Los personajes le pertenecen a Masashi Kishimoto.

Capítulo 9:

Adiós mi pequeño amor.

Corriendo por el hospital, intentando no llevarse a nadie por delante, buscaban con desesperación a aquella chica. Preguntando si nadie había visto a una persona con las características de ella, seguían avanzando. Él intentaba utilizar su olfato pero en un hospital donde el olor a muerte, sangre, limpiador, medicamentos y desinfectante se combinaban, solo dañaba más su nariz haciéndole llorar. Era un olor tan fuerte como el de una cebolla para un humano. Descartó el olfato, no le servía. Como era más grande, corpulento y físicamente preparado (por no decir que llevaba un demonio dentro) corrió con más velocidad, adelantándose a la chica que lo seguía atrás. Iba a seguir por el pasillo cuando, a su derecha, en el otro pasillo, le llegó una correntada dulce. Azúcar. Tomó de la mano a Sakura y encaró con velocidad, esquivando a las personas, camillas y sillas de ruedas. El olor a dulce se hacía más potente a pesar de todos los aromas merodeando. El pasillo pasó a ser la entrada del hospital. Un mostrador de vidrio y madera blanca, butacas, los ascensores, camillas, computadoras, personal y pacientes. Las puertas automáticas no paraban de abrirse y cerrarse. Con el viento que entró como una correntada al abrirse las puertas, el olor a azúcar le perforó profundamente sus fosas nasales. Ella estaba afuera. Salió. Comprobando que así era, tomándola del brazo.

Ahí estaba la "chica Hyuuga". La descendiente del clan que mencionaba el libro de Sakura. La observó muy detenidamente, reparando en cada pequeño detalle. Pequeña, menuda, pálida. Sin embargo, cuando hizo contacto con esos ojos sintió la fiereza. Opalinos, acristalados. Mostrando una mirada similar a la de un león a punto de saltar sobre una presa y despellejarla para disfrutar de la carne. No iba a atemorizarse, no cuando estuvo miles de veces en frente del espejo observando la mirada de Kurama, su demonio. Si la mirada de él no lograba hacerlo titubear menos la mirada de una muchacha. No obstante, pudo penetrarla a través de sus ojos, observando migas de dolor. Supuso que eso era el causante de su duro mirar.

— ¿A quién miras, Naruto? — Fue Sakura quien lo sacó de su contacto visual — ¿A quién miras? —volvió a preguntar, mirando para el mismo lado que él —. No veo nada.

Volvió hacia ella, quien sonreía arrogante. Un manto, se dijo a si mismo. El manto era una habilidad de unos pocos seres mágicos. Los volvía invisibles para el ojo humano y para aquellos seres mágicos que no eran de su misma especie. Pero él podía verla… ¿Eran de una misma especie? "...los pertenecientes al clan tienen decidido por nacimiento a la clase de demonio que invocarán…". Recordó las palabras leídas por Gaara. ¿Era un demonio? ¿O simplemente llevaba el demonio? Qué confuso.

— Quita el manto —gruñó.

— ¿Y qué si no lo hago? —cuestionó, mirando a Sakura con molestia.

— Te aseguro que no te dejaré ir —respondió, rechinando un poco los dientes, mostrando lo afilados que estaban sus colmillos, indicios de que no se hallaba para juegos.

Hizo lo que le pidió. "Desperso" fue la palabra que salió de sus labios. Una ola de aroma a azúcar corrió con el viento, envolviéndolos. Se estaba cansando de aquel olor, o mejor dicho, se estaba cansando de no hallar respuesta. Y ahora menos las tenía, porque la primera vez que la olió se preguntó como una chica de esa edad tenía el aroma de un niño, pero al enterarse de que posiblemente era un demonio… Se estaba volviendo loco. Los demonios olían, generalmente, a tierra, humo de sahumerio. Algo raro. Gaara olía a tierra mojada, él, a humo de incienso. Y sin embargo… dulce.

— Hinata… —pronunció Sakura.

Así se llamaba.

— Perdóname, Sakura —dijo. Sus disculpas sonaban sinceras, sin atisbo de burla —. Pero no me gustan los hospitales.

Sakura se quedó callada por unos segundos, pero luego añadió:

— Tienes muchas cosas que explicar —espetó en un tono exigente, desconcertándola —. Muchas —frunció su ceño.

