La flor de la esperanza.

HI, espero se encuentren bien, me alegra que pese a que esta historia sea algo dramática les agrade, a partir de este capítulo las cosas empiezan a tener matices, no todo es tan trágico, otra cosa creo que serán menos capítulos, no 11 como dije en un principio, otra cosa puede que parezca algo lento ya que esta parte es de "transición" por así decirlo, aviso que hay varios saltos temporales a lo largo de la historia.

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Ya habían pasado dos años desde que abandonó su vida anterior, en todo ese tiempo mantuvo algo de comunicación con Kuroko, cada tres meses llamaba para saber de todos.

Por él se enteró que Tatsuya había a partido a América hace unos meses, se sintió tranquilo, por fin Himuro comenzaba a levantarse y rehacer su vida.

Ahí fue cuando decidió que volvería a Tokio, deseaba retornar a ese lugar, su hija estaba ahí, necesitaba visitar su tumba, llevarle alguna ofrenda y pedirle disculpa por haberla dejado por tanto tiempo.

Emocionalmente ya estaba mucho más estable, pero no deseaba por ahora retomar contacto con nadie, prefería la soledad, al menos ya no tenía esos ataque suicidas, comprendía que era una herida que cargaría para siempre, una que jamás terminaría de cicatrizar.

Habló con las personas encargadas del Onsen, habían sido buena gente con él y les estaba muy agradecido, ellos con pesar se despidieron, Shun era transparente y muy buen trabajador por lo que su partida significo una gran pérdida, su jefa le deseo suerte, el chico nunca habló de sí mismo y desconocían la mayoría parte de su vida, sin embargo siempre fue cordial aunque se notaba que cargaba sobre sus hombros un gran dolor.

Al pisar Tokio se sintió de una forma especial, esa calidez que hace tiempo no percibía, pudo ahorrar algo de dinero gracias a su arduo trabajo, no obstante no tenía un lugar donde llegar, nuevamente le tocaba comenzar de cero, antes de cualquier cosa deseaba ir a ese lugar especial que se encontraba en las afueras de la ciudad, ese sitio que solo había visitado una sola vez, pero que cada noche cuando cerraba los ojos veía, donde podía sentirse más cerca de quien jamás había conocido, pero que ahora era su vínculo más fuerte y grande que tenía.

Apenas recordaba el camino, tuvo que preguntar varias veces, ahora parecía todo un sueño, recorrió las estrechas avenidas de ese tranquilo barrio, ahí al final de la calle en una colina subiendo unas escaleras que no lograba hallar en sus memorias se encontró con el sitio donde las cenizas de su hija reposaban.

Vio las lápidas juntas una al lado de la otra, su mente nublada pudo reconocer la de su pequeña, se notaba que desde hace tiempo nadie venía a visitarla.

— Ya he vuelto, veo que te has sentido sola, perdona por abandonarte tanto tiempo.— Se arrodilló retirando algunas hojas secas de tumba, era extraño, pensó que lloraría, sentía ganas pero no salían las lágrimas… como si en todo ese lapso se hubieran secado. Estuvo un rato ahí sentado, simplemente contemplando el lugar, escuchando los sonidos de su entorno. —Debí conseguir algunas flores, lo sé soy un idiota que llega con las manos vacías. —Sonrío con dulzura.

Salió en busca de una tienda, quería encontrar una pequeña ofrenda, algo que dejarle, caminó mirando en varios negocios, eran lugares muy transitados pese a estar algo alejados de la ciudad, en la esquina divisó una florería, cuándo entró reparó en lo pequeño, pero cálido que era el local, un anuncio llamó su atención "Se busca ayudante, consultar aquí"

— ¿Te puedo ayudar en algo? — La voz de una mujer mayor lo sacó de su distracción.

—Si, quiero comprar un ramo de flores.

—Claro dime, ¿Para qué ocasión es? ¿Alguna novia?

—Eh no, es para llevarla al cementerio.

—Oh perdón, que tonta, lo siento mucho, te mostraré los arreglos que tengo.

—Perdone, ¿está buscando a alguien para trabajar en esta tienda?

—Sí, llevo algo de tiempo buscando a un ayudante, pero como el sueldo es bajo no hemos podido concretar nada.

—Yo necesito un trabajo, no pido mucho solo lo necesario para poder pagar un cuarto.

