Los personajes le pertenecen a Masashi Kishimoto.

Capítulo 11:

Lo que se acepta

Si le dieran un centavo por cada cara de estupefacción que recibió en su vida cuando las personas se enteraban qué clase de demonio poseía, definitivamente, en ese preciso momento, estaría en alguna parte de una isla paradisíaca, tomando agua de coco, y tal vez, recostada sobre la arena. Lástima, nadie le pagaba, ni la plata aparecía mágicamente bajo su almohada como el ratón de los dientes, y mucho menos caía del cielo. Sin embargo, ahí estaba, sentada frente a prácticamente cuatro desconocidos.

— ¿Qué? —preguntó estupefacto el de pelo rojo. Olvidó su nombre.

Una sonrisa arrogante se le formó en el rostro. Joder, sería millonaria.

—No entiendo qué les asombra. Digo, si saben que soy Hyuuga es obvio que llevo un demonio —intentó que sus palabras no fueran tan hostiles. Le dificultaba mucho no ser así con personas que no confiaban en ella—. Demorius Toralia —repitió.

—No te creo —le dijo Naruto.

De todas las personas allí presentes, él era su grano en el culo. ¿Qué tan molesta podía ser una persona? Además, para añadirle más leña al fuego, era un demonio. La presencia misma le jodía. Su aroma a sahumerio, el pelo rubio, los ojos azules penetrantes, la sonrisa ladeada de superioridad y, por sobre todas las cosas, aquel tono indicando que ella no era nadie. Estaba dispuesta a usar sus poderes contra él. Se inclinaría ante la persona que le pidiera que lo asesinara allí mismo.

— ¿Quieres que te lo demuestre? —le preguntó, haciendo el mayor esfuerzo por no saltar sobre la mesa hasta la otra punta y estrangular su cuello.

— No me refiero a tu demonio, tonta —bramó él molesto—. No te creo lo de las premoniciones. ¿Una guerra? ¿De qué hablas? La única guerra que conozco es la mía con el despertador ese de mierda durante las mañanas. No puedes venir así de la nada diciendo que corremos un gran peligro. No te conocemos. No esperes a que depositemos nuestra confianza en alguien como tú.

¿Alguien como ella? ¿A qué carajo se refería? No le iba a permitir hablar así. Y, por respeto a estar en una casa ajena (porque el hecho de ser una "don nadie" no le quitaba los modales) golpeó la mesa furiosa, haciendo vibrar el té de los vasos. Se puso de pie, con la respiración agitada. Debía controlarse para no armar un desastre. Para no prender fuego nada que estuviera a su alcance. Le dedicó una mirada mortífera, deseando que Demorius pudiera salir por sus ojos y asesinar al instante. Se encaminó hasta la puerta, abriéndola de un tirón, dejando a los demás desconcertados. Salió pisando fuerte. ¿Alguien como ella? ¡Pues al diablo con todo! ¡Al diablo las premoniciones! ¡Al diablo con todo el mundo! ¡Se cagaba en el mundo! ¡Literalmente el mundo podría prenderse en llamas y ella estaría gozando sin limitaciones! ¿Alguien como ella? ¡Ja!

— ¡Espera! —le gritó Sakura.

Solo ahí, justo antes de empezar a insultar al mundo, se detuvo.

—Naruto no lo dice de verdad. Es un idiota. Yo… deseo saber más de mi clan. ¿Qué pasó aquella noche? No puedo sentarme a esperar a que todo llegue. Nada llega en esta vida. Por eso no puedo dejar que te vayas. No luego de saber que tú existes. Hinata, por favor.

A regañadientes aceptaba que tenía razón. Ella no había recorrido kilómetros extensos para renunciar solo porque un estúpido como Naruto le hiciera desear tirar todo abajo. Intentaría controlar sus ataques de histeria. Es solo que había pasado tanto tiempo sin entablar una conversación sincera. Luego de la muerte de sus padres y de la desaparición de su hermana y su primo todo se fue al infierno. Escapar de personas que querían matarla con tan solo nueve años. Realizar el pacto, sola, sufriendo la intensa fiebre luego de que el contrato se marcara en su piel. Sin que nadie la cuidara, retara o siquiera gritara. Maldición, no te quiebres ahora.

Se volteó en redondo. Sakura estaba en la puerta de entrada, con sus ojos verdes esperanzados. Era la misma mirada que puso ella luego de recibir a su demonio. No más hambre, no más carreras por su vida. No. Solo alivio.

—Lo siento —fue lo único que pronunció—. No suelo comportarme así —se aproximó unos cuantos pasos al porche—. Disculpa por armar esta escena. —Sonrió avergonzada.

—Es Naruto —hizo un gesto con la cabeza hacia adentro—. Saca de quicio a cualquiera.

