CAPÍTULO 28: AMOR O AMISTAD
POV KATNISS
"Magic touched my life,
the moment that you smiled
the world began for me
you unlocked my heart and all
the feelings there
I never thought I could see.
Heaven in your eyes
it's just to good to be true,
heaven in your eyes,
I've never been so high,
heaven in your eyes,
nobody does what you do
with just one look and
I can touch the sky.
No more lonely nights,
not since you came along
and filled these dreams of mine;
you chased away the clouds
and kissed away my tears
and told the sun where to shine.
Heaven in your eyes,
it's just to good to be true,
heaven in your eyes,
I've never been so high,
heaven in your eyes,
nobody does what you do,
with just one look and
I can touch the sky."
"Heaven In Your Eyes"
De Shaun Cassidy.
"La magia tocó mi vida
Desde el momento en que sonreíste
El mundo empezó para mí
Tú liberaste mi corazón de todos
Los sentimientos dentro de mí,
Y nunca pensé que pudiera ver.
El cielo en tus ojos
Tan lindo para ser verdad
El cielo en tus ojos,
Nunca había estado tan feliz
El cielo en tus ojos,
Nadie lo hace como tú.
Con solo una mirada,
Yo puedo tocar el cielo
No más noches solas
Desde que llegaste y llenaste
Estos sueños míos
Apartaste las nubes
Secaste mis lágrimas a besos
Y le dijiste al sol donde brillar.
El cielo en tus ojos,
Tan lindo para ser verdad.
El cielo en tus ojos,
Nunca había estado tan feliz
El cielo en tus ojos,
Nadie lo hace como tú
Con solo una mirada,
Yo puedo tocar el cielo."
"El cielo en tus ojos"
De Shaun Cassidy.
Cinna se sentó a mi lado en el sofá, mientras veíamos la televisión. Bueno, más bien hicimos zapping, ya que nada me convenció. Finalmente acabe poniéndolo en un canal de noticias. Pasé de una canal a otro y lo único que encontré fueron escenas románticas, no estaba de humor para eso. Verlo me hizo recordar a Peeta, lo que paso y lo que yo sentía. Incluso sus palabras habían quedado grabadas en mi mente. Me quería. Peeta, me quería. Me lo confeso, luego de que nos besáramos y justo después de decírmelo, me besó nuevamente, prometiéndome que esperaría por mí, que no me presionaría, pero que quería que lo supiera. Aceptando mi propuesta de que a pesar de todo fuéramos amigos. Pude notar cierto dolor en su rostro en cuanto solté esas palabras la primera vez, pero la segunda vez que se menciono el asunto en la cocina, él parecía más confiado y seguro. Solo había una razón para eso, Cinna. ¿De qué estuvieron hablando esos dos?
-¿Qué va mal? –Preguntó Cinna.
-Eres un traidor…
-No sé de que hablas. –Contestó inocentemente.
-Le dijiste que…
-No le dije nada. –Negó con la cabeza.
-Le dijiste que lo…
-¿Lo qué?
-…lo amo. –En el momento que lo pronuncie me di cuenta que Cinna me tendió una trampa y yo caí.
-Hasta que al fin, lo reconoces. –Cinna me aplaudió. –Felicidades.
-No es gracioso. –Dije al borde de las lágrimas. –Y no quise decir eso… yo… no sé lo que siento por él.
-Sí, lo sabes.
-Eso no es verdad…
-Lo es ¿y sabes porque? Lo acabas de decir sin pensarlo desde el fondo de tu corazón. Él corazón nunca se equivoca. Asi que habla, Kat. ¿Qué es lo que tanto te aterra?
-Nada. –Negué con la cabeza. Tal vez mis sentimientos, nunca fui muy abierta, nunca me enamore de este modo.
-Katniss, el chico te ama.
-¿Eso te dijo?
Asintió.
-No debiste abrir la boca. –Me enoje. –Te pedí que no le dijeras nada a nadie. Bueno, en realidad no te lo dije, pero creí que había quedado claro.
-Sí, claro me iba a quedar callado dejando al chico con el corazón roto.
-¿De qué hablas?
-¿Cómo creíste que se sintió cuando le dijiste…? No, cambio los papeles ¿Cómo te sentirías tú, si la persona que amas le quita importancia al beso y luego te dice que prefiere que continúen siendo amigos y hagas de cuenta que no pasó nada?
Seguramente destrozada, humillada y herida sin remedio.
-Pero el también me lo dijo… -Argumente.