— ¿En serio? pues yo puedo rentarte un cuarto en mi casa y descontarlo de tu paga, el trabajo no es muy difícil, como ves soy una anciana y mi esposo también es mayor, vivimos solos junto a nuestra pequeña nieta, tu labor sería hacer el trabajo pesado de la florería como, cargar cajas, ayudar a regar las flores, traer el agua, limpiar el negocio, hacer repartos que no son muchos y en ocasiones atender clientela.

— Puedo hacerlo, además está cerca de un lugar que me interesa visitar seguido.

— Y dime ¿Cuándo puedes empezar?

— No tengo a donde ir, así que desde ahora mismo.

— ¿Cómo te llamas cariño?

— Soy Izuki Shun, mucho gusto y gracias por la oportunidad.

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Desde el momento que entró a esa tienda sintió que algo en su mundo se arreglaba, esa misma tarde le dieron un cuarto pequeño, pero mucho más cálido que el que tenía antes, la casa estaba atrás del local, la señora y su marido cultivaban sus flores en un extenso patio.

Acomodó las pocas posesiones que tenía, entre ellas la única foto que había conservado de Tatsuya y él, el animal de peluche que se salvó cuando eliminaron todas las cosas de su hija únicos vínculos que lo unían a su pasado, no fue capaz de deshacerse de ellos.

El trabajo no era pesado y estaba tan cerca de su pequeña flor, que podía ir a diario a ofrendarle algo de incienso, la vida no parecía ir tan mal después de todo.

En esa casa vivía una pequeña de 5 años, la señora ya bastante mayor al igual que su marido un anciano algo huraño que no hablaba mucho, pronto se acostumbró a los quehaceres diarios.

Las personas que habitaban esa casa a menudo le hacían soltar una que otra sonrisa, incluso el contacto con las flores le trasmitía tranquilidad, se llevaba muy bien con la niña de nombre Mei a pesar de su carácter cerrado, de alguna manera veía en ella reflejada a la hija que nunca conoció.

El señor Matsumoto era algo antipático y no le agradaba mucho que un joven vigoroso le quitara la labor que había desempeñado por tantos años, aun así mantenían una convivencia bastante amable, en cambio la señora era una persona muy cariñosa, siempre lo trataba bien, sin darse cuenta comenzó a encariñarse con esa familia y a formar lazos que creía perdidos.

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Ya habían pasado 5 meses, pese a estar en la misma ciudad era incapaz de presentarse ante sus amigos, tenía miedo de los prejuicios, de los reclamos, de la incomprensión, su madre como siempre le llamaba seguido ajena a todo lo que había sucedido en ese largo lapso de tiempo, de los demás no se enteraba mucho mas de lo que Kuroko le comunicaba por teléfono.

Concluyó que había llegado la hora de presentarse ante ellos, ya no quería que se preocuparan. Desaparecer así durante dos años y medio sin mediar palabras era demasiado, les debía una explicación, esa tarde acordó juntarse con Kuroko, él nuevamente sería el primer paso de acercamiento, odiaba siempre tener que colocarle tales responsabilidades, pero no había de otra.

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La reunión se llevó a cabo en un café únicamente entre Tetsuya y él, estaba nervioso, habían pasado tanto tiempo sin verse, esperó con impaciencia que llegara la hora, se había presentado mucho antes y estuvo a punto de cancelar el encuentro, no estaba preparado, pero el peliceleste llegó antes de que tomara la decisión de abandonar.

Le sorprendió ver a su amigo con una barriga bastante grande, le conmovió hasta lo más profundo, trató de darse todo el valor posible para no quebrarse, no le había comentado nada, se sintió muy egoísta por no preguntarle ni una sola vez por su estado sabiendo del dolor por el que había pasado tantas veces con las continuas perdidas.

—Kuroko, tanto tiempo. —Tenía un nudo horrible en la garganta, cada palabra que pronunciaba parecía costarle, Tetsuya parecía igual de conmovido, quería abrazarlo, pero se contuvo.

—Izuki-kun ha sido tanto tiempo, me alegra mucho verte, que bueno que volviste, te hemos extrañado mucho.

—Lo lamento, les he causado mucha preocupación a todos, oh… tu bebé ¿Cuánto tienes de estado?

—Ya son 7 meses, ha salido bien por fin, estamos muy contentos, pero tú nos tenías con el alma en un hilo, pasaron tantas cosas Izuki-kun.

