7-Carta

Pasaron varios días sin que se mostrase en el calabozo de nuevo, había estado logrando su cometido de conseguir el permiso para bajar esta vez de forma "legal" a visitar al prisionero. Persiguió al doctor, adulando un poco, explicándole sus motivos sinceros, hablando sobre la misericordia que debían de guardar todos en nombre de Odín hacia un viejo camarada. Y sobre el típico errar de los humanos. Era bueno hablando sin duda, Andreas, el doctor de la corte, de sonrisa suave y modales educados, termino por aceptar su ofrecimiento de ayuda. Entregándole el mismo lo que el traidor comería, y recordándole que de todos modos, el mismo pasaría mas tarde.

"Tal vez necesite ver otra cara" fueron sus palabras, el doctor consideraba que si de continuar de aquella manera, Sigmund terminaría muriéndose de hambre o depresión.

Claro, lo que no sabia este agradable doctor, es que el ya lo había visitado, y había logrado que comiese.

Varios pasos se hicieron escuchar por el pasillo, el pelirrojo en cuestión venia seguido de un guardia, aburrido seguramente, ya que el mismo Andreas había escrito una carta de su puño y letra para que este pasase sin problemas. Pero nada que el aspirante a God robe no supiese quitarse de encima. — Ya te dije, que el medico me envió ¿quieres ver la nota de nuevo? —Sonrió ahora mientras se posaba enfrente de la celda que buscaba y se dirigió al guardia— pero ya que estas con esta fatiguilla, ¿Por qué no vas a preguntarle tu mismo a Andreas? — Algo que seguramente molestaría al medico si este sobre todo se hallaba ocupado.

El guardia trato de intimidarlo y con un claro tono de fastidio, el otro lo empujo con dos dedos en su pecho— Puedes largarte—

Ahora mas que recuperado, pero debía de mantener la fachada y asi no levantar sospechas. Mientras todos tomaban su descanso trataba de ejercitarse como se lo permitía las cadenas. Atento a la charla que se llevaba afuera, aguardo que se fuese el ajeno. Ironizando con una mirada se dirigió a su cómplice—¿Necesitas ayuda con los chicos? —

—No te preocupes, esta comiendo de mi mano—como el truco maestro que un mago se guarda bajo la manga, deslizo por la reja un delicado sobre de papel.

La carta de Siegfried.

—Alberich estuvo todo el día detrás de tu hermano, pero apenas logre decírselo, no tardo ni dos minutos en escribirte esa carta—

— ¿Y que se supone que quiere Alberich de mi hermano? — soltó un pequeño gruñido mientras se acercaba para tomarla. Entre sus dedos la examino y volvió a verle— ¿la leíste? —

Se encogía de hombros sin darle mucha importancia a las palabras que recitaría—No lo se, quiere matarlo, quiere sexo, quiere sexo y luego matarlo, o matarlo y luego sexo….aun que dudo que sea necrofilico —Agrego con su agrio humor y señalo sin ofenderse el sello de cera roja con el escudo de armas de la familia de estos—Tiene el sello de Siegfried para que lo compruebes—

Si con esa broma pretendía tranquilizarlo había fallado rotundamente. Confiaría en el criterio de su hermano, exceptuando cuando se trataba de Hilda. Dejaría descansar su fe en lo que este haría y en su forma de hacerlo. No retraso el momento, y sin miramientos rompió el sello y se dedico a leer al fin.

Con cautela, detenido en su propio tiempo, advirtió que nadie mas vendría y le enseño que traía buena comida, jamón ahumado, un queso que se veía tierno sobre todo sabroso, y pan, rico pan tradicional. Junto a una botella de agua. Al fondo, imperceptible, un estuche de ajedrez descansaba; esperando por salir.

—Cambie la comida de camino— por que no se fiaba de nadie, incluso del medico.

— ¿Porque hiciste eso? ¿No fue peligroso? — Dejando todas sus conjeturas y preguntando directamente, siendo mas abierto, y hasta mostrándose preocupado por el. Mirándole un rato y agachando la mirada hasta la canasta al fin— que lujo para un simple traidor —

— No confió... traía vino, ¿y si había algo en ello? podrían dormirte y sacarte de aquí, al final...nadie revisa esta cesta — Era una posibilidad que no podía descartar.

— ¿Te tranquiliza lo que dice tu hermano? —

— Si…. —