Los personajes le pertenecen a Masashi Kishimoto.

Capítulo 12:

Nada es lo que aparenta ser.

—Disculpen que interrumpa —habló Sakura, levantándose de la mesa—, pero me toca cubrir de vuelta esta noche.

— ¿Otra vez trabajas? —preguntó Naruto ayudando a juntar los vasos.

—Así es —asintió—. Esta mañana pedí que me dejaran salir más temprano a cambio de cubrir esta noche —hizo una leve mueca de cansancio.

Los presentes no se tomaron a mal la indirecta de "Chicos, por favor irse de mi casa, necesito ir a trabajar". Se levantaron y acomodaron de nuevo sus sillas, limpiando las migas de la tarta dulce que Sakura había comprado el día anterior. Según ella no le molestaba compartirla, pero ese pequeño gesto de malestar al ver como la caja se abría y dejaba paso al delicioso aroma de frutilla y vainilla la delató al instante. Se encaminaron a la puerta, Naruto iba charlando sobre que no sabía si tenía que madrugar o seguir durmiendo ya que sus horarios de trabajo se alteraron demasiado en los últimos tres días.

—Al menos tienes libertad en eso —le dijo Sakura con una sonrisa ladeada—. No todos podemos elegir.

Él dejó de rezongar para hacer una mueca de disgusto. Se limitó a salir en voz silenciosa.

Ya era de noche. Las farolas estaban encendidas, pero se veía muy poco. El farol que estaba en el porche de la casa alumbraba escasamente, ni siquiera llegaba a la puerta de la cerca. Se preguntaron cómo era posible que ella viviera ahí lejos, fuera de cualquier signo de seguridad. Ni un alma transitaba por el camino rocoso y arenoso. Pero la calma reinaba y contrarrestaba a los sonidos de la ciudad. Ese era el premio de esa ubicación. Tranquilidad.

—Nos vemos mañana —habló Hinata—. Recuerden, en la biblioteca municipal.

Luego de llegar a la exasperación en la fallida búsqueda de atar cabos, encontrar respuestas, ella propuso juntarse en la biblioteca municipal, el lugar más viejo y con mayores registros de toda la ciudad. Aunque Sakura ya mencionó haber buscado en ese lugar, Hinata confesó que hay unas estanterías las cuales muy pocos son capaces de ver. La mirada de recelo en ella logró alterarlos. ¿Dónde estaba metida?

—Cualquier cosa, mantengámonos en contacto.

En menos de un minuto, los teléfonos de todos sonaron. Uno por uno. También intercambiaron números en caso de emergencia. Ahora, todos estaban en un grupo en línea. No había foto, ni tampoco un nombre específico que diera gran detalle: biblioteca. Algo simple, claro, inconfundible. Todos sabían que "Biblioteca" no implicaba solo lo de mañana. No. Significaba que ése era el grupo. Ahí estaría todo. Todos sus secretos.

-.-.-.-.-.-.-.

Iban los tres caminando por la calle. El ambiente era silencioso, salvo por sus susurros. La idea de que alguien escuchase su conversación resultaba molesta. Un desastre sería si media ciudad se enteraba de lo que estaban haciendo.

—Yo no entiendo —exclamó Naruto llevándose las manos a la cabeza—. No sé por qué carajo me meto en esto.

— ¿A qué te refieres? —preguntó Sasuke expulsando el humo de su cigarro por la boca.

Fumaba. Muy pocas veces. Pero siempre llevaba un atado de cigarros por si le entraban ganas de fumar. Aunque Naruto le decía que terminaría muerto el respondía irónicamente (por no decir literalmente) que ninguna causa natural podía matarlo. Ni pulmones con cáncer ni bombas nucleares, aunque fuese exagerado.

— ¿Por qué colaboramos con una completa desconocida? —Arrugó su nariz—. No me cae bien.

—A ti no te cae bien porque te contradice. No cualquiera en su sano juicio le hace frente a un demonio —le respondió Gaara—. Cuando golpeó la mesa hoy pensé que Kurama iba a alterarse.

