Hola, traigo el penúltimo capítulo, esta algo lento porque era parte del último, pero lo corte porque Yolo.

Espero sea de sus agrado y perdón por las faltas.

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De aquel primer día pasó un tiempo, unos meses donde cada jornada repetía la misma rutina, trabajar e ir a comprar a la tienda de Shun, siempre asegurándose que la buena señora Matsumoto saliera con la pequeña Mei del lugar.

habían días en que Himuro únicamente se limitaba a mirarlo a los ojos para luego pagar por el ramo, otros le hablaba sobre su vida, o lo "lindo" que se veía, pero lo que Izuki mas odiaba era cuando a Tatsuya se le daba por recordar los momentos felices de su pasado, le comentaba de anécdotas graciosas, de vivencias agradables que provocaban en él un montón de bonitos recuerdos, eso le dolía y terminaba llorando en su cuarto durante la noche, el del lunar no desistía en buscarlo cada día. Estaba confundido sin saber bien que sentir.

No entendía porque seguía en la tienda durante la tarde, si ya estaba enterado de que cuando la Sra. Matsumoto salía este no tardaba ni 5 minutos en entrar al local y pedir rosas blancas, era un cliente después de todo, no había nada de malo en atenderlo, trataba de convencerse que ese era el motivo principal, pero en el fondo comprendía perfectamente que era porque anhelaba verlo, escuchar su voz, sentir el suave tacto de sus manos cuando le entregaba el dinero, le gustaba, pero estaba mal, no debería tomarse el tiempo en buscarlo, sabiendo que tenía una hija y que luego del trabajo debería ir con ella en vez de perder el tiempo en comprar flores, maldita la hora que le dijo que no se apareciera a menos que comprara algo.

Por otro lado Tatsuya debía controlar sus ansias de correr a abrazarlo, de lo, amarlo y llevarlo con él aunque fuese a la fuerza, Todavía recordaba la calidez de su cuerpo, lo añoraba cada noche desde que se volvieron a ver.

Con respecto a Las flores que compraba las primera veces las llevó a la tumba de su hija, pero ya no había espacio y además Shun también visitaba la lapida llevando otro tipo de ofrendas por lo que las siguientes las dejó en casa de Tetsuya, cuando pasó una semana Kuroko le dijo que no trajera mas porque Taiga era alérgico.

Las otras veces las repartió por ahí a diferentes personas que se cruzaban en su camino de vuelta a casa, poco pasó hasta que la gente comenzara a hablar del guapo muchacho que regalaba rosas blancas sin motivo aparente.

Shun estaba algo dolido, su corazón confundido no sabía como seguir ocultando esos terribles sentimientos de amor que brotaban cada vez que lo veía aparecer en su florería, con esa sonrisa, con esa mirada que le desnudaba el alma y lo hacía sonrojar como si de nuevo tuviera 15 años, día tras día, no había fallado nunca en su promesa de comprar solo para verlo.

Conmovida por el gesto de amor más hermoso que había visto en mucho tiempo, la dueña del local a veces no se resistía a demorarse más de la cuenta con tal de alargar los encuentros e incluso sabotear la caja con el fin de que Izuki se tardara aun más en terminar la transacción, definitivamente su querido niño era un testarudo al rechazar incansablemente al aquel chico que desbordaba amor a cada paso que daba.

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—Volveré cada día a comprar si esa es tu condición para poder verte, ya te lo dije, así que por favor deja de poner esa cara, actúas muy mal, casi no puedes ocultar lo feliz que te hace verme. — le habló en tono seductor, Shun trató de ignorarlo, pero era difícil.

—No pensé que lo que dije te lo tomarías así, estas al límite de acosarme.

—Soy un cliente, mientras compre tu deber es venderme y te conozco lo suficiente para ver en tus ojos lo que sientes cada vez que me miras.

—Tatsuya…

—Tatsuya nada, no importa si me toma años o si compro todas las rosas blancas de Japón, pero no me rendiré.

Shun tuvo ganas de llorar.

—No sé qué es lo que haces con todo lo que compras, espero no terminen en el tacho de la basura.