-Porque te respeta, porque tú lo propusiste primero. Porque no quiere que te sientas obligada a nada y cree que tal vez puedes cambiar de opinión más adelante. ¿Es que no te das cuenta, Katniss? Quedo destrozado y yo lo único que hice fue tratar de animarlo.
Mis ojos se llenaron de lagrimas, que no salieron por completo ¿tanto daño le había hecho a Peeta? La mirada de desaprobación de mi amigo, me indicaba que sí. Recorde el lo siento que me dedico Peeta, como si hubiera sido él que hizo hecho algo incorrecto, aunque en realidad fui yo al herir sus sentimientos.
-Eres buena; pero tienes un defecto, el ser muy directa; hacer y decir todo lo que piensas, sin tener en cuenta las consecuencias, ni si puedes herir a alguien de tu entorno. Deberías ser más prudente. Hay otras maneras de decir las cosas, sin necesidad de herir a las personas. Solo tienes que encontrarla. No lo lastimes, es un buen chico. Yo en tu lugar, me disculparía, apenas lo vea. Llegara en un rato. Solo piénsalo.
-¿Se seguirá sintiendo mal?
-Tendrás que averiguarlo por tu cuenta. Pero creo que la charla entre hombres ayudo.
-¿Qué le dijiste?
-Es asunto nuestro. –Cortó.
-Dejo de serlo cuando le hablaste de mí.
-Relájate, no dije nada que fuera mentira.
Suspire e hice una mueca.
-¿Hablaras con él? –Me preguntó.
-Ya hablamos.
-Ya sabes que no me refiero a eso.
Me avergonzaba a decir verdad, no empezaría una charla si él no la iniciaba.
-En ocasiones, hay que arriesgarse.
-Lo sé. –Intenté sonreír. Cinna me atrajo hacia él en un gesto fraternal y me abrazó. Sentí mis ojos escociendo por mis lágrimas no derramadas. No entendí porque sentí la necesidad de llorar. ¿De verdad estaba enamorándome de él? Estaba claro que no era un cariño normal y de amistad como el que sentía por Cinna ¿pero amor? Tal vez me estaba apresurando en definir mis sentimientos.
-No quiero que tomes una mala decisión, o hagas algo que no quieres, pero tampoco quiero que te arrepientas por no haber hecho algo que tal vez podría hacerte muy feliz. Tú lo mereces, Katniss.
-Lo tendré en cuenta. –Le contesté. Cinna me sonrió y yo hice lo mismo.
Cinna y yo estábamos cenando cuando Peeta llegó.
-Disculpen la demora. –Dijo Peeta cuando entró a la cocina. Venía tan seguido y estuvo ayudándome tanto tiempo que al igual que a Cinna, él tenía una copia de la llave del departamento. Entró tan sigilosamente, que ni siquiera lo escuchamos hasta que lo tuvimos frente a nosotros.
-Hola. –Lo salude, tratando de controlar mis nervios. No podía sacarme de la cabeza, que nuevamente nos habíamos besado y mucho menos la conversación con Cinna. Intente encontrar en su rostro alguna señal de tristeza o desilusión, pero solo me tope, con su deslumbrante sonrisa habitual. Mi corazón latió con fuerza al sentir su mirada sobre mí y no pude evitar ruborizarme. Volví mi atención al plato y me entretuve comiendo para disimular el efecto que provocaba en mí. De reojo vi que Cinna reprimía una carcajada.
-No hay problema. Ven siéntate con nosotros. Ya te traigo un plato.
Peeta ocupo una silla vacía al lado de Cinna y frente a mí. Por un segundo, me sentí desilusionada de que no se sentara a mi lado. Luego me reproché a mi misma pensar algo tan estúpido e insignificante como que lugar debía ocupar Peeta en una mesa. Nos miramos por varios segundos, hasta que Cinna interrumpió en el momento que colocó la vajilla frente a Peeta. Apartamos la mirada del otro incómodos. Cinna, se quedó detrás de Peeta disimuladamente me hizo un seña con la cabeza, para que hiciera algo.
Casi le gruñí a mi amigo. Pero tenía razón. Debía disculparme y hacer las cosas bien con él. Lo había besado y luego le hice entender que lo sucedido no significaba nada, cuando en realidad eso era una completa mentira.
Piensa. Piensa. Piensa.
-Peeta… -Susurré. Él me miro al instante, como si fuera un auto reflejo. -¿Estás bien?
-Sí. ¿Por qué preguntas? –Peeta me miró ligeramente sorprendido. -¿Tendría que estar mal?