Hinata parpadeó unas veces, recomponiéndose. Aclaró su garganta. Se sentía expuesta sin su manto. Miró a la amable chica de cabellos rosa, pensando en que tenía razón. Tenía que hablar con ella lo más pronto posible, explicarle que se avecinaba un peligro. Algo en su interior se movió al sentir la gélida mirada del chico rubio. Naruto. Su nombre. Cuando hizo contacto visual con esos ojos el escalofrió que sintió recorrerle la espalda fue horrendo. Poseía los ojos de demonios. En realidad, era un demonio, lo recordaba perfectamente el día que la había salvado de ese tipo que controlaba al dragón. Nota mental: nunca meterse en negocios con los dragones.

— Hay algo que debo decirte —le dijo al fin—. Yo…

— Aquí no —dijo Naruto interrumpiéndola.

Exactamente, hacia siete segundos, de la vereda de enfrente, pasó un tipo, mirando sospechosamente en donde se encontraban. Luego marcó algo en su teléfono móvil y antes de hablar dio una mirada más. El chico poseía una extraña habilidad de percibir a sospechosos.

— Esto no te concierne —le dijo Hinata, molesta.

Él se limitó a sonreír y decirle muy de frente:

— Cariño, esto se convirtió mío el día que te salvé. Algo me dijo que ibas a ser un dolor de culo.


La casa se encontraba muy lejos del centro, pero a pocas cuadras del mar. La calle era de tierra, piedra y arena. No había vereda, solo pasto. Las farolas estaban cada cincuenta metros, haciendo que algunos tramos de la calle, durante la noche, fuesen oscuros debido a los árboles. La mayoría de las viviendas no tenía rejas, y, de vez en cuando, había grandes terrenos sin ocupar

La casa de Sakura era muy pequeña. El perímetro de la propiedad estaba delimitado por una verja de madera de aproximadamente un metro cuarenta. Un camino de baldosas se extendía hasta el porche. Las paredes estaban pintadas de blanco y la puerta era de madera, descascarada por el salitre proveniente del mar. Junto a la puerta había dos sillas reclinables de playa y una mesita de plástico. Sobre estas, se asomaba una ventana con rejas que parecían estar a punto de quebrarse. Sakura encajó la llave en la cerradura, empujando con un poco de fuerza la puerta. Adentro se veía un ambiente acogedor.

La sala era normal. Había un descanso para los zapatos. El piso, de madera. Una mesa ocupaba el centro del lugar, con seis sillas. Las paredes eran de color arena. Un mueble lo bastante grande, el cual tenía apoyado el televisor, copas de vidrio, marcos con fotos, álbumes, cd's y un reproductor de música pequeño. En una esquina, detrás de la mesa, un mullido sofá rojo cereza reposaba junto a un estante lleno de libros y una lámpara de pie. Había cuadros de Sakura cuando era bebé y de sus padres.

—Es pequeño —comentó la dueña de la casa —. Pero no son tan caros los impuestos. Y lo mejor es que no vivo con mis padres —una sonrisa se le plasmó en la cara—. Pónganse cómodos, voy a cambiarme y a servir té helado —arrojó el bolso al sillón, sacándose los zapatos a las apuradas.

Ella desapareció por la puerta que llevaba al pasillo. Encaminándose a la puerta izquierda se encontraba su habitación, en frente estaba el otro cuarto, donde solo había un sofá cama; y en diagonal a su habitación, se hallaba la puerta del baño. Se deshizo rápidamente de su vestimenta laboral para ponerse unos shorts y una remera de basketball. Antes de pasar a la cocina, la cual se encontraba al fondo del pasillo, se arregló el pelo en una cola de caballo alta.

La cocina de su casa era, incluso, más pequeña que la sala. Tenía lo básico. Una alacena, una heladera, un horno, un microondas, el fregadero y una mesada con cajones. Sacó el té de botella de la heladera. Durazno. Lo sirvió en vasos de vidrio y cuando estaba por llevarlos una figura alta se le cruzó en su camino.

Casi volcaba encima de esa persona. Casi.

—Tengo mala espina —le susurró Naruto, empujándola de vuelta a la cocina. Cerró la puerta despacio.

— ¿A qué te refieres? —le preguntó.