—Perdón Kuroko.

— ¿Cuándo volviste?

—Desde hace mucho, pero no he querido ver a nadie, aun estoy un poco mal con todo lo sucedido, intentando desesperadamente armar mi vida, por eso no quise decirles nada..

—A todos les dará gusto verte.

— ¿Como están?

—Muy bien, Hyuga al principio se molestó mucho, ya sabes cómo es, pero seguro que si te ve se le pasa, Taiga sigue en su trabajo de bombero, también quedó algo sentido, ya sabes por su hermano, Kiyoshi tuvo un bebé con Hanamiya en general a todos nos ha ido bien y Himuro-kun, él está… bien por lo que supimos.

—Me alegro, por favor no le digas a Tatsuya nada de mí.

—Sigue preguntando por tu paradero, parece que no se resigna.

—No puede ser, ya debería haberme olvidado.

—Si tú no lo has olvidado ¿Por qué piensas que él sí? independiente de las decisiones apresuradas que ha tomado te sigue queriendo.

—No quiero saber nada, me basta con que me digas que está bien y es feliz.

—Está bien, íntegro, pero no es feliz, le faltas tú, perdona que te diga todo esto, pero creo que me he puesto demasiado de tu parte, lo mínimo que puedo hacer es contarte como creo que se siente.

—Fui un egoísta, lo tengo claro. — Hizo una pausa, la voz se le quebraba. — Dile a los chicos que los llamaré, me pondré en contacto con todos, es hora de que retome algunas relaciones, y pida disculpa a todos.

—No debes pedirle disculpa a ellos, solo les basta con verte.

—Tetsu, hice cosas horribles con sus sentimientos de amistad, fui un bastardo.

—Si lo fuiste, pero no precisamente con ellos, no les debes explicaciones, lo siento estoy siendo algo duro contigo incluso sabiendo por todo lo que has pasado, pero estuve preocupado, desesperado, muchas veces pensé en delatarte, sólo me quedó confiar en que no harías nada estúpido, si así hubiera sido tendría un cargo de conciencia horrible, hay tantas cosas que te quiero decir, pero creo que no es el momento, te aprecio y me alegra que estés bien.

—Gracias por todo y perdóname, te hice participe de algo que no era de tu incumbencia, has sido tan leal conmigo incluso teniendo que aguantar ver a Kagami quebrarse por su hermano, muchas gracias, lo lamento Kuroko, me pondré en contacto otra vez, lo prometo, pero de a poco, porque no es nada fácil.

—Lo entiendo, tomate tu tiempo Izuki-kun, te esperaremos, al menos yo te apoyaré, aunque tenga muchos reparos por tus decisiones jamás te cerraré las puertas de mi hogar, cada vez que me necesites puedes buscarme.

—Muchas gracias, lo sé, por favor no digas a Tatsuya nada de mí, si vuelve a preguntar solo dile que estoy bien.

—Lo comprendo.

—Cuando nazca tu bebé avísame, quisiera conocerlo.

—Claro, cuídate mucho por favor, estoy feliz de poder verte otra vez.

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Shun fue poco a poco retomando el contacto con Sus amigos, cuando se apareció frente a Hyuga y Riko estos no lo podían creer, obviamente Jumpei lo regañó pero al final selló ese encuentro con un abrazo y un "cuenta conmigo" por parte de ambos esposos.

Con Kiyoshi no fue diferente, este estaba algo mas cambiado, pero mantenía la bonita sonrisa de siempre, ver a Teppei convertido en padre le alegró el alma, estaba contento de que su amigo haya desafiado a su entorno y decidiera ser feliz con Hanamiya formando una linda familia, la actitud de Makoto había cambiado, se mostraba algo mas amistoso.

Saber que todos sus amigos habían podido encontrar la felicidad le tranquilizó mucho, nadie merecía pasar por lo que pasó Tatsuya y él, rogaba cada noche para que conservaran su vida tal cual como estaba.

Kuroko finalmente dio a luz un hermoso y sano varón al que dieron por nombre "Junishi" el gran deseo de ser padres se había concretado junto a Taiga, tuvo miedo de ir al hospital, tal vez Tatsuya podría estar ahí, por lo que se limitó a enviar un bonito arreglo de "Gardenias" según le había explicado su jefa regalar aquellas significaba "desear felicidad", no había mejor flor para expresar aquel anhelo.

