6
Observo a Lexa dormir. Llevo haciéndolo toda la noche. No he dormido, no quiero perderme ni un solo segundo de ella mientras puedo, además, escuchar su respiración tranquila cerca de la mía me da la paz que sé que no tendré en unas horas cuándo deje Polis.
No hay vuelta atrás. Lexa ya sabía que me iba y yo misma me encargué de comunicárselo a Titus unas horas atrás para preparar mi salida. Fueron los únicos minutos que me he permitido alejarme de Lexa.
A pesar de que no quiero pensar en Titus estos últimos momentos en Polis lo hago, porque el hombre ha vuelto a cabrearme con sus misterios y para que voy a mentir, simplemente el verle la cara es algo que me pone de muy mal humor. Le he pedido de la forma más educada posible que libere a Murphy y se ha negado en rotundo, asegurándome que Lexa tampoco lo permitirá. Lo único que he sacado de mi encuentro con Titus ha sido que me deje un caballo para llegar a Arkadia.
Miro la ventana desde la cama y me doy cuenta de que no tardará mucho en amanecer. Es mi señal para mi partida de Polis, Titus no tardará en aparecer en la habitación. Suspiro mientras vuelvo a mirar a Lexa y un nudo enorme se aferra a mi garganta, haciéndo que me cueste incluso respirar. Pero debe mantenerme fuerte, al menos hasta que me despida de ella.
Acaricio con cuidado sus labios, su nariz, sus cejas y cuando llego a su pelo no puedo evitar pensar que Lexa es prácticamente perfecta. Nunca he visto tanta belleza en una sola persona. Dejo un beso en su frente, cierro los ojos y me armo de valor para levantarme de esa cama y separarme de ella.
Me paso las manos por la cara preparándome para lo que me espera a partir de este momento, llenando mis pulmones de aire y repitiéndome a mí misma que debo restablecer la paz en Arkadia y que puedo hacerlo. Lo repito en mi cabeza como un mantra mientras me pongo los zapatos. Necesito hacerlo porque soy consciente que no me lo pondrán fácil y me preocupa no saber exactamente como están las cosas con mi gente porque de eso dependerá la dificultad y el tiempo que me lleve entregar a Pike.
Mientras me pongo la cazadora veo en la mesa mis dibujos esparcidos. Después de hablar con Titus pasé por mi habitación para traer mis pertenencias, las cuales, consisten simplemente en mi escasa ropa y mi carpeta con los dibujos que he ido haciendo durante mi estancia en Polis. No podré llevarlos conmigo a Arkadia, sé que mirarán con lupa cada objeto que lleve encima y los dibujos no son fáciles de esconder. Prefiero que Lexa los guarde hasta que vuelva o se los quede en el caso de que no pueda hacerlo.
Sonrío cuando veo el dibujo que más me gusta. Ni siquiera pude acabarlo, pero atrapar en un papel lo que me transmitía Lexa durmiendo estaba ahí. Lo cojo y repaso el contorno de las líneas dibujadas con mis dedos hasta que su voz desde la cama detrás de mí me saca de mi pequeña burbuja.
-No te vayas. - me pide con la voz medio rota. Tres palabras que me parten el alma.
Cierro los ojos con fuerza y cojo todo el aire que mi cuerpo me permite. No puedo derrumbarme ahora.
-No me hagas esto, por favor... - le suplico con un hilo de voz todavía de espaldas a ella. Tras unos segundos de silencio Lexa se disculpa.
-Perdona... Debe...debe ser la fiebre... - pone como excusa y yo no puedo evitar dibujar una pequeña sonrisa en mi cara mientras me giro hacia ella.
-Apenas tienes fiebre ya, intenta buscar una excusa mejor. - digo acercándome a ella. Supongo que no encuentra ninguna porque Lexa tan solo me mira con una sonrisa que no llega a formarse del todo.
-Deberías haberme despertado, he dormido demasiadas horas. - me dice con pesar mientras me siento en el filo de la cama a su lado.
-Tienes que descansar, Lexa. Te hubiera despertado, pero te has pasado la noche inquieta, así que he preferido que duermas un poco más. - le explico para que deje de fruncir el ceño.
