Los personajes le pertenecen a Masashi Kishimoto.
Capítulo 2:
Encuentros
El amanecer volvía a resurgir. Otro día llegaba a la isla. Él se encontraba ahí parado, junto a la cama del hospital. La veía dormir plácidamente. Fue un alivio saber que lograron estabilizarla. Se preocupó cuando le informaron que sus pulmones por poco estaban en estado delicado. A pesar de estar con algunas heridas en el rostro, la encontraba linda. Frágil, por sobre todo. Un cuerpo muy pequeño, liviano. Cuando la cargó en sus brazos notó que su peso era más bajo de lo que había supuesto. ¿Estaría bien, acaso? Lo que más le preocupaba, aparte de su apariencia física, era el hecho de cómo logró llegar hasta allí arriba, en medio de un ataque de un dragón. ¿Un accidente? ¿Una coincidencia? ¿Casualidad? ¿O había algo que estaba olvidando, algo que se escapaba de su vista y de sus especulaciones?
La puerta se abrió y él se reincorporó. Vio a Gaara. Él no necesitó acercarse a la camilla para saber que estaba dormida y estable. Pasó de largo, hasta donde Naruto se hallaba.
—Debemos irnos ahora —dijo, sonando más a una orden.
— ¿Ha llegado algún familiar? —preguntó.
— No. Pero Sasuke necesita irse. El sol acaba de salir —susurró la última oración, reparando en la muchacha. Sería un gran problema si ella se despertase ahora y escuchase.
— Pueden irse si quieren. Acompáñalo Gaara —le dijo—. Yo me quedaré a aguardar a que llegue alguien.
— ¿Seguro? —preguntó él pelirrojo.
—Si, no te hagas drama. Cuando alguien llegue yo volveré a casa y te llamaré.
— De acuerdo —Se encaminó a la puerta—. Recuerda que esta noche hay trabajo. Nos vemos —desapareció cuando la puerta se cerró.
Naruto se paseó los otros quince minutos por la sala, como un perro buscando el lugar más cómodo para dormir. De a ratos, la miraba de reojo. Quería conectar las ideas sueltas que tenía en su cabeza. Preguntas, dudas, suposiciones, teorías que se desmoronaban. ¿Y si la despertaba? ¿Podría acaso preguntarle si recordaba algo de la noche anterior?
Dispuesto a saciar su curiosidad, se acercó hasta ella. La contempló. No era fea… No al menos para él. Una muchacha promedio, diría Sasuke. Lástima que era humana. Él, si desease algo de verdad con alguien, al menos elegiría a una compañera que no fuera humana. No por preferencias, ni gustos, simplemente por el mero hecho de que para un humano, sería muy difícil de explicar su "rareza".
Haciendo a un lado sus pensamientos de si ella era o no una buena compañera, volvió a, lo que en un principio iba a hacer. Pero, ¿cómo despertarla? ¿Cómo despiertas a alguien cuyo nombre no sabes? ¿Le dices "ey tú, despierta"? Tal vez lo diría Sasuke… Tal vez ahora ser como Sasuke le serviría.
— Ey tu, despierta — pronunció, no tan fuerte, ni tan bajo—. Despierta —ordenó, frunciendo el ceño.
Ella se removió un poco. Apretó las sábanas. Frunció su entrecejo. Lanzó un gemido.
—Despierta —volvió a pronunciar, un poco más fuerte.
La chica se movió de manera violenta. Se aferró a las sábanas. Emitió unos quejidos. Gotas de sudor caían de su frente. Se retorcía bruscamente, gritando casi.
Naruto se alteró un poco, pero trató de calmarla. La tomó por los hombros, reincorporándola. Ella seguía con los ojos cerrados. El sueño no terminaba, aún estaba con espasmos.
— Calma —gritó—. Cálmate.
La puerta se abrió. Dos enfermeras y un doctor llegaron a la sala. Una de las jóvenes lo apartó a un costado. El electrocardiograma comenzó a emitir pitidos más alterados. Ella empezó a respirar más forzado. De pronto, se detuvo. Los pitidos cesaron, pero se mantuvo uno suspendido. El doctor se acercó apresurado. Le colocaron un respirador artificial. Acomodaron el desfibrilador. Una de las enfermeras se encargó de desabrocharle la camisa. Naruto volteó a ver para otro lado.
—Cargado. ¡Despejen! — apoyaron las almohadillas en el pecho desnudo y se produjo la descarga.