—Nunca haría eso con tu trabajo, las voy regalando, algunas las llevó a casa de Taiga o a la de Atsushi y Akashi, otras en mi trabajo, también se las doy a personas en la calle, son rosas hermosas jamás las desperdiciaría, además son más que simples flores, están llenas de mis sentimientos por ti.

¿Por qué cada cosa que le decía lo hacía sentirse tan enamorado? Himuro Tatsuya si sabía jugar ese juego como ningún otro hombre.

—No entiendo por qué quieres seguir perdiendo tu tiempo y dinero por mí, teniendo una nena pequeña que te espera en casa.

—Lo hago por ella también, quiero ser feliz justamente para ella, ya te lo dije ¿O no? Te amo, te he amado desde que te conocí y te amaré por siempre, fue mi error haberme rendido y dejarte atrás, voy a reparar el daño Shun.

¿El daño? ¿Como podía pensar que él era el culpable?

—Que tonto eres, yo soy el único que te lastimó, no me pidas perdón, ya lo hablamos Tatsuya.

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—Haré cualquier cosa por ti.

—Basta, no entiendes que no importa cuánto te ame no te puedo hacer feliz. — A Tatsuya se le iluminó el rostro, al fin le había dicho que lo amaba.

—Acabas de confirmarme que no debo ceder, me amas y yo a ti, deja de ser tan testarudo.

—No, basta, es hora de que te vayas, ya tienes tus rosas, hasta mañana.

—Hasta mañana mi amor. —Salió con una radiante sonrisa, sintiéndose el triunfador de esa batalla.

En ese momento el ojo de Águila hubiera deseado ser inmune al amor, al dolor, estaba a punto de ceder, de rendirse y decirle a Himuro que lo intentaran ¡Pero estaba mal!

Estaba pensando en eso cuando la señora de la casa volvió.

—Shun, cariño ¿No deberías darle una oportunidad?

—Usted, usted lo sabe por eso siempre sale por ahí para darle la oportunidad de que se acerque a mí.

—No sé de que hablas, pero es verdad que el jovencito me contó algunas cosas, se nota que lo quieres si no, no conservarías una fotografía de él en tu cuarto.

—Lo mejor para su felicidad es que se aleje de mí.

—Ya Basta Izuki Shun, no puedes seguir huyendo de tu suerte, debes continuar adelante enfrentándote a tu destino, solo estarás sano cuando dejes de castigarte, no eres quien para decidir sobre qué es lo que lo haría más feliz, no cometas ese error otra vez.

—Mejor me voy a terminar los arreglos, parece que esta vez está de su lado. — se alejó algo sentido porque muy en el fondo entendía que tenía razones validas y ciertas, pero ¿Cómo puede simplemente ser tan fácil olvidar sus errores, enterrar su culpa y darse una oportunidad?

—Es realmente muy duro de cabeza ¿Verdad abuelita? — comentó la pequeña Mei quien pese a su corta edad se daba perfectamente cuenta lo que sucedía.

—Sí, todos vamos a tener que ser muy pacientes con él.

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—Shun ¿Te gusta el joven de las rosas blancas? ¿Era tu novio?

—Mei, no me preguntes esas cosas.

—Es que lo vi en la foto de tu habitación, es muy guapo, si te pretende deberías aceptarlo, en el barrio todos hablan de él, regala rosas blancas sin razón aparente, además como es tan apuesto varias han fijado su mirada en él, es muy simpático según me han comentado .

Izuki sonrió, Himuro era todo un caso.

— ¿Así que se convirtió en una leyenda urbana?

—Algo así, lo quieres ¿Cierto? el otro día cuando no salí con abuela me di cuenta, estaba escondida, te sonrojaste y cuando se fue sonreíste, te gusta mucho.

— ¡Mei!

— Mi abuela dice que tienes miedo a la felicidad, y yo no lo entiendo ¿Por qué no quieres ser feliz?

— Soy feliz, porque estoy con ustedes.

— Pues yo quiero que seas completamente feliz, pero sigo viendo que estas triste, mentiroso, aunque me da miedo de que te vayas con él.

—Ni pensarlo, y no estoy triste, antes de conocerlos a ustedes sí, siempre te voy a querer como mi familia.

