5

Me siento relajada. Hay cosas que no dejan a mi mente tranquila, pero en sus brazos siempre encuentro la manera de estar en calma. Me tiene rodeada con uno de sus brazos mientras acaricia mi pelo y yo me dedico a dejar pequeñas caricias en su cuello en absoluto silencio. Supongo que lo que las dos buscamos es simplemente estar en contacto la una con la otra, sentirnos cerca.

Llevo un par de minutos pensando en lo inevitable y no sé como voy a ser capaz de dejar esta cama, dejar esta habitación, dejar Polis y dejar a Lexa sin mirar atrás. ¿En que momento Lexa empezó a importarme tanto? No logro encontrar el momento exacto. Ha sido algo progresivo, algo de lo que en un principio no era consciente hasta que me dio aquel primer beso. Después pasaron demasiadas cosas y a pesar de que intenté odiarla aquí estoy, acurrucada en sus brazos y con el corazón en un puño por tener que irme.

Un suspiro lleno de frustración abandona mi boca antes de girar mi cabeza y posar mis labios en su hombro, siguiendo el recorrido por su cuello, por su mandíbula, antes de terminar ese pequeño viaje en sus labios, que me acogen felices una vez más.

Cuando me separo de ella y la miro vuelvo a suspirar. Esta vez el suspiro está lleno de sentimientos por ella. Esos ojos verdes son mi perdición.

-¿Que pasa? - me pregunta después de estar unos minutos con nuestras miradas puestas la una en la otra.

-No pasa nada... ¿Por que? - le pregunto casi con un hilo de voz al ver que ha notado que algo no anda bien en mi.

-Porque tienes el ceño fruncido. - dice al mismo tiempo que lleva su dedo al lugar indicado. - Sueles fruncirlo mucho, así que supongo que he aprendido a diferenciar si es por enfado, por preocupación o por algo más...

-¿Ah, si? - digo alzando una ceja, sorprendida de ver que realmente Lexa me conoce cada día más. - ¿Y cuál crees que es el motivo ahora?

-Creo que algo te preocupa, pero quiero saber que es...

Durante unos segundos aparté la mirada de ella, queriendo evadir el tema, pero no podía dejarlo pasar más tiempo. Lexa tenía que saber que me iba y yo necesitaba decirlo en alto para obligarme a hacerlo.

-Me voy, vuelvo a Arkadia... - digo casi en un susurro, buscando sus ojos, en los que de nuevo, veo de inmediato la tristeza y la desilusión que los invadieron la primera vez que vine a despedirme a su habitación. No dice nada y noto como aparta el brazo con el que me tiene sujeta.

-¿Cuando?

-Lo mejor es que me vaya mañana antes de que amanezca... Tú te estás recuperando bien del disparo y... cuanto antes me vaya será mejor... - intenté explicar.

-¿Por qué? - me pregunta, dejándome fuera de lugar al notar la frialdad de su voz. Pensé que volvería a aceptar mi partida como lo hizo unos días atrás, pero parece que a ella también le cuesta más aceptar mi partida esta vez. - ¿Es porque sigues enfadada por lo de Titus?

-Claro que no, no tiene nada que ver. Yo... tengo que hacerlo, Lexa, he estado ignorando el hecho de que mi pueblo está a punto de provocar que lo arrasen porque me importaba más que no murieras, pero no puedo seguir aquí.

-Claro... Tienes que hacerlo por tu gente... - me dice y a mi se me forma un nudo en la garganta al escucharle esas palabras. No me lo dice con la intención de echarme en cara la frase que le he repetido hasta la saciedad en mi tiempo en Polis, sé que lo dice porque me entiende, pero no puedo evitar sentirme como una mierda en ese momento.

-Sé que te he dicho muchas veces que todo lo que he hecho es por mi gente y puede que en un principio me quedara en Polis para asegurarme de que cumplías con lo que habías prometido, proteger a mi gente, pero... las cosas han cambiado, lo sabes... - digo mirándola con la misma cara de circunstancia que ella a mi. - Si me voy de Polis no es solo por mi gente, si no por ti y por mi...

-Eso no tiene ningún senti...

-Si lo tiene, Lexa. - le corto antes de que termine, tratando de hacerle entender que mi decisión no la había tomado a la ligera. - Ya han intentado matarte, ¿cuanto tardarán en conseguirlo si sigo aquí? Tu gente no está conforme con como se está llevando toda esta situación y en Arkadia parece que algunos no quieren tener nada que ver con vosotros, ¿que hago? - le pregunto en un tono que me sorprende porque suena desesperado.

