Gravity falls no me pertenece, todos los derechos los tiene Alex H.

Temporada 2: Discordia.

Memorias Parte 4.

De inmediato y cuidadosamente la levante para posicionarla sobre mi espalda y así llevarla a cuestas a la cabaña del misterio, quería salir de ese horrible lugar cuanto antes, no podía permanecer ni un segundo más allí. A los pocos segundos ya me encontraba corriendo como un desquiciado por el espeso bosque, sentía como las piernas me flaqueaban y mi cuerpo me exigía un descanso, pero no podía parar, cada segundo que pasaba la vida de Mabel tenía más posibilidades de desaparecer, ¡no me iba a detener!, debía seguir por el bien de ella, no me importa lo que mi cuerpo pida, ¡ya no me importa nada!, lo único que importa ahora es ponerla a salvo, y no me voy a detener hasta conseguirlo, con ese pensamiento en mente seguí corriendo. No sé muy bien cuanto tiempo tomo para poder llegar a la cabaña del misterio, pero eso era lo que menos importaba, me abalance sobre la puerta de la cabaña del misterio y la comencé a tocar desesperado con una mano mientras que con la otra sujetaba por las piernas a Mabel para evitar que se callera, a los pocos segundos el tío Stan abrió la puerta.

-¡Pero se puede saber quién…

-¡Stan, ayuda por favor, Mabel está en problemas! – Exclame desesperado y con el poco aliento que me quedaba, una expresión de espanto se dibujó en la cara de Stan al ver a Mabel sangrando sobre mi espalda.

-¿Pero se puede saber que paso? – Pregunto él un poco trastornado, parecía que aún no había terminado de asimilar lo que estaba pasando.

-¡NO HAY TIEMPO PARA ESO! – Grite al borde del colapso, no podía aguantar mucho más.

-Sí, claro… súbela al auto, la llevaremos a un hospital – Dijo él mientras buscaba desesperadamente las llaves en el interior de la cabaña y quitaba el seguro del auto para poder entrar.

Abrí la puerta trasera del coche y posicione a Mabel suavemente en el asiento mientras para luego sentarme a su lado mientras el tío Stan entraba frenético al coche y daba todo de sí para hacer arrancar el motor.

-Vamos preciosa, no me falles ahora – Dijo el para segundos después lograr encender el auto y pisar el acelerador a fondo mientras se dirigía en dirección al hospital más cercano.

-Todo va salir bien Mabel, no te preocupes – Decía yo con la voz entrecortada mientras apretaba fuertemente una de sus manos, temía lo peor, temía que por mi culpa Mabel no pudiera salir de esta, ella siempre me ha apoyado desde que llegamos a Gravity Falls, no quiero que por mi culpa ella no pueda realizar todas las cosas que se proponía para el futuro, no quiero perderla. Al momento de pensar en eso un gran vacío inundo todo mi ser asiéndome sentir un temor y remordimiento insufribles, las punzadas en mi pecho se estaban comenzando a tornar insoportables y a cada segundo se me hacía más difícil poder respirar, sentía que en cualquier momento iba a derrumbarme, quería esconderme, quería huir de todo eso, no quería seguir sufriendo, pero no podía hacer eso, debía ser fuerte, debía mantenerme firme por mi bien y por el de Mabel.

Al momento de llegar a la entrada del hospital el tío Stan y yo bajamos cuidadosamente a Mabel del coche y nos dirigimos hacia el interior del recinto, cruzamos corriendo los pasillos como si nuestra vida dependiera de ello, solo que en este caso no era nuestra vida la que estaba en juego, era la de Mabel. Llegamos al final de un largo corredor donde se podía ver el letrero de emergencias encima de una puerta corrediza, de inmediato unos doctores se acercaron a nosotros para ver qué pasaba.

-¿Qué sucede? – Pregunto uno de los doctores que se habían acercado, al momento de ver a Mabel su expresión cambio a una más sombría.

