-Si- sorbo de té –por el momento, lo único que debe preocuparles es la fiesta de compromiso- colocó una canasta en la mesa –son seis invitaciones para que se las den a sus conocidos- sorbo de té.
-Espera- dijo Ichigo azotando su mano contra la mesa –dime las cosas que tenemos que hacer antes de la boda
-Kurosaki Ichigo- dijo acercado l vaso de té a sus labios, pero repentinamente lo azoto contra la mesa rompiéndolo y esparciendo el té –hice todo lo posible para retrasar su matrimonio, pero lo que estoy a punto de decir puede costar tu muerte
-Suéltalo
-Van a tener que…
CRASH
La puerta se rompió de una patada, que rebeló a Isshin Kurosaki que les sonreía a los prometidos.
Lamentablemente la querida puerta no solo se rompió, sino que también voló, cayendo sobre un Byakuya furioso que se levantaba de los escombros en ese momento.
Una venita palpitaba en su frente mientras cerraba los ojos rogando a Dios por paciencia para no sacar su espada y matar a ese miserable con actitud de niño que pronto seria parte de su familia…
Inhala, exhala…
Demonios, los practicantes de yoga lo hacían ver tan fácil…
-Kurosaki Isshin- pronuncio con la misma intensidad que lo hacia con el nombre de su hijo, ese tonito que prometía dolor si no lo arreglaban – ¿Cuál es tu motivo para romper una de mis preciadas antiguas puertas?
-Mas bien- lo señalo miro con los ojos llenos de lagrimas – ¡TU! ¡Maldito chismoso! ¿¡Como es que casi les dices la sorpresa!?
…
-Deben saberlo
-No deben, ¡es una sorpresa!
Mientras la discusión seguía frente a sus narices, los prometidos solo atinaron a mirarse.
¿Tan malo era? Debía ser. Digo, no por cualquier cosa se puede ver a Isshin emocionado y a Byakuya con instintos asesinos… o quizá si, pensándolo bien, la lista de opciones era muy variada… la curiosidad los comenzó a picar.
Ichigo se paro y le dio un golpe a su padre en la cabeza lo suficientemente fuerte para dejarlo sin condición de levantarse un rato. Rukia, simplemente le llamo la atención a su hermano con todo el respeto que pudo.
-Nii-sama, por favor… no discuta más
Byakuya suspiro y trato de relajarse, tenia que ponerle más atención a su pequeña hermana antes de que abandonara su hogar.
Y es que… ah… como pasaba el tiempo.
Parecía que ayer se había enamorado en uno de sus tantos recorridos por los jardines del Rukongai, aquellos reconocidos por su belleza silvestre, no como los de su casa que estaban bajo un extremo control de las hierbas y plantas que ahí crecían; aquellos jardines le encantaban por el gran respiro que le ofrecían de su ajetreada vida de noble y capitán de ejercito.
Ahí, en uno de sus recorridos, encontró a una chica de pelo negro que dormía plácidamente bajo un guayabo y con un libro reposando en su pecho que subía y bajaba con sus suaves respiraciones; se acerco a ella y la aprecio mejor, sus pestañas rozaban ligeramente sus mejillas sonrojadas que hacían resaltar su blanquecina piel…
Byakuya conocía las palabras, las había estudiado desde que era muy pequeño, sabía dirigirse a las personas con propiedad y elegancia. Pero la chica ahí recostada era tan bella, que quería componer los poemas más bellos idolatrándola, pero las palabras sonaban sin sentido y sin orden en su mente, aquella mujer con solo mirarla lo convirtió en un poeta incoherente, porque así consideró, era su belleza, sin una pizca de la horrible realidad de la guerra que vivían en ese instante.
Se quedo a su lado sentado, esperando a que despertara, no le daba buena espina dejarla sola.
