15-Ahora
Y todo termino, así sin más, todo había acabado.
Ellos se fueron, ella se quedo.
No tenía ánimos para reprochar de nuevo el proceder de los dioses, no, ya no, menos cuando todo comenzaba a volver a lo que era antes. Antes.
¿Cómo eran las cosas antes?
No
¿Cómo eran las cosas antes, sin Surt?
Diferentes, con su hermano, pero ahora ni él estaba ahí. No estaban, y no estarían. Fler aun lo tomaba del brazo con fuerza, ahora que la calma había vuelto a sus pies, podía sentir como su delgada figura se dibujaba al costado de su cuerpo. Y pensó por un momento no en ella, como mujer, si no en ella, como un recuerdo. Aun cuando la tuviese al lado, y buscara alivio entre sus brazos.
Pensó en ella como en algo que nunca sucedió, pero no exactamente en ella, ella solo era la proyección de algo que nunca pasaría, nunca sucedería, y nunca sucedió. Con suma educación la despidió con cuidado. Beso su mano junto a la de Hilda, y a regañadientes le pregunto a Frodi si podía acompañarlo a cierto lugar.
Ahí, donde la cámara que Surt protegió con su vida había caído. Se lo había prometido, daría una pira funeraria digna de si, quemaría tanto como pudiese, y que la llama viviese tanto como había vivido el.
— ¿Estás bien? —
— ¿Qué? —
—…Dije, que si te encuentras bien Sigmund— Repitió la masculina voz de Frodi, ahora a su lado mientras caminaban por escombros.
— Supongo…—
—Llevas varios minutos apretando la mandíbula, ¿Tienes alguna herida? Puedo ayudarte con eso—
—Tks… no seas un fastidio Frodi, estoy bien, solo camina—
—Bien, como digas, ¿podemos pasar por la cámara de Heracles? Desearía también tomar su cuerpo y hacerle un funeral digno, era…mi mejor amigo. —
Lo miro un momento, no se detuvo un siglo, pero si lo contemplo. Heracles y Frodi eran mejores amigos, pero de algún modo, Frodi se veía un poco mas compuesto, incluso con aquel desaire que había recibido. Pero él y Frodi no se veían iguales. ¿Es porque él llevaba más cosas encima? ¿Es porque el dudaba si alguna vez él y Surt fueron amigos? Mejores amigos, ¿El podía, o pudo ser el mejor amigo de Surt? O al menos, que el sentimiento fuese reciproco. ¿Había sentimientos…?
Asintió con claridad, y tomaron otro camino por los escombros. Moviendo con las piernas, y con los brazos, quitando escombros y haciéndose paso hasta llegar a la cámara de Jotunheim, ahí las raíces del árbol marchitas y varios escombros lo tapaban todo. Decidieron quitar todo del camino para buscar el cuerpo del antiguo compañero. Se ensuciaron de pies a cabeza pero no se detuvieron hasta encontrarlo.
En medio de su búsqueda alguien se quejo, y los dejo por un momento en silencio. Temeroso, de que fuese solo una falsa ilusión creada por sí mismo, Frodi pregunto en voz clara.
— ¿Eres tu Heracles? —
—… Si… o lo que queda…de mi… ¿Te puedes apurar…?—
¿¡Estaba vivo!?
Se apresuraron a quitar todo de encima ahora con más cuidado de no tirar más cosas debajo, abriéndose más el paso hasta hallar el cuerpo del guerrero atrapado entre un pilar y las raíces secas, su rostro bañado en sangre y con varios rasguños, pero el condenado aun respiraba, cerraba y abría lentamente los ojos, noqueado no solo por los golpes, si no por la pérdida de sangre. Mierda, estaba vivo, maldito bastardo suertudo, había resistido todo.
— ¡Heracles! — Grito de alegría el otro hombre, rompiendo con sus manos la corteza a su alrededor, hasta poder ayudar al guerrero a levantarse, torpe, como tras una borrachera, y lograr intercambiar un fuerte abrazo y una sonrisa amplia—Por Odín, estás vivo… o bueno, ahí—
Sacando así una risa apagada y cansada de la garganta del enorme hombre.
— ¿Puedes esperar aquí? Vamos a la cámara de Surt por su cuerpo—
—Claro si, no te preocupes…llamare a alguien con mi cosmos—
— ¡No seas necio, solo aguarda aquí un poco Herc!—
—Cállate príncipe—Replico con una sonrisa de lado a lado, siendo ese su apodo— Hay suficientes personas como para ayudarme a ir, vayan, el maldito desgraciado se merece un funeral—
—Mas respecto Heracles, o te vuelvo a enterrar bajo los escombros—Se hallo defendiendo el nombre de Surt como si aun siguiese ahí entre ellos. Causando una expresión apesumbrada en los rostro de los presentes.