— ¡Y lo hizo! —bramó molesto—. El punto: ¿qué estamos haciendo? —Chasqueó la lengua, confundido—. ¿Por qué haces esto, Gaara? —miró al pelirrojo.

Éste pareció meditarlo un rato, buscando la respuesta exacta. ¿Que por qué lo hacía? No tenía algo concreto como para responder. Era una mezcla de curiosidad, con enfado. Amaba la historia, los hechos, corroborarlos, saber en qué se basaron. Quizás en su vida pasada fue un historiador. Y el simple acontecimiento de que desapareciera información así de la nada le indignaba. Le resultaba un horror que datos relevantes acerca de la exterminación de uno de los clanes más antiguos de Konoha desapareciesen como las olas en el mar: de golpe. Así que sin dar mucha vuelta, dijo:

—Quiero saber qué pasó. Eso es todo.

Naruto bien sabía que cuando Gaara pronunciaba aquella última oración era porque no quería hablar más del tema. Su amigo era escueto, no decía mucho, se limitaba a observar hasta hacerte una desagradable presencia. Aunque claro, valían más los momentos en los que él estuvo ahí para él. Gaara era… Inescrutable.

— ¿Y tú, Sasuke? —preguntó al pelinegro. El cigarrillo ya casi se consumía.

Sasuke no necesito un momento reflexivo. Bastó para recordar lo de esa tarde.

—Quiero respuestas —dijo, arrojando el cigarro a la calle, pisándolo para apagarlo.


El edificio se alzaba hasta aparentar tocar el cielo. De hecho, cuando mirabas para arriba daba la sensación de que se caería encima de ti. Por fuera solo se veían grandes ventanales. La entrada se encontraba bajo el soportal, sostenido por columnas talladas con delicadeza. Parecía una obra del imperio romano. Tras subir los numerosos peldaños hasta la entrada, las grandes y altas puertas de madera lucían majestuosas, como si fuera la entrada al paraíso. Dentro, solo se escuchaba un silencio arrullador. El clima de la biblioteca municipal. La luz se colaba por todas partes debido a las inmensas ventanas. El piso era de mármol. En el centro de la amplia sala había un mostrador de madera de pino en forma de óvalo. Había cuatro ordenadores y maquinarias de impresoras y faxes, aparte de un teléfono de cable. Alrededor de éste, se formaban grandes pasillos de estanterías, colmadas por libros de diversos tamaños y colores. Una larga hilera de mesas con sillas se encontraba pasando el mostrador. Dos escaleras caracol se fijaban en las esquinas, al fondo, dando a un segundo piso. Lo más sorprendente, era la cúpula. Colgaba un inmeso candelabro de cristal.

—Tengo miedo de hablar —le comentó Naruto a Sasuke.

—No hables, entonces —le reprimió el otro con burla.

Hinata y Sakura fueron las que caminaron al frente, seguidos por Gaara y Sasuke. Naruto, aún temeroso de hacer algo tonto se puso entre las cejas no distraerse y seguir el paso atrás, atento. Empezaron a desaparecer por entre los pasillos de libreros.

— ¿A dónde vamos? —preguntó luego de cinco minutos Sakura, intentando no sonar exasperada.

—A la sección prohibida —lo dijo tan de repente que les costó comprobar sus oídos no habían oído mal.

La sección prohibida era el sótano de la biblioteca. No eran tontos, los conocimientos más arraigados del mundo mágico estaban en esos libreros, aguardando a ser desempolvados. Sin embargo todos se preguntaban cómo ella tenía el acceso a esa parte. No por nada se nombraba así. Y menos cualquiera podía entrar con libre albedrío. Los secretos más lóbregos estaban escondidos allí.

—La puerta está ubicada tras la sección de magia negra. Aunque de magia negra no tiene un carajo porque los libros fueron clasificados por un idiota.