Anocheció y no le quedo de otra, en silencio, la sacudió; ella despertó confundida, y al ver la falta de luz en el cielo se paro alarmada. Dio varias vueltas alrededor del árbol buscando alarmada y con cara nerviosa. Durante un pequeño rato estuvo asa, hasta que Byakuya se levanto y le toco el hombro, la chica pego un gritito del susto. Él le pregunto que le pasaba, ella que su hermanita había desaparecido.
Él la ayudo a buscarla, encontraron al bebé en brazos de una anciana a la orilla del rio. Al ver a su hermanita, Byakuya pudo apreciar como sus ojos de un azul más brillante que la noche estrellada que tenían sobre ellos se llenaron de lágrimas de felicidad y su rostro mostró una sonrisa de alegría y alivio que en todos sus años de militar nunca había visto. El era una persona importante, a quien nadie quisiera como enemigo, eso llevo a que quienes lo conocían intentaran agradarle de cualquier manera posible, rodeándolo de sonrisas falsas.
Como todo el caballero que era, la acompaño hasta su casa. Al llegar pudo apreciar que a pesar de su enorme sonrisa, su vida no era tan afortunada. Ella se despidió de el con una enorme sonrisa de agradecimiento; él le iba a preguntar si algún día podría volver a verla, pues quería poder apreciar nuevamente la única sonrisa verdadera que había visto en su vida; pero en el instante en que abrió la boca, la bebé despertó, pero no llorando como se esperaría, despertó abriendo sus ojos violetas y mirando al extraño, el pudo notar el gran parecido que tenían, y en un momento de sentimentalismo le acaricio la cabeza tiernamente; la bebé soltó una risita melódica y la chica al ver eso, le invito a volver cuando quisiera, pues al parecer, a la pequeña le había agradado.
Así fue como pasó.
Después de eso, procuraba visitarla cada que podía, hasta que un día, dos años después de que se conocieron, un día antes del cumpleaños de la bebé, en una reunión del consejo de guerra del que formaba parte, le fue comunicado que pronto llegarían las tropas del enemigo a una aldea cercana y que como en su mayoría, era habitada por bandidos, seria sacrificada en una estrategia para conseguir la victoria. Él se alarmo, era la aldea donde vivía aquella chica, aquella que se llamaba Hisana.
Al día siguiente las visito con un regalo, Hisana lo recibió con la misma sonrisa que lo había enamorado hace tiempo, y la pequeña niña de ahora tres años, la pequeña Rukia que hace podo había empezado a hablar, lo recibió con un "Bienvenido, Nii-sama", un exceso de formalidad para esa pequeñita, pero Hisana quería que fuera respetuosa con todos.
La comida fue sencilla, arroz y agua. Byakuya no se podía quejar, aunque era poco, era más cálida que cualquier cosa que hubiera comido alguna vez en su fría mansión.
Espero paciente a que la pequeña abriera su regalo, un enorme peluche, "muchas gracias Nii-sama" le dijo aquella niña con sus ojos violetas brillando antes de salir corriendo a jugar con el peluche en otra parte de la pequeña casa.
Byakuya aprovecho el momento para mirar fijamente a Hisana y contarle la situación. Le contó que el era de las familias nobles del ejercito, que el era capitán del sexto escuadrón del ejercito, y que la aldea donde se encontraban pronto seria atacada. Hisana lo escucho con atención, y cuando Byakuya le ofreció refugio en su casa, a ella y a su hermanita, ella no pudo contenerse de preguntar "¿Por qué solo a nosotras? ¿Por qué no también a otras personas que no tienen la culpa de esta guerra?", Byakuya no supo responder, hasta que con su fría voz, intento expresar todo lo que sentía.
"Te amo" dijo mientras la abrazaba "y no quiero perderte, a ti, a tus sonrisas que no me mienten… y se que no podría vivir sin ellas y sin ti, ni siquiera podría sin Rukia, ella que es como una hermana para mi… quiero que vivan, que vivan conmigo"
Hisana sonrió y le regreso el abrazo "Como quiera Byakuya-sama" se separaron "pero denos hasta esta tarde, puede que no tengamos mucho, pero quisiera que nos despidiéramos de nuestros difuntos padres"
Byakuya así lo hizo. Regreso a su mansión a preparar todo para su llegada.
