Gravity Falls no me pertenece, todos los derechos los tiene Alex H.

Temporada 2: Discordia.

Memorias Parte 3.

-Debe ser esta – Dije yo en referencia a la cueva marcada en el diario.

-… - Mabel no decía nada, simplemente agachaba su cabeza con un semblante oscuro dibujado en el rostro, sentí que debía decir algo, pero por alguna razón las palabras no lograban salir de mi garganta.

Entramos lentamente a la cueva, el ambiente se sentía húmedo y la oscuridad era absoluta, tuve que forzar mi vista para poder distinguir mínimamente las proporciones de la cueva. Después de unos minutos mis ojos se habían acostumbrado a la oscuridad, esto en vez de hacerme sentir mejor, solo logro que el sentimiento de asco y repulsión que había sentido hace solo unos momentos, volviera a atacarme más fuerte que nunca al ver la cantidad de cadáveres en descomposición que se encontraban desparramados por el suelo, era una escena repulsiva, que hacía que hasta los más fuertes sucumbieran ante aquel espanto. Mabel no pudo aguantar tal horror y vomito de lleno sobre una de las paredes de la cueva mientras caía sobre sus rodillas. De inmediato fui hacia ella y le ofrecí un pañuelo que traía en mi mochila para que se limpiara mientras acariciaba su espalda intentándola hacer sentir mejor, aunque en esta situación dudo que eso fuera posible.

-¿Qué clase de monstruo sería capaz de hacer esto? – Pregunte al aire con miedo, obteniendo como única respuesta un silencio sepulcral y los gemidos de asco de Mabel.

-Creo que será mejor irnos de aquí – Le dije a Mabel una vez se había recuperado, ella solo asintió levemente, la ayude a levantarse y pase su brazo sobre mi cuello para servirle como soporte. Estábamos a punto de salir cuando una pregunta cruzo mi mente, ¿Dónde está pato?

Comencé a buscarlo por todo el lugar con la mirada, al parecer se había separado de nosotros cuando habíamos entrado a la cueva, sabía que no era buena idea traerlo, no debí dejarme convencer por Mabel. Después de unos segundos de búsqueda logre encontrarlo en medio de la caverna, ¿Qué hacía hay?, me pregunte a mí mismo sin llegar a una conclusión clara.

-¡Pato! – Grite yo para atraer la atención del animal, este pareció escucharme puesto que de inmediato se voltio hacia donde estábamos y comenzó a acercarse a nosotros con paso veloz.

De la nada ocurrió un suceso que no podía creer, algo que estaba pasando hay, frente a mis ojos, pero que mi mente simplemente no daba cabida de ello. Mientras pato venia hacia nosotros un horrible animal de proporciones gigantesca se abalanzo en contra de él para acto seguido clavar sus mandíbulas en su barriga arrancándole así una gran proporción de piel y terminando con su vida en el acto. Mi mente se desmorono, mis neuronas estaban dando todo de sí para poder procesar lo que acababa de ocurrir hace unos segundos y lo que está ocurriendo ahora, el animal, que tenía forma de perro con 3 cabezas, se estaba comiendo los intestinos de pato. Mi cuerpo no responde, todos mis sentidos se han apagado, el miedo y el pavor comienzan a esparcirse por cada célula de mi piel haciéndome imposible pensar con claridad, me encontraba en un estado de shock, no podía hacer nada, la frustración, la ira y el miedo iban aumentando conforme miraba la desgarradora escena. De repente el inmundo animal levanta una de sus cabezas y la dirige hacia mí, nuestras miradas cruzaron, sus ojos eran rojos, en contraste con su pelaje que era totalmente negro, sentí que su mirada me penetraba el alma, que veía dentro de mí y buscaba en los lugares más recónditos de mi ser aquellos miedos que ni siquiera conozco, que mi alma estaba siendo absorbida por ese ser salido de las entrañas del mismo infierno. Me encontraba aterrado, sentí que este era el fin, peor al final fue la voz de Mabel la que me hizo despertar de nuevo.

-¡PATO! – Grito ella a todo pulmón con lágrimas en los ojos y voz entrecortada mientras emprendía una carrera hacia la horrible bestia.

-¡Mabel, espera! – Intente detenerla, pero ella se había escapado de mi agarre y corría desenfrenada a intentar socorrer a pato, la bestia había abandonado la tarea de comerse al pobre animal y había centrado su atención en Mabel, quien se dirigía a él con una mescla de furia y dolor. La bestia no se inmuto por la expresión de Mabel y le dio una gran zarpada la cual la envió en contra de las paredes de la cueva, haciendo que callera en el acto.

-¡MABEL! – En ese momento mi cuerpo reacciono, un ataque de testosterona había dado a mi cuerpo la energía suficiente para moverse y luchar contra ese monstruo, todo el miedo que tenia se había transformado en ira incontenida hacia el asqueroso animal, el cual, atraído por mi grito comenzó la carrera para atacarme. Evalué rápidamente la situación, necesitaba un arma, algo con que defenderme del maldita ser antropomórfico que venía hacia mí, recorrí la cueva con la mirada buscando algo que me pudiera ser útil, algo que pudiera cumplir la función de arma o medio defensivo, al final lo encontré, a mi lado, a unos 3 metros de distancia, crecía una estalagmita la cual cumplía perfectamente con mis requerimientos, puse todo mi empeño en partirla sin dañar su punta mientras el animal seguía en su carrera hacia mí, después de un gran esfuerzo logre partirla abalanzando todo mi peso sobre ella, pero en ese momento el animal se me abalanzo encima dispuesto a darme una muerte dolorosa y atroz. Para mi fortuna logre agarrar la estalagmita y dirigir su punta hacia arriba logrando así que la misma se clavara en el corazón de la bestia ayudada por el peso de la misma, sus mandíbulas habían quedado a centímetros de mi cara y hacia un último esfuerzo por propinarme una mordida que acabara con mi vida. Después de unos segundos el animal dejo de moverse y de respirar, su vida había acabado.

De inmediato aparte al can de encima y salí corriendo en dirección a Mabel tropezándome varias veces con los huesos desperdigados por toda la sala.

-¡Mabel, Mabel estas bien! – Exclame mientras me arrodillaba a su lado para comprobar cómo se encontraba, no se veía bien, había recibido un fuerte golpe en la cabeza y estaba comenzando a sangrar – ¡Vamos Mabel, responde por favor! – Dije mientras las lágrimas comenzaban a bajar por mi cara, sentía el corazón oprimido, el aire comenzaba a escaparse de mis pulmones, mi visión se tornó borrosa a causa del llanto… Nada, no había respuesta de su parte, en ese momento una oleada de desesperación invadió mi interior y un sentimiento de culpa comenzó a crecer dentro de mí – Vas a estar bien, no te preocupes,todo va a salir bienDije yo en un intento desesperado por mantener la compostura, aunque no sé bien si se lo decía a Mabel para intentar aliviarla o me lo decía a mí para poder mantener la poca calma y racionalidad que me quedaba…

Lo sé, lo sé, lo sé. Han estado esperando mucho por este capítulo (demasiado para ser honesto). Bien podría decirles todos los problemas que han acontecido en mi vida recientemente, pero eso es algo por lo que todos los escritores pasan y no es excusa para hacer lo que hice, lo único que me queda decirles es que de verdad lamento este retraso y que daré lo mejor de mí para que no vuelva a suceder.

Sin más que agregar, les deseo un buen día.

Firma: Andrés Rey.