Disclaimer: Diamond no Ace no me pertenece, de lo contrario una lluvia de latas de refresco hubiera caído sobre el lesionado cátcher titular de Seido :V -y no hablo de San Chris-senpai patrono de los pitchers novatos-

Advertencias: OC y OoC.

Lamento la demora, pero aquí está el capítulo 3. Espero sea de su agrado y si no lo es, no me lo digan de forma tan fea ;_; tengo un korason muy sensible.


Seido Kindergarten

Capítulo 3

Desagradable Sorpresa


—¡Mei, tanto tiempo sin verte! —dijo Miyuki alegremente al recién llegado—Perdona mi descortesía al no saludarte antes, tal vez deberíamos salir a tomar algo para recordar viejos tiempos, ¿no crees? Por supuesto, tu esposa también está invitada.

—Kazuya, no es lo que…

—Me parece una buena idea. También deberías llevar a la señora Miyuki, seguro la pasará bien con nostros. —Yin cortó a Mei antes de que pudiera responderle al castaño.

Kazuya frunció el ceño y echándose el bolso al hombro pasó entre ellos para alcanzar la salida. Se estaba ahogando al estar en aquel sitio. Al abrir la puerta se detuvo un momento antes de salir, estuvo tentado a encararlos, exigirles una disculpa por haberlo engañado de aquella forma tan sucia y vil, pero no serviría de nada. El daño estaba hecho y lo único que iba a ganar haciéndolo era que la semilla del odio recién plantada en su corazón, germinara.

—Me voy a casa, Rei.

—Miyuki-kun, espera… —Takashima se detuvo al sentir la mirada cargada de odio de Yin y un escalofrío recorrió su espalda.

Yin resopló y con una leve inclinación de cabeza se dio la media vuelta dispuesta a irse. Al menos Eijun continuaba durmiendo como un tronco y no tuvo que presenciar ese momento tan incómodo. Ambos, Miyuki y Takashima, podían hacer lo que quisieran; a ella lo único que le importaba era la pequeña criatura que cargaba con devoción.

—Con permiso, Takashima-san…o tal vez debería decir… —Sacudió su cabeza y abrió la puerta con dificultad.

—C-con permiso. —Mei salió de su estupor y los siguió.

Sola en la habitación, Rei tomó asiento en uno de los sillones intentando hacer encajar todas las piezas del rompecabezas que había empezado a formarse años atrás y que ahora parecía más incompleto que antes, pero le fue imposible.


Eijun no se presentó a la escuela durante el resto de la semana y no fue hasta el martes siguiente que apareció sujetando la mano de Chris pero, a diferencia de la primera vez, lucía cansado y triste.

—Buenos días, Miyuki. —Por boca de Rei se había enterado del lío que se armó aquel día y por tanto, comprendía que su compañero se tensara al verlo nuevamente —Solo tiene tres años, los problemas de los adultos no son su culpa. —Le dijo al ver la sombría expresión del profesor.

—Buenos días, Eijun. —Miyuki se espabiló, tomó la mano del niño y lo condujo hasta su asiento. Chris estaba en lo cierto, él era un profesional y tenía que actuar como tal —No te preocupes, voy a cuidar a este pequeño sin que nada más me importe; puedes irte tranquilo.

El maestro de tercer grado les dedicó una sonrisa a ambos. Cuando a vio a Mei Narumiya en la sala espera de la oficina administrativa de Seido se alegró bastante; el rubio había abandonado la universidad en Japón para irse a estudiar al extranjero y reencontrarlo después de tanto tiempo sin saber de él fue muy grato. Claro, hasta que vio el nombre de la madre del niño que Narumiya deseaba matricular en la escuela.

—Sé que así será. Nos vemos, mis alumnos me necesitan. —Echó una última mirada a ambos antes de irse. Tenía en la cabeza una idea que le rondaba constantemente, un presentimiento más bien, pero no quería cometer el error de comentarle sus conjeturas a Miyuki. Si se equivocaba, su amigo resultaría mucho más herido de lo que ya estaba.

—¿Pasa algo? No me digas que te duele la panza. —Arrodillándose junto al niño le hizo cosquillas para intentar animarlo.