Cinna reclinado contra la mesada de la cocina, negó con la cabeza y formó un silencioso "idiota" con los labios. Seguido de un "me debes una".
-Lo que sucede es que tú estabas demorando más de lo que pensábamos. Y Katniss estaba preocupada. –Cinna me salvó el pellejo respondiendo en mi lugar y volviendo a su lugar al lado de Peeta.
-Ah. Pues, estoy bien. Solo me quede en mi departamento más tiempo, para hacer un par de cosas. ¿Y tú? –Me preguntó.
-Estoy mejor.
-Nos quedamos viendo un rato la televisión en el living y la obligue a que no se moviera a no ser que fuera estrictamente necesario. Se ha portado bien. –Dijo como si estuviera hablando de una niña. Le dirigí una mirada de odio a Cinna y me crucé de brazos. Peeta lo notó y se empezó a reír.
-Eso es un milagro. –Dijo mirando la expresión tranquila de Cinna.
-Oigan, estoy aquí.
-Lo sabemos. –Contestaron al unísono y rompieron en carcajadas.
-Son muy graciosos ustedes. Mejor, me voy.
-¿A dónde? –Preguntaron al mismo tiempo. Se veían alarmados.
-A la cama ¿Dónde más?
-Oh, no. Nada de eso. Te quedaras hasta que termines de cenar. No. Mejor, hasta que nosotros terminemos de cenar. –Cinna me dio la orden. Miré a Peeta que pareció estar de acuerdo.
-¡LOS ODIO A LOS DOS! –Les grité.
-Entonces arréglatelas como puedas el resto de la noche, nosotros nos vamos. –Amenazó Peeta. –Para divertirnos por nuestra cuenta. O cuidar a alguien que si este dispuesta a dejarse ayudar. Créeme hay personas que están peor que tú.
Una imagen vino a mi mente. Peeta con una mujer sin rostro a la que le decía las mismas cosas que me dijo hoy, con la que pasaba las noches abrazándola mientras dormía, le dedicaba palabras tiernas y besos capaces de calmar hasta a un demonio. La imagen me resultó familiar y dolorosa. Unos celos y odio invadieron todo mi ser cuando contesté:
-Váyanse, no los necesito. Me sé cuidar sola.
Peeta estaba jugando sucio conmigo o tal vez no… ¿Él era consciente del daño que me provocaba que tan solo insinuara que podía divertirse y estar con otra mujer? No. En realidad, no había dicho eso. Pero mi mente completamente obsesionada y dependiente de este chico, me estaba jugando una mala pasada. Él no podía estar con otra mujer, me parecía inconcebible. Peeta era mío. Él me hacía sentir segura y querida, cuando me sentía sola y desconsolada, como si cuando estuviera con él me sintiera en casa. Me divertía y me animaba. También me hacía enojar ¿Por qué negarlo? Y despertaba emociones y sentimientos en mí que nadie había sido capaz de despertar. Cuando lo besaba, sentía que solo éramos él y yo y que nada mas importaba. Sólo una vez había sentido algo parecido a lo que experimentaba con Peeta y duro tan poco que al cabo de tiempo le di poca importancia. Pero unos ojos azules y unos mechones de cabello rubio que sobresalían por el sombrero seguían grabadas en mi mente. Pertenecían al dueño del primer beso que di y me dieron. ¿Por qué lo recordaba ahora? Era parte de un recuerdo del pasado. Y no era como si hubiera visto su rostro en su totalidad, ya que era una fiesta de Halloween y todos iban disfrazados y con antifaces. Pero en ocasiones cuando veía el rostro de Peeta, se me venía a la mente ese chico con doce o trece años aproximadamente y no entendía porque. Era imposible que fueran la misma persona. Serian demasiadas casualidades.
Tal vez simplemente se me vino a la mente ese momento, por la confesión que Peeta me hizo, sobre cuál y donde fue su primer beso.
Como sea, no importa. El asunto es Peeta ahora.
Dolor, celos, odio, envidia, lágrimas, inseguridad. Pensar casi todo el día en él se convirtió en una obsesión. Aunque tal vez se debiera simplemente al hecho de que pasábamos más tiempo juntos que separados. Dependencia, porque no podía imaginarme pasar un solo día sin él. Amor… Realmente ¿me había enamorado? Tal vez la respuesta era sí.
