Oliver: Todo esto es muy raro, Sammy. ¿Hace unos meses querías niños con McNally y de repente los quieres con Marlo?

Swarek: ¡No tiene sentido! Pero… ¿Qué quieres que crea? Quizás me di cuenta que no tenía ningún futuro con Andy –paró un momento, le costaba decir esas palabras-. Que ella había rehecho su vida y que era feliz con Collins.

Oliver: ¿Qué vas a hacer?

Swarek: Marlo y yo estábamos saliendo. Ese niño tiene que ser mío. No puedo mirar para otro lado.

Oliver: ¡Vale, vas a tener un hijo! Pero… ¿y la madre?

Swarek: No sé, hombre. Ni siquiera la recuerdo.

Oliver: Esperemos que tu memoria vuelva pronto.


Sarah: Así es que aquí es donde trabaja mi hermanito.

McNally: Sí. Él es un gran policía.

Sarah: Si lo hubieses conocido de pequeño nunca lo hubieses dicho.

McNally: ¡Ah no! Pues ahora lo es. Él es un referente para todo el mundo.

Sarah: Me siento orgullosa. Nunca hubiera imaginado decir esto… Estoy abrumada.

McNally: Él causa ese efecto, jajaja…

Sarah: Y tú estás enamorada de él.

McNally: Bueno… eso ya pasó. Quizá un tiempo atrás.

Sarah: No te intentes engañar a ti misma. Tú aún le quieres.

McNally: Sarah, no…

Sarah: Ya sé. Todo es complicado con él. Siempre lo ha sido… Pero ahora, él es diferente. No sé qué o quién lo ha cambiado, pero él es otro.

McNally: Yo lo veo igual que siempre.

Sarah: No. Te equivocas él se ha abierto a mí como no lo había hecho nunca.

McNally: Sí. Él es bastante hermético con sus sentimientos… Nunca me había hablado de su familia. Es más, no sabía que tenía familia.

Sarah: Sí. Una familia no muy grande, pero una familia al fin y al cabo.

McNally: ¿Vuestros padres viven?

Sarah: Sí, pero ese es un tema delicado. Él te hablará de ello pronto, ya verás.

McNally: Lo dudo. Ahora mismo lo único que quiero es estar lo más lejos posible de él. No sé qué voy a hacer cuando él vuelva al trabajo. Pedir un traslado o algo así.

Sarah: ¿Por qué?

McNally: ¿Cómo te crees que me voy a sentir viéndolo cada día? No, ni hablar. No voy a poder soportar eso.

Sarah: ¿Qué fue mal entre vosotros?

McNally: Él me echó literalmente de su lado cuando murió su mejor amigo.

Sarah: Típico de Sam. No querer involucrarse.

McNally: Exacto. Él busco la solución más fácil. Aunque con eso nos hiciera sufrir a todos.

Sarah: Tienes que confiar en él.

McNally: Pero Sarah. Un día dice una cosa y al siguiente la contraria. Ya no sé realmente quién es. Lo he visto tantas veces actuar para conseguir algo…

Sarah: Pero él te quiere… puedo verlo cuando te mira. En cambio cuando mira a Marlo sólo veo una cosa.

McNally: ¿Qué cosa?

Sarah: Un gran interrogante en su cara.


Oliver: Yo también tengo que darte una noticia.

Swarek: Espero que sea buena…

Oliver: Bueno… eso depende. El Inspector Jarvis me ha ofrecido la camisa blanca.

Swarek: ¡Eso es genial!

Oliver: Depende. Quieren que sea el sargento interino, pero ya sabes cómo van estas cosas. Casi es más una imposición que un ofrecimiento y luego no me van a permitir dejarlo.

Swarek: Lo harás bien, Ollie.

Oliver: Pero a mí me gusta la calle. Me encanta patrullar.

Swarek: Pero de esta manera puedes ayudarnos a todos. Podemos aprender de tu experiencia…

Oliver: No sé colega…

Swarek: Mírame a mi sino… de Detective. ¿Por qué estudié para Detective, Ollie?

Oliver: Demasiado tiempo libre. Te quedaste hecho un desastre cuando Andy se marchó y comenzaste a estudiar para matar el tiempo.

Swarek: ¡Una gran razón la mía! ¿Y me gusta?

Oliver: Sí. A ti también te gustaba patrullar, pero trabajar como Detective te permite combinar la investigación con el trabajo de campo.

Swarek: Es duro no poder recordar nada…


McNally: No debí haber entrado. Hace siglos que no venía por aquí –dijo Andy intentando que los recuerdos no la abrumaran-.

Sarah: Necesito que me ayudes. Yo no sé donde tiene las cosas Sam.

McNally: Yo tampoco… Bueno, apenas lo sé. Sólo venía por las noches –dijo sentándose en la cama-.

Unas noches de locura, pensó, en las que apenas dormían. En las que habían sido muy felices. Miró alrededor. Nada había cambiado en el año que había pasado desde la última vez que ella estuvo allí. Todo perfectamente ordenado tal y como suponía lo había dejado Sam una semana antes. Ese había sido uno de los aspectos por los que habían discutido alguna vez cuando estaban juntos. Él era extremadamente ordenado y ella vivía en lo que Andy llamaba su caos particular. Andy sonrió pensando en eso.

Sarah: ¿Nunca vivisteis juntos?

McNally: No. Éramos como quinceañeros saltando de casa en casa.

Sarah: ¡Ya veo! Jajaja… ¿Y quién oponía más resistencia?

McNally: En realidad los dos. Yo venía de una relación digamos "seria". Había elegido al chico bueno en vez de al malo.

Sarah: ¿El malo era mi hermano?

McNally: Sí –dijo Andy avergonzada-. Tú hermano estuvo a punto de convertirse en el mejor error de mi vida, pero…

Sarah: Pero… te decantaste por la apuesta segura.

McNally: ¡Sí, vaya apuesta!

Me comprometí. Iba a casarme. Pero rompí con él unos días antes de la boda. Me engañó con una ex novia.

Sarah: ¡Vaya!

McNally: Siempre quedó algo pendiente entre Sam y yo. Pero cuando empezamos a salir todo era clandestino. Al principio por obligación, ya que Sam estaba en un caso encubierto y luego… por mis inseguridades y porque para Sam era cómo si no estuviera pasando nada. Para él la relación era sólo nuestra y no mostraba por mi ningún afecto en público. Tardó meses en cogerme la mano delante de los compañeros… Y cuando todo parecía que estaba en su sitio, murió Jerry y todo volvió a ponerse patas arriba.

Lo siento, Sarah… No debería estar contándote esto. Has venido a recoger las cosas de Sam y, ¿qué hago yo? Aburrirte con mis historias.

Sarah: No me aburres. Quiero conocer mejor a mi hermano. Hace siglos que él y yo no tenemos una relación estrecha…

McNally: Pues no sé si esta va a ver la mejor manera de conocerlo…

Sarah: Esta bien conocer otra versión de la historia. Me voy a aburrir de escuchar a mi hermano cuando venga a St. Catharines a recuperarse.

McNally: ¿Va a ir a tu casa? Pensaba que se quedaría con Marlo.

Sarah: No. Ya es hora que yo cuide de él. Le hará bien estar con su familia y jugar con las niñas.

McNally: Sí, así practicará para cuando nazca su hijo –dijo Andy con amargura-.

Sarah: Andy, lo siento… No quise decir eso.