Monica: ¿Andy?

McNally: Hola Monica –contestó Andy saliendo de su ensimismamiento-.

Monica: No, no sabía que Sam estaba aquí. Me acabo de enterar… Acabo de entrar en el turno y una compañera me lo ha contado –dijo Monica visiblemente nerviosa-. Voy a entrar a verlo, ¿vale?

McNally: De acuerdo.

Andy la siguió con la mirada y volvió a su posición natural delante de la ventana de la habitación.

La puerta volvió a abrirse y la hermana de Sam salió por ella.

Sarah: ¿A quién se supone que estaba salvando esta vez? –preguntó Sara enfurecida dirigiéndose a Andy-. ¿Por qué valora tan poco su vida? ¿No se da cuenta que hay gente que se preocupa por él?

McNally: Él… él solo estaba hacienda su trabajo.

Sarah: ¿Su trabajo? ¡Claro! No existe nada más para él, ¿no? Sólo su trabajo.

McNally: Él saldrá de esta…

Sarah: Sí, siempre sale inmune, pero llegará un día en que la suerte dejará de estar a su lado.

Andy vio como la hermana de Sam luchaba contra las lágrimas e intentaba hacerse la fuerte, así es que decidió cambiar de tema.

McNally: ¿Se ha despertado?

Sarah: No.

McNally: Pero lleva mucho rato sin reaccionar. He intentado preguntar a las enfermeras que han estado entrando y saliendo, pero me han dicho que no estaban autorizadas a decirme nada, que esperara a hablar con el médico.

Sarah: La doctora que acaba de entrar me ha dicho que lo han sedado. Parece que en la sala de reanimación, después de la operación, estaba muy nervioso.

McNally: Ah.

Sarah: Pero que no tardará en despertarse. Lo van a ir espabilando poco a poco.

Siento lo de antes. He sido un poco brusca. No me lo tengas en cuenta.

McNally: La situación no ayuda.

Sarah: No –dijo Sarah mirándola por un momento-. Tienes mala cara, ¿quieres que te traiga un café? Voy a aprovechar para acercarme a la cafetería.

McNally: No, gracias. No te preocupes, no lo dejaré sólo, esperaré aquí

Sarah: Gracias.

Andy se sentía terriblemente cansada. Aparte del agotamiento físico, la tensión y los nervios estaban comenzando a hacer estragos en ella. Volvió a mirar por la ventana y vio como Monica le hacía señas para que entrara.

McNally: ¿Va todo bien? –preguntó Andy entrando en una exhalación-.

Monica: Sigue dormido, pero ya han comenzado a reducir la dosis y en un ratito se irá despertando –dijo Monica hablando apenas en susurros-.

McNally: Pero, ¿cómo está evolucionando?

Monica: De momento todo va bien. Él es fuerte. Si no hay ningún contratiempo importante, saldrá de esta.

Era tanta la tensión que acumulaba, que no pudo evitar que toda la angustia que sentía, saliera entre sollozos.

Monica: ¡Eh, mira quién está aquí! –dijo Monica mientras señalaba a un despistado Oliver, que asomaba la cabeza por la ventana-. Será mejor que salga y siga con mi turno de urgencias.

McNally: Gracias por todo Monica. Aunque no seas su médico, Sam estará en buenas manos si lo necesitas en algún momento.

Monica: Es lo menos que puedo hacer…

Aprovechad para ir a la cafetería cuando vengan las enfermeras a asear a Sam, necesitas urgentemente tomar algo. No queremos que también enfermes tú.

McNally: Gracias Monica.

Oliver: ¿Por qué no me habéis dicho nada? –preguntó Oliver arrastrando su suero mientras Monica le abría la puerta.

Monica: Bueno, yo me voy.

McNally / Oliver: Adiós.

Oliver: Vale que he estado secuestrado durante unas horas y que ese maldito de Ford me ha dado un golpe en la cabeza, pero eso no quiere decir que sea un niño pequeño. Celery no quería decirme nada para que no me preocupara. Me he enterado por casualidad.

McNally: shhhhhhh-dijo Andy poniendo un dedo sobre sus labios-. ¡No grites, está dormido!

Oliver: Ahh –contestó Oliver mirándola fijamente-. Tienes una pinta horrible.

McNally: Me lo imagino. Llevo mil horas despierta.

Oliver: ¿Cómo está Sammy?

McNally: Monica me acaba de decir que si no hay ningún contratiempo saldrá de esta.

Oliver: No soportaría perder a Sam. Él es como un hermano. Llevamos juntos desde la academia. Él era sólo un muchacho.

McNally: No vamos a perderlo Oliver.

Oliver: Parece que nos van a echar –dijo Oliver mientras dos enfermeras entraban por la puerta-. Venga, acompáñame a la cafetería, la comida del hospital es terrible.

McNally: Pero…

Oliver: Venga Andy. Sam no va se va a ir a ningún sitio.

McNally: Pero al menos esperemos a que vuelva su hermana…

Oliver: ¿Sarah está aquí? Menuda sorpresa.

McNally: Sí. Sólo ha ido a por un café. ¿Por qué dices eso?

Oliver: Bueno… Ellos no se ven todo lo a menudo que deberían. Al fin y al cabo son hermanos.

McNally: Por ahí viene.

Sarah: ¡Ollie, cuánto tiempo! –dijo Sarah dándole un abrazo-.

Oliver: Sí, demasiado.

Sarah: ¿Tú también has resultado herido?

Oliver: Bueno, sí. Pero no es nada…

Me llevo a Andy, necesita tomar algo con urgencia. Nos vemos ahora.

Los dos continuaron por el pasillo y entraron en el ascensor, mientras Marlo salía del ascensor de al lado.