Hizo una mueca. Algo le decía que sería un largo camino por recorrer.


Sin darse cuenta, la noche empezó a caer, dejando atrás cualquier rastro de luz proveniente del sol. La calle se sumía bajo un silencio majestuoso. Los cinco habían empezado a moverse. Buscaron datos en Internet, releyeron una y otra vez los libros de Sakura, Gaara colaboraba traduciendo… Nada. Estaban estancados en un pozo. Al menos, durante esas horas, hicieron la situación más llevadera. Ya sin gritos, desconfianzas, golpes en la mesa, comentaban sobre qué lugares eran los mejores para recolectar información. Estaba bien, para ser la primera vez que entablaban palabras sin encontrarse en un hospital o escapando de la muerte.

Pero Sasuke, a pesar de intentar esquivar la mirada intensa de la Hyuuga, sentía poco a poco crecer un intenso malestar. Los ojos penetrantes le daban dolor de cabeza. Mucho. Sumándole las tenciones de lo ocurrido en sus últimas horas de vida, estaba perfecto para desplomarse en la primera cama que viera. Cada movimiento suyo era controlado firmemente por los orbes plateados. Al diablo, estaba cansándose. Se levantó de la mesa, disculpándose. Iría al baño a mojarse la cara.

—Ojo con lo que haces —le dijo Naruto, haciendo reír a los presentes.

Le dedicó una buena mirada asesina, de esas que lo hacen callar en menos de un segundo y esquivar los ojos azules.

—Por el pasillo, la puerta de la izquierda —le indicó Sakura amablemente.

Asintió. Su forma de decir gracias. Simple. Eficaz.

Caminó por el pasillo. Se lavó la cara, frotándose los ojos. Mierda que estaba cansado. Necesitaba descansar. Últimamente nada tenía sentido. Se apoyó contra la pared, intentando disipar las palabras de su hermano. La palabra híbrido lo golpeó fuertemente, como una patada a los dientes. Así que eso era. ¿Realmente? No percibía su olor, o tal vez fue como el sujeto dijo: tan acostumbrado a su aroma que ni siquiera pudo notar algo. Humano putrefacto, tal vez ciertamente olía así. Lástima, él no lograba percibir nada. Pasó más lejos al tema de su olor, de su esencia en ese mundo. Su madre. No la conoció, ni siquiera podía imaginarse una imagen de ella. ¿Alta? ¿Morena? ¿Pálida? ¿Así como era él? ¿O todo lo contrario? El no poder hacerse una idea le afectaba demasiado, más de lo que creía. Siempre tuvo el vago pensamiento de su madre. Desde chico le recalcaron firmemente que los vampiros no podían tener hijos. Sin embargo, pese a todas las imposibilidades, los porcentajes, las certezas que indicaban que eso era imposible… Ahí estaba. Mejor dicho, allí estaban. Él y su hermano, productos de un amor sin límites. Tsk, ¿acaso se hallaba en una novela romántica trágica? No. La puta vida real. Nada podía ir bien en su vida. Lo sabía de cabo a rabo. Nunca tuvo tanto tiempo de parsimonia. Desde que poseía memoria, cuando subía dos escalones bien su alrededor lo empujaba tres abajo.

Híbrido. Eso… Maldita sea. Soy esta mierda.

Y no lo suponía. La historia de su hermano era tan convincente (por no decir cierta) que ya no le quedaba lugar a dudas. Suponiendo que realmente fuera todo lo contrario: ¿qué ganaría Itachi mintiéndole? Todo estaba en su contra. Absolutamente todo.

A veces el hecho de negar algo te hacía convencerte de ello. Pero él tenía para vivir muchos años, siglos, al menos uno o dos milenios. No importaba cuánto se recalcase en la cabeza que nunca sería eso los sucesos en sus años de vida dejaban develada su condición. Los del consejo siempre despreciándolo, susurrando cuando lo veían pasar. Las miradas, los dedos acusadores. Híbrido. Híbrido. Híbrido.

Duele.

Salió del baño. Topándose con la coronilla de una cabellera oscura. Bajó su mirada. La chica Hyuuga… Hinata. Esta lo empujó fuertemente dentro. Trastabilló, agarrándose del lavamanos. Ella cerró la puerta despacio tras entrar. No se acercó, simplemente se quedó allí, con su espalda recostada sobre la puerta de madera. No cambiaba su ojeada: aguda, impetuosa.

— ¿Qué quieres? —le habló directo. Tenía una mala espina, igual que Naruto.