Al instante, el electrocardiograma se estabilizó. El ruido se volvió normal.
—Le pedimos que espere afuera —dijo una enfermera.
El asintió. Salió de la habitación y se quedó sentado en una silla de las tantas que había en el pasillo. Se encontraba solo. Las siete de la mañana. Al fondo del pasillo, se extendía un ventanal. La vista daba al mar. Se puso de pie y se acercó hasta el vidrio.
Amaba su cuidad. A su alma le agradaba estar ahí. Esa cuidad era su todo. Sus amigos, su trabajo, sus aventuras, su todo se hallaban allí. El único lugar en el cual lograba encajar. No solo porque había tantos como él, sino porque se sentía en paz. A pesar de llevar un demonio oculto, sentía que podía convivir con los humanos. Todo tenía. Faltaba su familia, sus padres. Vendería su alma al diablo con el fin de verlos una última vez y decirles que estaba feliz, agradecerles por haberlo cuidado.
Para su desgracia, los milagros y él no iban de la mano.
Escuchó el sonido de una puerta ser abierta. Giró su cuerpo. Las enfermeras y el doctor salían de la habitación donde estaba ella. Se acercó, a pasos pausados.
—Ya puede entrar —le indicó el doctor—. Logramos estabilizarla. La mantendremos en vigilancia por hoy. Es muy anormal, pero acaba de tener un pequeño paro cardíaco. Lo que nos llama la atención es la manera en la que se recuperó. Casi todas las magulladuras parecen haber sanado. Hace una hora estaban muy marcadas, ahora, como si nada. Es extraño. Pero si mejora, a la tarde le daremos el alta.
Quedó sorprendido. Pero para no elevar sospechas, asintió. Entró a la habitación. Para su sorpresa, ella estaba sentada en la cama, despierta. Tenía el peor aspecto que pudo haber visto, pero comprendía y no le desagradaba, tanto. Ojerosa, pálida, con los labios morados, algunos raspones en su rostro. La quemadura estaba cubierta con vendas, mientras que otras menores con parches y banditas.
A paso lento, se acercó. Se sentó en el pequeño sofá de la esquina. No supo si ella se percató de su presencia o no, pues seguía mirando a un punto en la pared. Carraspeó un poco, haciéndose notar. Ella dio un pequeño brinco, luego lo miró de reojo. El ambiente se puso tenso, tan tenso que ni con cuchillo se podía cortar.
— ¿Qué hacías allí anoche? —preguntó, clavando dura la mirada.
Ella simplemente agachó la cabeza. No dijo nada. Parecía que siguiera respiraba. Estaba tan dura como roca, inmutable como titán. Tal parecía no querer responderle. O tal vez no había respuesta. O tal vez si existía una respuesta, pero debía ser complicada, demasiado para explicar; demasiado pequeña la habitación como para poner más tenso el ambiente.
— ¿No puedes decirme? —curioseó.
Negó con su cabeza. Apretaba sus dedos. Nerviosa. Con pequeñas gotas de sudor bajando por su nuca. Producto del miedo, quizás.
A punto de seguir insistiendo, su celular vibró en el bolsillo del pantalón. Lo sacó y se fijó.
Sasuke: cambio de planes: el viejo dice que trabajemos al mediodía. Nos deja la noche libre.
El viejo es Jirayja, Un sabio. Un inmortal. Durante sus años de joven, era conocido por haber establecido un contrato con los tan respetados sapos. Ahora, ya con seiscientos cuarenta años es el dueño de un restaurante para humanos y criaturas. Él lo tomó como su discípulo en este mundo mágico. Lo sentía como un padre.
Naruto: Estoy ahí en cuarenta minutos.
Volvió a mirar a la chica. Aún seguía con la vista perdida en un punto de la pared.
—Debo irme —dijo.
No esperó respuesta. Sabía de primera que no la obtendría. No iba a hablar. Bien, perfecto. Él no iba a esperar toda la vida.
Se puso de pie, tomó sus cosas. Caminó hasta la puerta.
—Gracias —dijo ella antes de que la abriera.
Se quedó sorprendido por unos milisegundos. Después, sonrió —sin que ella lo notase— y salió.
Cerró la llave del agua caliente. Salió envuelto en una toalla. Caminó hasta su cuarto y empezó a vestirse. Su uniforme de trabajo constaba de una camisa negra, zapatillas negras y pantalones del mismo color, lo único que difería era una corbata roja. Secó su cabello, frotándolo con la toalla. Su reloj marcó las 08:20
— Llego tarde —masculló.