—Venga hombre, lo lamento, era un desgraciado pero fue un buen guerrero, no quería ofender la memoria de tu amigo—
Tu amigo
No recibió respuesta, se adelanto a ellos como en una especie de berrinche infantil. Era un hombre hecho y derecho, como alguna vez llego a decir su padre, ya tenía pelos en las axilas y en las bolas, estaba hecho para afrontar la vida. O eso le dijeron. No estaba hecho para afrontar, ni la muerte de su padre, ni la muerte de su hermano, y menos ahora, la muerte de su amigo. O bueno, eso se decía el con insistencia.
Una oleada de celos lo invadió, y escupió el suelo en un intento por no llorar de frustración. Heracles había sobrevivido, pero seguramente lo había hecho por el tamaño que tenía el maldito condenado, recordando con claridad a su amigo, era de contextura ligera, de brazos bien formados y piernas que le habían amenazado con más de una vez en dejarlo sin hijos, pues había sido pateado en las bolas tantas veces en sus entrenamientos que lo había casi acostumbrado. Pero, era ligero, y tantas horas habían pasado desde que se había derrumbado el árbol, los escombros, todos eran mortales debajo de las envestiduras. Así que se permitió llorar en silencio por la amargura de la realidad. Tal vez llorando lo que no lloro por Siegfried, y sumándose Surt. Tenía permitido hacerlo en la soledad del camino.
Cuando llego lo vio todo, eran muchos más escombros, había visto la cámara con sus propios ojos, pero al parecer habían escombros de los salones aledaños, y el enorme pilar encima, corrió hasta patearlo de pura rabia y con los puños en limpio se enfoco en quitar lo que pudiese.
A los minutos llego corriendo y sofocado Frodi, secándose el sudor con la ropa del pecho y parándose cerca de Sigmund, con un gesto que odio por completo.
—Lo lamento, de verdad, no era su intención—
—Ya, mucha cháchara Frodi, ayúdame a quitar toda esta mierda de encima—
—Sí, sí, claro—
Rocas, cemento, baldosa que ni siquiera era de ese cámara, se corto la mano al tratar de sacar una sin romperla; rompiéndola al final. Frodi lo llevaba con un poco mas de paciencia. El estaba un poco más desesperado, el único consuelo que sentiría en ese momento se lo daría al poder tener el cuerpo del otro, y quemarlo con dignidad. Saco pieza a pieza lo que pudo, y se echo a los hombros la mitad de un pilar para lanzarla lejos en otro espacio. Al fin, cuando vislumbraron las raíces del árbol, guardaron silencio.
Era una maraña de raíces, peor que la que tenia a Heracles atrapado, ahí no se veía nada, habían tres bultos, y un montonón de estas haciendo casi madrigueras entre los espacios que dejaban libre. Hizo a un lado todo lo que tuvo enfrente y se metió entre las mismas, rompiéndolas a fuerza con ambos brazos y aproximándose al primer bulto, rasgándolo y jadeando, dejando que las astillas saltaran y hallando nada, debió de ser de alguno de los santos. El segundo bulto estaba enmarañado con el otro de una manera casi alucinante, las raíces estaban desconectadas, así que todo lo que había quedado era un simple remanente que se negaba a morir del todo. Astillo de nuevo las mismas y hallo de nuevo nada. Entonces el ultimo tenía que ser Surt, si o si. Trastabillo entre las ramas, golpeándose, Frodi se le pego de la espalda y lo ayudo a limpiar el camino, rompiendo algunas más hasta dejar la especie de pupa de raíces que se formaba cada vez que el árbol absorbía a alguien. Sin nada mas al alrededor, se arrodillo enfrente, como si fuese a orarle al cuerpo delante. O a la nada, si pensaba en la posibilidad de hallar también este vacío.
Frodi a sus espaldas trago en seco, y lo odio de nuevo, él ni pudo expresar algo, tomo las ramas esta vez con mucho cuidado, sin abrirlas al romperlas, si no despegándolas una a una. Sintiéndose cada vez mas ansioso, hasta detallar al fin, tela. Tela de ese rosado y particular color. Uno que no sabía porque, pero a Surt le encantaba usar, femenino, como aquella dulce blonda que se colgaba del cabello. No era como si le restase masculinidad, pero tenía bolas para usarlo, siendo Asgard como era.
