Los personajes le pertenecen a Masashi Kishimoto.
Capítulo 8:
Un secreto bien guardado
Haruno. Ese apellido resonó varias veces en su mente. Su corazón comenzó a palpitar con desesperación y su respiración se volvió un poco irregular. Parecía un sueño. Es como si el destino la hubiera agarrado y colocado en un tablero de juego de mesa y desplazado a su antojo hasta hacerla quedar en la primera casilla buena. Después de tanto peligro, de tanto esconderse y de tanto buscar, encontró lo que la impulsó a salir de las sombras. Fue tal el alivio que casi empezaba a llorar. Y algo le gritaba escapa de ahí. Escapa del hospital.
Se la quedó mirando. Flaca, alta, con una mirada fría pero que, si se ponía a mirarla detenidamente, era una mirada llena de cariño. Observó sus manos, las que la convertían en descendiente. Las manos de los ancestros de ella habían curado a sus antepasados. Por primera vez en mucho tiempo, se sentía más cerca de su clan que nunca.
— Haruno —repitió.
Sakura la miró. Desorientada, confundida, con un galope en su pecho que le gritaba "Aléjate de todo esto, vuelve a la vida normal". Pero al ver esos ojos opalinos, tan claros como el agua, llenos de un brillo de esperanza sintió que no podía ser tan hija de puta. Fue como ver a un niño que encontraba a sus papás luego de perderse en el supermercado. Se mordió los labios, reprimiendo una sonrisa maternal.
— Vuelvo en cinco minutos. Espera aquí.
Corrió a la terraza. Abrió la puerta de golpe y la luz del sol le golpeó el rostro. El aire estaba fresco para ser primavera. No había ningún ruido, excepto el rugido del mar y el sonido de las sábanas blancas colgadas en la soga. Dio unos pasos, acercándose al alambrado. Miró para los costados. No había nadie. Sacó su celular del bolsillo del pantalón de enfermera. Marcó rápidamente el número de Naruto y aguardó a que le atendiera.
—Es muy temprano, Sakura —escuchó al otro lado.
—Es Hyuuga, Naruto, Hyuuga —dijo en un susurro.
— ¿Qué?
— La chica que trajeron anoche, es Hyuuga.
Entró a su casa abruptamente. Escuchaba al fondo, en la cocina, el sonido de la vajilla. Cuando pisó el escalón de entrada se tambaleó un poco. Se sentía mareado, asqueado, con ganas de vomitar. Tuvo que sostenerse con una mano en la pared para no caer. Sintió como, poco a poco, su pequeño mundo que tanto había construido a lo largo de su vida se empezaba a desmoronar. Pedazo por pedazo los recuerdos se iban como la corriente de un río con fluidez. Rápidos. Dudaba si todo lo que su mente guardaba no era más que una mentira. Era como si una negrura lo estuviese envolviendo, tragándoselo, zambullendo al abismo. ¿Quién era? ¿Por qué híbrido? ¿Quiénes eran sus padres? O mejor dicho, ¿quién era su madre? ¿Por qué de ella no recordaba nada?
Se atrevió a dar un paso, sujetándose de la pared. Se sentía mareado, muy como para caminar. En la cocina percibía el ruido de platos de vidrio, tazas, y el grifo del fregadero abierto, estaba lavando los platos de su desayuno, seguramente. Su hermano mayor era la única fuente de respuestas que conocía. Su misma sangre nunca lo traicionaría. Preguntarle a los cabezas de su clan sería una pérdida de tiempo, simplemente darían rodeos y terminarían inventando una respuesta falsa. Siempre hacían lo mismo, con toda la gente, con todos los vampiros. Pero Itachi y él eran hermanos, nunca lo traicionaría.
—Itachi —dijo, mirándolo fijo.
— ¡Sasuke! —se alegró el otro. Cerró el grifo, secó sus manos y se encaminó a abrazarlo, pero al verlo con esa expresión de inseguridad y miedo se detuvo —. ¿Qué pasa?
La sangre no traiciona.
— ¿Quién era mamá? ¿Por qué no la conozco? —se mordió los labios, desviando la mirada. Apretó los puños antes de que la ira provocada por el miedo lo envolviera y armara un desastre—. ¿Soy un híbrido?