-¿Que quieres tú? - me pregunta con la voz algo ronca y yo tengo la sensación de que me desbordo.

Escucharla de nuevo interesada en lo que yo quiero, verla otra vez pensando en mí, en mi bienestar, darme cuenta que desde que llegué a la Tierra e incluso antes de mi llegada, es la primera persona que se ha preocupado por mí, que se ha molestado en intentar entenderme y ayudarme a ser más fuerte, que me ha mostrado su confianza y no me ha reprochado absolutamente nada que no debía, consigue hacer que me rompa.

Llevo días conteniendo mis emociones, tragándome las ganas de llorar, escondiendo mis miedos y mostrando mi cara fuerte, pero no puedo más. Las lágrimas empiezan a descender de mis ojos cuando me escucho sollozar y veo a Lexa abrir los ojos totalmente sobrecogida por mi reacción.

Lloro con fuerza y sé que Lexa no sabe como actuar conmigo. Probablemente no esté acostumbrada a esta muestra de emociones y mucho menos a tener que lidiar con ellas, por eso me regaño a mi misma por hacerle pasar por esto.

Pero es que por más que trato de controlarme, de limpiarme las lágrimas que caen y de dejar los sollozos, soy incapaz de parar porque tengo muchas cosas acumuladas en mi pecho que se resumen en que no quiero irme, no quiero alejarme de Lexa, no ahora, no quiero tener que ir a arreglar lo que otros han estropeado en Arkadia y mucho menos si ni siquiera sé si me dejarán arreglarlo una vez que llegue allí.

Entonces, cuando llevo unos minutos de esa manera y los ojos de Lexa han dejado de mirarme desorbitados, ella coge las riendas de la situación mientras noto como traga grueso y vuelve a rodearme con su brazo para acercarme a ella y yo, en vez de parar mi llanto, me aferro a ella y escondo mi cara en el hueco de su cuello, dejando que mis lágrimas resbalen libremente por su hombro.

Con toda la paciencia del mundo Lexa me abraza con fuerza, pegándome a ella mientras va dejando pequeños besos en mi cabeza, dándome y compartiendo conmigo ese momento de rotura que estoy teniendo.

-Yo quiero esto, nos quiero a ti y a mi tal y como estamos ahora... - le digo con el corazón encogido, consiguiendo que mis palabras salgan entre hipidos que provoca el llanto. - Quiero quedarme en esta cama y olvidarme de que existe un mundo ahí fuera, pero no puedo... Soy incapaz de dejar a mi gente sabiendo que quizás puedo ayudarlos y soy incapaz de quedarme aquí sabiendo que pueden atentar contra ti por mi o mi pueblo... - voy diciendo a medida que mis sollozos van menguando. - Tú y yo por más que queramos no podemos seguir con lo que sea que nos esté pasando, es imposible... Si la gente supiera de nosotras ahora... todo se complicaría más, no es el momento... - digo cerrando los ojos dolida por mis propias palabras. - No quiero, pero tengo que intentar solucionar los problemas de Arkadia, ¿me entiendes? - termino preguntándole, escondida todavía en su cuello.

-Claro que te entiendo, Clarke... - me dice antes de volver a dejar un beso en mi cabeza y soltar un largo suspiro. - Sé que tienes razón y sé que yo haría lo mismo en tu lugar.

Después de escucharla salgo de mi escondite para mirarla, sabiendo que aquellas dos frases que había dicho equivalían a dejarme ir. Me sonríe de medio lado, triste, forzada, mientras retira de mis mejillas las últimas lágrimas rebeldes que caen por mi cara.

-Antes de que despertaras tras la operación, Titus estuvo hablando conmigo... - empiezo a explicarle ante su atenta mirada. - Me explicó que el amor es debilidad, que un líder debe...

-Le dije que no quería volver a oír eso. - me corta antes de que termine, girando su cabeza al otro lado mientras apretaba su mandíbula.