Eijun rio un poco pero su expresión cambió a una sombría nuevamente. A su corta edad era incapaz de entender muchas cosas relacionadas con la vida de los adultos, lo cual no le había parecido un problema hasta unos días atrás cuando su pequeño y seguro mundo empezó a desmoronarse ante sus ojos, cuando se vio incapaz de consolar a su madre que no paraba de llorar por las noches cuando lo abrazaba creyéndolo dormido.

—Eijun es un niño malo. —Enormes lágrimas brotaron de sus ojos corriendo como ríos por sus mejillas.

—D-detente. —Los nervios afloraron en el docente y tuvo que revolverse el pelo para calmarse. En la escuela deberían incluir una materia que te enseñe cómo lidiar con el llanto de los niños, sería muy útil en momentos como ese —Eijun no eres malo. ¿Qué te hace pensar eso?

—Mami llora mucho en las noches y es culpa de Eijun. —Sollozó— Papi está molesto con mami y… y…todo es culpa de Eijun. —Aumentó el llanto. Él estaba seguro de que los problemas que aquejaban a su familia no eran otra cosa que el resultado de sus travesuras, no encontraba otro motivo que explicara por qué parecían estarse alejando de la noche a la mañana. Seguramente hizo algo malo, muy malo, tan malo que provocó que sus padres dejaran de hablarse.

—Tu madre es….tu madre siempre ha sido una llorona, Eijun. No es tu culpa.

—¡Sensei no conoce a mami! ¡Mami no llora! Ella nunca llora…ni cuando murió mi pececito, ni cuando dejamos la otra casa y a las chicas. Ellas lloraban mucho, pero mami no porque ella es fuerte como un superhéroe; pero ayer estaba llorando y antes de ayer también. ¡Eijun no sabe qué hacer para que mami sea feliz otra vez! Le di mi pelota de bisbol, también le dije que ya no iba a pedirle que me prestara el guante de tacher que guarda en el ropero, pero solo la hice llorar más.

—¿De qué estás hablando? No entiendo nada de lo que dices. ¿De qué chicas hablas? —Miyuki sabía que chicas no era una palabra que usaría un niño tan pequeño con tanta naturalidad, así que realmente se sentía intrigado.

—Las chicas son bonitas. Se pintan la cara, así. —El niño imitó los movimientos de las mujeres al maquillarse —Hana-chan me arrullaba cuando mami no estaba y Michiko-chan siempre tenía un dulce para mí.

—¿Son amigas de tu madre?

Eijun asintió y después continuó su relato: —Ellas usan la misma ropa que Haruno-chan, pero son altas como mamá. Son buenas.

El maestro alzó una ceja. Él mismo empezaba a desesperarse al no poder entender lo que el pequeño decía entre sollozos, pero intuía que el ambiente tenso en su casa se desató por aquel incómodo reencuentro. Eijun había dicho que la vida con sus padres era tranquila y feliz, así que no se le ocurría una razón distinta que pudiera ocasionar semejante discordia.

—¿Qué pasa aquí? —Rei se asomó bastante preocupada. Los llantos no eran algo habitual ahí y mucho menos en la alegre clase de Miyuki —¿Sawamura-san lo trajo de nuevo? —Estaba sorprendida. No creyó volver a verlos más luego de aquel día, pero al parecer se equivocó.

—Sí, aunque ignoro si fue por voluntad propia o por imposición de Mei. No sé en qué están pensando, pero no es divertido que hagan sufrir a su hijo de esta forma. Vamos, Eijun, todo estará bien. —Le palmeó la cabeza con ternura. Si el niño no se calmaba juraba que él mismo estallaría en llanto también. Su pecho estaba oprimiéndose con cada hipido y lágrima que corría por esa pequeña carita.

—Eijun-chan, ¿quieres que llame a tu mamá para que venga por ti? —Rei le habló con tono cariñoso intentando tranquilizarlo. Era un inocente, alguien que no tenía por qué sufrir las consecuencias de los errores y malas acciones de sus padres.

—No. Mami está trabajando. —contestó jugando con el borde de la camisa de su uniforme. Sus ojitos le ardían de tanto llorar y aunque quería irse a casa, sabía que no podía hacerlo.

—Eijun-kun. —Haruichi, nervioso, quería consolarlo. Su amigo se veía tan triste, parecía un muñeco roto que necesitaba muchas reparaciones.