A su hermano se le congeló la cara, pero no hubo expresión que delatara su asombro. Se quedó ahí parado frente a él, con los ojos fijos en los suyos. Ni un atisbo de duda. Quieto, duro como roca. No pudo distinguir si en su mirada había lástima. Seguramente era eso. Todos le tenían lástima. Sasuke, el pobre vampiro que solo se hace fuerte para no dejarse vencer por su hermano mayor. Dura y cruel realidad. Duro y cruel destino. Necesitaba respuestas.
— ¿Soy un híbrido, Itachi? —volvió a preguntar, más molesto que antes.
No hubo respuesta alguna. Es más, su hermano se desplazó por la cocina hasta dirigirse a la alacena. Sacó dos sobres de té y secó dos tazas recién lavadas.
Se estaba desesperando.
Con tranquilidad, puso a hervir agua en la pava. Colocó los sobres de té. Dos cucharadas de azúcar en una taza y media cucharada en la otra. La suya.
— Respóndeme, Itachi —demandó, golpeando la pared detrás de él. Logró abollarla y provocarle grietas. Se tenía que contener o podría destruir parte de la casa usando la mitad de su fuerza. Era un vampiro, o al menos eso creía que era hasta recién.
— Cálmate —le dijo el mayor.
Cuando el agua estuvo lista, sacó la pava del agua y la sirvió en las tazas. Las apoyó en la mesa con total parcimonia. Iba a gritar. O golpear algo. Estaba desesperado. ¿Qué mierda estaba ocurriendo?
Le hizo un gesto con la cabeza para que ocupara un lugar en la mesa. Caminó con pasos pesados. Contiendo cada fibra de su cuerpo para no destruir nada. Estaba confundido, con miedo y duda. Era un manojo de nervios. Lo que más detestaba de esa situación es que él nunca había sentido eso. Calmado, tranquilo y quieto. Justo, frío, calculador. El sujeto perfecto para un asesinato en silencio. ¿Qué mierda le estaba pasando? ¿Dónde estaba él? ¿Sasuke? ¿Acaso ese era su nombre verdadero?
— Creo que es hora de que sepas… la verdad del clan — dijo con un deje de tristeza.
— ¿Qué cosa? ¿Cómo la verdad?
— No digas nada, solo escucha. Te voy a contar la historia de papá y mamá —escuchar la palabra mamá le produjo un nudo en la garganta—. Hace cuatrocientos años atrás, nuestro padre, Fugaku Uchiha, conoció a una campesina, Mikoto. Se enamoraron furtivamente, traspasaron las barreras del odio… Pero ese amor no podía durar para toda la vida. Nuestra madre era humana, y como tal, le llegaría la hora de partir. No tan solo eso, los grandes mandatarios y Madara se enteraron de tal atrocidad. Rompieron la cuarta regla del libro de Los seis mandatarios de la Sangre. Quien quebrara las reglas allí establecidas merecían castigos tortuosos. Desde que los dedos fuesen arrancados con brutalidad hasta que le cortasen la lengua. La última medida: morir.
Sasuke se estremeció. El dolor para un vampiro era similar al de un humano, a diferencia de que sanaban con el tiempo. Las extremidades arrancadas crecían, los tejidos rasgados se regeneraban, todo se reponía. En cambio, imaginar a un mundano recibir tales castigos por permanencia le daba asco.
—Sin embargo, Madara en aquel entonces tenía un poco de corazón… Si es que los vampiros lo tenemos… Él, como hermano de padre se apiadó. El consejo intentó convencerlo de matarlos, pero mostrar un pequeño ápice de su poder los callaba. No obstante, la sentencia debía ser impartida. Le concedieron la inmortalidad a mamá. De esta forma, ella sufriría al ver como los suyos morían con el paso del tiempo mientras vivía… El Vino de las Venas.
— Eso…
—Si, eso te convierte en inmortal. Un vino producido por la sangre de los vampiros, capaz de convertir a cualquier ser vivo en inmortal, aunque no en vampiro. Nuestra mamá sufrió mucho. Decidió alejarse de sus amigos y familiares, observando a lo lejos cómo envejecían y sucumbían a la muerte. Cien años después nací yo. Un híbrido. Todos creían que me convertiría en un demonio, destrozaría todo a mi paso. Sin embargo soy eso: híbrido. Por esa razón nosotros crecemos más rápido que los vampiros de nuestra edad. Tú, yo somos esto. De una humana y un vampiro nacimos. Nuestro poder estaba dividido de cincuenta a cincuenta. Como los de nuestro clan no pueden tener hijos entre ellos, los humanos capturados son mordidos para requerir poder. Nosotros no requeríamos de eso… Y papá lo hizo. Esta marca es la prueba —se corrió el cuello, mostrando tres punto y coma, girando para el mismo lado—. Al mordernos nuestro poder se incrementó con tan solo dos días. Demonios.