— ¿Aunque no seamos de sangre?

—Ser familia va mucho más allá que tener lazos de sangre Mei, ustedes me devolvieron la vida, yo nací de nuevo cuando llegue acá, soy feliz ya no te preocupes por cosas de adultos, yo siempre estaré aquí para cuidarlas, no iré a ninguna parte con nadie. — el temor de la pequeña se le hizo demasiado tierno, la abrazó con cariño, la adoraba tanto como si hubiese salido de su carne, jamás la dejaría.

Seguía sin comprender porque seguía castigándose, ya desde hace mucho sentía un gran alivio, tal vez sería correcto seguir adelante…

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Una noche de viernes llegó a la pastelería de su amigo Atsushi con uno de los ramos, desde que había vuelto a Japón lo visitaba a lo menos una vez a la semana, habían tenido esa bonita y cordial amistad desde la escuela, el ex Yosen estaba consciente de lo que deseaba su mejor amigo y le apoyaba , lamentablemente siempre estuvo en desacuerdo en que su entorno le forzará a rehacer su vida y de plano le ocultara la existencia del paradero de Izuki por lo que también terminaron por omitirle cosas a él.

— Muro-chin ¿Son para mí? – Saludó contento el pelimorado al ver a Tatsuya entrar con el ramo de rosas.

— No, son para Akashi ¿Dónde está?

— Moo, siempre son para Aka-chin.

Akashi Seijuro era la pareja de Atsushi, estaban esperando su primer hijo, al pelirrojo le hacía feliz conversar con el mejor amigo de su marido, siempre le aconsejaba, si no fuera por Seijuro miles de veces hubiera tratado con menos tacto su situación actual.

— Atsushi ya salieron las galletas. —Avisó el pequeño emperador saliendo de la cocina, ambos trabajaban en la pastelería desde que Akashi decidió que ya no quería ser el heredero del imperio de su padre para dedicarse a una vida más normal al lado de la persona que amaba.

— Hola, ¿cómo está el bebé? — Saludó contento Tatsuya mirando con fascinación el redondo vientre del pelirrojo.

— Bien, Creciendo fuerte y grande como su padre, ya es algo incomodo cargarlo dentro.

—Debiste pensarlo antes, con semejante padre no puedes esperar un bebé de talla pequeña, te traje rosas.

—Que hermosas, pero ¿Por qué siempre son rosas blancas?

— porque fue lo primero que compre cuando lo encontré, mi madre una vez me habló de su significado, "la flor del amor verdadero" de la pureza, es como si lo que siento por Shun además de los sentimientos por mi hija se juntaran en una misma flor, por eso me gustan.

Tomaron asiento en una de las mesitas de la pastelería.

— ¿Cómo ha ido todo? ¿Ha funcionado lo de las flores?

— No, y ya ha pasado tiempo, Shun es muy difícil de doblegar.

— Tal vez deberías probar ensenándole algo mas intimo de tu vida, necesita convencerse de que vas en serio y además de tu constancia estás dispuesto dejarle entrar en tu vida, llévale a tu hija.

— ¿Crees que funcione? Tal vez se moleste.

— No, porque le dirás que Kuroko no pudo cuidar de ella y tú no puedes dejar de ir a comprar tus rosas.

— Ok es una buena idea, no sé por qué no se me ocurrió a mí, si no resulta ya veré como le hago, pero no me rendiré, aunque tenga que convertirme en un acosador.

—Moo… Muro-chin solo habla con Aka-chin, se supone que soy tu mejor amigo, yo debería aconsejarte, en tu caso le hubiera llevado dulces.

—Por eso no dejo que me aconsejes Atsushi.

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— Vamos a ir a conocer a alguien especial, si, es esa persona de la que te he hablado todo este tiempo. — le habló a su hija mientras la cargaba, la pequeña sonrío contenta, mientras su padre la peinaba, era un día sábado muy soleado, previamente había conversado con la señora para que saliera a medio día y los dejara solos.

Iba a mostrarle a Shun a su tesoro más importante.

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Tal vez piensen que esta historia es algo aburrida y predecible, pero me ha gustado escribirla porque me ha ayudado a tranquilizar mis pensamientos