Holas, les dejo el capitulo, no tengo más que aclarar o decir.
Quiero oír tu voz
Su madre lloró y le suplicó que se quedara, que no volviera a Japón, abriría viejas heridas ¿Para qué revivir el pasado? ¿Qué sentido tenía si Tatsuya ya era un hombre nuevo con una hermosa hija y que había enterrado su pasado? Escuchó hasta el cansancio los mismos argumentos de parte de su círculo más cercano, Taiga era el único que estaba más o menos conforme y era solo porque le daba la oportunidad para volver a verlo y estar con su sobrina, pese a la gran oposición se mantuvo firme en su decisión.
El viaje fue algo agotador y solo podía pensar en cómo resolver todo aquello que tenía pendiente, quería bajarse pronto del avión, le había atacado la imperiosa necesidad de respirar otra vez ese aire cargado de una extraña libertad. La libertad de decidir por sí mismo lo que quería hacer sin tener que pensar en lo que dirían los demás.
Como era de suponerse el lugar en el que decidió pasar su estadía fue en casa de su Taiga, quien gustoso lo recibió.
Ver a su pequeño sobrino que ya tenía 2 años fue una gran alegría, en todo ese tiempo únicamente pudo estar con él en dos ocasiones, Taiga y Kuroko no conocían en persona a la pequeña hija de Tatsuya y podrían pasar un tiempo con ella ya que todavía debía conseguir un lugar donde vivir, definitivamente venía para quedarse, incluso pidió el traslado de su trabajo.
—Sé que acabo de llegar, pero ¿Podrían cuidarla? necesito hacer algo que no puede esperar. — Les pidió mientras entregaba a la niña quien gustosa y como si los conociera durante toda la vida les estiró los bracitos a sus tíos.
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Lo primero que quiso hacer fue visitar el cementerio ¿Cuánto había pasado desde la última vez? ¿4 años? Apenas logró recordar bien donde descansaban los restos de su hija.
El día estaba hermoso, el azul del cielo y las nubes de algodón coronaban el excelente ambiente, era un lugar lindo y cálido, muy distinto a como lo recordaba cuando se fue a despedir de ella antes de partir a USA, cerca de dos cerezos se encontró con el sitio donde descansaban las cenizas de su hija no nacida, grande fue su sorpresa al encontrarse con que lucía hermosamente adornada con flores e incienso además de otro tipo de ofrenda, a Tatsuya se le estrujó el corazón, no podía ser otro que Shun quien regularmente iba visitarla, las flores lucían frescas, era obvio que hace muy poco había estado allí.
—Vaya es raro ver a otra persona visitarla. — Comentó un señor que barría las hojas de la calle. —Un jovencito viene todos los días y se queda largo rato.
— ¿En serio? de casualidad usted sabe ¿De dónde es el chico?
—Trabaja en una florería cercana ¿Lo conoce?
—Sí, pero no nos hemos visto últimamente, muchas gracias por la información. — El corazón le dio un vuelco, Shun estaba tan cerca, decidió que lo mejor sería regresar a casa donde su pequeña lo esperaba, pero volvería y deseaba con toda su alma encontrárselo.
En el camino de vuelta no pudo dejar de pensar en cómo estaría ¿Cuanto habría cambiado? ¿Todavía lo recordaría? Le dolía el pecho pensar en lo último, sabía que no tenía moral de siquiera pensar en eso ya que él había intentado rehacer su vida con una mujer y no había salido nada bien, aunque de esa mala experiencia había surgido la razón de sus sonrisas y la luz de su vida.
Al llegar a casa de Tetsuya y Taiga y sostener a su hija en brazos, mirar su rostro y jugar con sus manitas le hizo tranquilizar su mente, su razón le decía que debía ponerle un punto final a eso para poder seguir viviendo, pero su corazón se estremecía de ganas de volver a verlo, de gritar su nombre y decirle que pese a los años y la circunstancias nunca lo había olvidado.
—Himuro-kun luces pensativo. —Comentó Tetsuya con algo de temor, sabía que Izuki no quería ser encontrado y temía que Himuro pudiera perturbar el poco de paz que el otro pelinegro había conseguido.
—No es nada, solo que estoy lleno de recuerdos.
—Supongo que es inevitable.
—Kuroko ¿Puedo preguntarte algo?
— ¿Dime?
— ¿Shun es feliz? — Esperaba alguna pregunta así, pero le descolocó el tonó melancólico, se cuestionó si mentirle o decirle lo que de verdad pensaba.
—Solo te diré que trata con todas sus fuerzas salir adelante y que ha conseguido algo de tranquilidad, no sé si sea tan bueno molestarlo.
