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Notaba como mi cuerpo estaba llegando al límite de su resistencia. Mi cuello, mi espalda y mi cabeza me gritaban por un pequeño descanso después de estar prácticamente dos días sin moverme de aquel sillón. No me había movido de allí. Apenas había comido unas piezas de fruta y bebido. Mi cabeza y por lo tanto mi concentración estaba en Lexa.

Seguía resistiendo a las consecuencias del disparo, pero había momentos en los que su cuerpo ardía debido a la fiebre y ni siquiera había despertado tras la operación. Tan solo había reaccionado con pequeños sollozos y quejas que intercalaba llamándome en sus delirios.

Escuchar como me llamaba en sus más profundos sueños me encogía el corazón, porque me daba la sensación de que me pedía ayuda y yo no sabía como más ayudarla. La medicina que Nyko me proporcionó y los constantes paños de agua fría que pongo en su frente suelen funcionar, pero la fiebre no la abandona del todo y vuelve a aparecer a las horas.

Ahora, mientras le retiro el paño de agua fría que le había puesto minutos antes y me aseguro que por ahora todo está correcto, me siento algo más tranquila y vuelvo a observarla. No he parado de hacerlo en este tiempo. La veo vulnerable, la veo por primera vez como una chica joven y me doy cuenta de que en realidad lo es.

Nunca me había parado a pensarlo. Siempre la había visto como la comandante respetable que llevaba todo el peso de su pueblo encima, a excepción de esos momentos que me regalaba, dejando fuera a Heda y permitiéndome conocer un poco más a Lexa como persona, persona que había conseguido bajar todas y cada una de mis barreras.

Por eso me preguntaba, viéndola en aquella cama y mientras volvía a acariciar su mano, si alguna vez Lexa había sido feliz, si en algún momento se había divertido o reído sin preocupaciones, siendo tan solo una joven más y no una comandante o aspirante a serlo en su infancia.

La puerta me saca de mis pensamientos. Miro quien entra y al ver a Titus aparto la mirada de inmediato. En esos casi dos días Nyko y él habían entrado a la habitación con frecuencia, eran prácticamente los únicos que habían entrado.

Nyko me tranquilizaba en cuanto a mi nerviosismo y preocupación por la delicada salud de Lexa mientras él mismo le echaba un ojo y Titus por otro lado, cogía otro de los sillones y pasaba los ratos cerca de Lexa al otro lado de donde yo me mantenía.

Las primeras veces que había entrado supe que quería hablar o comentar algo, pero mi mirada no le dio opción, entendiendo que no quería oírlo, ni siquiera quería verlo. No quería permitir que estuviera cerca de ella después de lo que había hecho, pero tenía muy presente que yo era la extraña en esa habitación y en Polis, por lo que si Titus lo creía conveniente, me echaría de una patada sin que yo pudiera hacer nada.

Por lo que una vez que mi gesto le dejó claro que lo único que compartiríamos sería el espacio y preocupación por Lexa, nos limitábamos a ignorarnos el uno al otro, centrándonos en lo que era importante y que ella nos sintiera cerca, que supiera que estábamos listos para volver a ver sus ojos y escuchar su voz. Personalmente, también me moría de ganas de poder ver una de esas medias sonrisas que siempre escondía para mí. Sí, definitivamente, una de esas sonrisas me harían bien.

-Deberías descansar, Clarke. - me sorprende Titus a los pocos minutos de llegar, ganándose una nueva mirada heladora. Al ver que no contesto, vuelve a intentarlo. - Llevas dos días aquí sin comer ni dormir. Ve y descansa tranquila en tu habitación y yo me quedaré con Lexa.

-Ni de coña me voy a mover de aquí y mucho menos para dejarla contigo. - le digo incapaz de contener en mi voz la rabia que siento. - Vuelvo a repetirtelo, la única forma de que me muevas de su lado es que saques esa pistola y me dispares, pero esta vez procura apuntar bien, porque no voy a darte una tercera oportunidad.

-No voy a dispararte, Clarke. - dice tras un largo suspiro, bajando la mirada. - He aprendido la lección con las armas de tu pueblo, puedes estar tranquila, no volveré a atacarte nunca.

-Ya, claro... - digo en un susurro incrédulo que él termina escuchando.

-Lo digo en serio. Le hice una promesa a Heda y pienso mantener mi palabra. - me informa, logrando descolocarme.

