McNally: Ha ido a pasar el fin de semana allí con un grupo de amigos y con gente del trabajo.

Swarek: ¡Ah! –exclamó Sam sentándose en el sofá cerca de Andy-.

McNally: Sí, aparte de Epstein y Diaz… con dos de las novatas… Y con… Connors.

Swarek: ¿Connors? Hahaha… ¿Él ha ido de fin de semana con las novatas? ¡Esto promete!

McNally: ¿A qué viene esa risita? ¿Por qué dices que esto promete?

Swarek: ¡Bueno, conozco a Jamie hace años! Y me hace gracia que se haya ido a Hamilton con toda esa gente…

McNally: ¡Aha!

Swarek: Fuimos juntos a la Academia… Aunque él es un poco más joven que yo.

McNally: He oído hablar mucho de él…

Swarek: Sí, es un excelente policía.

McNally: Pero no de eso exactamente…

Swarek: ¿Ah no? –dijo Sam mirándola fijamente-.

McNally: Me han dicho que está como un queso.

Swarek: ¿Qué? –dijo Sam quedándose con la boca abierta-.

McNally: Creo que te ha desbancado como el más sexi de la Comisaria, hahaha… –dijo Andy sin poder dejar de reír-.

Swarek: ¡Ya veo! Puedes juzgar por ti misma. Aquí tengo una foto… -dijo Sam señalando su celular con cara interesante-.

McNally: ¡Quiero verla! –dijo lanzándose encima de Sam

Swarek: ¡Eh! ¡Vale, vale! –exclamó Sam disfrutando extraordinariamente de la cercanía de Andy-. No voy a discutir con una mujer embarazada que se ha abalanzado sobre mí-.

McNally: ¡Más vale que no lo hagas! –dijo Andy guiñándole un ojo-. ¿A ver…?

Swarek: ¿Y entonces…?

McNally: ¡Tracy tenía razón…! ¡Está buenísimo!

Swarek: Espero que esto sólo sea debido a las hormonas, hahaha…

McNally: ¡Es posible! Veo unos pantalones y me vuelvo loca…

Swarek: ¿Qué?

McNally: ¡Lo siento! ¿He dicho yo eso?

Swarek: Sí –dijo Sam acercándose mucho a ella-. Entonces… ¿me ha desbancado?

McNally: No sé… Tendría que ver algo más que una foto… pero la foto promete, hahaha…

Swarek: Así que no te mojas… ¡Cobarde!

McNally: ¡Será mejor que vuelva a mis libros! –exclamó Andy totalmente sonrojada-.

Swarek: ¿Por dónde vas? –preguntó Sam señalando uno de los manuales-.

McNally: ¡No muy lejos! Me lo estoy tomando con calma…

Swarek: ¡Claro! –dijo Sam recordando su conversación con Traci-.

McNally: Prefiero no correr mucho y asimilar bien todo lo que leo.

Swarek: ¡Me acuerdo de este tema! Me costó un mundo aprendérmelo…

McNally: ¿Ah sí?


Andy se despertó sobresaltada. Un ligero dolor en su cuello le recordó que estaba en el sofá. Aún era de noche ya que la estancia estaba en la más absoluta oscuridad. Intentó moverse, pero su nuca se quejó al hacer sólo un ligero movimiento. Un aroma muy conocido llegó hasta ella. Sin poder evitarlo, sonrió como una tonta en medio de la penumbra: la colonia de Sam. ¡Cómo la había extrañado! Extrañamente el olor no le revolvió el estómago, como le solía pasar con todas las colonias desde que estaba embarazada. La cabeza de él se movió y se recostó en su hombro. Suspiro. ¿Qué podía hacer sino disfrutar de ese momento?

Recordó lo bien que lo había pasado durante toda la velada y las horas que habían pasado juntos repasando las lecciones de uno de los manuales. Era curioso, pero las cosas parecían mucho más fáciles cuando era él el que se la explicaba. Había avanzado más en esas escasas horas que casi en todo el tiempo que llevaba estudiando por su cuenta. Tenía que buscar una manera de agradecérselo.

Habían pasado unos diez minutos sin que ella hiciera el más leve movimiento, cuando se dio cuenta que no podía seguir así toda la noche. Intentó moverse y la respiración pausada de Sam se detuvo por un momento, emitiendo un ligero ronquido. Mediante movimientos suaves se deslizó a un lado y fue desplazando el cuerpo de Sam hasta que éste estuvo totalmente acostado. Esperó un momento y lo besó en la frente. Fue hacia la habitación, volvió con una manta y lo cubrió. Después volvió a su cuarto, no sin antes pararse un momento en el quicio de la puerta para observarlo. Ciertamente no podía ver gran cosa, debido a la poca luz que todavía reinaba en la estancia, pero sabía que él estaba allí y eso era suficiente.


