¡Bienvenidos! Esta es mi segunda historia y espero sea de su agrado.

Disclaimer: Diamond no Ace no me pertence, solo el sensual(?) Terajima Yuji tiene los derechos sobre su obra. Yo hago esto para fines de diversión :V

Advertencias: OOC, locuras y posible OoC.


Seido Kindergarten

Capítulo 2

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Flashback


¿Qué miras?

Siempre he pensado que Senpai hace una mueca graciosa cuando se enfurruña.

¿Eh? Miyuki alza una ceja sin entender a qué se refiere. La pila de libros le impide ver bien el rostro de la chica sentada frente a él pero puede apostar, sin temor a perder, que tiene el ceño fruncido solo porque sí.

Miyuki-senpai junta los labios como un pato. Es gracioso.

Una risita suave llega hasta los oídos del castaño. Están los dos solos en la biblioteca y el silencio reinaba hasta antes de que el joven de lentes decidiera iniciar aquella conversación. Los últimos días del semestre siempre son los más duros, pero a la vez los más reconfortantes. Marcan el fin de una etapa y el inicio de otra.

¡Kazuya, te he estado buscando!A Mei no le importa que estén en ese lugar, él simplemente grita porque quiere hacerlo.

Avanza los pasos que lo separan de su amigo casi a zancadas y se planta junto a él mirando severamente a la muchacha que garabatea en un cuaderno. Le agrada, bastante en realidad, pero nunca lo dirá. Mei sabe que si lo hace entonces ya no podrá tratarla bruscamente y se verá obligado a ser delicado. ¡Bah! Él sólo piensa ser así con la madre de sus hijos Cuando la encuentre, claro Por ahora las mujeres a su alrededor son algo así como proveedoras de algo. Todas siempre le hacen obsequios: dulces, chocolates, pequeños peluches, accesorios. La chica en cuestión le hace la tarea de inglés, por ejemplo. Pero hasta ahora nadie ha conseguido convertirse en la proveedora del sentimiento que más desea experimentar: amor.

No hagas escándalo en la biblioteca, van a castigarnos otra vez.

Que se atrevan y se quedaran sin representante para las regionales del certamen de Geografía.

Ahí donde se le ve, con esa apariencia escandalosa y cool, Mei es alguien bastante dedicado a las dos materias que más le gustan del currículum: Historia y Geografía. Su sueño era convertirse en un destacado profesor en esas áreas, pero las cosas raras del destino lo llevaron a enrolarse a la escuela para maestros de preescolar. No se queja, así podrá inculcar el amor hacia esas ciencias en los niños pequeños que todavía tenían remedio, no como esos trogloditas de la secundaria que estaban más torcidos que el manzano plantado en medio del patio trasero de su tía.

Narumiya-senpai seguramente obtendrá el primer lugar.

¿Acaso lo dudas? Mei se irguió tanto como pudo. Aquel año ganaría la Competencia Nacional de Conocimientos sobre Geografía, tenía que hacerlo y nada ni nadie se lo iba a impedir; ni siquiera ese niño rarito que no paraba de llamarlos gorilas del estudio.

Ella no pudo evitar soltar una carcajada y Mei, ofendido, no dudó en comenzar a reclamarle por esa falta de confianza. Kazuya solo cerró el libro consciente de que con esos dos ahí no podría estudiar tranquilo. Tampoco le molestaba, al contrario alegraba sus monótonos días.


End Flashback


—¿En qué tanto piensas? —Rei se acercó al joven maestro posando una mano en su hombro.

—En nada importante. —respondió sin despegar la vista del pequeño Eijun que jugaba con sus amiguitos en la resbaladilla.

—El niño de Narumiya es lindo, ¿no crees? —Ella mejor que nadie conoce los pensamientos que rondan en la cabeza del castaño. Lo sabe por la forma en que mira a Eijun, con nostalgia y una pizca de desesperación— Miyuki-kun, tal vez…

—Rei-chan, ¿no deberías estar con Chris coordinando los preparativos para la junta de padres de familia?

—Ah sí Pero…

—No hagas esperar a Chris, sabes que es muy quisquilloso con eso de la puntualidad. —La cortó. No tenía ganas de escuchar la magnífica sugerencia que tenía para darle.

Desde luego no iba a esperar a Mei a la hora de la salida solo para preguntarle con una sonrisa brillante si la madre de Eijun era ella.

Ella.

Ella.

Siempre ella.

