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Llevaba toda la mañana encerrada en mi habitación. Había aprovechado para darme un baño y relajarme un poco después de estar tres días sin moverme del lado de Lexa.

Al principio, al entrar a la habitación, las imágenes de lo que había pasado allí me dejaron de nuevo con la angustia de lo que le podría haber pasado a la comandante y el enfado que tenía aumentó de forma considerable.

No podía entender la decisión de Lexa. Ella siempre había sido dura en sus decisiones y que dejara a Titus sin ningún tipo de castigo no me parecía justo. Estoy de acuerdo que siempre tiendo a no optar por la violencia y tener compasión y con Titus no la estoy teniendo, pero casi mata a Lexa. Casi me quita a Lexa y no puedo pensar en otra cosa.

De todas formas, consigo dejar la mente en blanco tras el baño y me paso las horas siguientes mirando a través de la ventana de la habitación. Desde que estoy en Polis he convertido este rincón en mi sitio preferido. Desde aquí puedo ver a la gente haciendo su vida en Polis, gente que no me parecen ningunos salvajes, si no gente normal que lleva su vida lo mejor que puede por sus familias. Sonrío al pensar en cómo ha cambiado mi visión del pueblo terrestre desde que llegué a la Tierra.

Desde aquí también me impresiona la vista que me regala de todo el alrededor de Polis. Puedo ver la naturaleza, verde y fuerte y al pensar en ello, lleno los pulmones de aire, aquel que nunca había sentido tan puro en el arca. Ese cuadro que tengo ante mí no lo había imaginado ni en mis mejores sueños durante mi vida en el espacio. La Tierra tenía todo lo que siempre había imaginado, pero las guerras continuas no era algo real en mi mente por aquel tiempo. Que equivocada estaba…

Suspiro y ya no estoy tan enfadada. Quiero tumbarme para descansar un poco, pero miro la cama y el nudo de agonía vuelve a mi estómago. Alguien se había encargado de limpiar la sangre de Lexa y cambiar las sabanas, pero prefiero recostarme en el sofá por ahora.

Cierro los ojos y en cuanto lo hago mi mente se pone a funcionar de nuevo a mil por hora sin que yo le dé permiso, haciendo que no pueda descansar ni un segundo. A veces es más pesado el cansancio mental que el físico.

Vuelven a mí las palabras de Titus invitándome a que deje Polis y por supuesto a Lexa. Quiero quedarme con ella, pero sabiendo que Pike sigue adelante con todo sin tener en cuenta las posibles consecuencias mi cabeza me dice que debo irme a pesar de lo que me grita mi corazón. Lexa.

Y es por ella que decido tomar una decisión sobre mi futuro más cercano. No puedo exponernos a ninguna a un peligro más.

De repente la puerta suena, asustándome por lo metida que estaba en mis cosas. Me levanto sin ganas y cuando abro es Nyko con dos platos de comida. No puedo evitar sonreír por el detalle del hombre.

-Creo que te vendría bien recuperar un poco de fuerza o al final terminarás muriendo de hambre. – me dice guiñándome un ojo mientras me entrega el plato.

-Muchas gracias. La verdad es que no me viene del todo mal. ¿Me vas a hacer compañía? – le pregunto al verlo todavía en la puerta con el otro plato. Él niega con la cabeza y entra en la habitación, dejando que cierre la puerta.

-No, esto es para que se lo des a la comandante, creo que es hora de que coma algo ligero.

-Sí, parece que se encuentra mejor, así que es momento de ver cómo le sienta la comida.

-Pues te dejo el plato aquí y cuando comas se lo llevas, o comes con ella, como quieras…

-De hecho, voy a comer sola, así que puedes llevarle el plato tu… - digo forzando una sonrisa que no llega a asomar en mi cara. Que el enfado hubiera disminuido no quiere decir que vaya a ir corriendo a Lexa después de la pelea.

-Ella preferirá que se lo lleves tú… - me dice con cautela y yo lo miro algo sorprendida al entender que Nyko se ha dado cuenta de que algo pasa entre Lexa y yo. – He estado viéndola y creo que se está recuperando bien del disparo. No estaba especialmente habladora, imagino que prefiere hablar contigo. - intuyo por sus palabras que también sabe que hemos discutido. Bajo la mirada y suspiro antes de hablar.

