Disclaimer: todos los personajes pertenecen a J. K. Rowling
"Este fic participa del Reto Semi-anual "Más allá del epílogo" del foro Hogwarts a través de los años".
Variables:
Enero: Callejón Diagon
Febrero: Sé quién era esta mañana cuando me levanté, pero creo que he debido cambiar varias veces desde entonces.-Alicia en el País de las Maravillas de Lewis Carroll.
Marzo: Pasión.
Abril: Varita de Sauco.
V
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—¿Qué sabemos hasta ahora? —preguntó Cauldwell mirando la pared donde habían puesto los datos recolectados hasta el momento.
—No mucho —murmuró Neville de mal humor—, solo sabemos que esta persona tiene conocimientos que son difíciles de adquirir aquí y que está torturando a sus víctimas. Eso no nos dice nada, dado que no hemos podido rastrear su magia.
—No sé qué más podemos hacer, ¿dónde deberíamos buscar? —esta vez fue el turno de Hopkins de quejarse.
Los tres soltaron un sonoro suspiro de fastidio. Justo en ese momento, el jefe apareció en la sala que estaban ocupando con malas noticias.
—Han encontrado a otro estudiante.
El escuadrón se levantó de golpe y junto a Rogers aparecieron en el lugar de los hechos. En cuanto llegaron, vieron a un par de sanadores haciendo un examen preliminar del cadáver, además de un grupo de desmemorizadores. Hopkins fue el primero en notarlos y preguntó al jefe sobre eso.
—Esta vez hubo testigos —respondió.
Antes de poder hablar con las personas involucradas, Rogers les pidió que analizar la escena para ver si encontraban algo. Se acercaron al cuerpo de la víctima y Neville vio los mismos signos en el cadáver , como si hubieran forzado el cuerpo a ser algo que no era. Quitándole la mirada de encima, empezaron a lanzar hechizos rastreadores y de detección de huellas y movimientos, pero como en la vez anterior, no había ni un solo rastro. Al terminar, uno de los desmemorizadores se acercó a ellos.
—Los dos muggles que ven ahí son los testigos del suceso. Decían haber visto un pequeño monstruo rosado que apareció en el callejón y abandonó el cuerpo, pero tras un poco de legeremancia vimos que estaba hablando de un elfo doméstico.
—¿Elfos domésticos? —Repitió incrédulo Cauldwell—. ¿Ellos puedes hacer protecciones para no detectar la magia negra?
—No, pero pueden aparecerse sin dejar rastro —añadió Hopkins.
—Entonces sabemos cómo mueven las víctimas y posiblemente como se llevaron a los niños desde el tren, pero seguimos sin saber cómo encontrar a este loco —intervino Neville.
—Sabemos algo más —declaró Rogers—, tenemos menos de veinticuatro horas para encontrarlo o de lo contrario, tendremos otro cuerpo.
…
Los aurores estaban en el cuartel cuando recibieron los resultados de la autopsia. Según el informe, la magia empleada esta vez, era un poco diferente, pero parecía buscar los mismos efectos.
—Está experimentando —se horrorizó Cauldwell.
—Pero, ¿qué está intentando lograr? —se preguntó Neville en voz alta.
Entre los tres aurores y Rogers, empezaron a formular hipótesis sobre lo que estaba pasando por la cabeza del mago. Tenían la esperanza de encontrar alguna pista si entendían los motivos del asesino. Empezaron a pensar que estaba inventando alguna forma de tortura, pero no tenía sentido cambiar el método cuando había funcionado bien.
—Tal vez no quiere que se mueran —opinó un poco inseguro Hopkins.
Los otros lo miraron con los ojos abiertos de par en par. Este era el objetivo del mago. No quería matar a los estudiantes, estaba experimentando con ellos para crear algo, por eso la diferencia en los hechizos. Pero ¿Qué quería hacer?
—Creo que intenta crear un ejército de magos más resistentes de lo normal —se aventuró Neville—, está jugando con la resistencia del cuerpo por algo, quiere hacerlos invencibles o algo por el estilo.
—Pero esto sería contraproducente por él, si los chicos se vuelven muy poderosos, podrían rebelarse contra su creador —comentó Hopkins.
—No si logra controlarlos —intervino Rogers—. Tal vez modifique su memoria o está intentando crear alguna especie de inferí viviente.
Los tres aurores miraron con horror al jefe, pero entendieron que era algo muy probable teniendo en cuenta las pruebas que tenían hasta el momento.
—¿Dónde está el jefe de aurores? —el grito sobresaltó a los aurores que se asomaron hacia la recepción, desde donde había provenido el sonido.
Varios padres de los chicos secuestrados se encontraban ahí, pidiendo a gritos hablar con el jefe. La noticia sobre el uso de la magia negra se había extendido entre los padres afectados y exigían a los aurores arrestar a todas las personas que habían estado en el bando de Voldemort durante la segunda guerra mágica. Rogers trataba de explicarles pacientemente que los hechos recientes no tenían nada que ver con lo sucedido dieciocho años antes, pero no parecían querer entrar en razón. Cada uno de ellos había estado en la guerra y recordaban demasiado bien lo que había pasado, al no tener nadie más a quien inculpar, regresaban a los viejos rencores.
—Señores —intervino Neville para sorpresa de todos—, entendemos la desesperación que deben estar sintiendo, pero nos están haciendo perder tiempo valioso que deberíamos estar usando en encontrar a sus hijos antes de que sea demasiado tarde.
Los padres enmudecieron y los aurores pudieron ver la desesperación en sus rostros. Cada uno de ellos temía que el siguiente cuerpo fuera el de su hijo y deseaban que todo terminara lo más pronto posible, para volver a vivir una vida normal, sin ninguna preocupación.
Cuando al fin se dispersaron, los aurores volvieron sobre sus pasos para seguir buscando alguna pista. Buscaron compras recientes de elfos domésticos, pero no encontraron nada relevante, puesto que la mayoría de las veces pasaban de padres a hijos y era imposible rastrear a todas las familias que alguna vez habían adquirido uno.
—Ya casi se cumplen las veinticuatro horas — Hopkins rompió el silencio que se había instalado en la habitación.
Todos se veían desanimados, a pesar de que cada vez sabían más sobre el caso, aún no era suficiente para atrapar a la persona detrás de esto y se sentían culpables por las muertes de los niños; en su interior, pensaban que si ellos hubieran sido más eficaces nadie hubiera fallecido.
—Deberíamos dar una vuelta por el Londres muggle, tal vez podamos interceptar al mago cuando…
Hopkins no terminó la frase, pero todos sabían a qué se refería. Ya no quedaba tiempo para encontrarlo, pero tenían alguna oportunidad de conseguir un poco más de información si interferían.
—Vamos a intentarlo —aceptó Rogers y minutos después los cuatro desaparecieron.