—Entonces no llores más o ella va a preocuparse. ¿Llamo a papi? Tal vez él pueda…

—Eijun ya no tiene papi…su mami se lo dijo.

—¿No tienes papi? —Preguntó Kanemaru bastante triste.

—¡Yo puedo prestarte a mi papi! ¿Verdad, mami? —Un niño de cabello corto color azabache alzó la voz muy seguro de sí mismo, mientras miraba con firmeza a Rei.

—T-Tetsu, no puedes... —Rei no sabía que contestar. Por un lado no deseaba hacer sentir mal a Eijun al decirle que eso era imposible, pero por otro sabía que si le dejaba creerlo le haría más daño a la larga.

—¿Por qué tu madre te hizo esa broma tan fea? —Miyuki intervino—Claro que tienes un padre. Es ese rubio idio…ehm…el hombre que siempre viene a recogerte después de clases, Narumiya Mei.

—P-pero…mami y papi se pelearon y no se hablan. Mami me dijo que íbamos a vivir en otra casa, sin papi. Eijun volverá a no tener papi otra vez.

—¿Otra vez? —susurró Rei.

—Ese par… —El maestro quería golpear a Mei y decirle un par de cosas a Yin. ¿No se daban cuenta de que solo estaban hiriendo a su hijo?—Escucha, Eijun, a veces los adultos peleamos por tonterías pero siempre volvemos a contentarnos. Tus padres te aman y seguramente todo es un malentendido. Mei…tu padre es un buen hombre, así que tu madre hizo una buena elección al escogerlo. Seguro se aman mucho y van a contentarse pronto.

—Miyuki… —Rei susurró a sabiendas de cuánto debió dolerle pronunciar aquellas palabras.

—¡No te preocupes, todo va a estar bien! —Le jaló los cachetes y después limpió sus lágrimas—No te daré chocolates al final de la clase si continúas llorando.

—Eijun quiere chocolates. —dijo bajito.

—Entonces sonríe, me gusta verte sonreír. —respondió sin pensar—M-me gusta ver la sonrisa de todos mis alumnos. De todos. —Se acomodó el mandil de trabajo—Bueno, bueno. Hemos perdido mucho tiempo con este alboroto y la clase está algo retrasada. Vamos a cantar una canción para despejarnos un poco.

Eijun, más calmado, posó su mirada en aquel niñito que le había ofrecido amablemente compartir a su papá. Era una cara completamente nueva para él y estaba seguro de que no lo había visto antes.

—Miyuki-sensei, ¿Quién es él?

—Ah, es Tetsu-chan. Estuvo enfermo unos días y por eso no habías podido conocerlo. Tetsu-chan, supongo que ya lo escuchaste, pero él es Eijun-chan. —Los presentó revolviéndole el cabello al castaño.

—¡Soy Eijun Sawamura y seré un picher famoso! —exclamó de repente mientras le sonreía a Tetsu. Si no recordaba mal, él la había llamado "mami" a Takashima-sensei.

—¿Un pitcher? Bueno, era de esperarse. —dijo con algo de tristeza—Eijun-chan, no quería decirlo pero tuve que comerme tu hot-cake con forma de perrito debido a tu ausencia, espero me perdones. —canturreó.

—¡Miyuki-sensei es malo! ¡Eijun quiere otro!

—Estuvo delicioso. Ya no tengo más, es una pena. —Continuó molestándolo.

—Miyuki-kun, lo harás llorar de nuevo. —Advirtió Rei desde la puerta.

—¿Por qué? No creo que Eijun llore por algo como…espera, Eijun, no vayas a…

—¡Quiero un hot-cake de perrito! —gritó tan alto que seguramente hasta el Director Kataoka fue capaz de escucharlo.

—¡De acuerdo, te haré uno, pero deja de llorar!

—¡Yo también quiero otro de mariposa!

—¡Conejito!

—¡Jirafa!

—Buena suerte con tus alumnos, sensei. —Se mofó Rei antes de irse.

.

.

—No quiero jugar.

—¿Eh?Pero si el otro día estabas muy emocionado con el balón de futbol. ¿Qué ha pasado?

—Eijun solo quiere jugar bisbol.