-Nyko, puede que tenga que dejar Polis pronto. – le digo sorprendiéndolo yo esta vez. – Todos sabemos que las cosas se están poniendo feas y que yo esté aquí no ayuda en nada…

-Clarke, Heda encontrará la manera de que podáis…

-No puede… - le corto antes de que termine la frase. – Puede que las dos queramos una cosa, pero en este momento es imposible… - digo con un nudo en la garganta. Decir esto en voz alta lo convierte en realidad. - Yo solo quería pedirte que la cuides y vigiles que no se precipite en volver a sus funciones. Sabes cómo hacerle las curas y cuando tiene que tomar las medicinas y lo que hay que hacer en caso de…

-No te preocupes, te doy mi palabra de que cuidaré de ella y me aseguraré de que esa herida se cura como es debido.

-Gracias… - le digo sabiendo que puedo contar con él. Cuando me marche de Polis lo haré más tranquila teniendo alguien en quien confío pendiente de Lexa.

-No hace falta que me lo agradezcas. – dice quitándole importancia. – Entonces… ¿le llevarás ese plato? La he visto algo triste antes, creo que si se lo llevas se alegrará un poco. – dice guiñándome un ojo y no puedo evitar sonreír.

-Déjalo ahí, comeré y se lo llevaré.

Nyko no espera más para irse, asiente y se despide de mí, dejándome nuevamente sola en la habitación.

Me siento y observo la comida. Tras esa conversación mis ganas de comer han desaparecido, pero me obligo a hacerlo. Si sigo sin comer terminaré enfermando y no me conviene. Así que tras unos minutos y haciendo un esfuerzo me termino el plato que ha traído Nyko y salgo dispuesta a enfrentar a Lexa tras la pelea.

Al llegar allí las puertas de la habitación están abiertas y veo que Titus está de pie en la entrada. No entiendo que hace ahí parado, pero cuando me adentro un poco veo que Aden está también de pie al lado de la cama de Lexa mientras esta le habla.

Titus me mira cuando me pongo a su lado para no molestar a la comandante y al chico. Intento morderme la lengua, pero me es imposible y termino soltando lo que pienso.

-Puede que Lexa te haya perdonado sin más y me imagino que lo que yo piense te da exactamente igual, pero quiero que lo sepas, si fuera por mí, dejaría que te pudrieras en una celda el resto de tu vida. – digo sin mirarlo, hablándole en un susurro que el escucha perfectamente.

-Lo sé. – es lo único que contesta antes de que las otras dos personas en la habitación noten mi presencia.

La primera que se da cuenta de que estoy allí es Lexa, que desde la cama gira su cabeza para mirarme. Yo le devuelvo la mirada unos segundos, pero la clavo en Aden cuando me doy cuenta de que este se acerca a mí.

-Hola, Aden, ¿Cómo estás? – le pregunto con una sonrisa.

-Bien, Clarke. Yo quería darte las gracias por salvar a Heda. – me dice muy formal y veo en su rostro que es totalmente sincero con ese agradecimiento.

-Fuiste tú quien la salvó, yo solo ayudé un poco. Si no llega a ser por tu sangre no hubiera podido hacer nada. – digo ensanchando mi sonrisa al ver como él sonríe orgulloso por mis palabras. – Creo que la comandante debería agradecértelo y dejar que te saltes un par de entrenamientos. – digo acercándome a él, viendo de reojo como Lexa nos mira conteniendo su sonrisa.

-Oh, no, ya le he dicho a Heda que no hay que dar las gracias. Es lo que debía y lo que quería hacer. – dice totalmente convencido.

-Eres un gran chico, Aden, espero verte de nuevo pronto. – le digo posando mi mano en su hombro.

-Gracias. – dice sonriéndome de nuevo y saliendo de la habitación.

Por unos segundos me quedo donde estoy y noto como Titus duda sobre qué hacer hasta que finalmente habla.

-Os dejaré solas… Si necesitáis cualquier cosa me avisáis. – dice antes de salir por la puerta y dejarme con Lexa.

El silencio preside la estancia mientras me siento en el sillón donde he pasado los últimos días, ignorando la mirada de la comandante.

-Nyko ha traído esto para que comas. Creemos que es buen momento para que empieces a comer un poco y ver como lo tolera tu estómago. – le informo con un tono neutro, mientras le enseño el plato. Ella asiente ligeramente, pero antes de que pueda hacer nada habla.