-Ten cuidado, ¿vale? - me pide de repente con seriedad. - Es tu gente, pero no puedes fiarte de como van a recibirte, has pasado mucho tiempo aquí. - me advierte.
-Lo sé. - le digo asintiéndo con la cabeza.
-No fuerces la situación, encuentra la manera de no ponerte en riesgo y si ves que la cosa se pone difícil o violenta, no dudes en buscar la forma de salir de ahí. Si eso pasa me las arreglaré para entrar a Arkadia intentando que ningún inocente tenga que pagar por lo que han hecho algunos.
-Lexa, deja de preocuparte, todo va a estar bien, estaré bien. - le digo mirándola a los ojos y me doy cuenta de que a pesar de que asiente, ninguna de las dos creemos en mis palabras.
-En uno de los cajones está tu cuchillo, cógelo, lo necesitarás.
-No me servirá de nada, me lo quitarán en cuanto entre. - le digo con el ceño algo fruncido. ¿Como tenía Lexa mi cuchillo? ¿Que cuchillo tenía? - Oye, ¿de que cuchillo estás hablando? - ella sonríe de forma casi imperceptible ante mi pregunta.
-Supongo que es el que utilizaste durante tus meses en el bosque, me lo entregó Roan cuando te trajo a Polis. El cuchillo que te facilitó Roan para matarme se lo devolví a él de forma educada... - me dice esperando mi respuesta con algo de diversión.
-Oh...yo...bueno, no te he pedido perdón hasta ahora por lo que pasó, ya sabes, ponerte el cuchillo en el cuello y... - digo un poco incómoda, pasando mi mano por el cuello.
-No tienes que pedirme perdón por eso, me lo merecía un poco, ¿no crees? - me dice alzando las cejas, quitándome ese pequeño peso de mis hombros y yo sonrío, adorándola un poco más de lo que ya lo hago.
-Un poco... - le digo con media sonrisa, dejando atrás Mount Weather. - Entonces... ¿me guardarás el cuchillo?
-Por supuesto.
-Si consigo volver... quiero que me enseñes a luchar con espada... - le pido. Era algo en lo que había estado pensando desde hacía unas semanas. Lexa sonríe ante la petición.
-Mis clases son duras, puedes hacerte daño mientras aprendes a manejar la espada, no creas que porque esté lesionada en esta cama un tiempo vas a tenerlo más fácil. - dice divertida al ver que río suavemente.
-Creo que podré resistirlo.
-Está bien, eres una chica valiente. - dice haciéndome reír nuevamente.
-También te he dejado en la mesa mis dibujos... No puedo llevarlos conmigo, así que hasta que vuelva...
-Me encantan tus dibujos, yo los guardaré... - me dice acariciando mi mejilla con su pulgar.
Durante unos segundos nos miramos a los ojos hasta que mi cuerpo reacciona envolviendo su cuerpo en un abrazo al que ella responde tras unos segundos. Hundo mi cara en su cuello, respirando su aroma, su olor, ese al que me he vuelto adicta en escasos días.
El momento se acaba cuando escuchamos a Titus detrás de la puerta, esperando nuestro permiso para entrar en la habitación. Sin ganas nos separamos.
-Adelante. - le permite la entrada Lexa sin apartar su mirada de la mía hasta que el hombre entra.
-Buenos días. - saluda con una inclinación de cabeza hacia su comandante. - Está todo listo para tu partida, Clarke, tenemos tu caballo preparado. - me informa el guardián de la llama.
-¿Y Murphy? - le pregunto, haciéndole saber que no me he rendido con el tema.
-Ya te dije que no va a ir contigo, el chico se queda. Necesitamos la información que tiene de Jaha.
-¿De que os sirve tenerlo aquí si dice que no sabe nada más de lo que sea que os haya contado?
-Está mintiendo.
-Eso lo dices tú. - le respondo cruzándome de brazos. - ¿Para que necesitas que se quede, Lexa? - le pregunto pidiéndo explicaciones.
-Es complicado de explicar y no tenemos demasiado tiempo hasta que te vayas, pero Titus tiene razón, Clarke, necesitamos a Murphy aquí. - me hace saber, dejándome claro que no voy a contar con su ayuda para sacar a Murphy de allí.