Kuramochi se rascó la cabeza con duda. El pequeño crío de Narumiya se escondía detrás de las piernas de Miyuki, insistiendo en que no planeaba jugar a nada que no fuera beisbol. A su mente vinieron recuerdos de todas aquellas veces en que la malcriadez del rubio fue tanta que terminó sacándolo de sus casillas. Rogaba al cielo que su hijo no fuera igual o peor que su padre, porque de ser así estaba seguro que renunciaría a ser profesor en Seido.

—Me quedaré con Sensei nada más.

—Eijun, esta es la clase de deportes y se supone que tienes que hacer lo que Kuramochi-sensei te pida.

—No quiero. —Eijun hizo un puchero y puso su mejor cara de súplica—Prefiero quedarme contigo, sensei.

Miyuki no pudo resistirse a él y accedió a permanecer a su lado. Usualmente dejaría a sus alumnos bajo el cuidado de Kuramochi y se retiraría a la sala de profesores para descansar o preparar el material para la clase del día siguiente. Nunca se quedaba ahí, sin importar lo que pasara procuraba darle su espacio a su compañero para que pudiera desarrollar sus actividades con total libertad. ¿Estaba mal si rompía aquella rutina una sola vez?

—Estás siendo muy blando con él. Ni siquiera con Tetsu eres así. —Le reprochó. No le molestaba que Miyuki se quedara, pero estaba preocupado de que aquella actitud condescendiente tuviera que ver con el hecho de que Eijun era el hijo de Yin. Incluso él estaba sorprendido con la noticia de que, efectivamente, Narumiya y Sawamura se casaron.

—Es porque espero muchas cosas de él. ¡Tiene un gran futuro en el béisbol! ¿Has visto cómo batea?

—Suenas como un padre orgulloso.

—¿Verdad que sí?

En ese momento el Eijun se sintió como un gran detective, el mejor del mundo, pues había descubierto quién era el padre que Tetsu-chan quería compartirle: Miyuki-sensei.

—Bueno, eres el maestro de estos niños, así que sabes lo que haces…o algo así. ¡Kyahahaha!

Kuramochi se acercó al grupo de pequeños vestidos con uniforme deportivo. Le gustaba mucho darle clases a los más jóvenes de la escuela, era divertido porque podía ir a un ritmo suave; todo lo contrario al acelerado grupo de Chris, con esos sí había que tener cuidado. En especial con ese demonio de pelo rosa y sonrisa zorruna llamado Ryosuke.

—Me niego a creer que eres hermano de ese chico. —dijo a Haruichi entregándole la pelota para comenzar las actividades—Vamos a organizarnos en dos equipos.

El profesor de educación física de Seido era alguien muy querido por sus alumnos. Ellos sabían que detrás de esa expresión un tanto ruda existía un hombre amable y atento que se preocupaba por ellos, que los consolaba con palabras dulces cuando se caían al correr y que siempre les llevaba un pequeño premio al final de la semana.

Mochi-sensei, quiero sentarme. —Furuya se acercó a él con la cara completamente roja. No tenía mucha resistencia y se cansaba pronto.

—¿Tan pronto? De acuerdo, puedes ir a hacerle compañía a Miyuki-sensei y a Eijun-chan. —Ese apodo, por ejemplo, era culpa del hermano mayor de Haruichi.

Furuya asintió y tomó asiento junto a ellos. Eijun, quien se había mantenido callado hasta ese momento, no tardó en intentar entablar una charla con él para distraerse. Era alguien muy inquieto y parlanchín cuando lograba entrar en confianza.

—¿Te gustan los animales?

—Sí. Los…osos…osos polares.

—A mí me gustan los perritos. Eijun quiere un perrito, pero mami dice que no tenemos espacio para uno. Dijo que cuando tengamos una casa con jardín, me va a comprar el perro más bonito del mundo. Antes vivíamos en una casa grande, pero…uhm…Eijun y su mami ya no pueden vivir ahí.

—Yo tengo uno. Mi abuelo me lo regaló en Navidad.

—Eijun no puede estar con su abuelo y su abuela.

—¿Viven lejos?

—Sí, muy lejos, en el cielo, así que no podemos ir a visitarlos. Mami me dijo que algún día iremos, pero falta mucho. ¿Tienes juguetes?

—Sí. Muchos.