Mi ceño vuelve a fruncirse al escuchar al hombre, ya que sus palabras no me las esperaba, pero de repente me viene a la cabeza el momento antes de que operara a Lexa y como ellos habían hablado en su idioma sin que yo pudiera coger una palabra de lo que decían debido a los nervios, pero estoy segura de que Lexa me nombró en algún momento y ahora sé el porqué.

Un nuevo vuelco sacude mi pecho. Incluso en su peor momento, prácticamente muriendo y Lexa se preocupaba más de mi bienestar que del de ella.

Me froto la cara con mis manos, desesperada por que Lexa despierte y me diga que está bien, intentando que mi cara no delate ese momento de debilidad que tengo.

-Lexa se preocupa por ti, Clarke. - continúa diciéndome. - Y puedo ver que tú también por ella. - dice mirando la mano que mantengo unida a la de Lexa. Yo solo aprieto con más fuerza la mano de la comandante y tenso la mandíbula mientras no aparto mi mirada de la del hombre, queriendo saber a donde quería llegar con todo esto. - Pero esta preocupación os hace débiles, tienes que entender que el amor es debilidad y vuestros sentimientos os ponen en una situación complicada.

Así que aquella frase que tanto me había calado tiempo atrás era obra de Titus, pensé al escucharlo. Así que él había sido el encargado de manipular los sentimientos de Lexa en un momento tan delicado como la pérdida de Costia.

Yo no quiero seguir escuchándolo ni hablando con él, pero a pesar de eso, me obligo a dejarle terminar. Sé que si no lo dice ahora, lo hará más adelante y yo no tengo intención de mantener más conversaciones con este hombre.

-No creo que el amor sea debilidad. Me niego a creer que algo como enamorarse o querer a alguien condicione las capacidades y responsabilidades. Estoy segura de que es todo lo contrario, el amor nos hace fuertes. - le repliqué molesta. Titus hablaba de amor y yo no sabía con certeza si esa conexión tan maravillosa que tenía con Lexa lo era, pero lo que si sabía es que se le parecía bastante, lo había entendido en el momento en que ambas nos rendimos a nuestros sentimientos en esta misma habitación.

-Sois dos líderes, Clarke, con vuestros pueblos enfrentados y con una guerra que será inevitable en cualquier momento, por mucho que te opongas a ella y Lexa te apoye. - dice el hombre exaltado. - Debéis entender que no acabará bien, que antes o después las cosas se complicarán y los sentimientos os dejarán fuera de combate en cuanto los pueblos se den cuenta. - continúa diciendo y yo ya no soy capaz de sostener su mirada. - Piénsalo, Clarke y haz lo correcto, sé que eres inteligente. Haz lo que Lexa ha sido incapaz de hacer y alejate de ella. - dijo en un tono más suave, un tono que me sonó a súplica.

Dicho esto, el hombre miró por última vez a Lexa y salió de la habitación, dejándome nuevamente a solas con aquella mujer que me removía el mundo de mil maneras distintas.

Yo tampoco era capaz de dejar a Lexa atrás. Antes de que le dispararan estuve a punto de decirle a Octavia que no podía irme de Polis, que era incapaz de alejarme de Lexa a pesar de que nuestro pueblo estaba metido en problemas. Finalmente, decidí que mi deber era con mi gente, pero las cosas habían cambiado.

Lexa estaba en esta cama luchando por su vida y yo necesitaba asegurarme que conseguiría recuperarse.

No quería pensar más en la conversación con Titus pero mi mente rondaba una y otra vez en el tema. Mi postura era clara, no me iría de allí, pero el hombre había dejado ya la semilla en mi cabeza para que la duda fuese fluyendo en mis pensamientos.

De repente, escucho como Lexa vuelve a quejarse, pero esta vez abre los ojos y yo con un alivio inmenso me acerco a ella y solo quiero llorar al ver sus ojos verdes. Pero ese alivio se convierte en preocupación y vuelvo a echar a un lado las ganas de llorar una vez más cuando Lexa empieza a moverse en la cama de forma brusca.

Puedo ver en sus ojos que está asustada, la veo perdida y yo solo quiero reconfortarla y conseguir que deje de moverse de esa forma o la herida podría abrirse de nuevo.