Estaba en uno de los jardines esperando a que fuera una hora adecuada para ir por ellas. De la nada, llego Yourichi, su amiga de la infancia, aquella que lo cubría y le alentaba a que se escapara del ejercito para ir con ellas; a avisarle "El enemigo a atacado antes de tiempo, están en peligro".
Byakuya monto un caballo y fue a toda velocidad al pueblo.
Cuando llego a la casa de ellas, todo estaba en llamas. Arriesgándose, entró buscando por todas partes, pero estaba completamente vacio el lugar. Pensando, quizá estuvieran en el cementerio, en la tumba de sus padres; ahí fue y no las encontró. Como ultima esperanza, fue hacia donde había conocido a Hisana.
Diviso a lo lejos el guayabo. Estaba en llamas.
Corrió hacia el y se encontró a Hisana herida de las manos, y con manchas de quemadura en su ropa; tenia a Rukia dormida entre sus brazos.
Se acerco hacia ellas, pero atrás pudo ver como la ciudad ardía, y como se dirigían hacia ellas unos bandidos vestidos con el uniforme del ejército enemigo. Por sus vestimentas llenas de sangre, sabia que se había generado una masacre en la aldea. No iba a permitir que murieran.
Paso corriendo al lado de Hisana, quien solo pudo ver con terror al enemigo.
Byakuya peleo, peleo por ellas. Lanzo estocadas y golpes con su larga katana. A pesar de estar luchando, podía mantener su aura de elegancia y su calma, a Hisana le salían las lágrimas cada vez que lo herían, cada vez que una gota de sangre salía de su cuerpo…
Al final, Byakuya logro matar a todos los enemigos.
Tambaleante se acerco a Hisana y la abrazo, junto con Rukia que estaba en sus brazos.
Tiempo después llego gente de su escuadrón a auxiliarlo, lo llevaron a su casa, junto con ellas.
La pequeña Rukia despertó justo cuando atravesaban uno de los jardines… no entendía, antes estaba en su casa, y rodeada de fuego…
"Hisana-nee" llamo a la chica que la cargaba, ella volteo sonriéndole "¿Dónde estamos?"
"En un lugar seguro, ahora este será nuestro hogar" Byakuya las estaba mirando "Ahora viviremos con Byakuya-sama aquí"
Rukia bajo al suelo y comenzó a recorrer el jardín "Es hermoso" miro a la pareja y les sonrió "Me alegro de que se casen"
Ellos nunca habían dicho eso… aunque no era mala idea…
Byakuya suspiro ante sus recuerdos.
Aquella pequeña Rukia había crecido como una gran mujer. Tenia un carácter sin miedo, era fuerte física y mentalmente (no cualquiera soportaba a los Kurosaki) y era tan hermosa como su querida Hisana.
Ahora se iba a casar, y en parte estaba totalmente en contra de ese matrimonio… pero en el fondo sabia que Ichigo Kurosaki tenia lo necesario para hacer feliz a su pequeña Rukia.
Lo miro de reojo. Mas le valía a ese idiota no lastimarla, o correría la sangre!
Mirándolo por otro lado, quería a Rukia más que nada como a una hija, la había visto crecer y ahora marcharse… quizá necesitaba un hijo…
Hisana, prepárate.
Perdón por no haber actualizado antes. Me comenzaron a llegar trabajos y exposiciones como el granizo que cae por mi ventana, uno tras otro, no se detenían y aparte rompían todo a su paso. Aquí esta el primer capitulo de esta semana.
Respecto al capitulo... andaba medio triste y bebí café. Así que hubo Byahisa romántico de resultado!