-¿Por qué no quieres oírlo? - le pregunto esperando una contestación, pero al ver que no llega respondo en su lugar. - Crees que es verdad... - Lexa sigue sin responder, pero veo que le cuesta tragar, molesta. - ¿Sabes lo que creo yo? - le pregunto de nuevo, apartándole un mechón de pelo de la frente y aprovechando para quedarme ahí y acariciarle el pelo. Ella vuelve a mirarme atenta a mis palabras. - Le dije a Titus que el amor no era debilidad, si el amor me hiciera débil yo no me alejaría de tí y no me importarían las consecuencias. Yo creo que el amor es esperanza, Lexa. - le confieso algo tímida, abriéndole mi corazón en ese mismo momento. - Tengo la esperanza de como te dije, no deberle nada a nuestra gente, tengo la esperanza de conseguir la paz y entonces permitirme sentir y permitirme querer, tengo la esperanza de hacerte entender que no hay debilidad en el amor, y sobretodo, tengo la esperanza de poder confirmar que todos mis momentos contigo me han llevado a enamorarme...

Por unos segundos la habitación se queda en silencio y la intensidad de su mirada, cristalizada por mis palabras y notar su corazón latiendo a mil por hora consiguen aterrorizarme, cuestionándome si no he llegado demasido lejos a la hora de mostrar mis sentimientos.

Entonces lo pienso y quiero enloquecer al darme cuenta de que le había confesado casi sin querer que me he enamorado de ella. Y justo cuando estoy a punto de salir corriendo y retractarme, Lexa me besa de una forma única, especial, haciéndome sentir en una nube, saboreando en sus labios una nueva forma de comunicación, una forma totalmente lícita de decirme que ella se sentía exactamente igual que yo sin necesidad de palabras.

Disfruto ese momento junto a ella. No sé cuando podremos volver a estar así o si volveremos a vernos, así que nos merecemos estas últimas horas juntas.

Dejo pequeños besos en sus labios y su mejilla dando por terminado el beso. Sonrío al buscar su mirada y ver que a pesar de mostrar un rostro serio, sus ojos me sonríen emocionados.

-Te vas demasiado pronto... - dice en un susurro, casi para ella misma mientras aparta a un lado mi pelo. - Me gustaría que las cosas fuesen distintas y poder conocerte un poco más... - dice dudando de sus palabras, con algo de cautela como hace siempre que me muestra un trocito de sus sentimientos.

-Me conoces hace meses... Y aunque no hemos pasado mucho tiempo juntas te aseguro que a veces me asusta lo bien que me conoces y como sabes leer lo que me pasa...

-No me refiero a eso... Sé que te conozco y que cada vez mejor. - dice con una sonrisa torcida mientras se arma de valor y cuela su mano por debajo de mi camiseta para tocar la piel de mi cintura, haciendo que me sonroje. - Te conozco pero no sé cosas de ti... En realidad no sé nada de ti, de tu vida o no sé... - dice, apartando su mirada de repente. - Me siento ridícula ahora mismo. - confiesa avergonzada.

-No eres ridícula. - le hago saber con una sonrisa, dejando un rápido beso en sus labios. - De hecho, tiene mucho sentido lo que dices... - digo mientras me acomodo en la cama girada hacia ella y apoyando mi cabeza en mi mano. - Hagamos una cosa. - le propongo, ganándome su atención inmediata. - Todavía tengo unas horas antes de tener que marcharme, ¿por que no me preguntas algo que quieras saber? Así puedes saber algo de mí antes de que me vaya y el resto... podemos continuar cuando todo acabe...

-Vale. - acepta mientras asiente y veo que se lleva la mano a la zona del disparo pero parece estar pensando alguna pregunta.

-¿Te duele? - pregunto preocupada, llevando mis manos a su vientre y acariciándole suavemente.

-Sí, pero no me voy a morir, tranquila. - me dice y noto diversión en su voz hasta que la fulmino con la mirada por el comentario. - No te enfades y déjame pensar que te pregunto.

-¿Para que piensas tanto? Mi vida no ha sido nada interesante, al menos hasta que llegué a la Tierra...

-Vale, ya lo tengo. ¿Cuántos años tienes? - me pregunta con el ceño fruncido al darse cuenta que ni siquiera sabíamos la edad de la otra. Yo me muerdo el labio, evitando reír pero la diversión se acaba al darme cuenta de algo.

-Dios, tengo dieciocho años...

-¿Y por que pones esa cara? - me pregunta extrañada.

-Porque me acabo de dar cuenta... Cumplí dieciocho años hace más de dos meses y yo no lo sabía, no me he parado a pensarlo con todo lo que ha ido pasando...