Un delicioso olor a café invadió sus sentidos. Suspiró. Pensaba que le había dicho a Nick que no hiciera café por las mañanas. Lo que en un principio era agradable, se convertía en cuestión de segundos en repulsivo. Entonces cayó en la cuenta… Nick no estaba… ¡Sam! Se incorporó, y las más que esperadas nauseas se trasladaron de su estómago hacia su garganta. Salió corriendo de la cama, tropezando con el montón de ropa que había dejado despreocupadamente en el suelo la noche anterior antes de ponerse una cómoda camiseta para dormir.

Sam oyó el ruido y entró precipitadamente a la habitación de Andy con cara de pánico

Swarek: ¿Estás bien? –preguntó corriendo hasta su lado-.

McNally: Sí, sólo he tropezado… y me he llevado esa mesilla por delante-.

Swarek: ¡Me has asustado! Pensaba que te habías caído.

McNally: ¡No! Pero estuvo cerca. La peor parada ha sido la mesilla –dijo Andy haciendo una mueca-. Y ahora tengo que dejarte –soltó antes de salir corriendo hacia el lavabo-.

Sam se acercó a la puerta entornada y llamó con los nudillos. Antes que ella contestara la abrió por completo y entró.

Swarek: ¿Cómo estás? –preguntó con cara de preocupación-.

McNally: ¡Por favor, no entres! ¡No quiero que me veas así! Esto es un poco desagradable…

Swarek: ¡No me importa! Sólo quiero ayudarte… -dijo acercándose a la repisa y cogiendo una de las toallas que había allí. Acto seguido la mojó y la puso en la nuca de Andy-.

McNally: ¡Gracias!

Swarek: Es lo menos que puedo hacer, ya que no puedo vomitar por ti.

McNally: ¡Maldito café! Antes no podía vivir sin él y ahora es sólo olerlo y tengo que salir corriendo…

Swarek: ¡Lo siento! Pensé que no te sentaba bien, pero no sabía que el olor también te molestaba.

McNally: Bueno, ya te acostumbrarás… -dijo Andy levantando los hombros en un gesto de resignación-.

Sam sonrió… y tanto que se acostumbraría. No pensaba mantenerse muy lejos de ella nunca más.

McNally: ¡Voy a darme una ducha! Si quieres ducharte también…

Swarek: ¡Ya lo he hecho! En el lavabo de invitados. Creo que mi cuello ha quedado un tanto perjudicado después de dormir en el sofá y necesitaba una ducha caliente.

McNally: ¿Mejor ahora? –preguntó fijándose ahora en el pelo húmedo de Sam y en su torso desnudo-.

Swarek: Un poco…

McNally: Dormir en el sofá tiene ese efecto secundario.

Swarek: Ya… sí… -dijo Sam un tanto nervioso-. Entonces, ¿qué quieres que te prepare para desayunar?

McNally: Una taza con la infusión de Celery y unas tostadas.

Swarek: ¿Con mantequilla como siempre?

McNally: ¡No! Con aceite de oliva. Nick me ha prohibido la mantequilla durante el embarazo, hahaha…

Swarek: Supongo que es poco sana, ¿no?

McNally: ¡Exacto! ¿Quieres algo de ropa de Nick? –preguntó mirando de nuevo el torso desnudo de Sam-.

Swarek: No, no hace falta. Me cambiaré cuando llegue a casa. Celery y Ollie me han invitado a comer.

McNally: Cómo quieras… ¡Dale las gracias a Celery por la infusión!

Swarek: ¿Por qué no vienes a comer y se lo agradeces personalmente? Ellos estarán muy contentos si vienes…

McNally: Te… tengo que estudiar… He de aprovechar ahora que todavía tengo ganas y que sigo pudiendo atarme los zapatos.

Swarek: ¡Sólo serán unas horas!

McNally: ¡Otro día, ok!

Swarek: ¡Ok!

McNally: ¡Voy a por mi ducha!

Swarek: Cuando salgas tendrás preparado tu desayuno.

McNally: ¡Cuento con eso!

Sam miró como ella desaparecía por la puerta y cogió rápidamente las llaves de Andy. Tenía que darse prisa si quería hacerle el desayuno antes que ella saliera de la ducha.

Andy entró en el comedor quince minutos más tarde, con una toalla sobre los hombros. Caminó pesadamente por la estancia mientras intentaba desenredarse el pelo con un peine. Últimamente las duchas le causaban un efecto tan reparador, que después de ellas, tenía que luchar con todas sus fuerzas para no irse a la cama. No quería ni pensar que pasaría en ese aspecto en los siguientes meses.

No había ni rastro de Sam. Lo llamó pero él no contestó. Miró en las otras dos habitaciones y en el lavabo de invitados, pero su búsqueda resultó infructuosa. Por último se acercó a la cocina. Encima de la encimera había una bandeja con un tazón humeante y tres tostadas con aceite de oliva. Estratégicamente situaba en diagonal, había una preciosa rosa roja junto a una nota: "¡Adivina quién te va hacer la cena esta noche!".