Él tardó un tiempo en procesarlo. Por eso creía más rápido. Las razones por las cuales le desagradaba la sangre, o podía comer comida humana… Su poder se debía a su padre… Sus compañeros de clan le temían… Y lo peor, cuando la primer regla es La Sangre no traiciona… Madara lo traicionó. Su tío jamás le reveló la verdad. Lo amaba como a un padre puesto que el poco tiempo con el biológico eran gritos…. Estaba confundido.
— ¿Qué le pasó a mamá? —cuestionó entre dientes.
Itachi dio un largo suspiro. Se llevó las manos a los ojos. Un mal recuerdo.
— Como nos convertimos en seres poderosos…—dijo con voz lúgubre—. La mataron primero… Después a él. Los grandes mandatarios contrataron a dos Mikurokages. Los asesinaron a sangre fría… Tú apenas eras un niño cuando ocurrió lo de mamá, no la recuerdas por eso, pero yo —desvió la mirada, haciendo una mueca de dolor—. Lo vi todo. Y a papá… tú estabas ese día.
Lo recordaba patente. Ya sabía volar. Itachi lo llevó al monte, con la esperanza de mejorar. Volvieron al atardecer, cuando el sol se ponía al horizonte. La sangre negra de su padre derramada por toda la casa. Fueron a buscar a su clan. Madara, desde ese día, se volvió oscuro. Lo trataba con una obsesión insana, el favorito de los Uchiha., a diferencia de sus primeros años de vida, que tan solo lo ignoraba. Luego de la muerte de Fugaku Madara clavó los colmillos en su nombre…
— ¿Y por qué no nos mataron? —gritó Sasuke, alzándose de la silla. Estaba furioso. Sentía un torbellino de emociones. Quería volar hasta los convenios de su clan, destrozar todo. Matar a los viejos de mierda… Le ocultaron la verdad.
—Nos necesitan. Ellos conocen nuestra fuerza se compara con la de un superior. No se desharán de nosotros. Somos sus armas. Somos híbridos poderosos.
Híbrido… Él era un híbrido. Hijo de una humana y de un vampiro. Pensar eso le provocaba un escalofrío. Toda su vida había pensado que de pequeño fue secuestrado y mordido por uno de su especie, la única forma de convertirse… Pero no fue así. Hijo de vientre. El sudor le recorrió la espalda, erizándole los vellos. Su respiración se empezó a acelerar. Todo a su alrededor se volvió negro. Y similar a un disparo de luz las imágenes de toda su vida se mostraron ante él. De pequeño, siendo cargado por Itachi. Su primera vez volando, su primera vez utilizando la fuerza sobrehumana que poseía… También recordó ese momento en el que su hermano habló con los viejos del clan. "Está creciendo muy rápido para la edad que tiene". Híbrido… Le daba asco, repugnancia.
Volvió a la realidad y empezó a gritar. Gritó con horror, sintiendo la bilis bajando a su boca. Vomitó. Su cabeza empezó a palpitar fuerte, como un martillo golpeando. Se sujetó con fuerza de la pared. Itachi se puso de pie con la intención de acercarse pero él se alejó. Seguía respirando irregularmente. Trastabilló y calló hacia atrás, golpeándose con un mueble. Se puso de pie. Tomó el mueble tirando cosas que estaban arriba y dentro de los cajones, lo arrojó en dirección a Itachi que lo golpeó con la suficiente fuerza para poder quebrarlo.
Cada cosa que veía la arrojaba en dirección a él. Sentía una mezcla de ira, tristeza, dolor y miedo. Un torbellino de sentimientos encontrados abrumaban a su corazón… Corazón. ¿Acaso tenía uno? Los vampiros puros no… Él era un híbrido…
Sin darse cuenta pequeñas gotas saladas rodaron por su mejilla. Entre gritos y fuerza fue cayendo poco a poco al piso. Sus uñas se clavaban en el pecho. Era un dolor inexplicable. Una presión que no podía sanar. Solo se hacia más y más dolorosa a medida que seguía llorando. Quería que todo se detuviese ahí. Su vida, su miedo, su sensación de vació.
— Sasuke… —escuchó muy a lo lejos. Abrió los ojos, su vista estaba nublada—. No quise ocultártelo —intentó responderle con un insulto. El nudo en la garganta le impidió—. Quería protegerte… Eres mi hermano pequeño. Ellos te amaban mucho…
Extendió una mano para tocarlo pero el se puso de pie y la golpeó.