El cuerpo de Surt al fin fue descubierto, de ojos cerrados como si durmiese la siesta en la mañana luego de una ronda nocturna, como muchas veces lo vio, y como muchas veces lo despertó cuando fuera a buscarle, no se levantaba usualmente muy temprano, era mas de estar completamente activo al medio día, presumía por que se quedaba leyendo o haciendo algo mas durante la noche.
—Esta respirando —
—Está muerto Frodi, no juegues conmigo—
— Hazte ver el ojo, esta respirando — Se encimo casi a su lado, y Sigmund se lo quito de encima con recelo. No, nadie más iba a tocar el cuerpo de Surt, solo él y nadie más que el. Lo tomo entre sus brazos, ligero como había pensado muchas veces, y lo pego a su pecho, sintiendo por primera vez, un calor singular, un calor que Surt nunca había irradiado. Miro atónito como su pecho se movía lento, y como apenas a su cuello llegaba la débil respiración de su amigo…Surt.
Se levanto con él en brazos, apretándolo con cuidado contra él y sin poder contener sus lágrimas. El maldito suertudo estaba vivo, colgando de un hilo, pero vivo. Odín, gracias.
Dejo a Frodi atrás de un brinco y se lo llevo en una carrera al centro donde alguien podría ayudarlo, calentándolo con su cosmos y rogando que no se le ocurriese al maldito desgraciado morirse en sus brazos.
…
…
…
…
—… ¿Dónde estoy…?—
—Estas en la enfermería, bueno, en la sala provisional—
Se removió con cuidado, pero atrajo consigo un dolor punzante en su pecho y en la parte baja de su espalda, un pequeño dolor de cabeza amenazaba en saltar y joderle la siesta que llevaba en esos momentos, sus parpados juguetearon a abrirse y cerrarse torpemente y lo hallo ahí, a su lado; a Sigmund, sentado vigilándolo diligente.
—Entonces…estoy vivo—
— Condenadamente vivo—
—Je… —
Se hecho contra la almohada y logro escuchar la ruidosa pero débil risa de Heracles del otro lado del salón, habían cortinas separando las camas, dando privacidad a todos en esos momentos. Guardias, guerreros, damiselas, los que habían sobrevivido a todo el caos que se había formado.
— Ni se te ocurra hacerte el muerto de nuevo —
—Ja…Sigmund, no me hagas reír…en serio…ja ja…— Se agarro el pecho y cerró los ojos, sonriendo. Todo su rostro demostrando un nuevo tipo de sonrisa, formándosele unas arruguitas al borde de los ojos y creando una curva encantadora. Era Surt, pero al parecer, el Surt que se había olvidado a si mismo hacía mucho tiempo atrás. Volvió a cerrar los ojos, sonriendo, y guardo silencio un rato largo.
El rubio se levanto cuando una enfermera lo busco, hablaron algo en voz baja para no molestarle y volvió a su asiento. Hallándose de nuevo bajo el cálido abrazo del silencio.
A la hora Surt de nuevo volvió a abrir los ojos, acomodando mejor su almohada, pero siendo ayudado por su compañero, dejándola en su espalda y apoyándose de la pared.
—Sig…—
— ¿Si? —
—Algo cambio, ahí adentro…estando con Camus—
—. . . ¿De veras? —
—Así es, algo… o más bien, algo volvió —Cerro los ojos un momento y meneo la cabeza— Si, es correcto que lo diga de ese modo, algo volvió, porque… no creas que voy a dejar de ser quien soy, solo, me recordé a mí mismo…quiero vivir pensando en el futuro…—
—… — Le miro con sorpresa, parpadeando suave y peinándose un poco, golpeado por un momento por los nervios, pero no totalmente suyos, eran como compartidos con el pelirrojo.
—Amigo, te voy a contar una historia, mía, de hace años, de cuando vivía junto a mi hermana, la dueña…de esta pequeña blonda que vez aquí —Se la toco con cuidado, y se la saco un momento para verla— Cuando ella era la razón para pensar en un futuro…—
— ¿Y ahora…?—
—Bueno, ahora pienso en mí también, en mi futuro, en ti, mi amigo, y en lo que nos espera de aquí en adelante, pero escucha al enfermo —Le sonrió de lado— Porque si no te lo cuento ahora, tendrás que emborracharme para que te lo cuente—
—Puedo escucharte ahora, y luego emborracharte—
— Sin Frodi, por favor—
—Por favor— Repitió el primogénito de los du Alpha riendo suave, y haciendo que Surt se riera junto a él. Hoy, habían vuelto sus sentimientos, hoy era al fin un nuevo hombre.