Eijun llevaba una semana asistiendo a la escuela y todavía ni se había dignado a saludar a su viejo amigo. Tenía miedo, mucho miedo aunque no quisiera aceptarlo. Si resultaba ser como todo indicaba necesitaba tiempo para asimilarlo y aunque tener al pequeño bajo su cuidado no ayudaba mucho a despejar su mente, al menos extraña y contradictoriamente se sentía muy a gusto estando con él.

—¡Miyuki-sensei! —Eijun, aferrado a sus piernas, lo sacó de su ensoñación— Harucchi dice que sensei es bueno atrapando la pelota. ¡Sensei, juegue con Eijun y atrape la pelota!

No podía negarle nada a esos brillantes ojos de cachorrito.

—Bien, juguemos un rato.

—¿Miyuki-sensei va a jugar? —Kanemaru preguntó confundido. Siempre que Kuramochi-sensei le pedía unirse al equipo se negaba, pero no dudó ni un momento en complacer a Eijun.

—Sensei…atrape para mí. —Furuya se acercó al castaño con una pelota de béisbol en la mano.

—¡Atrapará sólo para Eijun! —Infló las mejillas y frunció el ceño.

Kazuya se acomodó los lentes. Tal vez no había sido buena idea decirle que sí, ahora tendría que lidiar con un montón de niñitos desesperados por llamar la atención de su maestro. Finalmente consiguió que se pusieran de acuerdo tomando turnos para lanzar y batear la pelota.

—¡Buena esa, Eijun! —Gritó desde su posición como cátcher.

El espacio que tenían para jugar era pequeño, pero se las arreglaban bien y pronto llamaron la atención de los chiquillos de grados superiores que pedían unirse al juego. Incluso Kuramochi, que a petición de Chris cuidaba a los niños de tercero durante el receso, se acercó intrigado.

—Vaya, Miyuki, es un milagro verte así.

—Deja de mirar y mejor ayúdame ¡Son demasiados ya!

—¡Pero si apenas son un par de docenas! No creo que el gran Miyuki-sensei no pueda controlarlos. —Mofándose empezó a caminar hacia su amigo— ¿En verdad estarás bien? Sabes de qué hablo.

—Sólo es un juego de niños, no es como si me fuera a romper. ¡Atrapa la pelota, Eijun! —Poniéndose de pie le lanzó la bola al niño, quien la recibió sin problemas.

A leguas se notaba que Mei había empezado a inculcarle las bases del béisbol desde temprana edad y que sería un gran pitcher como su padre. Siempre se preguntó por qué Mei no se había dedicado a jugar de manera profesional si era tan buen lanzador. Él, por su parte, soñaba con ser el cátcher titular de los Yiomuri Giants pero todo se fue a la basura el verano de su tercer año de preparatoria.

—Te dije que no era bueno que estuvieras esforzándote así. —Kuramochi lo retó—Oye, ¿por qué accediste a jugar?

—Estaba aburrido y me pareció buena idea. Ni que fuera a lastimarme más por jugar un par de entradas con esos niños.

La verdad es que le dolía bastante la pierna. Por culpa de un borracho que se pasó un alto sufrió un accidente que le dejó como consecuencia una lesión en la espalda y otra en la pierna derecha de la que jamás pudo recuperarse y que fue la causante de que su prometedora carrera en el mundo deportivo se acabará antes de empezar. Ese fue el motivo por el que decidió dedicarse a la docencia.

—Ese niño, Sawamura, es hijo de…

—Mei. —Completó la frase— Es hijo de Mei.

—Pero su apellido…

—Primero Rei-chan y ahora tú. ¿Qué pretenden? ¿Qué vaya a preguntarle?

—Chris lo sabe; si eres tú, seguro que no se negará. —Kuramochi se rascó la cabeza y desvió la mirada. Incluso él había intentado sonsacarle la verdad al profesor, quien se encargaba de los archivos y expedientes de los alumnos, pero recibió solo negativas de su parte.

—Están armando un drama por todo esto. No es como si en verdad quisiera saber quién es la madre de Eijun. —Mintió.

—¿Mi mami?

La vocecita del niño interrumpió la plática entre ambos.

—Eijun-chan. —Kuramochi esbozó una sonrisa. Era el momento para salir de dudas— ¿Cómo se llama tu mami? Miyuki-sensei quiere felicitarla por tener un hijo tan talentoso e inteligente, pero no sabe cuál es su nombre.

—Kuramochi. —La voz de Miyuki sonaba grave al punto que hizo que tanto el niño como su amigo se tensaran. Si había algo que odiaba era que se entrometieran en sus asuntos.

—Solo le hice una pregunta a Eijun. No tiene nada de malo.