—¿En serio? ¿Puedo ir a jugar a tu casa hoy? —preguntó con ilusión y luego bajó la voz—Yo tengo pocos y algunos están muy rotos, pero puedo prestarte a mi dinosaurio policía gigante, es especial para mí aunque no tiene una patita. Mami me lo compró en Navidad, tenía una etiqueta roja muy grande; era una oferta, no sé que es eso, pero Mami dijo que eso era bueno.

Miyuki escuchaba atentamente aquella charla infantil en la que Eijun parecía el más emocionado en hablar, soltando información por aquí y por allá, a diferencia de las cortas respuestas de Furuya; pero lo que llamaba la atención del profesor eran las constantes alusiones a la madre del niño y a la vida que tenían juntos.

—Furuya-chan. —Eijun miró de reojo a su maestro y luego se acercó a susurrarle algo al oído a su compañero:—¿Rei-sensei es la esposa de Miyuki-sensei?

—¿Eh? Pues… —Furuya ladeó la cabeza y se limpió la nariz. Intentó rememorar el significado de la palabra esposa, pero su adormilada mente no ayudaba mucho. Tan solo recordaba que ambos adultos siempre estaba juntos y cuidaban de Tetsu-chan. ¡Ah, por fin logró recordarlo! Su padre siempre llamaba esposa a su madre, siempre estaban juntos y cuidaban de él. Justo como sus maestros—Sí. Es su esposa.

—¡Oh! —exclamó Eijun emocionado.

—¿Qué pasa? —preguntó Miyuki.

—Nada. —Eijun le mostró una brillante sonrisa. Cuando llegara a casa iba a contarles a sus padres su gran descubrimiento.

La semana transcurrió de forma normal, con Eijun yendo y viniendo como si nada. Miyuki poco a poco se acostumbró a la presencia del niño y aunque la incomodidad de saberlo hijo de Mei y Yin permanecía ahí, la necesidad de tener al pequeño a su lado se hacía más grande cada día.


Cada sábado por la tarde acostumbraba surtir la despensa en el supermercado más cercano a su casa y ese día no fue la excepción. Miyuki había comprado todo lo necesario y un par de cosas extra que encontró a buen precio, incluyendo unos caramelos que seguramente encantarían al pequeño Tetsu. Ahora mismo se disponía a retornar a su hogar cuando a lo lejos divisó un par de figuras familiares.

—No, cariño. Lo siento.

—Pero…mami….

Frente a él estaban Yin y Eijun en una especie de drama familiar por un motivo que le era desconocido. Intentó alejarse pues su presencia no había sido detectada aún, pero al ver al niño bajar la cabeza y llorar, no pudo evitar acercarse.

—Hey. —Saludó.

Yin dio un brinquito antes de encararlo. ¿Por qué tenía que aparecer justo en ese momento? La suerte no estaba de su lado. Jamás lo estuvo.

—Buenas tardes, Miyuki-sensei. —Intentó sonar lo más calmada posible debido a Eijun. No quería que su hijo hiciera preguntas que no sabría cómo responder y tampoco planeaba enfrascarse en una discusión con aquel hombre en medio de la calle.

—¿Por qué está llorando? No me digas que peleaste con Mei frente a él otra vez. —Ese fue un reclamo directo y, a su parecer, justo. Si como matrimonio tenían problemas era normal, pero arreglarlos en calma y sin el niño presente era lo mejor.

—Quiero un globo, pero mami dijo que no. —respondió Eijun hipando.

—¿No vas a comprarle un globo de quinientos yenes a tu hijo? ¡Qué mala mamá eres, Yin! —Se mofó. Ella siempre hablaba de tener hijos y ser estricta con ellos para que entendieran que las cosas materiales eran secundarias, pero esto era el colmo. Ahora que lo pensaba bien, los juguetes rotos de los que el niño hablaba seguramente se debían a eso.

—N-no es su asunto. —Solo deseaba salir corriendo de ahí.

—Mami no tiene monedas, pero Eijun lo quiere. —El niño se secó las lágrimas.

La mujer se sintió apenada, muy apenada. Le había dicho al pequeño que le compraría el globo la siguiente semana cuando le pagaran su primer sueldo, pero no esperó que él lo soltara así delante de Miyuki. Mil veces prefería que pensara que era una mala madre antes de que se diera cuenta de que la única razón por la que no llenaba con regalos las manos de su hijo era la falta de dinero.