— Ella… Hinata —pronunció su nombre—. Las cosas no me cuadran Sakura. Tal vez tú no puedas, pero yo si… Huele a azúcar. Dulce. Los demonios no olemos así. Humo de sahumerio o tierra… Hinata tiene un olor dulce. Además —añadió, frotando su barbilla—, ¿cómo que ella es Hyuuga? ¿Cómo lo sabes?—cuestionó juntando su entrecejo.

Tardó un segundo en responder.

— Me lo dijo simplemente — Se mordió el labio, analizando un poco—. Es Hyuuga. Lo siento. Hay algo que grita ferozmente, me dice "confía en ella". No sé. Solo… sé que es Hyuuga… Y siento que ella sabe qué sucedió la Noche de las Luces Verdes —susurró esto último, temiendo a que la invitada en su sala escuchara.

Naruto se le quedó mirando unos segundos, incrédulo. Dio un largo suspiro antes de restregar sus manos por todo su rostro, mostrando agobio. Luego, dejando las manos en su cara abrió sus dedos, observándola con esos curiosos ojos azules. Y de un arrebato, le despeinó los cabellos.

— Llamé a Gaara —le dijo sin quitar la mano por la cabeza —. Vendrá en diez.

— ¿Y a Sasuke? —preguntó un poco sonrojada, atinando a sonreír.

— También. Ya debe estar llegando —suspiró. Reparó que tenía su mano en la cabeza. Dio otro largo suspiro —. Eres imposible…

Se dio media vuelta. Salió de la cocina, dejándola allí, desconcertada, cerrando la puerta tras él. Antes de pasar a la sala se recostó contra la pared, despeinando su pelo. La forma en la que Sakura nombró a su amigo le hizo dar cuenta cuan equivocado y esperanzado estaba él. Nunca sería Sasuke… ni ocuparía el lugar de Sasuke. El sonrojo, la voz aguda, la sonrisa. Daría todo por ser el dueño de esos gestos. Y sin embargo era su "mejor amigo". "Eres mi mejor amigo, Naruto", "Nunca te besaría porque somos amigos"; "Mejores amigos". Ay cuan tonta podía llegar a ser su amiga. Todas las indirectas, las directas, los carteles invisibles que se pegaba en la frente todas las mañanas diciéndole "Ey, mírame, te amo". Y nada. Mierda, sí que era duro perder…

Volvió al pasillo. Encontró a Hinata sentada en una silla ojeando uno de los libros que tomó de la repisa. No fue necesario hacer ruido para que ella levantara la vista. Le sonrió con malicia.

— No soy sorda. Más que nadie tú deberías saberlo.

Pero luego ablandó tanto su cara que por un segundo dudó de si era ella. Y le dijo:

— Duele que te rompan el corazón, ¿verdad?

Casi pudo ver lo cristalina que era su mirada. Tras esos ojos intimidantes había una chica de tal vez su misma edad, lastimada por la vida. Fue un momento tan sincero que se limitó a inspirar fuertemente, como si estuviera dando esa bocanada de aire que te quita la presión del pecho.

— Si —sonrió decepcionado.


Bueno, acá les traigo otro capítulo.

Bien, antes de que la historia se desarrolle completamente (a partir del capítulo que viene ya voy a empezar a aclarar dudas, vamos a entrar en la etapa del medio), quería cerrar el "amor" que siente Naruto hacia Sakura. No soy NaruSaku, pero no voy a negar que (y por favor no me maten) antes los shippeaba. Ahora no. AGUANTE EN NARUHINA AMIGO. Pero bueno, si, me gustan algunos momentos tiernos entre ellos (y acá ya están buscando mi dirección para golpearme).

Espero que les haya gustado.

Muchas gracias por los review, de verdad, me animaron un montón.

Bueno, tardé bastante en actualizar esta vez. Todos los trabajos los tengo en la casa de mis abuelos, y mi abuelo empezó con quimioterapia así que está complicado poder actualizar muy seguido. Me llevaría los trabajos a mi casa pero, no sé si les pasa, este lugar es como mi santuario. Acá puedo analizar, crear, imaginar de una manera que no logro en mi casa.

Ojalá puedan comprender, muchas gracias ya.

No olviden dejar un review.

Me despido!

Byee!