Salió a las apuradas del apartamento. Tomó su bicicleta que descansaba en el cuarto utilero junto a la puerta. Agradecía que el amable conserje le dejase guardar su medio de transporte allí.
Iba concentrado en la calle y en lo sucedido aquella noche anterior. Una imagen del rostro de aquella muchacha pasó por su mente. Tuvo la sensación de haberla visto antes. Un deja vu. Una sensación de volver a ver a alguien. Otra intriga era qué hacía ella. No, aún más… ¿Por qué exactamente se encontraba allí justo en el ataque del dragón? Todas esas preguntas carcomían su cabeza. La sentía explotar, volver a regenerarse y hacer boom de vuelta. Un gran Big Bang mental.
Apretó los frenos y colocó los pies en el asfalto antes de que la luz cambiara a rojo. Fue bocinado por un auto que casi se lo llevaba por delante. Suspiró. Este asunto lo estaba volviendo loco.
—Mesa tres, Naruto —le dijo el viejo enfuruñado.
Había llegado con diez minutos de retraso. A Jiraiya podías jugarle cualquier broma y él se reiría, pero nunca ser impuntual.
—Si —asintió.
Se acercó hasta la mesa, acomodando sus cabellos.
— ¿Puedo tomar su orden? —dijo, sacando de su bolsillo un anotador y un lápiz.
—Naruto —él quitó la vista de las hojas y se encontró con un cabello rosa fuerte—. No sabía que cambiaste de turno —le sonrió la muchacha.
—Sakura —sonrió—. No, normalmente trabajo a la noche —explicó—, pero hoy el jefe quiso que trabajásemos temprano y nos daba la noche libre.
— Eso es genial. ¿Está Sasuke? —La chica desvió la mirada un poco, alzando su cabeza, apartando del rostro sus pelos—. ¡Oh! Ahí está.
Sasuke se encontraba tras la barra, atendiendo a los pedidos de las personas allí sentadas.
— ¿Aún sientes interés por él? — le preguntó, esperando por una respuesta que era tan obvia y tan clara como la mismísima agua.
— Si —esperaba un no. Un "no" y un "ahora estoy interesada en ti, Naruto". Pero era más que imposible.
Haruno Sakura era su amor imposible. Su inalcanzable deseo. Era todo lo que el aspiraba en una chica. Alegre, hermosa, carismática, temperamental, con viveza en los ojos, con espíritu y fuerza en las palabras. Inteligente. Única. Toda una mujer de ensueños.
Pero por desgracia, a pesar de que le implorara a los dioses, había dos grandes e importantes razones para convertir su amor en algo imposible. La razón a) Sakura no era un ser mágico. Sino una simple mundana. Sin magia, sin demonio dentro, simplemente humana, de carne y hueso. Y él tenía una regla: nunca andar con un humano. No es que lo hiciera por mero capricho, pero lo prefería así, menos incómodo. La razón b) A Sakura le gustaba Sasuke. El vampi-playboy —como a él le gustaba en ocasiones referirse—, le ganó de antemano. Ella estaba en una clase de amor-obsesión con él. Más que nada amor.
— ¿Piensas que querrá salir conmigo si se lo pregunto? —curioseó la fémina.
Meditó un poco su respuesta antes de decir: —No creo que seas de su tipo.
Ella lo fulminó con la mirada, antes de querer saber la razón a esa respuesta.
— Pienso que el estilo de Sasuke son las chicas… pálidas, con dientes algo afilados, y que generalmente odien salir de día. Ya sabes…
— ¿Es eso acaso un fetiche?
— Pues digamos —cayó por unos segundos—. Aún así algo me dice que no te rendirás.
— ¿No?
— No.
—Jamás. Naruto, Sasuke es como mi luz en el camino.
Sasuke odia todo lo relacionado con la luz. Dijo para sus adentros.
— En fin, tengo que tomar tu orden.
Luego de la agotadora jornada de trabajo, las campanadas de la iglesia dieron las seis de la tarde. Naruto Sasuke y Gaara se encontraban en el vestidor, sin las corbatas y con algunos de los botones de sus camisas desabrochados. Tenían aspecto de cansancio.
— Vino Sakura —le comentó el rubio al moreno.
— ¿La que huele a frutillas? —preguntó él.
