Los personajes le pertenecen a Masashi Kishimoto.
Capítulo 3:
Suelos de fuego.
Si esa noche le hubieran dicho que su vida y su misión en la tierra cambiarían para siempre, se hubiera quedado en su casa, sin duda alguna, viendo algún programa de televisión o algo similar. Pero el destino era quien gobernaba, entre los vivos más que nada. Este atrapaba, manipulaba, ataba y realizaba nudos como las agujetas en los zapatos. Él esa noche estaba siendo persuadido por las garras del destino. Su destino.
Vio la figura de ella. El rostro. La piel pálida. Los labios rojos. El pelo largo, liso. Las torneadas piernas. Los finos zapatos de tacón. Sus brazos y manos frágiles. Su cuerpo enfundado en ese vestido blanco corto y ajustado. Y reparó, también, en ese tatuaje que envolvía su muslo derecho.
Le parecía hermosa, única. La encararía y le invitaría una cerveza. Pero era ella. La misma chica que salvó la noche anterior.
—Las almas no salen a este tipo de lugares —comentó Sasuke irónico.
—No es eso, idiota —le respondió—. Miren en dirección a la puerta.
Ambos, Gaara y Sasuke, le hicieron caso. Por poco se les cae la quijada.
— ¿No es ella la que salvamos ayer? —preguntó Gaara, incrédulo.
— Aja —asintió Sasuke—. De haber sabido que estaba tan buena hubiera aprovechado —sonrió de lado.
— ¡Eres un idiota! —Exclamó él—. Yo la vi primero, aparte. Tú querías dejarla en el hospital sola.
— Apuesto a que puedo conseguirla primero —le dio una mirada de advertencia el pelinegro.
— ¿Quieres apostar? —gruñó él.
— ¡Este no es momento! —Habló Gaara—. Paren sus mentes pervertidas y sus juegos de niños, deténganse a pensar un poco. ¿No les parece raro? —preguntó y siguió: —Este es un lugar donde solo los que no son mundanos pueden entrar. Los orangutanes al ver humanos simplemente los echan a patadas. Eso nos está diciendo una cosa: ella no es humana —el pelirrojo dio un largo trago a su cerveza.
Él se quedó mirándola fijamente. Analizando las palabras de su amigo, tenía toda la razón. Los humanos nunca entraban a ese lugar. Nunca. Si apenas uno se acercaba, los guardias de la entrada lo sacaban de dos maneras: a) diciendo que era una fiesta privada b) con una buena patada en el trasero. Y por ende, todo conduciendo a que ella estuviese ahí, significaba lo que Gaara había dicho: Ella no era humana.
Bruja, hada, bestia, vampiro, criatura marina, sacerdotisa, animal, hechicera, oráculo, lo que fuese. Ella entraba en la posibilidad de ser algo.
Su mente se nubló cuando hizo contacto visual con ella. Notó que estaba sorprendida, después alarmada. Caminó hasta el centro de la pista. La perdió de vista. Pero la encontró devuelta en la barra. Tomaba asiento.
Como si algo no encajase, tuvo un mal presentimiento. Un escalofrió. Algo que le gritaba "sal de ahí". Sun instinto bestial bullía, poniéndose en alerta. Miró en dirección a la puerta, justo cuando dos personas de aspecto desagradable entraban. Uno, con una cicatriz en el ojo que provocaba arcadas. El otro, con quemaduras en los brazos. Ambos causaban repulsión. Pero no por las marcas en sus cuerpos, sino por la cara que tenían. Olía a putrefacción. Como si esos dos sujetos ya estuviesen en las puertas del Hades.
Observó que se acercaban a donde estaba ella. Aún más alarmado se puso. Con cautelo, ambos tomaban asiento en la barra, dejándola en medio. Uno le tomaba el brazo, mientras que otro se acercaba a su cuello. Sintió un revoltijo entre el estómago. ¿Qué tenia ella que ver con esos sujetos? ¿Amigos? ¿Negocios?
La chica se puso abrupta de pie. Le dirigió una mirada atemorizante. Como si constantemente fuese consiente que él la estaba mirando. Muy obvio fue, quizá.
Ella empezó a caminar hacia los baños. Meneando sus caderas. Deslizándose entre los cuerpos. Como una figura angelical que persuadía a pecar.
— Parece acoso — le comentó Gaara.
—Hay algo que no encaja —ignoró el otro comentario.
— ¿Qué cosa?
— Piénsalo. Esos dos tipos se le acaban de acercar. Parece que los conociera, no sé.
— Tal vez son amigos.
El ambiente se sintió más caliente. El humo empezó a emanar de los pasillos de los baños. La alarma se encendió y comenzó un incendio. El descontrol inundó el local. Todos los que allí estaban comenzaron a correr en dirección a la salida y a la salida de emergencia situada a un lado de la barra.
Sasuke y Gaara empezaron a encaminarse hacia la salida. Pero él no. Naruto se puso se pie y corrió en dirección a los baños.
— ¡Naruto! —gritó Sasuke.
— ¡Ella está en el baño! —le contestó.
Tan rápido como pudo llegó a la puerta del baño de damas. El humo afectaba su olfato, el cual decidió multiplicarlo igual que su vista. Aunque a duras penas podía ver, el fuego salía de un cubículo. Pero ella ahí ya no estaba. Oyó unos golpes provenientes al final del pasillo. Se dirigió hasta allí, encontrándose con una puerta trasera. La arrancó de una patada. Todo el humo salió tras él.
