CAPÍTULO 32: LA BODA
-PARTE II-
POV PEETA
Estacioné el vehículo cerca de la entrada de la torre de departamentos. Salimos del auto y toqué el timbre.
-Chico enamorado ¿eres tú?
Escuché la voz de Johanna por el portero. Suspiré y le respondí.
-Sí, Jo. Venimos a buscar a Katniss.
-Ella ya está preparada esperándolos. Ya les abro. Espero que estés preparado para verla. –Se burló, no entendí a que refirió.
-¿Qué?
-Nada. –Se rió. –La verás cuando subas.
Se escuchó ruido, y mi hermana empujó la puerta para dentro. Y yo la seguí cuando entró
-¿Así que "Chico enamorado"? –Mi hermana se rió. Lo único que faltaba sucedió, que mi hermana repitiera el apodo.
-Olvídalo. –Le solté molesto. –No te quiero escuchar diciéndome así nunca. Ya tengo suficiente con Johanna.
-¿Es tan molesta? –Preguntó mi hermana sorprendida.
-Ni te imaginas. A Katniss le dice "descerebrada".
-Eso no suena bonito.
-Lo sé, pero, Katniss dice que se acostumbró porque no se lo dice con mala intención… Sigamos, nos están esperando. –Dije al ver la hora en mi reloj. Tomé la mano de mi hermana y la guié hasta el ascensor.
-Creo que yo sé, a qué se refiere Johanna. –Comentó, una vez que entramos al ascensor.
-No te entiendo.
-Creo que te llevarás una gran sorpresa con Katniss. –Brissia sonrió soñadora.
No dijo nada más el resto del trayecto.
Johanna nos recibió. Nos miró de arriba abajo, pero tevo un especial interés en el vestido de mi hermana.
-Se nota que es obra de Cinna. Tu hermana es hermosa ¿Me la presentas, Peeta?
-Brissia, te presento a Johanna. Johanna, te presento a Brissia. –Contesté.
-Hola, Brissia. –Ella le sonrió dejando de lado su actitud sarcástica.
-Johanna, mucho gusto. –Le respondió cortésmente mi hermana.
-¿Katniss? –Pregunté.
-Puedes ir pasando, ella está en el living.
Asentí y fui hasta allí. Dejando a mi hermana con Johanna, que me siguieron unos metros atrás, hablando entre ellas. Pero, yo quería ver a Katniss y no presté atención al parloteo de ellas.
Desde que la encontré en la tienda con la bolsa que contenía el vestido, no dejé de pensar en cómo sería, en cómo se vería Katniss con él.
Era extraño que pensara eso, cuando realmente nunca me importó el look de alguien. Pero, Katniss fue tan misteriosa sobre el asunto, que me intrigó. Pensé que sin importar lo que se pusiera, luciría perfecta.
Ella se estaba parando con ayuda de los bastones, Cinna estaba a su lado. Cuando la mirada de Katniss se cruzó con la mía sentí que el mundo se detuvo y no importaba nada más. Demoré unos minutos en salir del trance, cuando vi a Katniss ruborizarse y bajar la mirada al suelo, yo sonreí e hice lo mismo. La miré de la cabeza a los pies, y viceversa.
Katniss estaba perfecta, usaba un vestido ajustado al cuerpo en la parte superior, y con más volumen de la cintura para abajo un vestido de seda en distintos tonos de naranja como el del fin y comienzo de un día; que dejaba a la vista sus hombros y parte de su torso y espalda. Su cabello estaba recogido hacia atrás, únicamente un pequeño hopo de costado sobresalía, pero ese mechón de cabello también estaba sujeto desde atrás para mantener la forma. Su melena caía en suaves curvas por su espalda. Cinna finalizó el peinado con accesorios y brillo para su peinado destacara. El maquillaje se adaptó a su atuendo, sus mejillas teñidas de un adorable rosa que era tan escaso que se veía natural y sombras naranjas y plateadas alrededor de sus ojos y los labios teñidos de un naranja suave y brillante.
Ella parecía un ángel. Mi ángel. Me sentí mi pulso acelerarse, intenté abrir la boca para hablar varias veces sin éxito. Katniss me miró nerviosa ante mi ausencia de palabras.
Sentí la risa de algunos de los presentes.
-Te dije que lo ibas a dejar sin aliento, descerebrada. Menos mal que intenté prepararte mentalmente, si no te hubieras desmayado, Peeta.
