serlo luego de reconocer que entre nosotros pasaba algo más? No había tenido tiempo para pensarlo, con ella matando o reprimiendo cualquier pensamiento coherente que pudiera tener. No era imposible, pero si difícil.

Con mi vista periférica observe a Cinna examinándome con curiosidad. Se quito las gafas de sol y se las colgó en la camisa media desprendida

-La quieres. –Adivinó.

Negué con la cabeza. Querer era una palabra tan insignificante en este caso.

-¿La amas? –Preguntó.

Sonreí un poco y lo miré a él.

-Amor… Si, es la palabra correcta. La amo, Cinna. Y ese sentimiento crece cada día más. Nunca sentí una centésima parte de lo que siento por ella ahora. Parece una locura, teniendo en cuenta el poco tiempo que la conozco, pero es la verdad.

-No me sorprende. Llevo tiempo observándote. Observándolos. Creo que lo supe el día que te conocí.

Lo mire sorprendido. Ni yo sabía lo que sentía en ese momento.

-No eres bueno ocultando emociones. –Dijo, respondiendo a mi pregunta silenciosa. Me reí. –Pero Katniss, lo es… la mayor parte del tiempo.

-¿Por qué lo dices?

-Bueno, no pareces tan feliz como deberías estarlo.

-¿Ahora lees la mente? –Pregunte.

-No hace falta.

-Quiere que seamos amigos, que sigamos siéndolo, mejor dicho. Pero yo… a pesar de que le dije que aceptaba, siento que no me conformare con ello.

-No es indiferente a ti. –Me dijo.

-Aún así, está confundida. Y no está preparada.

-Dale tiempo. Ella acaba de salir hace menos de un año de una relación y aunque no lo diga se llevó una gran decepción. Ella está empezando a sentir algo por ti. Algo a lo que aún no le encuentra un nombre. Pero, no quiere sufrir.

-¿Todo esto lo has hablado con ella?

Asintió.

-Se suponía que no debía decirte nada. Pero, creo que debes saberlo, para lograr entenderla.

-¿Cree que puedo terminar siendo como su ex novio?

-No exactamente, pero teme que las cosas no funcionen y terminen odiándose por lo que sea. O que la decepciones. Y tú ahora mismo le haces mucho bien, Peeta.

-Yo no soy como Gale o algún otro novio que haya tenido. Si tengo la posibilidad de que ella me acepte, no lo arruinare.

-Sigue demostrándoselo con hechos y con palabras como estás haciendo hasta ahora. Vas bien en eso. Ella te quiere. Pero necesitas más tiempo para convencerla a Katniss que eres diferente, que la amas y la respetas. Cuando ella comprenda lo que realmente siente, verás que las cosas cambiaran. Sólo ten paciencia.

-La esperaría toda la vida, si fuera necesario.

Cinna sonrió.

-Lo sé. Por cierto… hable con Johanna. –

Lo miré fijamente al tiempo que busque leche de la heladera y la vertí en un vaso para luego colocarlo en el microondas.

-¿Qué te dijo? –Le pregunté.

-Esta noche tiene un compromiso y no vendrá hasta la madrugada supongo. Me pidió que me quedara con Katniss, pero...

-¿No puedes?

Espere a que continuara hablando. Él sacudió la cabeza.

-Por el contrario. No tengo ningún problema. Pero pensé que tal vez querrías quedarte tú.

-Tal vez no sea buena idea.

-Oh, vamos. ¿Por lo que acaba de decirte?

No, porque hoy fue un día muy intenso. No sé cuánto más sea capaz de soportar.

-¿Sabes que en realidad no te rechazo, verdad? Si no sintiera absolutamente nada por ti, te hubieras ganado unos cuantos golpes.

Pensé en su carácter y si… tenía razón. Probablemente hubiera pasado de ser el caso. Me reí ante la idea, no era gracioso. Pero estaba tan nervioso… Eso era nuevo. Todo era nuevo con ella. Me sentía vulnerable ante ella, cada vez que nos tocábamos aunque fuera por un instante, cada vez que sus labios rozaban mi piel y hace unos minutos cuando nos besamos. A diferencia de la primera vez, esta vez no había sido un accidente. Tampoco había salido de la boca de Katniss una disculpa capaz de romperme el corazón en mil pedazos nuevamente. En su momento, el que ella me dijera que había sido un error, me destrozo un poco. No entendí el motivo en su momento, pero con el paso de las semanas lo fui comprendiendo. Me había enamorado de ella desde el momento en que nuestras miradas se encontraron en aquel desafortunado momento. Existía el amor a primera vista después de todo. Solo que a veces solía suceder bajo circunstancias muy extrañas.

-En eso tienes razón. No lo hizo.

Me senté en una silla con el vaso caliente de leche en mi mano, el cual, deposite en la mesa.