Los dos me respondieron algo, a lo que no les preste atención. No me iban a dejar sola, al menos uno de ellos se quedaría conmigo. El resto de la cena transcurrió en silencio por mi parte, aunque Cinna y Peeta hablaron animadamente sobre arte, música, deporte y moda. Ningún tema comprometedor. Ningún tema personal. Pasaban de un tema a otro y contaban anécdotas de ellos respecto a eso durante su niñez o adolescencia, riéndose de las tonterías que hicieron o sintiéndose orgullosos de haber logrado algo que querían. Yo no participe en la conversación, no estaba con ánimos para mantener una conversación con nadie. Cuando Cinna se fue, yo me escabullí a mi habitación y me metí en mi cama bajo las sabanas, tenía una camiseta mangas cortas y un short, ambos beige, por lo que no me moleste en cambiarme. Estaba exhausta, y la idea de hablar con Peeta en este momento me aterraba. No tenía claro lo que sentía.
-Kat. –Me llamó la voz de Peeta. Abrí los ojos. Él se detuvo en el marco de la puerta observándome. -¿Estás bien? No has hablado durante toda la cena y cuando me gire a verte recién habías desaparecido. Me preocupe. –Lo miré más que sorprendida, a pesar de todo se preocupara por mí.
-Yo debería preocuparme… -Dejé la frase inconclusa porque estuve a punto de confesar que yo estaba preocupada por él, luego de mi charla con Cinna.
-¿Por? –Me preguntó intrigado.
-Nada. –Le respondí y volví a cerrar los ojos. Pero, los pasos de Peeta se escuchaban cada vez más cerca hasta que se detuvo frente a mí. No abrí mis ojos, para no mirarlo. Sus manos acariciaron mi rostro tiernamente acunándolo. Mi corazón respondió a ese contacto y mis mejillas se tiñeron de un color carmesí. Un hormigueo recorrió mi cuerpo hasta instalarse en mi estomago. Ansié sentir más.
-¿Qué va mal? –Me preguntó.
-Quédate conmigo. –No lo pensé, sólo lo dije.
-Siempre. –Murmuró.
Sonreí. Peeta se alejó y temí que se fuera. Pero solo dio una vuelta para ocupar el otro lado de la cama vacío. El colchón se hundió un poco a mi lado y un segundo después sus brazos rodearon mi cintura atrayéndome hacia él. Giré para enfrentarme a su mirada y abrí los ojos. Apenas me di cuenta que había llevado mis manos a su rostro. Me miró confundido e hizo todo un esfuerzo por ocultar algunas emociones más que no supe identificar. Lo siguiente que hice me sorprendió tanto como lo que sucedió más temprano. Acerqué mi rostro al suyo y me detuve cuando nuestros labios se juntaron. Pero esta vez, esperé que él hiciera el primer movimiento, el cual no tardó en llegar. Le respondí de la misma forma. La confusión seguía en su mirada. ¿Cómo no me iba a mirar así después de lo que le dije hoy? Intenté transmitirle en la mía, que estaba segura de lo que estaba haciendo. Me di cuenta que lo entendió cuando aumentó la presión sobre mis labios y mi espalda y cerró los ojos para concentrarse solo en el beso como si nada más le importara, que tenerme con él. Su beso fue tierno, dulce, lento, apasionado o insistente cuando el momento lo requirió, pero sin olvidar un aspecto, pareció estar ofreciéndome su corazón en cada beso, entregándose en cuerpo y alma. Besaba bien, pero eso no fue una noticia, había tenido la oportunidad de comprobarlo en los casi dos meses que nos conocíamos. La verdadera noticia, fue darme cuenta que él me importaba mucho más de lo que yo estaba dispuesta a aceptar hasta el momento y que a él le pasaba lo mismo.
¿Pero eso en donde nos dejaba? Ya nunca más podríamos considerarnos amigos, los amigos no sienten atracción por el otro. ¿Acaso novios? No. No estaba segura de querer eso aun. Unos meses antes había acabado una relación que no tenía futuro alguno desde el inicio. No quería empezar una relación con Peeta, para después perderlo si las cosas no funcionaban. Él me hacía muy feliz ahora mismo y lo necesitaba como nunca necesite a nadie. Esperaba que lo entendiera, también que entendiera que el tiempo aclararía los miedos y las dudas que existían en mi mente. Incluso, tal vez podría ayudarme. Para eso esperaría a mañana. Pensé.
Sólo pude concentrarme en sus labios dándoles suaves caricias a los míos y en sus manos en mi espalda presionándome contra su cuerpo. Lo demás no me importó.