Eijun se distrajo viendo el cabello de Kuramochi y luego posó los ojos en la cara de su sensei. Tenía una expresión lastimera, como si se hubiera caído del columpio y apretaba los puños con fuerza.

—Sensei. —El niño llamó y camino hacia Miyuki—Inclínese.

—¿Eh?—Instintivamente obedeció poniéndose en cuclillas.

—Tranquilo, Miyuki-sensei. —Tratando de imitar lo que su madre hacía cuando él se sentía mal, posó su mano sobre la cabeza de Miyuki y le dio unas suaves palmaditas que fueron suficientes para desarmar completamente al maestro y hacerlo sonrojar—Mi mami siempre hace eso y me pone feliz, a papi también.

—Y-ya veo.

—Mi mami se llama Yin.

Miyuki sintió que el tiempo se detuvo. Ahora ya no había cabida para especulaciones ni falsas esperanzas, todo estaba muy claro. Yin se había casado con Mei y el fruto de esa unión era Eijun.

—¡Qué lindo nombre! —El maestro le revolvió el cabello al pequeño con una sonrisa. Usar una máscara para ocultar sus verdaderas emociones era lo que mejor sabía hacer.

—¿Y tu papi como se llama?

Eijun giró el rostro hacia Kuramochi y respondió:

—¡Mei!

Y empezó a contarles sobre lo feliz que era con su familia, sobre la casita que compartían y los momentos lindos que pasaban juntos. Eijun adoraba a sus padres y ellos parecían corresponderle de la misma forma. Eran una familia perfecta.

—Regresemos a jugar, Eijun-chan. —El profesor de deportes tomó la mano del niñito para guiarlo hacia donde estaban sus demás compañeros. Era obvio que su amigo necesitaba un momento a solas y al menos quería ayudarlo con eso. Quizá había sido un error forzar las cosas de este modo, pero él creía que la verdad es mejor saberla desde un inicio para evitarnos más sufrimiento del necesario.

.

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Miyuki fue directo al baño y se lavó la cara, no podía mostrar esa expresión sombría frente a sus alumnos, mucho menos con Eijun. Tenía unas ganas tremendas de estampar su puño en el rostro de Mei apenas lo viera, pero eso no le traería más que problemas, unos que prefería evitar aunque el odio estuviera hirviendo a borbotones en su interior.

—Recuerdo que cuando te vi por primera vez en el campo de juego no pude evitar pensar que no eras la clase de chico que actúa por impulso, sino que analizas la situación y tomas en cuenta todas las posibles variables para definir cuál será tu siguiente jugada.

Kataoka Tesshin, parado junto a la puerta del baño, se atrevió a comentarle. En sus buenos años había sido entrenador de Miyuki en la preparatoria, pero debido a que decidió que ese ritmo de vida tan agitado ya no era para él se propuso fundar su propia escuela y poder transmitir sus firmes valores a los niños de edad preescolar. En otras palabras era el director y dueño de Seido Kindergarten.

—Miyuki, recuerda que las cosas no siempre son lo que parecen. —dijo ocultando la mirada tras sus gafas oscuras.

—¿Usted también va a hablarme sobre eso?

—Solo te doy un consejo como amigo. Creo que pasamos la barrera maestro-alumno hace mucho tiempo. Soy mayor que tú y puedo asegurarte que si no corroboras por ti mismo lo que sea que estés pensando, te arrepentirás por el resto de tu vida.

—Lo dice como si supiera algo que yo no.

—No puedo darte todas las respuestas, pero te diré que a veces solo es necesario darse cuenta de lo obvio. —Acercándose le dio una palmada en el hombro y luego se alejó con las manos en los bolsillos.

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—Harucchi, ¿qué es eso? —Eijun preguntó con curiosidad mientras observaba el almuerzo de su amigo.

—Un sándwich de queso. Mi tía lo hizo para mí y también preparó uno para Aniki.

El aperitivo tenía la forma de un oso y lucía muy apetecible. Haruichi no llevaba el típico bento japonés sino que su comida consistía en verduras picadas y emparedados.

—¿Quieres probar? —Partiéndolo por la mitad, Haruichi le ofreció un pedazo a su amigo.

Eijun se lo metió todo a la boca y luego empezó a elogiar a la tía del pelirrosa. En pocos días se había hecho amigo de todos los chiquillos de su salón, su carisma y buen humor contagiaban a todos. Hasta Kanemaru y Furuya, quienes se habían mostrado un poco reacios a entablar amistad con el castañito terminaron por volverse cercanos.

