Los personajes le pertenecen a Masashi Kishimoto.
Capítulo 7:
Híbrido.
Dos hombres, robustos, llenos de tatuajes en todas partes —incluyendo la cara— salieron detrás de los contenedores. Sasuke chasqueó la lengua. Eran Mikurokages. Controladores del "viento negro", una magia rara y exótica, capaz de controlar el viento. Y la ironía está en que dentro de su cuerpo tienen el tan famoso polvo negro. Un veneno ácido que fabrican en el interior de su organismo, capaces de desintegrar cualquier extremidad de su oponente que apenas rozara el viento. Los tatuajes en su cara eran sellos que los mantenían a salvo del veneno.
Observó el espacio. Era muy reducido, y tenia que llevar la batalla lo más lejos posible para evitar que el restaurante fuese destruido. Empezó a tomar vuelo para dirigirse a los campos fuera de la ciudad. Inició una persecución. Los dos hombres se elevaron por el aire, formando un torbellino que los trasladó. Sasuke observó para atrás: aquellos torbellinos estaban destruyendo las calles, arrojando cosas, lastimando a las personas.
Necesitaba apurarse. Divisó ya cerca un campo. Corroboró que ningún campesino estuviera cerca. Y cuando vio que era seguro, se lanzó en picada hacia el suelo. Dando un giro antes de estrellarse, cayó de pie. Se colocó los guantes de cuero que siempre tenía guardados en sus bolsillos del pantalón. Era necesario usarlos cuando usaba su sable, el cual también llevaba consigo en forma de colgante gracias a un conjuro de una vieja bruja. Los ajustó bien y, tras citar las palabras para volverla a su forma original, agarró fuertemente el arma blanca con su mano derecha.
El viento empezó a soplar, indicando la llegada de los dos Mikurokage. Apenas aterrizaron, inició la batalla.
Con fiereza lanzaban ráfagas de viento con la intención de hacerle cortes en la piel. Sasuke, con destreza, se fue acercando a gran velocidad, esquivando los vientos o cortándolos. La diferencia estaba en que él era un usuario de combate cuerpo a cuerpo, y ellos de larga distancia. Estaba difícil la cosa. Cuando logró aproximarse, se agachó, logrando hacer un corte en la pierna del más corpulento, pero recibió un puñetazo de viento en la espalda por parte del otro, saliendo disparado por el aire, aterrizando al suelo. Se volvió a incorporar, haciendo lo mismo que la primera vez, esquivando y cortando, solo que el objetivo pasó a ser el otro sujeto. Justo antes de recibir una fuerte ráfaga saltó por los aires, y, cuando estaba a la altura de la cabeza, le dio una patada, arrojándolo varios metros, dejándolo fuera de combate. Era un vampiro, su fuerza correspondía como tal.
— ¡Koroshike! —Gritó el otro —. Mocoso.
El cielo se empezó a oscurecer cuando este comenzó a formar viento en forma de espiral en las palmas. La garganta comenzó a inflarse como la de un sapo. Salió una bola negra de saliva, acto seguido, una especie de polvo negro brilloso. Estaba en problemas.
El espiral tomó forma de tornado. Con una maestría sin igual realizó movimientos, indicando dónde tenía que ir el viento. Sasuke tomó vuelo, buscando forma de esquivar o escapar. Con una velocidad increíble el viento se transformó en cinco estacas que se lanzaron hacia él. Tres logró esquivarlas, una logró cortarla, pero la otra le rozó la mano con el guante. La tela se desintegró, mientras que en la piel se formaban ampollas con sangre. Le ardía y quemaba.
— Mierda —masculló.
— ¿Qué te parece? —Sonrió con sorna su adversario—. Nadie escapa de la tormenta negra. ¿Un poco más?
— No gracias —escupió saliva—. Ya tuve suficiente.
Este ataque era el definitivo. No estaba jugando con las garras de Gaara o de Naruto. Estaba jugando con un arma letal de un enemigo desconocido. Lo que no entendía era qué querían de él. ¿Por qué lo atacaban? ¿Lo hacían por elección propia o alguien les había mandado a eliminarlo?
