Disclaimer: todos los personajes pertenecen a J. K. Rowling
"Este fic participa del Reto Semi-anual "Más allá del epílogo" del foro Hogwarts a través de los años".

Variables:

Enero: Callejón Diagon
Febrero: Sé quién era esta mañana cuando me levanté, pero creo que he debido cambiar varias veces desde entonces.-Alicia en el País de las Maravillas de Lewis Carroll.
Marzo: Pasión.
Abril: Varita de Sauco.


III
Sin pistas

En cuanto llegó al Departamento de Aurores, vio a sus compañeros hablando en la oficina de Rogers. Acelerando el paso, entró a la oficina excusándose por el retraso. El jefe tenía una expresión sombría en el rostro, seguramente a causa de las noticias recibidas por el escuadrón.

—¿Están completamente seguros de eso?

—Sí, señor —respondieron los tres al unísono.

—Es la única pista que tenemos por el momento —pasó la mano sobre sus ojos y nariz quitándose el cansancio—. Mañana investigaremos a todos los que tienen antecedentes, por ahora váyanse a dormir.

Los tres aurores se despidieron y se encaminaron hacia los elevadores.

—¿Crees que el jefe se quede aquí? —preguntó Cauldwell.

—Probablemente —dijo Hopkins—, mañana tendrá que dar una declaración sobre eso o tal vez deje pasar unos días para que nosotros podamos reducir el número de sospechosos…

—¿Reducir el número de sospechosos? Te recuerdo que no tenemos ningún sospechoso —interrumpió Neville.

—Me refería a mañana, cuando investiguemos a todas las personas que sabemos se han adentrado en las artes oscuras.

El chico rodó los ojos, pero no agregó nada más, estaba demasiado cansado para pelear por eso. Saludando a sus compañeros, tomó la red flu hacia el Hospital San Mungo.

En la recepción, saludó al personal y pidió hablar con algún medimago.

—¿Está Usted enfermo? —preguntó cortésmente la mujer.

—¡Longbottom!

Neville volteó a ver quién lo había llamado y vio a la sanadora Parkinson acercándose por el pasillo.

—¿Ha pasado algo? He escuchado sobre lo sucedido en la estación, ¿estás herido o..?

—Estoy bien, solo quiero una poción para dormir sin sueños —la interrumpió él.

La chica asintió y se encaminó de vuelta hacía su consultorio. Neville miró primero a la señora de la recepción y después a su ex compañera de Hogwarts, un poco indeciso sobre su proceder, pero al ver que ella giraba por otro pasillo, se apresuró a alcanzarla.

Una vez en la oficina de ella, vio como revolvía en un armario, sacaba un frasco y se lo pasaba.

—Entiendo que estás pasando por momentos difíciles, pero debes tener cuidado con estás pociones, pueden volverse adictivas —un poco titubeante agregó—, si necesitas alguien con quien hablar, estoy disponible. Podemos quedar después de mi turno.

—Gracias Parkinson, pero estoy bien. —y tomando el frasco, salió.

A la mañana siguiente, después de una buena noche de descanso, los tres aurores estaban discutiendo sobre la nueva pista.

—Esto es absurdo —comentó fastidiado Cauldwell—, no queda ningún seguidor de Ustedes-saben-quien en libertad. La mayoría están muertos, los demás en Azkaban.

—Tiene que ser alguien nuevo, si alguien hubiera usado magia negra en el país, se hubiera detectado —admitió Hopkins.

—No detectamos la que se usó para secuestrar a los alumnos —puntualizó Neville —, ¿creen que esté usando algún tipo de protección para que no lo detectemos?

—Es probable —respondieron ambos.

—Pero, ¿qué tipo de protección logra eso? —pensó Longbottom en voz alta, sin embargo nadie supo responderle.

—Deberíamos ir a buscar en algún libro, aunque dudo que encontremos uno en donde dice como ocultar la práctica de artes oscuras —dijo Hopkins con una mueca.

—Quizás deberíamos contactar con Hogwarts, ahí tienen la mejor biblioteca del país, tal vez tengan algo sobre el tema —sugirió Cauldwell.

Los demás estuvieron de acuerdo y rápidamente se pusieron en contacto con el Colegio. En cuanto la profesora McGonagall, ahora directora de la escuela, respondió a su llamado, le explicaron lo que estaban buscando.

—No creo que encuentren un libro con esta información aquí o en alguna otra parte del país, el Ministerio ya los habría confiscado. Pero déjenme revisar.

Los aurores no se movieron de la chimenea y esperaron pacientemente a que la mujer regresara. Media hora más tarde, cuando el rostro de la directora volvió a su campo visual, mantuvieron la respiración, esperando. Desafortunadamente, Minerva no traía buenas noticias.

Tras agradecerle por su tiempo, volvieron a sentarse frente al escritorio llenos de documentos inútiles.

—Algo bueno sacamos de eso, McGonagall comentó que es casi imposible conseguir ese tipo de libro en nuestro país, así que parece ser que nuestro sospechoso no es inglés —conjeturó Hopkins.

—No es de gran ayuda, no podemos interrogar a todos los extranjeros del país —murmuró Cauldwell con fastidio.

—No, pero podemos reducir el área. Sabemos dónde está permitido el estudio de las artes oscuras. —dijo Neville con una sonrisa.

A esa hipótesis le faltaba mucho, pero era probable que el mago hubiera estudiado afuera del país, más precisamente en Durmstrang, la única escuela en el continente Europeo que permitía ese tipo de magia. No le quedaba claro al escuadrón porque alguien de otro país decidiera usar Gran Bretaña para empezar su reinado de terror, pero eso lo descubrirían una vez atraparan a dicho mago.

Felices con su descubrimiento, decidieron ir a compartir las noticias con Rogers, pensando que seguramente se pondría de buen humor con el avance del grupo. Sin embargo, al llegar a su oficina, no lo encontraron. Su secretaria les avisó que había salido y no tardaría en regresar.

Dos horas después, cuando los chicos se estaban haciendo vencer por el cansancio, la voz del jefe los sobresaltó.

Chicos, los necesito en mi oficina —el tono serio de Rogers alarmó a los aurores, que se apresuraron en hacerle caso.

Una vez dentro, y tras cerrar la puerta, el jefe dejó caer unos papeles sobre el escritorio.

—Avisé al Primer Ministro Muggle sobre la desaparición de los chicos, por si tenía alguna noticia y hace poco me dio esta información.

Neville se adelantó y tomó el archivo del escritorio. Hopkins y Cauldwell se acercaron a él y ojearon por encima de su hombro.

—No es posible —murmuró Hopkins.

—Me temo que sí, encontraron el cuerpo en un área muggle. Los sanadores están examinándolo ahora para determinar la causa de la muerte, pero parece bastante obvio que fue causada por magia —hizo una pausa— vamos a esperar los resultados y luego veremos que podemos encontrar.

—¿No deberíamos ir a investigar el lugar donde fue encontrado el chico? —preguntó Neville.

—Ya fui, no hay rastros de magia, no sé cómo fue llevado ahí —replicó Rogers.