—Sensei, ¿quiere?— Eijun miraba a su profesor desde el otro lado del escritorio haciendo puntitas para al menos lograr asomar la mitad de su rostro, empujando un pequeño traste con verduras fritas y salchichas con forma de pulpo—Mami las cocinó para mí.

—¿Eh? No, gracias. Estoy bien así.

—P-Pero…Eijun quiere que sensei pruebe lo que su mami cocinó. —Los ojos de Eijun amenazaban con soltar lágrimas cual ríos en cualquier momento.

—E-está bien. —Suspiró derrotado. Dejó de lado el libro que leía y tomó una salchicha con cierto temor. Si Yin había cocinado eso seguramente era radioactivo…aunque Eijun lucía muy feliz comiéndolo.

—¿Verdad que mi mami es la mejor cocinera?

No sabría si darle ese título era apropiado, pero al menos sabía bien. El último bento que ella le preparó casi lo mata.

—Es buena, pero yo soy mejor cocinero que ella. —Le dijo en broma.

—¡No! ¡La mami de Eijun es la mejor!

—Apuesto a que le ganaría en un concurso de cocina. Puedo hacer hot-cakes con forma de perrito. —Canturreó presumiendo sus logros. Era divertido molestar a ese chiquillo y verlo inflar las mejillas a punto de estallar en un berrinche. Tan parecido a Mei.

—¡Eijun quiere un hot-cake de perrito!

Definitivamente no se esperaba esa respuesta.

—¿Perritos? Tojo, atraído por el tema de los animales se acercó al escritorio.

—Sensei va a cocinar hot-cakes con forma de perritos.

—Ah…Eijun-chan, espera…

—¡Hot-cakes!

—¡Yo quiero uno con forma de jirafa!

—¡Yo una mariposa!

—Un…osito.

Ahora todos los chiquillos revoloteaban a su alrededor exigiendo que les preparara aquel dulce alimento. Él y esa manía suya de abrir la boca sin pensar en las consecuencias. Ahora tendría que levantarse muy temprano al día siguiente para poder preparar todos los hot-cakes.

.

.

—Mi papi aún no viene por mí. —Repitió por novena vez.

Todos los chicos se habían ido a sus casas, pero Eijun continuaba ahí porque nadie pasó por él. Estaba con el rostro pegado a la ventana de la sala de profesores en espera de ver una cabellera rubia asomarse. Rei había intentado contactar con Mei, pero el celular la mandaba al buzón de voz una y otra vez.

—Ya vendrá, cariño, sólo espera un poco más. —No tenía el número de la madre, por lo que Mei era el único contacto con su familia.

—Eijun quiere ir a casa… —Empezó a llorar sin parar, ocultando su rostro con ambas manos.

—No llores, papá vendrá pronto y te irás con él. Apuesto que está comprando un pastel para ti y por eso se retrasó.

—¿Un pastel?

—Sí, uno muy grande.

Eijun pareció contentarse con esa idea un momento, pero luego de aspirar una gran bocanada de aire se puso a llorar con mayor intensidad.

—¿Qué pasa? —Miyuki, con su bolso al hombro, se asomó por la puerta. Recién había terminado sus pendientes para la clase del día siguiente y solo le restaba firmar su salida en la bitácora.

—Narumiya aún no ha venido por él.

—¡Sensei! —Eijun corrió a refugiarse con su profesor, quien le inspiraba más confianza que Rei.

—E-Eijun, no llores. —Lo odiaba, Odiaba consolar a los niños porque no tenía idea de cómo hacerlo y los demás profesores siempre le decían que era muy rudo, así que dejó de intentarlo.

El llanto no cesó y en un intento desesperado por hacer que pare, echó al piso su bolso y se dispuso a cargar al infante. Los ojitos de Eijun estaban llenos de lágrimas y sus mejillas tenían caminitos acuosos que le dejaban un mal sabor de boca. No podía odiarlo aunque quisiera, incluso si era hijo de ese par de traidores, no era su culpa serlo.

Eijun se aferró a él con fuerza, sollozando e hipando, pero sintiéndose a cada momento un poquito más seguro en los brazos de su maestro. Miyuki-sensei era cálido, tanto o más que su papi y eso lo reconfortaba.

—Siempre diré que escogiste la carrera correcta, tienes buena mano con los niños. —Rei lo observaba de refilón mientras acomodaba unos papeles. Moría de ganas por tomarle una foto justo en esa posición, pero no era ni el lugar ni el momento indicados.

—Deberías cargarlo tú, Rei-chan, es tu responsabilidad después de todo y tienes más experiencia que yo.