— Que insistente —comentó Gaara al aire, soltando algo que los tres al mismo tiempo pensaban.
— ¿Y qué le dijiste? —quiso saber el moreno.
—Nada. Aún está coladísima por ti. Cree que eres su luz en el camino —intentó sonar lo más cursi posible, pero resulto salirle grotesco.
— Que busque otra persona para que le ilumine. Yo no pienso ser…
—Quiere invitarte a salir — habló de la nada Naruto.
La sala permaneció en silencio durante escasos segundos antes de que Gaara se echara a reír, seguido por un rubio descostillado de la risa. No causaba gracia el que ella quisiera invitar a Sasuke a salir, sino que lo que la causaba era la cara del moreno. Sorpresa, impacto y luego una sonrisita tonta que no pudo contener. Ambos demonios, tendidos en el suelo, hacían gestos de besos y abrazos.
— ¿Qué tienen? ¿Seis? —enarcó una ceja el vampiro, más que molesto harto.
— No. ¿Y tú? ¿Nueve? Digo, esa sonrisita es de un niño —comentó con sorna el pelirrojo.
—Ciento ochenta y nueve años—les guiñó el ojo.
Las paredes retumbaban a causa de la música. En el aire, se percibía olor a perfume, alcohol, tabaco, cuero y sudor. La discoteca, ubicada a tres kilómetros del centro de la ciudad, en dirección a las calles bajas que llevaban al mar. Una cuadra de edificios viejos, algunos abandonados, entre dos gigantes, se hallaba Aurora. Anteriormente solía ser una taberna donde las personas —más que nada hombres— podían gozar de muy buenos tragos. Hasta que se convirtió en un local bailable.
Luces de neón, carteles fosforescentes, maquinaria de iluminación, parlantes estratégicamente ubicados para que ningún rincón se perdiese del sonido. Una barra de tragos ubicada al fondo, iluminada con luces azules. La vinoteca, tras la barra, con luces led también del mismo color que la barra. Sofás de cuero negro a los costados de la pista de baile. Y esta, con el piso de color, cambiando acorde a la música.
Los cuerpos sudados, amoldándose unos a otros, sacudiéndose con la música, haciendo retumbar sus pasos. Una masa compacta que a los ojos de los que estaban sentados, parecían haberse puesto de acuerdo para realizar sus movimientos.
—Este lugar apesta —comentó Sasuke.
— Tú apestas —Le respondió.
—No, idiota, que este lugar realmente apesta —frunció su nariz—. Para alguien como yo esta mezcla me está haciendo mierda —esta vez atinó a taparse la nariz.
— Hermano aguanta. La noche recién se prende —realizó con desdén con la mano—. Además, ¿viste lo buenas que están las chicas de aquí? Hay de todo —examinó con la vista el lugar—. ¿Tu fetiche no eran los pechos planos, Gaara? —le preguntó.
— No es un fetiche —respondió molesto—. Así las prefiero. ¿Qué necesidad de que tengan dos grandes pechos? Se ve vulgar.
— No es vulgar. Es el paraíso —dijo Naruto—. Poder tocar esa masa suave.
—Pervertido —le contestó Sasuke.
— ¡No es perversión!
— ¿Y qué es?
— Necesidad de un hombre —objetó—. ¿Saben hace cuanto no me acuesto con alguna chica?
Ambos, Gaara y Sasuke, empezaron reírse. Descuartizándose. Aunque un poco de su descontrol se debía a causa del alcohol, les causaba gracia lo dicho por el rubio. Perdieron unas lágrimas, y derramaron un poco de cerveza.
Naruto se molestó y dejó de prestarles atención. Llevándose su bebida de vez en cuando a la boca, frunciendo el ceño. Encendió un cigarrillo. Necesitaba relajarse. Pensó en lo que si había dicho era gracioso. Él no encontraba nada gracioso. Era un hombre, por lo menos un macho, si lo veía por el lado del demonio. Las necesidades estaban. No se acostaba con alguna hembra desde hacia tiempo. No le molestaría hacerlo esa noche. Así que empezó a fichar las que eran preferentes a sus gustos: de estatura baja, curvilíneas, con carne, detestaba a las que eran flacas hasta los huesos. Unas cinco acataban a esas categorías. Y cuando encontró a la sexta, se quedó pasmado.
Espero que les haya gustado. Dejen un review, me alegran mucho. Los quiero. Gracias por leer.
Byee!