Ya tendría la oportunidad de conocer a esa hermosa criatura.

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Las estaciones del año siguieron su curso, la primavera llena de brotes, el verano donde había que tener más cuidado de que se marchitaran y mantenerlas frescas, el otoño que era una buena época para los "Girasoles", las "Dalias" y los "Crisantemos" y finalmente el invierno que cada vez que llegaba le deprimía un poco, además odiaba el frío y no era una buena época para el cultivo.

Cada día era algo menos pesado vivir, haber encontrado a aquella familia fue como una nueva oportunidad.

Continuaba como ayudante realizando los trabajos pesados, pero fue un día en que la carga laboral para la señora de la casa era grande cuando se le dio la oportunidad de aprender el oficio de florista.

Los pedidos llegaron al por mayor ya que una empresa les había solicitado servicio, eso y además que la pequeña tienda ganó algo más de popularidad al ser la única florería cercana en ese rincón olvidado de ciudad, la señora estaba estresada y él se ofreció para ayudar a confeccionar algunos arreglos , esa noche con calma la mujer le enseñó lo básico, pero no se imaginó nunca que el muchacho tenía tal talento, podía darle vida en un instante a las cosas más hermosa, como si conociera desde antes como escoger la combinación de colores y todo lo que implicaba hacer una ramo.

Desde entonces continuo enseñándole, comenzó por hablarle del lenguaje de las flores o la "florigrafía", cuando le comentó que antes se usaba para expresar sentimientos que de otro modo nunca se podrían verbalizar se sintió identificado, poco podía hablar de lo que llevaba en el corazón, había encontrado algo que le cambiaria la vida.

"Rojo y blanco a veces significa duelo, por eso se mezclan estos dos colores en los ramos fúnebres, también puede significar un deseo carnal". — explicaba la mujer, Shun solo la escuchaba con atención, era realmente fascinante, de todas las flores su favorita era el "Ciclamen" o como supo después la llamada "flor del amor materno"

Cambio su existencia, pudo salir un poco de la terrible depresión con la que había cargado todo ese tiempo, aunque la culpa no parecía querer abandonarlo, pero entre fragancias y colores podía perderse olvidarse de la realidad cruel de su pasado.

Había ganado una linda relación con la nieta de la pareja de ancianos, era una nena adorable, y lo quería bastante pese a su silenciosa presencia, Izuki Shun no era la persona que fue tiempo atrás, muy lejos había quedado esa personalidad alegre y ocurrente, pero aun así la niña parecía apreciarlo, habían días en que la iba a recoger a la escuela y luego se daban un tiempo para ir por un helado, pequeños detalles que por momentos le devolvían la sonrisa, así era el ciclo del ser humano.

Aprendió a vivir con su dolor que tal vez para los demás era algo que debía superar, siempre le repetían que volviera a su vida de antes ofreciéndole trabajo y un departamento en el centro de Tokio, seguramente pensaban que era estúpido por seguir enterrándose en su soledad y no buscar una pareja que le devolviera la felicidad, le costaba reconocerlo, pero ya no sabía cómo mentirse a sí mismo, pese al tiempo y las circunstancias todavía amaba a Himuro.

Se había prometido que lo olvidaría, que le desearía lo mejor y esperaba con todo su corazón que a esas alturas Tatsuya hubiera sido capaz de encontrar a alguien y formado una familia.

A diario visitaba la tumba de su hija, ya podía armar lindos arreglos florales con los cuales adornaba el pequeño espacio, era un ritual extraño, aprovechando la cercanía con la florería se pasaba cada tarde, a ella si le abría su corazón, le pedía perdón por no haberla dejado conocer el mundo, cada noche antes de dormir rogaba que cuidara de su padre donde quisiera que estuviera.

"Hija Cuida de Tatsuya, que encuentre la felicidad y que por su bien se olvide de nosotros, no permitas que vuelva a sufrir" no deseaba nada mas, con lo que tenía ahora era suficiente y hasta mucho, un trabajo que amaba, una suerte de familia, amigos buenos que pese a todo lo querían y apoyaban, y el recuerdo de lo que pudo ser una hermosa vida.

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¡AL FIN HAY FLORES! Ven como no todo es tan malo, en el próximo se sabrá qué pasó con Tatsuya, perdón por los errores, siempre se me pasan.

Gracias por leer.