—Eres su maestro y se ve que te prefiere por mucho. Es más tuyo que mío. —Se burló.

—Golpearé a Mei por hacerle esto y Harada-san no estará para que lo use como escudo.—En el pasado, Mei tenía la costumbre de esconderse tras su amigo Harada para evitarse las regañinas y coscorrones.

El pequeño, cansado de llorar, cerró los ojos y se durmió. Miyuki no encontraba forma de despegarse de él sin despertarlo y aunque se quejaba en voz baja por tener que cargarlo, lo cierto es que empezaba a disfrutarlo.

—Disculpe, soy Yin Sawamura, la madre de Eijun.

Una mujer de cabello castaño atado en una floja coleta de lado, ojos color miel y piel blanca se presentó antes de entrar. Gracias a Carlos, un amigo y compañero de trabajo de Mei, se había enterado a última hora que el rubio no podría pasar por Eijun; así que abordó el autobús más próximo y desesperada acudió por él a la escuela. Claro que llevaba un retraso enorme porque vivían bastante lejos y no tenía idea de por qué Mei había decidido matricular a su hijo en un colegio que prácticamente estaba del otro lado de la ciudad. Ya hablaría con él sobre ese detalle no tan insignificante.

—Sawamura-san, un gusto verla de nuevo. —Rei se acomodó los lentes y le regaló una sonrisa. Lucía exactamente igual que unos años atrás, aunque tal vez tenía la expresión menos enfurruñada, un tanto más suave y los ojos tristes.

—¿Eh? Ta-Takashima-sensei… —Se quedó parada en su lugar sin poder mover ni un músculo. Frente a ella tenía a la mujer que más odiaba.

—Yin… —Miyuki soltó el nombre con pesar, angustia y visible resentimiento. A su memoria vinieron toda clase de recuerdos buenos y malos, pero uno en especial que todavía le provocaba dolor e ira.

—Kazuya.

Si encontrarse con su ex maestra fue un balde de agua fría, el volver a ver a ese hombre fue mucho peor. Para colmo de males sostenía como cualquier cosa a su hijo, a su pequeño. No tenía derecho, no lo tenía.

—¡Suelta a mi hijo, Kazu…Miyuki! —A zancadas y sin importarle nada más, se aproximó a él para arrebatárselo— ¡No vuelvas a tocarlo! ¡Jamás!

—¿Qué te pasa? Al menos deberías saludar apropiadamente, y ten más cuidado o lastimarás a tu hijo.—Le contestó de mala gana.

Eijun se despertó por el movimiento brusco y aturdido comenzó a llorar, hasta que se dio cuenta de que estaba siendo abrazado por su madre, por lo que acomodándose nuevamente se dejó envolver en los brazos de Morfeo.

—¿Dónde está su mochila? —Giró la cabeza buscando sus cosas, hallándolas colgadas en el respaldar de una silla. Tenía que salir de ahí rápido o rompería en llanto en cualquier momento—¿Qué trámite tengo que hacer para cambiarlo de escuela? Eijun no va a volver aquí.

—Sawamura-san, no se ponga así; fue su esposo quien personalmente inscribió al niño. Tal vez debería charlar con él antes de tomar decisiones precipitadas. —Tenía que acorralarla de algún modo, no iba a permitir que se fuera tan campante y dejara a Miyuki con el corazón destrozado otra vez.

—¿Esposo? ¿Mei?

—¡Lamento el retraso! Vine por…Eijun

Los tres voltearon hacia la persona recién llegada. Mei tenía el saco desajustado al igual que la corbata, parecía agitado y asustado a la vez.

—¿Papi? —Eijun abrió los ojos al escuchar la estruendosa voz del rubio y se los frotó para espantar el sueño.

¡Dios, ya es demasiado tarde! —Pensó Mei.

Esto estaba mal. Muy mal. Tan mal que por poco se da la media vuelta para salir corriendo despavorido. No era el momento para el reencuentro, no cuando ni siquiera había podido hablar con Kazuya para explicarle todo, porque había cosas que no se decían con un simple mensaje de texto.


Gracias por haber llegado hasta aquí. No sé cuántos capítulos tenga la historia, pero espero que cada uno sea de su agrado.

Glow-chan: ¡Muchas gracias por leerlo! Definitivamente aún quedan más capítulos.

CarameloDeUva: ¡Gracias por leer y comentar! Me alegra que hayas reído y creo que cualquier madre de familia caería ante los pies de un sensei así.

Gracias por los comentarios, follows y favorites. Lo agradezco mucho.

¡Nos leemos!