-¿Peeta? ¿Cinna? –Preguntó Katniss. Su voz se sintió muy cerca y gire a mirarla. Aún estaba fuera de la cocina, pero podía escuchar sus pasos al acercarse. Estaba tan concentrado en mis propios pensamientos que no logre reaccionar a tiempo cuando vi como lentamente se resbalaba. Por suerte Cinna fue más rápido y corrió rápidamente hacia ella y la atrajo hacia su cuerpo evitando que se cayera. Suspiré de alivio cuando ella se sujetó de sus brazos y logró ponerse de pie nuevamente encontrando equilibrio. Pero Cinna mantuvo su brazo alrededor de su cintura, solo por si acaso.

-¿Katniss? –Pregunté. No supe que mas decir. Las palabras se quedaron atoradas en mi garganta.

-Estoy bien. No se preocupen. Seguro es la medicación que ya está haciendo efecto. –Me sonrió con ternura dejándome sin aliento nuevamente. Miró a Cinna. –Gracias, amigo. –Cinna tocó su mejilla y su frente de manera amistosa, pero obviamente buscando alguna señal de fiebre o algo por el estilo.

-¿Seguro que estas bien? –Fue Cinna el que habló.

-Solo necesito sentarme unos momentos.

-Vale. –La guió hasta una silla que se situaba a mi lado.

-Debiste quedarte allí. –Le dije.

Katniss asintió.

-Lo sé, pero ya estoy aquí.

-Dios ¿Qué haré contigo? –Siempre solía hacer lo contario a lo que le recomendaba. Resultaba difícil cuidar a alguien así. Para empezar no estaba de acuerdo empezara a trabajar ese día, sabía que aún no se había recuperado del todo.

-¿Estas molesto? –Preguntó.

-Solo me preocupo por tu seguridad. Deberías cuidarte mas, Kat.

-¿Eso qué significa?

-Aprovecharas estos días libres. Te recuperaras, te quedaras aquí haciendo reposo y cuando te sientas mejor te reintegras al trabajo.

-Peeta… -Empezó a quejarse.

-Me importas demasiado como para perjudicarte. Hazlo por mí, por favor.

-Deberías escucharlo, Kat.

Ella miró a Cinna y luego a mí.

-Está bien. –Aceptó.

Pero había algo mal, cuando mire a Katniss ella rehuyó mi mirada al segundo, su rostro se torno de un color rojo escarlata y bajó la mirada a la mesa avergonzada. Por supuesto que estaba recordando el beso… los besos. Yo también bajé la mirada pero por una razón diferente, no quería que ella notara cuanto me afectaba su…¿Inseguridad? No sabía muy bien cómo definirlo. No sabía lo que ella sentía y ella tampoco.

Cinna nos miró a ambos cuando notó el ambiente tenso.

-Los dejaré unos minutos para que hablen. –Y salió de la cocina. Cuando pasó por mi lado, apoyó su mano en mi hombro dándome un suave apretón. Me atreví a mirarlo unos segundos y le sonreí un poco. Era un buen amigo. Katniss ni siquiera se dio cuenta de nuestro pequeño intercambio.

-No te vayas ¿de acuerdo?

-Claro que no. Me quedaré un par de horas, por si necesitas salir o algo.

-Gracias. –Si me quedaba durante la noche con Katniss, debía pasar un rato por mi departamento.

-De nada.

En cuanto él nos dejo solos, Katniss habló.

-¿De qué estaban hablando? –Preguntó con curiosidad.

-Nada. Es solo… Parece que tu amiga no vendrá esta noche o que tal vez, llegue en la madrugada. Habló con Cinna y le pidió que te cuidara… pero… -Aquí estaba la cuestión, tal vez no fuera conveniente que me quedara con ella luego de lo que había ocurrido. Sin embargo, la necesitaba tanto que cualquier momento que pasara con ella era preciado y único. Y la verdad era que mi necesidad de cuidarla era más fuerte que cualquier otra cosa en la vida.

-¿Pero? –Preguntó.

-Él no puede, tiene un compromiso. –Mentí, era bueno mintiendo, hasta el punto de resultar convincente. Sin embargo, lo hacía en pocas ocasiones.

-Entonces, te pidió a ti que te quedaras.

Asentí.

-Y lo harás.

Asentí.

-No quiero ser una molestia. Si no puedes, no te debes preocupar, yo estaré bien. –Me reí. – ¿Qué es tan gracioso?

-Jamás serías una molestia para mí. Ya te lo he dicho. –Acaricié su mejilla con ternura. Ella se ruborizó, pero no apartó su mirada de la mía. Ambos nos perdimos en la mirada del otro, por unos segundos sentí una conexión, como un hilo invisible que nos unía. No hablé por temor a arruinar el momento.

-Peeta. –Susurró. Su boca pronunciando mi nombre era como música para mis oídos. –Lo que pasó recién…

-No te preocupes, podemos olvidarlo si eso te hace sentir mejor.

-No creo que pueda. Tal vez no quiera olvidarlo.