-Shh, tranquila, estoy aquí contigo, estás bien, ¿vale? - le digo de forma suave mientras sujeto sus hombros en un intento de que su cuerpo pare. - Todo está bien, te lo prometo, pero necesito que dejes de moverte... - le pido mirándola a los ojos, elevando la comisura de mis labios para infundarle esa tranquilidad que en realidad no siento, pero ella parece calmarse con mis palabras. Poco a poco deja de hacer el esfuerzo de salir de la cama y su mirada se suaviza al entrar en contacto con la mía. - No puedes moverte mucho o tu herida volverá a dar problemas y sería una pena que con el buen trabajo que hizo la gran doctora Griffin no sirviera para nada. Además, me costó mucho traer a la mejor doctora de Polis. - bromeé sin saber porque, tan solo quería que ella se sintiera bien. Ella sonrió de medio lado, entendiendo mi broma y a mi me temblaron las rodillas.

Me aparté un segundo de ella para poder coger un vaso con agua y con cuidado lo puse en sus labios, mojándolos para que poco a poco su cuerpo empezara a funcionar por sí mismo. Dejé el vaso y me senté en el sillón para mirarla y con un gesto que era ya pura inercia, acaricié su pelo.

-¿Como te encuentras? - pregunté con miedo. Sabía que debía estar sufriendo y con un dolor infernal, pero ella había dejado de quejarse, tan solo se limitaba a mirarme casi con adoración.

-Bien... - dijo en un susurro que me costó escuchar, con la voz ronca debido a ese par de días que se había mantenido en un sueño inquieto.

-No me mientas, por favor. - le pedí torciendo el gesto.

-Tengo... Tengo frío... - dijo tras un pequeño tiritón, apartando su mirada de mí, cerrando los ojos para mostrarme como se encontraba realmente. Su gesto de incomodidad y dolor me ayudaron más que sus palabras.

-Ha vuelto a subir la fiebre. - confirmé con una de mis manos en su frente, sintiéndola hervir nuevamente.

No hablé más con ella. Mientras yo ponía todo mi empeño en las toallas con agua fría y los medicamentos, Lexa volvió a quedarse dormida. A pesar de ver como estaba y saber que seguía grave, una parte de mí se sintió algo más tranquila al ver que había despertado e incluso había sido capaz de coordinar dos palabras. Era un avance, pequeño pero importante. Sabía que a partir de aquí Lexa se recuperaría.

Tras un par de horas atendiendo la fiebre de la comandante, volví a mi sillón y con la mano de Lexa entre las mías, mi cuerpo me pidió un descanso que yo me negaba a darle. Sé que mi mente siguió dando vueltas al tema que Titus había traído, pero en algún momento mi cuerpo se agotó y cayó en un sueño que necesitaba.

Mis manos entrelazadas a la de Lexa, mi cuerpo inclinado hacía la cama y mi cabeza descansando sobre mis propios brazos era la incómoda postura en la que terminé. No tenía ni idea de cuanto tiempo pasé así, podrían ser horas y a mí me parecieron minutos, pero en cuanto noté una caricia en mi mejilla, reaccioné de forma inmediata, levantando mi cabeza asustada.

En realidad no tenía nada que temer. Era Lexa quién me había dejado esa caricia mientras me miraba con dulzura.

-Mierda, me he quedado dormida... - digo sujetándome la cabeza un instante, tratando de despertar del todo.

-Lo siento, no pretendía despertarte. - me dice Lexa un poco avergonzada al ver que la había descubierto acariciándome. Su voz ya no sonaba tan débil como hacía unas horas, aunque seguía algo rasposa.

-No, no lo sientas, ¿cuanto tiempo llevas despierta? Deberías haberme avisado antes. - le digo frunciendo el ceño. - ¿Sigues mal? ¿Sigues con frío? - preguntó de carrerilla.

-Estoy mejor, Clarke, de verdad. - me dice al ver mi mirada incrédula. - No tengo frío ahora y tengo menos dolor que antes. - dice llevando su mano a su estómago por encima de los cobertores.

Lexa estaba tapada únicamente con los cobertores de su cama, pues había decidido que para aligerar la fiebre debía llevar la menor cantidad de ropa posible. Por lo tanto, la comandante estaba desnuda de cintura para arriba y de cintura para abajo tan solo la cubría su ropa interior.

-Ten cuidado. - le pedí sujetando la mano que tenía sobre su estómago. No quería que se hiciera más daño del que tenía. Ella volvió a sonreírme de medio lado al ver mi preocupación.