-Bueno... tampoco es algo tan importante cuando los has cumplido, con saber la edad que tienes... - me dice mirandome sin llegar a comprender porque me estaba afectando no haber sido consciente de mi cumpleaños.

-¿Vosotros no celebráis los cumpleaños?

-¿Celebráis el día en que nacistéis? - dice sorprendida, abriendo los ojos como platos. - Nosotros... cada uno sabe la edad que tiene y ya está, ni siquiera estoy segura de que todo el mundo sepa el día exacto de su nacimiento.

-Vaya... Pues para nosotros es algo así como una tradición... No todo el mundo lo celebra y no todos lo hacen de la misma manera, pero era un día especial en el Arca... - digo pensando en los cumpleaños que pasé dentro de aquella nave. Me acuerdo de mi padre y no puedo evitar sentirme decaída. - Me acuerdo que los días de mi cumpleaños, cuando era pequeña, mi padre venía a despertarme a la cama y yo me hacia la dormida hasta que el me llenaba de besos y me felicitaba mientras mi madre hacía mi tarta favorita. - digo cerrando los ojos mientras sonrío. Si me esfuerzo un poco, puedo olerla. - La hacía con fresas y a mí me encantaba. Wells se enfadaba conmigo porque no le dejaba probarla.

-¿Quien es Wells? - pregunta con el ceño fruncido.

-Era mi mejor amigo, el hijo de Jaha. Uno de los nuestros lo asesinó cuando llegamos aquí. - le explico con un nudo en la garganta. Lexa me acaricia la mejilla para darme ánimo. - Me encantaba celebrar mi cumpleaños, ¿sabes? Siempre terminaba el día bailando abrazada a mi padre. Ponía música, me ponía sobre sus pies y me llevaba por toda la habitación bailando... - le digo con media sonrisa. - Llevo dos años sin poder bailar con él...

-¿Que pasó con él?

-Lo mataron en el Arca, fue ejecutado porque descubrió algo que los líderes no querían que se hiciera público. - digo apretando mi mandíbula, sintiendo rabia y sabiéndo que jamás podría dejar atrás la traición de mi madre. - Pero no quiero hablar de eso... - le pido.

-Está bien. - acepta comprensiva. - Me ha gustado tu cumpleaños. - me dice sonriendo. - Aquí no hacemos nada de eso, ni siquiera sé bailar...

-¿Es tu forma de pedirme que te enseñe a hacerlo? - le pregunto enarcando una ceja a lo que ella niega divertida.

-Bueno... podría pensármelo. Si me aseguras que volverás cuando solucionemos todo, te prometo que dejaré que intentes hacerme bailar.

-Entonces esto es una promesa. - digo sellándola con un pequeño beso. Bailar junto a Lexa era un incentivo más para acabar con los conflictos en Arkadia y volver a Polis cuanto antes. - A todo esto, ¿cuántos años tienes tu?

-Yo tengo veinte.

-Vaya eres mayor que yo...

-¿Que pensabas, que era más pequeña? - me pregunta medio herida en su orgullo.

-No lo sé, nunca me había parado a pensar en nuestra edad, la verdad, pero menos mal que no lo he hecho.

-¿Por que dices eso?

-La primera vez que me besaste yo era menor de edad y tu ya eras mayor, te aprovechaste de una menor. - le digo divertida, pero ella no parece entender mi broma.

-¿Menor de edad?

-Hasta que no cumples los dieciocho no eres adulto, ¿no? No tienes derecho a determinadas cosas hasta la mayoría de edad.

-No. - me dice mirandome como si estuviera loca. - Aquí todo el mundo tiene derecho una vez que demuestren su valía, no tiene nada que ver la edad... - me explica antes de dejar escapar un pequeño bostezo.

-Creo que todavía nos quedan muchas cosas para entender las costumbres de cada una, pero tendremos que esperar un tiempo para explicarnoslas, ahora tienes que dormir.

-No tengo sueño. - me contesta con la voz cansada.

-Claro que lo tienes, estás cansada, necesitas descansar. Tu cuerpo está herido y tienes que darle un tiempo para curarse.

-Eres una doctora un poco pesada... - me dice mientras suspira y noto como sus ojos no aguantan abiertos a pesar de que ella lucha por no cerrarlos. - Prefiero a Nyko, me hace más caso que tu.

-Ya... pero Nyko no te ensañará a bailar. - le susurro, acariciando su rostro, viendo como consigo hacer que se quede dormida con una sonrisa en su cara y no pensando en mi salida de Polis.