Con la ligereza y elegancia de un águila se elevó por los aires. Fue tan rápido que el viento tardó en seguirlo. Tomó tanto vuelo que sus oídos se taparon. Dio dos giros, agarrando firmemente con ambas manos la empuñadura de su mano, colocando la punta de esta en su frente, empezó a caer en picada. El viento negro estaba frente a él. No iba a esquivarlo… planeaba atravesarlo. Con su sable comenzó a cortarlo, formando un vórtice de negros, grises y blancos a su alrededor. Algunas partículas de polvo tocaban su piel, haciéndole sentir como pequeñas agujas pinchándole. Más eso no lo detenía.
El vórtice se hacía más negro a medida que se aproximaba al hombre. Faltando dos metros, cambió la posición de las manos cortándole con el sable a la altura del pecho. Escuchó un sonido gutural. La sangre emanó con brutalidad. Esta era espesa, de un color vino, con burbujas. El veneno.
El torbellino empezó a deshacerse. Al igual que el polvo negro a caer. Lo bueno, es que cuando un Mikurokage perdía su vida, el polvo se convertía en algo indefenso y de color blanco.
Respiró aliviado. Su mano latía fuertemente. Le dolía espantosamente. Miró al cielo. Los nubarrones grises comenzaban a disiparse, dejando entrever algunos rayos de sol.
Se acercó al sujeto a paso firme.
— ¿Cuál es tu nombre? —preguntó. Aún estaba vivo, por unos minutos más.
— Hiroshiga —respondió, tosiendo sangre.
— ¿Quién los mandó a matarme? —cuestionó.
— Te sorprendería si te dijera — rió entre sangre—. No sabía el odio que les tenían a los híbridos.
— ¿Quién es un híbrido? —preguntó luego de un gran silencio.
— Tú idiota. ¿Quién más? ¿Piensas que eres un vampiro puro? Tu olor a humano es muy potente, cualquiera que tenga un olfato increíble lo notaría. Híbrido —le escupió sangre a sus pies.
Quedó pasmado. ¿Híbrido? ¿Él era un híbrido? No era posible. Toda su vida fue criado como un puro. Eso era una mentira, él no era un híbrido. Imposible. Su hermano y él pertenecían a los altos rangos del clan. Sabía que los vampiros no podían tener hijos, pero si sabía que capturaban a niños huérfanos para convertirlos en vampiros completos, puros, obligándolos a tomar sangre. Él de pequeño había tomado sangre humana para poder ser un alto rango. Vio a esos niños sufrir. Siendo cortados… quitándoles la sangre como si exprimieran una esponja para sacarle el agua absorbida.
— No soy un híbrido —dijo, apretando su mandíbula.
— ¿Ah, no? Entonces cómo puedes explicar el olor podrido de humano que tienes. Tal vez te acostumbraste tanto a ese olor a mierda que ni cuenta te das. Pobre vampihumano, ups perdón, híbrido. Yo maté a tu madre frente a los ojos de tu padre. Ella era una humana despreciable. ¡Fue placer matarla!
— ¡¿Conociste a mi madre?! —gritó, desesperado. Empezó a sudar frío — ¡Tendrías que estar muerto no eres inmortal!
—No soy inmortal, estos sellos me mantienen joven. ¡No puedo morir por causas naturales, y nadie había podido matarme! —gritó desesperado, tosiendo sangre. Su fatiga iba en aumento, pero recobró fuerzas para hablar—. Mikoto. Una mujer humana muy hermosa que ansié miles de veces tenerla. Lástima que el vampiro estúpido de tu padre la tuvo. Tu hermano y tú son las desgracias de tu clan, por más que estén revestidos en poder. Dos putrefactos híbridos. Como ansiaba matarlos para…
Una patada tan fuerte fue capaz de arrancarle la cabeza. La sangre brotó, manchando sus zapatillas.
Cayó de rodillas al pasto, manchando sus pantalones de bordó. No se explicaba, pero nunca en su vida lloró. Ahora estaba llorando como un niño. A moco tendido, con las lágrimas escapándose se sus ojos. Gritó fuerte. ¿Por qué Madara, el jefe de su clan, nunca le habló de su madre? ¿O de su padre? ¿Por qué su hermano evitaba el tema? ¿Quién era él?
Ya sé que quedó cortísimo. Pero bueno, lo quería dejar acá.
Espero que les haya gustado.
Muchas gracias por el review. Dejen alguno, me motivan más a seguir.
¡Nos vemos!
Byee!