Una chipa de esperanza se encendió en mí, pero la disimule.

-¿Por qué lo hiciste…? ¿Por qué lo permitiste? –Pareció querer agregar esto a último momento al recordar que ella lo había iniciado.

-Porque te quiero. –Dije. –Te quiero, Katniss.

Estaba hecho. Se lo había dicho… a ella. Lo sabía, lo demás dependía casi exclusivamente de ella.

-Es importante que lo sepas porque… no eres un juego para mí. Y por ti sería capaz de esperar miles de vidas para que me correspondas.

-Pero… apenas me conoces. –Ella no podía creer lo que escuchaba.

-Eso no me impide quererte.

-Peeta. –Murmuró.

-Tranquila, no te presionare. Tampoco espero que me respondas ahora. –Besé su frente y finalmente deposite un tierno beso en sus labios, Katniss no contestó, pero tampoco me dio un puñetazo por besarla, debió ser una buena señal. Cinna me recomendó que le diera tiempo y se lo daría, todo el que necesitara. –Somos amigos, eso no cambiara sino lo deseas. Tú misma lo dijiste hace unos minutos.

La vi tragar saliva nerviosa y me pregunté si había cometido el peor error de mi vida al confesarle una pequeña parte de lo que sentía tan pronto. Pero ya estaba hecho, no había vuelta atrás. Finnick estaría radiante de felicidad, en cuanto supiera que se lo confesé. Luego de lo que pareció una eternidad, me devolvió una pequeña sonrisa, alzó sus manos y acarició mi cabello y mi rostro, se detuvo en mis labios, que se abrieron involuntariamente.

-Perdón. –Me disculpe. –Esto no debió haber pasado. –Ahora fui yo el que agacho la mirada al suelo, bueno no exactamente al suelo, ya que nos encontrábamos tan cerca el uno del otro, que mi mirada fue a parar a sus piernas perfectamente envueltas en el pantalón del traje que seguramente le hizo Cinna, ya que se ceñía a la forma de su cuerpo. Intenté no pensar en su aspecto y en lo perfecta que se veía.

-Creo que ya te dije al menos cincuenta veces que no quería escuchar esa palabra. –Bromeó, haciéndome soltar una risita nerviosa. Mi corazón se aceleró cuando Katniss apoyó sus labios en mi oreja y susurró: -Es halagador que… me… quieras. Pero necesito tiempo, tiempo para poner todo en orden, tiempo para conocerte… para conocernos y aclarar esto que siento.

Después besó mi mejilla y escondió su rostro en mi pecho. Sólo conseguí abrazarla y atraerla hacia mí.

-Te lo repito, no te preocupes. –Murmuré mientras acariciaba su sedoso cabello y besaba su coronilla. Katniss suspiró. Luego de unos minutos, volví a hablar. -Ya que estas aquí. Te preparare algo para que comas y bebas. Y te agradecería mucho que no te muevas sin avisarnos a mí o a Cinna. No podemos ayudarte si tú no te dejas cuidar. Estamos aquí para eso. Bebé tu leche. –Dije, pasándole el vaso, ella lo tomó entre sus manos y bebió un sorbo.

-Sí, papá. –Bromeó algo molesta. Sabía cuánto odiaba que le diéramos órdenes, aunque ella supiera que eran necesarias y bien fundadas.

-Si sigues hablando así o te mueves de nuevo sin autorización, juro que te atare a esa misma silla… o mejor te atare a la cama, al menos así harías reposo… a no ser que desees volver al hospital por otra caída, claro.

-No lo harías. –Respondió, Katniss con mucha calma.

-¿Qué no lo haría? – La miré amenazadoramente. –No tientes tu suerte, Katniss Everdeen. Solo obedécenos cuando te digamos algo.

Fui a mi departamento un par de horas después, no demore mucho, solo quise ir para ducharme y buscar algunas cosas para pasar la noche. Mientras comía algo rápido, no pude evitar que la imagen del besó viniera a mí y con ella todas las sensaciones que sentí o ella me transmitió. Llegue algunas conclusiones.

Yo la amaba como nunca había amado a una mujer.

Ella también sentía algo por mí. Algo que ella una no podía definir con palabras. Pero me lo había demostrado con ese momento que compartimos juntos, esos besos robados y devueltos con la misma intensidad.

Cinna también lo creía.

Y la última, lucharía por ganar su amor. No importaba cuan herido saliera o no.

A veces uno tenía que arriesgarse por la persona que amaba o para poder conseguir algo que se deseaba.

Yo sabía que tomaría su tiempo con Katniss. Imaginaba que para ella podía ser más difícil, porque no nos conocíamos lo suficiente, pero a la larga valdría la pena. Las cosas buenas costaban, sino… ¿Cuál era la gracia de tener lo que se deseaba al instante y sin ningún esfuerzo? Si conseguía que ella me amara, como yo, valoraría aun más todo y podría decir orgulloso que el esfuerzo había valido la pena.