-La niña ha recibido un fuerte golpe en la cabeza – Dijo el tío Stan al momento en que depositaba a Mabel en una camilla que habían traído las enfermeras.

-Preparen el quirófano, revísenla para ver si no tiene ninguna otra lección – Ordeno el doctor a las enfermeras mientras estas cumplía diligentemente cada uno de sus mandatos.

-Por favor… salve a mi hermana – Dije yo intentando contener el llanto que se estaba comenzando a formar de nuevo en mi cara.

-Haremos todo lo posible – Respondió para luego dirigirse rápidamente al quirófano y comenzar a tratar a Mabel.

Los segundos parecían horas y la desesperación invadía cada vez más mi ser, nos encontrábamos en la sala de espera, ya hacia un tiempo que Mabel había entrado al quirófano y la espera no daba señales de terminar pronto. Yo me encontraba sentado en una silla con la cabeza gacha y la mirada perdida, me encontraba en una especie de trance, no podía dejar de preocuparme. Cada segundo que pasaba era una tortura para mí, las dudas sobre si Mabel se encontraría bien comenzaban a crecer y tomar cada vez más terreno en mi cabeza, ¿Por qué demonios tenía que ir a esa maldita cueva? me reprochaba a mí mismo a cada minuto que pasaba, estaba destrozado, la mera idea de perder a Mabel hacia que se formara un nudo en mi garganta y que sintiera un dolor inaguantable dentro de mí. Pasaron 3 horas hasta que por fin el doctor que nos había recibido salía del quirófano, de inmediato me apresure a su encuentro para preguntarle sobre el estado de Mabel.

-Doctor, ¿Cómo se encuentra? – Pregunte yo al borde del colapso, no sé si estoy preparado para la respuesta que me pueda dar.

-Ella está fuera de peligro– Al momento de escuchar esas palabras una calma gloriosa inundo cada fibra de mi ser, deje salir un fuerte suspiro de alivio – Pero… - La calma que había sentido segundos atrás había desaparecido tan rápido como había llegado, el miedo comenzó a apoderarse de nuevo de mi alma.

-¡¿Pero qué?! – Pregunte yo alterado atrayendo la atención de todos los presentes.

-Sera mejor que lo vean por si mismos – Dijo para luego llevarnos a la habitación a donde habían llevado a Mabel mientras hablábamos, al momento de entrar mi corazón se paralizo.

-Ma… Mabel – Dije yo cohibido mientras me comenzaba a acercar a la cama en donde estaba. Se encontraba en un sueño profundo, su cara se veía apacible y serena, parecía que estuviera echa de porcelana – Mabel – volví a decir – Mabel soy yo, soy Dipper, tu hermano – No respondía, en ese momento me comencé a preocupar.

-Tu hermana ha sufrido una fuerte contusión en la cabeza y ha caído en coma – Dijo el doctor mientras agarraba la carpeta que se encontraba frente a la cama de Mabel.

-¿Qué? – Pregunte yo incrédulo – No, no puede ser, no puede pasar esto – Decía yo mientras las lágrimas que me estaba esforzando en contener comenzaban a caer sin control por mi cara.

-No sabemos cuánto tiempo va a estar así, en el peor de los casos puede que nunca llegue a despertar – Decía el doctor con la mirada vacía.

-No… esto no puede pasar, ella tiene que despertar, dentro de poco vamos a volver a la ciudad, ella tiene que ir a la escuela, ¿Qué pasara si no puede asistir un año?, siempre hemos estado juntos, no quiero separarme de ella – Chillaba yo mientras mis llantos se comenzaban a hacer más fuertes al punto de inundar toda la habitación.

-Lo siento – Se limitó a contestar el médico.

-Por favor Mabel, tienes que despertar, tenemos que regresar a casa juntos, no puedo estar sin ti, por favor, no me dejes solo… yo también te quiero – Esboce yo entrecortadamente en un intento inútil por hacer reaccionar a Mabel.

-Vámonos chico, no podemos hacer nada por ella – Dijo el tío Stan con la voz quebrada, a él también le dolía verla en esta situación.