—Ya veo… —El castaño de lentes hizo una mueca. Con que el problema era ese y no la crianza del niño. Había dejado que su molestia hacia ella aflorara, juzgándola sin preguntar antes—¿Cuál globo quieres?—Tenía que remediar su error.

—¡Ese!—Señaló el globo con forma de un enorme tanuki barrigón

—Bien…ese será.

—K-Kazuya, espera… —Tenerlo cerca era demasiado peligroso y lo sabía, la descontrolaba por completo. Además él siempre fue alguien muy sagaz y eso le causaba un gran temor.

Miyuki se acercó al vendedor y pagó por el globo. Cuando dio la media vuelta para regresar no supo cómo describir la expresión en el rostro de Yin. Se quedó un momento mirándola, mirándolos. Cualquier que los viera fácilmente podría pensar que se trataban de una familia feliz dando un paseo sabatino, pero no lo eran.

—Aquí tienes, es todo tuyo.—dijo alegremente al pequeño. Fingir su estado de ánimo se le daba muy bien, pero por un momento su voz flaqueó y se cortó un poco.

La carita de Eijun se iluminó y le propinó un abrazo, aunque solo alcanzó a envolver las piernas de su profesor, quien no pudo evitar el sonrojo en su rostro y tuvo que girar la cara para hacerlo menos evidente. Con pesar Miyuki se dio cuenta de algo: nunca podría odiar a Eijun.

—Le voy a devolver el dinero, se lo aseguro.

—No tienes que devolverme nada, me sobraron unos yenes de cambio. Eso es todo. —Suspiró—Decide de una vez si vas a tratarme de usted o volverás a llamarme Kazuya como en los viejos tiempos. —Pese a las carencias que evidentemente padecía, Eijun parecía un niño muy feliz y eso no podía ser otra cosa que una consecuencia del amor que sus padres le tenían, se tenían. Entonces se dio cuenta de otra cosa: Tampoco podía odiar a Yin.

—Mami, tengo hambre.

—D-debemos irnos. Con permiso, Miyuki-sensei.

Solo se odiaba a sí mismo.

—Adios sensei. —Eijun se afianzó de la mano de su madre, sujetando con fuerza el hilo que impedía que el globo saliera volando. Hizo un ademán para despedirse de su maestro y se dejó guiar a casa mientras ella le decía que iba a prepararle una rica cena con lo que habían comprado.

Para Miyuki no pasó desapercibido que lo único que llevaba Yin en la bolsa de compras eran cuatro plátanos, una papa pequeña, un manojo de lechuga y una bolsita de sopa instantánea.

—¿Qué se supone vas a cocinarle con eso?—preguntó al aire.

Retomando su camino, pasó junto a una juguetería en donde vio exhibidas unas figuras de acción de un anime infantil del cual Tetsu era fan. Junto a ellas un enorme dinosaurio ataviado con un gorro y una placa de policía posaba muy alegre.

—Le van a encantar cuando las vea. —Se dijo saliendo de la tienda luego de comprar tres nuevas figuras para la colección del pelinegro. Acomodó todo en la bolsa y miró fugazmente el pequeño peluche con forma de cachorro Akita que había escogido para Eijun. Estaba algo inseguro sobre si debía dárselo o no; tampoco es como si hubiera pasado un largo rato escogiéndolo para él, simplemente estaba en un montoncito de artículos con descuento junto a la fila de la caja y le sobraron unos yenes…otra vez.

Para evitar tomar el metro a esa hora, se encaminó por un atajo que descubrió hace unas semanas. Pronto las anchas calles se convirtieron en unas más angostas y menos concurridas; tarareando una canción de lo más alegre dio la vuelta a la esquina, pero se congeló con la escena que tenía enfrente.

—¿M-Mei?

Sí. Mei Narumiya, su ex mejor amigo, padre de Eijun y esposo de Yin, estaba justo ahí besando a una chica que obviamente no era su esposa.


Bueno, hasta aquí llegamos hoy. Agradezco mucho sus comentarios y favoritos, en verdad significan mucho para mí. ¡Nos leemos pronto!