-Voy a estar bien, has hecho un buen trabajo conmigo. - me intenta tranquilizar.

-No lo sabremos hasta que estés totalmente recuperada. - le digo antes de que un cómodo silencio nos invada.

-Tienes mala cara, ¿has descansado algo? - me pregunta frunciendo el ceño con su vista fija en mis ojeras que debían haberse multiplicado en ese par de días.

-Vaya... Bonita forma de decirme que estoy horrorosa.

-No, no era lo que yo... - dice con terror en la cara, a lo que no puedo evitar sonreír.

-Era broma. - le digo para que se calme.

-Bien, porque ni siquiera con mala cara te veo fea. - me dice con seguridad, haciéndo que note mis mejillas volverse algo coloradas. Yo solo atino a aclararme la voz y responderle a la pregunta que me había hecho en un principio.

-Llevo aquí dos días, desde que te dispararon. - le informo, algo de lo que me arrepiento al ver su reacción.

-¿Dos días? - dice alterada, tratando de levantarse de la cama y soltando un pequeño grito de dolor en el intento.

-Oye, ¿dónde crees que vas? No puedes moverte de aquí, ¿me entiendes? - le digo enfadada. - No te muevas, Lexa o pasarás mucho más tiempo en esta cama del que quieres. - le aseguro.

-Llevo demasiado tiempo aquí, tengo que...

-No tienes que hacer nada. Tienes que recuperarte, tienes que ponerte bien, porque entonces lo que hice no habrá servido para nada. - le digo molesta. Ella asiente ante mi tono de voz. Veo que no está conforme, pero supongo que prefiere hacerme caso y recuperarse pronto y no tener que ver su progreso atrasado por su terquedad.

-Está bien. Tú deberías ir a descansar. - me propone.

-No voy a ir a ningún sitio. - digo negando con la cabeza y cruzándome de brazos.

-No me voy a escapar, he comprobado que el dolor no me dejaría llegar muy lejos. - me dice algo fastidiada.

-Prefiero quedarme cerca de tí. - digo agachando la mirada con algo de vergüenza. - Estoy bien, ya dormiré...

La habitación vuelve a quedarse en silencio y como pasan los minutos y nadie dice nada, yo vuelvo a relajarme en el sillón con nuestras miradas conectadas, pero la veo dudar un par de segundos antes de volver a hablarme.

-Puedes descansar aquí... - me propone con algo de inseguridad. - Ambas sabemos que cabemos perfectamente en esta cama...

Mi boca se abre con intención de contestar pero no sale nada de ella, tan solo logro que nuestros ojos conecten con mayor intensidad. Vuelvo a observarla tumbada en esa cama, mirándome con el mismo cariño que probablemente ella esté viendo en mis ojos ahora mismo.

Trago saliva y con una velocidad extremadamente lenta me deshago de mi chaqueta, de mis zapatos y me hago un hueco a su lado. Estoy nerviosa, ni siquiera sé si taparme o no, pero ella lo hace más fácil cuando mueve los cobertores a un lado con cuidado para que pueda entrar con ella y taparme.

Durante unos minutos estoy con todo mi cuerpo tenso, mirando al techo en la misma postura en la que Lexa lleva dos días, boca arriba. No nos tocamos, ni siquiera nos rozamos y el único ruido que se escucha es el de nuestras respiraciones.

Pero soy incapaz de soportarlo más y termino girándome hacia ella, sujetándome a su brazo y dejando escapar un suspiro de alivio sobre su hombro y en ese momento mi cuerpo se relaja y noto como el suyo hace lo mismo, como si hubiese estado esperando por mi reacción desde que entré en la cama.

-Creía que te iba a perder... - le digo con un nudo en la garganta, hablando en un susurro. No hacía falta más, aquel momento de intimidad era perfecto para mí y sabía que para ella también.

-No lo has hecho, no lo harás, Clarke. - me responde.

-Te necesito. - me escucho diciéndole cuando estoy quedándome dormida, sin ningún control sobre mi cuerpo o mi capacidad para filtrar las cosas que salían por mi boca, pero su respuesta me deja en calma por esa noche, durmiendo pegada al brazo de Lexa.

-Me tienes, no lo dudes nunca. - dice mientras deja un simple beso en mi cabeza con un ligero movimiento de la suya.