—Lo sé, pero quisiera que tal como lo hice yo él haya podido volver a sonreír. —A Kuroko lo ultimo le rompió el corazón, claro que quería contarle todo, pero lo había prometido que cumpliría el pacto de silencio, era lo mejor para todos.
—Eres un buen hombre, quisiera ayudarte, pero…
—Se que te debe haber hecho prometer algo.
—Puedo decirte que él también desea tu felicidad. —Tatsuya sonrío eso era muy propio del Izuki que conocía.
— ¿Puedes cuidar de ella mañana? Antes de que terminen mis vacaciones hay muchas cosas que quiero dejar resueltas.
—Claro Himuro-kun, ve tranquilo.
Sería feliz con verlo una vez más, aunque fuese de lejos, deseaba hablar con él pero si no se podía se conformaría.
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Al día siguiente volvió algo más temprano, con mucha cautela se acercó al lugar antes visitado ahí fue cuando lo vio, con cuidado se escondió tras uno de los arboles cercanos y lo observó, 4 años y meses sin verlo, comenzó a sudar frío sin saber qué hacer, no podía despegar la vista del lugar, era Shun, su Shun, estaba bien, parecía irreal, tantas veces soñando con volver a verlo, se odio por haber reprimido todos esos sentimientos por tanto tiempo.
Ajeno a todos los sentimientos del chico del lunar Izuki hizo lo mismo de todo los días, prendió un incienso y depositó un pequeño arreglo floral, ese día se había levantado con bastante animo, las Azucenas habían florecido hermosamente, el cielo de nuevo estaba bonito, como siempre en ese especial lugar podía respirar la paz de estar cerca de su ser amado.
—Hace un lindo día ¿Verdad princesa? La primavera es hermosa. — Habló de manera gentil.
Tatsuya estaba cerca por lo que pudo escuchar claramente su voz, se le anegaron los ojos de lágrimas al escuchar ese tono tranquilo y lleno de calidez, quería correr y abrazarlo, pedirle perdón por haberlo abandonado, le dolía pensar que se había ido lejos dejándolo atrás con tanto dolor únicamente con la posible paz que le pudiera entregarle ese lugar donde los restos de su hija descansaban, era un egoísta, un idiota, el tenía a su hija, pero Shun se había quedado en soledad con la miseria de haber perdido todo, aun así era capaz de sonreír y hablarle a su pequeña sobre lo bello que es el mundo.
—Mañana vendré con Mei, está con algo de tarea pero ha insistido en acompañarme, tengo mucho trabajo en la florería, me voy, hasta mañana.
Himuro no supo qué hacer por un momento tuvo miedo de ser descubierto por lo que corrió mas al interior del panteón, cuando ya se hubo alejado lo suficiente soltó en llanto, como si todos los recuerdos dolorosos volvieran, como si el tiempo no hubiera transcurrido, le costaba respirar las lágrimas inundaban su rostro no había llorado así desde hace mucho tiempo, no tenía porque reprimirse ahora, nadie lo juzgaría, sintió que le tocaban el hombro y se sobresaltó, al voltearse no había nadie, pero eso le hizo entrar en razón, debía averiguar donde vivía o trabajaba Shun.
Corrió de vuelta a la calle con la esperanza de poder seguirlo, le hizo caso a su instinto, una fuerza desconocida parecía indicarle el camino, así de grande era el milagro de su recuentro, calle arriba lo divisó de lejos, enlenteció lo más posible su andar y observó de como entraba a un local de venta de flores ¡Bingo! Ya sabía dónde encontrarlo, pero no podía presentarse ante él, no tenía el valor, que idiota fue al pensar que le bastaría solo con verlo para cerrar ese capítulo de su vida, tenía que calmarse y pensar bien sus próximos pasos, debía averiguar si su pelinegro ángel había rehecho su vida, si era así lo dejaría en paz, se alejaría para nunca más molestar al menos tendría la satisfacción que alguien más lo amaba, si no haría hasta lo imposible por recuperarlo y jamás lo dejaría de nuevo a merced de su soledad, ya lo había decidido al volvería casa Taiga tendría que responderle muchas cosas.
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—Por favor, ayúdame.
—No creo que sea buena idea, deja las cosas como están.
—Soy tu hermano deberías tener algo de consideración, necesito saber ciertas cosas para cerrar este capítulo.
—Pensé que ya lo habías cerrado, formaste una familia, tienes una hija ¿Para qué quieres buscar a Izuki? es bastante cruel remover esas viejas heridas. —Tatsuya hizo una mueca de desagrado, otra vez con el maldito discurso que tenían todos, estaba arto de que el resto decidiera por él.
—Taiga ¿No lo entiendes? quiero saber si rehízo su vida, ya sé donde trabaja, puedo ir y arruinarlo si quiero.
—Entiende que le prometimos que no te hablaríamos de él.