Katniss no se movió, ni apartó su mirada de mí. Yo borré la poca distancia que me separaba de ella. Acaricié su rostro delicadamente para no estropearle el maquillaje y acercándome lentamente a ella besé sus labios. Ella me correspondió el beso al segundo y nos olvidamos de todo. Fue un beso tierno con el que le quise expresar todo aquello que mi boca se negó a soltar. Sus labios se sintieron pegajosos por el brillo labial, pero no me importó. Después apoyé mi frente contra la suya, intenté respirar para recuperarme del beso y todas las emociones que me embargaron desde que la vi.
-Eres la mujer más hermosa del mundo. –Susurré casi acariciando sus labios.
-Y tú el hombre más hermoso que he visto. –Contestó. –Te sienta bien el blanco.
El traje era enteramente de ese tono. Finnick insistió en que lo usara al ver cómo me quedaba.
-Para cambiar un poco la rutina. ¿Y qué mejor que una boda? –Bromeé.
Deposité un último beso en sus labios, antes de alejarme. Comprobé no haber arruinado el trabajo de Cinna, y no fue así, al parecer todo el maquillaje era a prueba de agua y besos. Sus labios siguieron brillando y conservando el color como al principio.
Katniss me miró con una intensidad y ternura que me desarmó por completo. Apoyando su peso en el pie sano se inclinó y pasó su dedo por mis labios, quitando seguramente alguna marca que había quedado.
-Listo. –Pero no permití que la alejara, tomé su mano y besé su dorso y luego sus dedos.
Katniss se rió un poco por ese gesto tan formal, pero me sonrió y yo le devolví la sonrisa. En realidad, hubiera sido más correcto hacer eso primero. Pero desde hace varios días desde que rompimos esa barrera que había entre nosotros, no lográbamos contenernos y eso me hacía tan inmensamente feliz.
Cuando miramos a nuestro alrededor nos dimos cuenta que estábamos solos.
-¿Dónde están?
Katniss volvió a sostenerse con ayuda de ambos bastones.
-¿En la cocina?
-Fijémonos.
-Peeta, ¿de verdad piensas que es buena idea que vaya? –Me pregunta avergonzada.
-¿Cambiaste de opinión? –Pregunté incrédulo.
-No, es sólo que, ya sabes que mi estado no es el más favorable y no sé como es el lugar.
-Es una antigua mansión, en un espacio cerrado, aunque tiene jardines. Las vistas son hermosas. Los pisos del salón, no son resbaladizos. En realidad, únicamente en la entrada. Pero, no dejaré que te caigas. No te preocupes por eso.
Besé su frente.
-No quiero que te quedes sentado en la mesa toda la noche por mi culpa.
-Bailarás. –Le aseguré. –Un poco al menos. Yo te sostendré.
Sus ojos fijos en mí siguieron transmitiéndome las mismas sensaciones que antes.
-Está bien. Confío en ti. Pero si me sucede algo, que conste que es tu responsabilidad y la de Finnick, por manipuladores. –Me miró con seriedad al decir la última palabra.
Sonreí y ella bufó. Caminó rumbo a la cocina ignorándome, conmigo siguiéndole los pasos.
El viaje resultó ser más largo de lo que imaginé. Katniss fue sentada atrás junto a mi hermana. Ellas hablaban tranquilas. Mi hermana se dio cuenta que ella no era precisamente muy sociable, pero sobrellevaba la conversación sin problema. Brissia quería saber más cosas de Katniss.
Yo no intervine. Estuve demasiado ocupado mirando a la ruta por la que me dirigía. Pero alguna parte de mi cerebro, prestaba atención a su conversación. Descubrí muchas cosas de Katniss que nunca le pregunté, porque ni siquiera me cuestioné ciertas cosas, que la mente curiosa de la niña de dieciséis años si pensó.
Finalmente, me detuve. Katniss miró para todos lados admirando el lugar por su ventanilla. Sus ojos se abrieron como platos, al igual que los de mi hermana al ver lo hermosa que era la antigua mansión, que ahora cumplía la función de salón de fiestas y los alrededores, bosques, valles, praderas. La naturaleza en todo su esplendor.
-Creo que podría acostumbrarme a vivir en Canadá. –Comentó Katniss.
-Creo que te tendré que llevar a muchos lugares, Katniss Everdeen. –Volteé a verla y ella me mira.
-¿Por qué?
-Ni creas que te dejaré marchar del país, ni de mi lado.
-Tranquilo. No es lo que planeo. –Ella me sonrió y yo sentí que me derretí ante ella.
