CAPÍTULO 29: CAMBIOS

POV PEETA


Luego de besarnos, pasamos el resto de la noche abrazados mientras dormíamos. Katniss una sonrisa en su rostro a pesar de estar dormida y yo suponía que estaba igual. Me había besado otra vez por propia voluntad, esta vez con más seguridad que antes. Me sorprendió que lo hiciera luego de lo que me había dicho, pero yo no era tan fuerte como para rechazarla. Me sentí mal al pensar que tal vez ella se arrepentiría después, sin embargo intente no pensar en eso. Nada me detendría, no renunciaría a ella.

A la mañana siguiente, me levanté temprano. Katniss dormía tranquila entre mis brazos, nuestras manos estaban unidas y nuestros dedos entrelazados. Era la mejor forma de despertar. Besé su coronilla tiernamente y aspiré el aroma de su cabello y olía a fresas y miel gracias a su champú. Era extremadamente tentador quedarse el resto de la mañana recostado a su lado y sentirla tan cerca de mí. Pero debía ir a trabajar. No quería despertarla, me tomé unos minutos más para descansar disfrutando de su cercanía y su calidez. De todos modos faltaban tres horas para que fuera a trabajar. Escondí mi rostro en su cabello y cerré los ojos, volviéndome a quedar dormido con una sonrisa en mi rostro.

Una alarma sonó a mis espaldas, sobresaltándome y haciéndome abandonar el sueño completamente. Katniss también se removió entre mis brazos. Cuando ambos levantamos la vista nos encontramos con la expresión divertida de Johanna al descubrirnos durmiendo abrazados y con las manos unidas.

-Johanna ¿Qué haces aquí? –Le gritó Katniss sin apartarse ni un milímetro de mí.

-Vivo aquí. Hasta de eso te olvidaste, descerebrada.

-No molestes, quiero dormir. –Refunfuño con la mejilla contra mi pecho.

-Sí, veo que están muy cómodos. Y lamento interrumpir, pero tienen trabajo ¿recuerdan? Solo vine a despertarlos, ustedes decidirán que hacen. –Nos lanzó un pequeño despertador sobre la cama al lado de Katniss. Katniss soltó una de mis manos y tomó el reloj. Johanna nos volvió a dejar solos.

-¿Qué hora es?

-¿Si te digo que faltan exactamente veinte minutos para estar en la oficina te empezarás a desesperar? –Me preguntó.

-¿Qué? –Grite, le arrebaté el reloj a Katniss y elevé mi cabeza por encima de la suya, para ver mejor. -¡Oh, no! –Dije al ver la hora. No me mintió respecto al tiempo. Katniss me miró de reojo.

-Te quedaste dormido.

-Me desperté hace varias horas y me volví a dormir. –Le expliqué mientras me sentaba en la cama y me apartaba de Katniss. Ella se recostó sobre su espalda mirándome a mí. Me perdí en sus ojos grises, que me examinaban lentamente. Intente buscar algún signo de arrepentimiento por el día anterior, pero no encontré nada más que una adorable sonrisa que me tenia completamente fascinado.

-Supongo que lo que hablamos ayer… -Comentó.

-Sigue en pie. –Le sonreí. –Puedes seguir durmiendo.

Ella asintió. Yo incliné mi rostro hacia el suyo y bese su frente. Katniss cerró los ojos y suspiro. Sentí sus manos sobre mis mejillas en el mismo momento que abrió sus ojos para clavar su mirada en la mía.

-Aún no me he disculpado. –Susurró con un toque de culpabilidad en su mirada. Su comentario me desconcertó.

-¿Por qué deberías disculparte?

¿Acaso se arrepentía de haberme besado?

-Fui muy… creo que fui muy dura contigo ayer, sin pretenderlo.

-¿Dura? ¿De qué hablas?

-De que no debí decirte lo que te dije, luego de que nos besáramos.

-Pero yo te entiendo. Te dije que no te presionaría y no lo haré.