—Sé lo que eres —le respondió sin vacilar—. Uchiha Sasuke. Descendiente de los vampiros Uchiha. Uno de los más fuertes e importantes dentro de tu clan… Lástima que esa fortaleza contradice tu condición —una sonrisa petulante apareció en su rostro, llevando su control a rozar los límites—. Híbrido. Eres eso. Mitad humano mitad vampiro. Cincuenta a cincuenta. Llámalo como quieras. —No dudó, ni por un segundo, en agarrarla del cuello blanco, presionándola contra la pared.

— ¿Qué mierda buscas de mi? —escupió en un gruñido.

No la mates. Se dijo. Fuerza de vampiro equivalía a destrozo. ¿Qué bazofia de humano tenía si con su fuerza podría, al menos, detener un auto a una velocidad de ochenta kilómetros?

—No busco nada de ti —manifestó ella manteniendo sus cabos. Sabía que era poderosa. Su marca en la pierna hablaba por sí sola. El clan. El demonio—. Pero te diré una sola cosa: sé fiel a los tuyos.

Las palabras lo turbaron de tal manera que perdió la concentración de su fuerza, viéndose acorralado entre el lavatorio y ella, con su brazo ejerciendo fuerza de palanca tras su espalda. Nota mental: nunca bajar la guardia ante un Hyuuga.

— ¿A qué te refieres? —preguntó viéndola por el espejo.

Pequeña, de baja estatura. Una presa muy fácil para él.

—Tengo visiones. Vagas e inconcretas. Pero puedo percibir que algo apesta a kilómetros. No sé qué carajo va a pasar en el futuro, ni siquiera que sucederá mañana. Si sé acerca de ti. No eres traidor, tus convicciones son muy fuertes. Tu mirada mortífera te delata. Solo añadiré esto: cuando llegue el momento, repito, sé fiel a los tuyos. No eres manipulable; estás confundido —cada palabra la siseaba con tana fiereza que le aterraba la idea de que todo lo que decía fuese una copia del futuro. Lo único que lo aferraba a mantenerse pasivo era que sus visiones no aseguraban todo al cien por cien—. No cometas ninguna estupidez.

El contacto visual ejercido a través del espejo le puso los pelos de punta. Ella misma, a pesar de decir ser humano, representaba a un demonio en persona. Linda, de aspecto amigable. Perfecta para la cacería y matanzas. Agradecía infinitamente que ella estuviera de su lado. O al menos aparentaba estarlo, sobre la marcha todo se haría claro como el agua. Ojala no sea mentira, mierda que daría miedo enfrentarla. Y tal pensamiento de temerle a una mujer lo enfadaba. La sangre bullía con intensidad. Fuerza bruta a la vuelta de la esquina.

Se dio vuelta. Estampándola contra la pared, impidiéndole la escapatoria al apoyar sus brazos sobre los fríos azulejos. No se inmutó. Nada. Dura.

— ¿Y qué me hace pensar que lo que dices es verdad? —escupió—. ¿Cómo se yo que tú no eres una traidora? ¿Si tú historia es una mentira y usas caretas para convencernos? Eres Hyuuga, lo acepto. Tu marca en la pierna lo dice. Pero por algo tu clan fue derrotado. Nada pasa porque sí. Entonces no te hagas algo grande. ¿Y qué certeza me das de conocerme bien? ¿Cómo sabes que soy híbrido? Eres muy buena mintiendo, Hinata —al llamarla pos su nombre deseó que su lengua tuviera veneno.

Una sonrisa ladeada apareció.

—Tengo las respuestas que quieres acerca de saber por qué eres lo que eres. O mejor dicho, mi demonio las tiene —tomó sus antebrazos, separándolos de la pared. Lo siguiente fue quedar a su altura: ella tomó del cuello de su camisa—. Y la próxima vez que me digas mentirosa o asocies a mi clan con la debilidad, te mataré. Te lo aseguro. Detesto matar pero cuando me da bronca algo no me controlo.

Sus ojos ardían. Como el fuego, como el sol, dejando una ola de calor. Y a la vez parecían una tormenta de truenos y rayos a poco de desatarse.

—Y yo nunca miento.

En menos de cinco segundos estaba fuera del baño. Lo dejó estupefacto. Inmóvil. Encrespado. No obstante… deseaba las respuestas.


¡Hola! ¡Espero que les haya gustado! Volví hace una semana de la costa. Acá en Argentina estoy de vacaciones y arranco el ocho de marzo *tomaba veneno para no ir a clases*. Perdón por la espera.

Dejen un review, y muchas gracias por los anteriores.

Bueno, Sasuke… Hinata. Esto se pone tenso.

Y nada… empezamos con la matanza *inserte cara malévola*

Espero que les haya gustado, traté de hacerlo un poco más largo.

No se olviden de dejar un review. Me motivan a seguir, saber que voy por buen camino.

Me despido!

Byee!