—Gracias entonces, me presentaré ante él sin saber nada. —Hizo el ademan de salir por la puerta, pero el pelirrojo lo detuvo.
—Está bien Tatsuya, pero no le digas a Kuroko que te conté, Izuki trabaja en una florería, bueno eso ya lo sabes, vive con una anciana y una niña a las que aprecia como familia, nunca ha vuelto a estar con nadie y se ha alejado de todos, aunque ahora está más tranquilo, desconozco todo lo que ha vivido en mayor profundidad, por favor no lo molestes, no tengo idea de cómo te enteraste de su paradero, pero es un tema prohibido para nosotros.
—Pobre Shun, seguramente se sigue culpando por la muerte de nuestra hija.
—Tetsuya cree que es una forma de castigarse, se ha separado de nosotros, nos sigue considerando amigos, pero rara vez nos deja visitarnos.
—Bro… fui un desgraciado por dejarlo a su suerte.
—No Tatsuya, lo mejor era seguir avanzando, Izuki también lo hizo, a su modo y no de la mejor manera, pero fue su decisión y tú seguiste adelante, era lo más lógico.
—Por favor Taiga, mírame, lo único bueno que me ha pasado en estos años ha sido mi hija.
—Aun así, ya deberías dejarlo, no insistas él no quiere saber de ti, terminarás lastimándolo, olvídate de buscarlo, por favor.
—Basta, ya lo decidí, quiero hablar con él, necesito escuchar lo que tenga que decirme de sus labios, deseo oír su voz, no importa si me insulta, si me culpa, si me odia.
—Espero no te estés equivocando en tus decisiones hermano.
—Al menos si me equivoco, sabré que es porque yo así lo quise, estoy pensando egoístamente solo en mí.
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Volvió al cementerio, nuevamente visitó a su hija, Tatsuya no solía ser creyente, solo visitaba esa tumba por el recuerdo de lo que pudo ser una vida feliz, pero en ese momento le sorprendió la claridad con la que su mente le dio la respuesta, no supo si interpretarlo como ayuda divina o la intervención de algo sobre natural, pero algo le entregó el valor para hacer lo que debía, se encaminó calle arriba… cuando llegó a la bonita florería, dudo un poco, finalmente entró.
—Bienvenido ¿Que necesita? —Saludó una pequeña niña de unos 9 o 10 años.
—Hola, quisiera un ramillete de rosas. — Improvisó nervioso en su petición, no tenía idea de porque pidió rosas, no le llamaban mucho la atención, fue lo primero que se le vino a la mente recordó que a su madre le encantaban.
—En seguida, ¡Abuelita un cliente! — Gritó la pequeña.
—Ya voy, lo siento, escuché que quería rosas, tenemos unas muy frescas, las mas lindas del lugar ¿De qué color las quiere?
—Sí, quiero rosas blancas, es para alguien especial, por favor. — La impaciencia lo estaba matando, no habían señales de Shun, la mujer le entregó el hermoso ramillete, se decepcionó un poco al no encontrarse con el ojo de águila, seguro no estaba. —Discúlpeme, hay un chico trabajando con usted ¿Verdad?
— ¿Te refieres a Shun? ¿Quieres que te haga algún arreglo en especial?
—No, no, volveré después cuando él se encuentre. — En seguida pagó y salió corriendo, su corazón iba a estallar, no supo cuando se había vuelto tan inseguro, la posibilidad de volver a hablar con él lo hacían sentir como un maldito adolescente enamorado.
— Ese chico era raro ¿No crees Mei? — Se dirigió extrañada a su nieta una vez el chico cerró la puerta del local.
— Era muy guapo, me pareció haberlo visto antes, pero no recuerdo donde, seguro que es alguien que pretende a Shun, pobrecito, no sabe que no tiene posibilidades.
Al rato Izuki llegó a la tienda, traía las cosas del mercado para preparar la cena, escuchó que lo llamaban, pero al voltearse no vio a nadie.
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Himuro dejó las rosas en la tumba de su hija, "Rosas blanca significan pureza, también es la muestra de un amor fuerte" recordó que una vez su madre le había dicho, fue al azar la elección de esa flor, pero el vinculo con su Hija fallecida y con Shun era algo como eso, un amor puro, un amor fuerte que pese a los golpes se negaba a morir.
— Mañana volveré y espero encontrarlo, ayúdame ¿Si? — Se sintió algo tonto por hablar solo, sonrío con sinceridad, no estaba forzando esa mueca de alegría para que el mundo viera lo bien que estaba.
Rato después Izuki llegó a visitar a su hija como lo hacía diariamente, se sorprendió al ver un ramillete que reconoció como las rosas blancas que cortó esa mañana, se le apretó el corazón ¿Quien había ido a visitarla?
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Ya se encontraron, bueno casi.