-Peeta, tú me importas mucho. Ayer termine dándome cuenta, no lo… había querido reconocer antes. Creo que solo necesito tiempo para acostumbrarme a la idea. –Katniss me miró temerosa de mi reacción. Su corazón se aceleró al igual que su respiración. –Creo que te quiero, aunque estoy esperando a estar segura. Discúlpame si te hice entender lo contrario y te lastimé. Es sólo que esto es nuevo para mí, jamás sentí esto por nadie.

-¿Nunca? –Le pregunté incrédulo. Todavía no entendía que tipo de relación tuvo con su ultimo novio, pero Finnick me dijo que en realidad, nunca la vio enamorada y que el chico en cuestión era un idiota inteligente, lo suficientemente inteligente para mantenerla engañada.

-Nunca, Peeta. Creo que por eso estoy tan sorprendida y confundida. –La entendía, porque así me sentí al principio.

-Ya somos dos.

Katniss fijó su mirada en la mía.

-Nunca sentí esto por nadie. Pero sé lo que siento, y te esperaré todo el tiempo que sea necesario. Lo prometo.

Me incliné y besé su frente.

-Ahora duerme, Katniss. Quiero que hagas reposo. –Le dije. Su respiración se entrecortó y su mirada se volvió más intensa mientras me observó. -¿Qué sucede? –Le pregunté.

Pero ella no respondió y yo tampoco hablé. Nuestros labios se volvieron a unir y nuevamente sentí que estaba en el lugar que siempre desearía estar, con Katniss a mi lado. Me aparté unos segundos después a regañadientes, porque no podía seguir perdiendo el tiempo, en quince minutos debía entrar al trabajo teóricamente y llegaría tarde. También porque era consciente de que si continuaba besándola, no podría irme nunca más de esa cama y yo quería darle espacio a Katniss, al menos hasta que pusiera en orden sus sentimientos.

-Adiós, Peeta. –Murmuró ella acariciando mi mejilla.

-Adiós, Katniss. –En respuesta llevé su mano a mis labios y besé el centro de su palma. El rostro de Katniss se tornó colorado y yo sonreí. –Creo que nunca te lo dije. Te ves adorable cuando te sonrojas.

-También podría decir lo mismo sobre ti. –Me contestó sonriendo. –No te quiero retrasar. Será mejor que te vayas. Sólo prométeme que volverás pronto o me llamaras mas tarde.

-Te lo prometo ¿Acaso no vuelvo a ti siempre de un modo u otro?

-Lo haces. –Me contestó.

-Entonces, no te debes preocupar. –Le dediqué una sonrisa y un último beso en los labios y me fui.

Solo tuve tiempo para vestirme y encaminarme a la puerta del departamento.

-Chico enamorado ¿Katniss no irá contigo? –Me detuvo Johanna al salir pasar por el living.

Me giré a mirarla con los ojos entrecerrado.

-No. Ella no irá, ni hoy, ni mañana, ni la semana próxima. Tiene que cuidarse ¿Cinna no te lo dijo?

-¿Qué cosa?

-Ayer se sintió mal y casi se desmayo. No cayó al suelo porque la sostuve. Llamé a un servicio médico y le dijeron que tal vez sería más conveniente que siga haciendo reposo tanto como pueda.

-Algo me contó, pero no en detalle. ¿Está bien?

-Sí, no fue nada. Sólo los dolores normales, sobre todo porque hizo más esfuerzo que de costumbre. Me tengo que ir, avísame por cualquier cosa que le suceda.

-De acuerdo, Chico Enamorado.

-¿Cuándo dejarás de llamarme así? –La fulminé con la mirada, que fuera verdad, no significaba que quisiera que me pusiera apodos en cada oportunidad que tenía. Tampoco, me gustaba que la llamara descerebrada a Katniss, pero ella ya se acostumbró a ello y posiblemente yo debía hacer lo mismo que Katniss.

-Cuándo dejes de quererla a ella… -Contestó con una sonrisa burlona en su rostro. –Lo que probablemente sea… nunca.

-Posiblemente tengas razón. –Le dije, antes de despedirme y salir por la puerta.