-Podrías… ¿Podrías ayudarme a incorporarme un poco? – me pide con un tono suave, mirándome con los ojos llenos de duda.

-No creo que sea conveniente… - le digo, pero veo la decepción en su cara y sé que terminará convenciéndome.

-Estoy cansada de estar siempre en la misma postura. Me empieza a doler la espalda…

Yo me levanto del sillón y me alejo de ella viendo como Lexa cree que ha perdido la batalla. Nyko tenía razón cuando ha dicho que hoy estaba algo triste, lo puedo ver en sus ojos. Pasarte los días en una cama siendo la líder de doce clanes no tiene que ser fácil de aceptar.

Me dirijo a uno de los cajones donde sé que Lexa tiene algo de ropa y cojo una camiseta de las que guarda allí. Reviso algunas y termino eligiendo una más ancha para que no le moleste con la herida y pueda estar cómoda. Al verme acercarme a ella veo como sus ojos se iluminan brevemente ilusionada. Yo procuro morder mis mejillas para que mi sonrisa no se haga notar.

-Te incorporaré un poco, pero lo haremos con cuidado ¿de acuerdo? – le digo mientras la veo asentir.

Retiro los cobertores y las sabanas que la abrigan y mientras ella se impulsa con sus manos sobre el colchón, yo la ayudo sujetándola por las axilas y poniendo unos cojines tras ella, tratando de no parar mi mirada en su cuerpo desnudo.

Lexa se queja y gruñe por el esfuerzo y el dolor que siente al moverse y yo le ofrezco parar un par de veces, pero ella se resiste.

-Vale, yo creo que así estás bien. Estás prácticamente sentada.

-Vale, sí, gracias. – dice cerrando los ojos unos instantes para recuperarse, pero en cuanto escucha mi respuesta abre sus ojos para mirarme enfadada.

-A sus órdenes, Heda. – no puedo evitar decirle, dejándole claro que no he olvidado nuestra discusión anterior. Pero a pesar de su mirada decide no decirme nada. - ¿Te duele mucho el estómago? – le pregunto para asegurarme de que no hay peligro en esa posición.

-Estoy bien. Estoy casi igual que cuando estoy tumbada. – me informa y sé que me está diciendo la verdad cuando me mira a los ojos. Yo me limito a asentir mientras me dispongo a ponerle la camiseta que he cogido para taparla un poco.

Ella no puede hacer grandes movimientos, pero trata de ayudarme y cuando le ayudo a meter su mano izquierda por el agujero correspondiente mis ojos acaban en sus labios. Por unos segundos me siento tentada a besarlos, pero me doy cuenta de que es lo que ella está esperando y tras un ligero carraspeo me separo de ella.

- ¿Crees que podrás comer tu sola o…? – le pregunto. No me importa en absoluto darle yo misma de comer, pero sé que para ella no sería agradable.

-Creo que podré yo sola.

-Como quieras… - digo poniéndole el plato encima para que empiece a comer.

Lo hace poco a poco. Veo que le cuesta, que lo que menos le apetece en ese momento es comerse ese trozo de pollo con algunas verduras que le habían preparado, pero no se queja en ningún momento. Sabe que necesita ingerir alimento si quiere recuperarse.

Tarda casi una hora mientras que yo la he ido observando desde el sillón en silencio, asegurándome de que no tiene ningún problema. Al final, cuando casi se ha terminado todo excepto un par de trozos bastante pequeños, Lexa me mira de reojo.

-No me apetece más… ¿Está bien si no me como esto?

-Eres la comandante, lo que ordenes se hará. Si no quieres más me lo llevo y ya está. – digo quitándole el plato de encima sin más. La escucho resoplar mientras dejo el plato en una mesa de la habitación y vuelvo al sillón dispuesta a seguir con mi actitud, dejando a mi orgullo actuar por mí.

- ¿Podrías dejar de actuar así? – me pide en cuanto me siento.

- ¿Así como?

-Como si fueras una niña pequeña. – me dice con el ceño fruncido, ofendiéndome al instante. – Deberías saber controlar tu actitud.

-Perdóname, Heda, no todos somos tan perfectos como tú. A estas alturas debería saber que tú eres la única que piensa y hace todo lo correcto. – le digo cruzándome de brazos y frunciendo el ceño. Veo como ella toma aire mientras se muerde el labio inferior y lleva su mirada lejos de la mía.