Tres figuras paradas estaban en el callejón. Una, su melena larga se mecía con la brisa. Las otras dos, tenían sus manos cubiertas de fuego.
— Ay que acabarla, Zero — dijo el que tenía la cicatriz en el ojo.
Una pelea.
El sujeto de la cicatriz en el ojo lanzó de sus manos fuego, apuntando en dirección a la chica. El que se llamaba Zero, empezó a transformar sus manos en garras, similares a las de un dragón y empezó a correr en dirección a ella. La muchacha, en vez de empezar a correr en dirección contraria, inició una carrera cuya meta eran ambos tipos. De sus manos manaban dos flamas azules. Y con dos puños flameantes abrió las llamas a la mitad, cortándolas, esfumándolas.
Él se quedó impresionado. Semejante poder en un cuerpo tan frágil.
— Hatsuki, tus llamas…
— ¡Cállate idiota! Maldita perra —masculló el tipo de la cicatriz.
De pronto, una danza de fuego empezó a surgir del suelo. Las llamas parecían bailar, poseer vida. Daban latigazos alrededor del hombre. Poco a poco, se hicieron más y más grandes. Hasta que amenazadoramente se comenzaron a acercar a ella. Como serpientes cobras predispuestas a escupir veneno, casi abrasando sus piernas. Sufrió leves quemaduras, pero en su cara se expresaba dolor.
Naruto empezó a acercarse lentamente. Cuidando sus pasos. Intentando ser lo más cauteloso posible.
— ¡Cuidado! —el grito femenino le hizo voltear, justo a tiempo en el que una garra se dirigía hacia él. De un salto, logró esquivarla, estableciéndose de pie sobre la tapa de uno de los contenedores de basura.
— ¿Llamaste refuerzo? —preguntó el hombre de las garras.
Ella lo miró con el ceño levemente fruncido.
— Vete de aquí —le ordenó—. Esto no tiene nada que ver contigo.
— Se convirtió en asunto mío cuando esa deformidad me atacó —espetó, enfadado.
Se relajó, respiró hondo. Llenó de aire fresco sus pulmones, cerró sus ojos. Con un leve cosquilleo, su poder lo rodeó. La gruesa capa roja que emanaba de él le hizo de capa. Soltó un rugido bestial. Sus ojos azules cambiaron el color, pasando a ser rojos. Las uñas se convirtieron en garras. Los dientes, en colmillos.
—Eres… —pero ella no pudo terminar su frase.
Él se ensambló en una batalla cuerpo a cuerpo con el tipo de las garras. Naruto le dio un golpe con su mano derecha, el cual acertó en la mandíbula del otro. Zero, antes de caer, vio la oportunidad y lanzó una patada a la costilla, dándole. Si hubiera estado en su forma normal, hubiese salido quebrado de esa pelea. Pero no había tiempo para pensar en eso. Luego de caer al suelo, se levantó inmediatamente, iniciando carrera. Con sus dos manos, se lanzó sobre el cuerpo, empezando a rasguñarlo de gravedad. No le era fácil, puesto que recibía algunos golpes. Más la ventaja estaba en sus hombros.
— ¡Monstruo! —gritó Hatsuki.
— La pelea tuya es conmigo —dijo la chica.
Ambos de usuario fuego comenzaron a lanzarse flamas. Con agilidad y destreza lograban esquivarlas, mientras que otras se consumían en las pieles. Resultaba hermoso ver los destellos de colores combinarse. Tan hermoso que parecía una danza. Salvo que era todo lo contrario. La chica, en una oportunidad, esquivó de un salto las llamas que él lanzó a sus pies, y habló en un idioma extraño.
De pronto la tierra empezó a temblar. Grietas surgieron del suelo, soltando vapor. Ella se elevó en los aires, con sus brazos abiertos, en forma de cruz. Volvió a recitar las palabras de antes. Más intenso se volvió el movimiento. Naruto se vio obligado a subirse a un techo, sosteniéndose con fuerza. Los dos tipos quedaron ahí en el suelo. Sus rostros palidecieron hasta cambiar a una cara de espanto cuando surgieron llamas del piso. Las grietas se agravaron más. La piedra bajo los pies casi ni existía, tan solo había fuego y vapor.
— ¡Zero! —el de la cicatriz gritó el nombre de su compañero. Este se puso en cuclillas y escupió fuego por la boca en dirección al cielo.
Todo pareció brillar. Las ventanas, las paredes, el rostro de ella, los cuerpos de ellos, su rostro. Todo pareció ser luz hasta que dejó de serlo. La oscuridad se apoderó de toda la cuadra. Los cables de las farolas públicas hicieron corto circuito, quemándolas. Él se quedó asombrado en el techo. Bajó su vista. Los dos tipos desaparecieron. Quedaban pequeñas fogatas las cuales se iban extinguiendo. Vio el cuerpo de ella. Tirado.
Estaba desmayada.
Se acercó con rapidez. Notó algunas quemaduras más fuertes que otras. Intento despertarla pero nada. Se encontraba inconsciente.
Escuchó unas pisadas apresuradas acercarse. Puso sus sentidos alerta.
Gracias por leer!
Espero que les haya gustado.
Si dejan un review no me enojo eh.
Hasta la próxima!
Byee!