-Vamos a ver... - digo tras unos segundos. - Si queréis información de Jaha y él dice que no tiene más, a lo mejor es más útil su presencia en Arkadia que aquí. Vais a conseguir más cosas de esa manera que teniéndolo encerrado mientras le pegas una paliza. - digo dirigiéndome a Titus, que vuelve su mirada a su líder a la espera de sus órdenes.
-¿Confías en Murphy? - me pregunta tras unos segundos procesando lo que he propuesto.
-No. - digo rotundamente y Lexa me mira sin comprenderme. - No confío en él porque no ha hecho nada para ganarse mi confianza, más bien al contrario, pero no tenéis nada que perder y él tampoco. Murphy solo quiere sobrevivir y si le dáis una razón para hacerlo él colaborará con vosotros, estoy segura.
-Está bien, se irá contigo. - dice tras un suspiro. - Ve a por él y quiero que le expliques como extraes el espíritu de los Comandantes detalladamente. - le ordena a Titus.
-Pero, Heda...
-Quiero que pruebe a quitar esa cosa que él llama Chip o IA de la misma forma que tú lo haces. Sabes que puede ser la solución. Es muy parecido a nuestro espíritu, así que si da resultado, encontraremos más respuestas que nos ayuden a entender que está pasando con Jaha.
Yo no entendía nada. Me estaba manteniéndo ahi, quieta y en silencio sin comprender ni una sola palabra de lo que estaba hablando Lexa. ¿Que hacía Jaha jugando con espíritus?
Titus pareció entenderla a la perfección, porque aunque no parecía convencido con la propuesta de Lexa, asintió y se giró, dispuesto a irse a buscar a Murphy y explicarle su nueva misión.
-Titus. - llamó Lexa al hombre antes de que se fuera - Quiero dos guardias acompañándolos hasta las puertas de Arkadia, no voy a arriesgarme a que uno de nuestros guerreros piensen que están desobedeciéndo la orden de bloqueo y los atrapen.
-Está bien, Heda. - volvió a acceder el hombre con un suave movimiento de cabeza para salir de la habitación, dejándonos una última vez solas.
-No me he enterado de nada de lo que se ha hablado aquí. - le digo volviendo a acercarme a la cama tras mi enfrentamiento con Titus.
-No hace falta que sepas nada, centrate en entregarme a Pike y los suyos cuanto antes. - me pidió sujetando mis manos.
-Lo haré, pagarán por lo que hicieron con tu ejercito. - le aseguré, y es que si de algo estaba segura era de que aunque me costara la vida, Pike pagaría por romper la paz con los terrestres. Lexa asintió, conforme con mi respuesta y bajó la mirada.
Al verla, me di cuenta de los pocos minutos que teníamos y un nudo lleno de desesperación se adueñó de mi cuerpo.
-Clarke... - dejó salir mi nombre casi en un susurro mientras mordía su labio inferior y elevaba su mirada para mirarme.
-Dime.
-Yo... solo... - empezó a titubear, tragando con pesadez el nudo que intuía que tenía en la garganta. - Yo... quiero que...
-Lexa... - le dije de la forma más dulce que pude, cortando su balbuceo lleno de nerviosismo.
-Es que... quiero que sepas que yo...
Y volvió a dejar la frase sin acabar, en el aire. Y podía ver su pelea interior para dejar salir las palabras que quería decir o callárselas.
Conocía a Lexa y sabía lo mucho que le costaba abrirse, mostrar algo más de ella que no fuera su parte fría y también sabía que conmigo se esforzaba por hacerlo diferente, por mostrarme a la persona que no conocía nadie.
Y supe en ese momento exacto que palabras quería decir y no se atrevía. Las mismas que dejó pendientes en nuestra primera despedida.
-Lo sé... No hace falta que lo digas porque lo sé. - le hice saber, dejando que el silencio nos envolviera mientras me perdía en su mirada verde que me miraba llena de sentimientos encontrados.
Y aunque no le dije nada, los ojos hablan por si solos, los nuestros llevan comunicándose mucho tiempo y sé que Lexa pudo ver en los míos mi locura por ella. Nuestros ojos nos delataban.