-Entiendo que estés molesta, Clarke, te aseguro que te entiendo. Si Titus no me hubiera disparado al entrar en tu habitación lo hubiera tirado desde el balcón sin pensarlo un segundo por haberte atacado y él lo sabe, se lo he dicho hace un rato. Atacarte, hacerte daño no es un movimiento inteligente delante de mí. – dice fijando su mirada en la mía. Yo abro mis ojos algo sorprendida por su confesión, viendo en sus ojos la determinación de que no hubiera dudado en matar a Titus por mí. – Pero me dio a mí y a ti no te paso nada y es lo que importa… Titus lleva su propio castigo dentro de él por haberme fallado, pero yo no puedo ejecutarlo porque le necesito. El guardián de la llama ha servido a los anteriores comandantes y su experiencia y algunos de sus consejos son necesarios en mi liderazgo. No ha sido castigado, pero sabe que no puede volver a equivocarse conmigo. ¿Puedes entenderme? – me pregunta mirándome expectante, esperando por mi respuesta tras darme su perspectiva de una forma sosegada.

-Te puedo entender, Lexa, pero no puedo compartir tu decisión. – le digo rebajando mi tono anterior a uno más suave. – Respetaré la decisión que has tomado, pero al final creo que sigues sin entenderme nada. No estoy enfadada porque Titus me atacara, al fin y al cabo, era algo que podía esperarme, no estoy preocupada por mí, sino por ti… - le explico soltando un suspiro. – Titus te disparó y casi te mata. Estabas muriendo en mis brazos Lexa y él se limitó a aceptarlo sin hacer nada, sacando unas herramientas para hacerte cualquier cosa que no quiero ni pensar. Y tu… tu igual. A veces no sé si admiro o me horroriza la forma en la que afrontas tu muerte. Me ibas a dejar, me dijiste que llevaba razón cuando dije que la vida es más que sobrevivir justo antes de darte por vencida y yo no hubiera podido hacer otra cosa si te hubiese perdido… - le digo con la voz rota, sin mirarla. – Sobrevivir es todo lo que me hubiera quedado… Ni siquiera sé cómo conseguí sacar adelante la operación, cuando terminé, mis manos temblaban como nunca… - digo mientras miro mis manos al ver que estas vuelven a temblar al recordar el momento como si lo estuviese volviendo a vivir. – Estaba aterrorizada.

-Clarke. – me nombra Lexa en un susurro, posando sus manos sobre las mías, dejándome leves caricias que logran hacerme sentir mejor. – Siento que te sintieras así…

-No es tu culpa… - le digo mirándola a los ojos a lo que ella asiente de acuerdo.

-Me han enseñado que mi muerte no es el final. – me dice y al ver como no puedo resistir a poner los ojos en blanco por mi escepticismo ella sujeta mis manos con más fuerza. – Puede que no le de tanta importancia a mi muerte como tú, pero te prometo que a partir de ahora intentaré dársela, ¿está bien? No quiero verte sufrir por mi…

Yo la escucho y mi corazón late desbocado. Es algo que pasa continuamente cuando me habla o me mira, pero en momentos como este va a un ritmo incontrolable, así que trato de calmarlo con un beso, acercándome a los labios de Lexa, que me recibe dispuesta a regalarme esa calma que necesito después de dejar atrás nuestra pequeña pelea.

Necesito y quiero dejarlo atrás y que mejor forma que en su boca, a la que empiezo a conocer de forma detallada.

-Ven, quédate aquí conmigo. – me pide señalando la cama, separando nuestros labios unos segundos. Yo no lo pienso mucho y me coloco a su lado dispuesta a seguir recorriendo sus labios de forma suave sin prisa mientras acuno su cara en mis manos, tratando de no hacerle daño en su herida mientras que ella tiene una de sus manos enredada en mi pelo y sonríe a mitad del beso. – Prefiero mil veces esto que pelear contigo.

-Lo que la comandante ordene… - digo sonriendo yo también, viendo como niega con su cabeza con media sonrisa antes de volver a atraerme hacia ella con un beso más que tentador, haciéndome olvidar, que fuera de esas cuatro paredes las cosas no pintaban tan bien como ahí dentro.

Hola a todos/as!

Quería pararme un momento a agradeceros por todos los comentarios que vais dejando cada capítulo y todos los que seguís la historia. Es algo que ayuda y levanta el ánimo a la hora de continuar con la historia, así que mil gracias.

Nos vamos leyendo!