8-Blancas

— ¿Qué es eso? —

Una mirada distraída había sido la respuesta, dirigía su vigilancia a las escaleras. Tras una inesperada perorata que casi hecha abajo los planes de ambos guerreros. El medico había logrado que el prisionero tomara bocado delante de sus narices. Se sentía indignado el galeno, estaba en sus manos su vida y no iba a dejar que se le escurriese a los dedos por "berrinche".

Así que ya no era un secreto que ingería comida. Claro, aun guardaba el secreto de que no siempre comía de esta, y prefería aquella que su compañero (El nuevo titulo que se había ganado) traía exclusivamente para el.

En el fondo del paquete que traía de contrabando, se hallaba la rustica caja de madera, que había llamado muchas veces su precaria curiosidad.

—Un juego de ajedrez…Je esperaba que lo notaras—

— ¿De veras? … ¿sabes jugar? — Por un momento su comida dejo de ser importante y como pudo se acerco hasta los barrotes que les impedían de momento, planear su próximo escape.

— ¿Bromeas? Soy experto, puedo barrer tu aristócrata trasero con una partida—

—Mucho ruido y pocas nueces… — Gruño a su modo, pero no era una negativa; al contrario, se notaba que le había interesado.

Abandono la posición cómoda que llevaba en el piso durante su guardia, y este pudo vislumbrar no solo el brillo inusual en su mirada, si no aquella sonrisa que ya no sabía como descifrar. En un principio era simplemente arrogante, y muy fastidiosa. Claro que había deseado sacarle un diente la primera vez.

Ahora, aun permanecía aquella presunción, pero en desmedida. No obstante, leía más en esta ahora que comenzaba a confiar en aquel hombre. Como una esencia de predador que se ocultaba bajo una vigilancia inquebrantable de indefensa presa, ¿era un juego? ¿Una fachada para despistar? No lo sabia, pero se había vuelto interesante descubrir que podría leer de aquel rostro cada vez que presentaba una sonrisa como esa.

—Seré benevolente — Lo saco por un momento de sus conclusiones. Las fichas estaban en sus sitios y la tabla estaba tanto como era posible de la barra, ya que no podía meterla, seguramente para llevársela rápido si alguien venia. — Te cederé el primer movimiento —

Y fue que noto, que las piezas blancas estaban de su lado, y el se había adjudicado las negras casi con recelo.