— ¡Aléjate de mi!
Muy veloz, se encaminó a la puerta de calle, abriéndola con un golpe. Inició vuelo, necesitaba enfriarse.
Gaara lo mataría por dejarlo con todo el trabajo, al igual que su jefe, pero esto era más importante. Pedaleando a más no poder, violando algunos semáforos y metiéndose por callejones logró evitar todo el tráfico de la hora pico y llegar al hospital. Su bicicleta derrapó. Él dio un salto corriendo hacia el interior del hospital. Estaba Sakura apoyada en el mostrador de recepción. Apenas lo vio se acercó. Lucía con ojeras, cansada, despeinada. Aún así le parecía la misma que lo tenía a sus pies besando el suelo.
— Las visitas no inician hasta en quince minutos, pero puedo hacerte pasar. Sígueme.
Caminaron rápido por un pasillo largo. A sus lados había puertas con carteles de números correspondientes a los consultorios. El piso era blanco perlado, brillante, las paredes tenían una franja negra dibujada justo a la mitad, aunque también eran negras; las luces eran tubos. Solo había butacas de color negro y paneles colgados, indicando la sección de cada pasillo, puerta, piso. Y un pequeño mapa colgado en la pared. Había muchas personas sentadas, algunas heridas, lesionadas o sin nada.
—Estamos muy ocupados —admitió ella.
Al fondo del pasillo había dos puertas color manteca. Arriba, colgado en la pared, un cartel luminoso que decía "sala de emergencias". Supuso que ahí estaba. Cuando entró, lo invadió un olor a detergente, sangre y medicamentos. Fue un arco reflejo taparse la nariz antes de vomitar. Miró a Sakura para ver si ella había notado su grotesco gesto, ella solo caminaba, sin voltear, sin dudar de si la seguía o no. Observó la sala. Un mostrador circular, camillas, aparatos, un teléfono sonando, murmullo de personas, biombos de tela verde y metal, personas con vestimenta del hospital y pacientes desplazándose. En su interior agradecía trabajar en un restaurante con horario fijo, sin ese olor apestoso.
En la segunda sala improvisada con biombos, sintió el olor de ella. Le sorprendió un poco. Rara vez reconocía a las personas por su olor. Gaara olía a tierra mojada, Sasuke a corteza, Sakura a cerezos, algo muy irónico puesto que su nombre significaba cerezo… La mezcla de aquella chica era algo parecido al caramelo, como azúcar. El aroma de un niño. Le resultaba extraño como un ser mágico pudiese oler a algo tan "inocente".
Sakura corrió la cortina, trayéndolo de vuelta al mundo. Pero ambos se sorprendieron cuando encontraron la bata de hospital doblada a las apuradas en la cama y…ella ya no estaba.
Espero que les haya gustado.
Bueno, sé que la reacción de Sasuke por ahí a algunos les desagradó pero yo creo que es una buena reacción al vivir toda tu vida en una "mentira".
Perdón si ofendo, pero creo que es un momento de reflexión. Me gusta escribir esta historia porque me encanta la fantasía. Pero, si son escritores de fanfiction y no solo lectores, comprenden lo que un review significa. Es, por más que sea una crítica, o el comentario más corto del mundo, muy importante. Yo abro todos los días esperanzada Fanfiction aguardando a ver algún mensaje que diga "Sigue así" o "Wow, me gusta". Me siento… no sé si la palabra es ofendida, pero puede un poco molesta. Un review es un ánimo. Me hace saber que están ahí. Más allá del favorite o follow. Y creo que no hay nada más arrogante que decir "Cinco reviews y sigo", porque estaría, literalmente, obligando a que me dejen un review. Yo espero que lo hagan por el hecho de dar ánimos. No hay nada más lindo que considerar un segundo el trabajo de una persona que escribe, se parte el cerebro para extraer ideas, posibilidades, palabras, términos. No lo digo solo por mí, sino por muchos otros escritores cuyas historias son buenas y solo reciben dos o tres reviews cada cinco capítulos. Y si tú eres escritor, de seguro debes saber lo que se siente. Así que, por favor, cuando termines de leer, no solo con Los Salvadores, sino con otras historias, considera un minuto el trabajo que implica hacer esto.
Muchas gracias por leer esto.
Bueno, ojalá les haya gustado.
Nos leemos en el próximo capítulo.
Bye!