Al igual que nuestros labios, que fueron incapaces de mantenerse separados más tiempo y se buscaron con urgencia, sabiendo que pronto tardarían un tiempo en volver a encontrarse.
Decir un Te Quiero es poner mucho peso en los hombros de la otra ahora que nos tenemos que separar para seguir a nuestros pueblos, pero no hacía falta palabras para saber como nos sentíamos.
-Cada vez me gustan menos las despedidas. - dice todavía sobre mis labios y yo junto mi frente con la suya.
-Es el momento de luchar para que sea la última despedida. - le digo acariciando su mejilla. - Cuando todo acabe, cuando vuelva, sé que me espera la mejor etapa de mi vida.
Lexa me mira con un brillo en los ojos que no le he visto nunca, llenando mi pecho de pura emoción cuando de la forma más sencilla y simple posible abre su corazón, ese que ambas tenemos protegido con una muralla inmensa que solo es capaz de derribar la otra.
-Pase lo que pase, Clarke, quiero que tengas presente que la forma en que me haces sentir es la mejor parte de mi vida.
Quiero responderle, quiero decirle tantas cosas que se quedan atrapadas en mi garganta al ver que Titus vuelve a la habitación junto a Murphy sin pedir permiso para entrar esta vez.
Me separo lentamente de Lexa. Tampoco hace falta que disimulemos ahora mismo, nuestra cara llena de absoluta pena por tener que decir adiós nos delatan.
-Ahora sí es el momento, todo está preparado y amanecerá en cuestión de minutos. - dice Titus, a lo que yo asiento sin mirarle, dejando mis ojos en Lexa.
-Cuídate, por favor, piensa un poco en tí y en recuperarte del disparo ahora que no tienes que estar pendiente de esa invitada tan pesada que llegó del cielo. - intento bromear con ella, tratando de que mi voz no se rompa o lloraré.
-Ahora es cuando más pendiente pienso estar de tí. - me dice seria, sin importarle la presencia de Titus o Murphy. - Eres la persona más inteligente que conozco, confío en que estarás bien. Encuentra a Indra y Octavia antes de que paseis el bloqueo, ellas sabrán mejor como están las cosas por allí.
Asiento a su recomendación con media sonrisa, viendo a la comandante resurgir sobre Lexa y tras unos segundos donde nadie dice nada, sé que es el momento.
-Mebi oso na hit choda op nodotaim - le digo prácticamente en un susurro que solo ella escucha en su propia lengua. Siempre ha sido ella la que se ha despedido de mí con ese "que nos volvamos a encontrar", esta vez me parece justo dedicarle esa frase.
Ella sonríe de medio lado tratando de controlar el temblor de su barbilla, pero le sobrepasa cuando veo como una lágrima se le escapa y entonces atrapo su labio inferior entre los míos en un último beso mientras sujeto su cara entre mis manos y limpio esa lágrima rebelde con mi pulgar, asegurándome de que sea la única testigo de ella.
Me da igual lo incómodos que puedan estar sintiéndose los dos hombres que esperan por mí o lo que puedan pensar, porque solo puedo pensar en Lexa y en el sabor de sus labios. Su lengua participa brevemente en ese último contacto antes de separarme de ella, dejar un beso en su frente y levantarme de aquella cama soltando el poco aire que tengo en los pulmones.
Llega la hora de la verdad. Mis sentimientos tienen que quedar a un lado, se deben quedar en esa habitación que estoy abandonando hasta que vuelva.
Estoy a punto de salir de la habitación de Lexa sin mirar atrás cuando ella me llama.
-Clarke. - dice esperando a que me gire. Cuando lo hago continúa. - Recuerda quien eres. Eres Wanheda, la comandante de la muerte. - dice con orgullo.
Yo sonrío de forma amplia, sabiendo que es su manera de hacerme saber que por muy difícil que venga la situación, puedo salir de todo porque ya lo he hecho anteriormente.
Puedo con todo, me digo antes de salir de la habitación. Puedo con todo porque soy Wanheda y Lexa me espera para que le enseñe a bailar.