—Ya he estado ahí —dijo Sakura, confusa y divertida por el comentario agregado del idiota—. Y no hay más nada que un retrato viejo de un paisaje tenebroso —ladeo su cabeza.

En las últimas librerías, ya contra la pared, se hallaba la parte de magia negra. Abastecida con muy pocos libros, los cuales, suponían, el resto debía estar en el sótano. Y, para su sorpresa, era como Sakura decía. Ninguna puerta o algo que indicara que se podía ir más allá de ese pasillo. Incluso el cuadro era normal.

—Te lo dije Hinata —susurró, revisando los lomos de los libros para pasar desapercibida. Estaba atenta a los ojos de los curiosos.

—No —negó Naruto—. Yo también lo veo.

—Y yo—añadió Gaara.

Los tres veían una puerta de madera, alta, tallada con unos símbolos raros. Al comprobar que solo ellos tres podían verla, no la curandera o el vampiro, entendieron que la entrada a la sección prohibida estaba protegida con un manto de demonio. Tener la habilidad de crearlo difería mucho a poder detectarlo. Hinata era uno de los pocos usuarios de los mantos, en cambio, Gaara y Naruto solo se limitaban a verlo.

—Ya he venido muchas veces aquí —habló la Hyuuga—. Pero nunca puedo ir más allá —resopló molesta—. No entiendo esto —señaló las figuras.

Se veía algo similar a tres comillas, talladas de una forma que parecían girar en el sentido del reloj. Estaban rodeadas por unas figuras curvas, extrañas, como un sello.

— ¿Puedes deshacerte del manto? —le preguntó Gaara.

Apenas asintió pronunció Desperso. La puerta, imponente, frente a los otros dos restantes. Sakura se quedó helada. Casi quince años visitando ese lugar y nunca tuvo un atisbo de que semejante belleza estaba delante sus ojos. En cambio Sassuke experimentó un intenso frío bajarle por la espalda. Estaba sudando. Se llevó su mano instintivamente a su cuello. Es lo mismo. Se alejó a trompicones, chocando con un librero. Respiraba agitado, rememorando el dolor de aquella vez.

Niño… débil… El dolor de la marca de maldición… Esa marca que te convierte en vampiro. En inmortal. En un preso del tiempo eterno.

— ¿Sasuke? —reparó Sakura, a su lado.

— ¿Qué significa esto? —masculló, agachándose. Un dolor comenzó a astillarle la cabeza, haciéndole sentir las sienes al borde de una explosión. Se sujetó firme la cabeza, clavando sus uñas. Un sufrimiento agudo, desgarrador. En su mente, sentía vibraciones, ecos, ruidos de personas gritando. Sus ojos se perdieron en un punto del frío suelo, volviéndose rojos. Se sumergió a un vórtice negro y gris, un espiral prolongado… Hasta que se detuvo. Abrió los ojos, encontrándose con fuego.

Un incendio.

Se puso de pie de inmediato, observando a su alrededor. Las llamas ardían dentro de las viviendas de piedra. Apenas comprendía lo que pasaba. ¿Dónde estaba? ¿Qué había pasado con sus amigos? ¿Sakura? ¿La Hyuuga? Caminó a pasos torpes. Ya no sentía dolor, ahora prestaba atención a los sonidos de afuera… Gritos, cosas que se caen. Cuando escuchó que alguien se acercaba, corrió en esa dirección, encontrándose con una mujer cuyo rostro estaba ensangrentado. Le miraba aturdida, con sus ojos desorbitados. De la nada, comenzó a gritar y suplicar.

No me mates, por favor —notó las lágrimas en sus ojos — ¡Por favor!

Lo siguiente que vio fue la cabeza de la mujer ser cortada. Una decapitación. Brotó la sangre, manchándole las ropas. La cabeza rodó hasta sus pies, produciendo un ruido pegajoso a medida que se desplazaba. Sintió náuseas, unas ganas tremendas de vomitar. Contuvo la bilis. Del cuerpo la sangre manaba como el agua de una fuente. Levantó la vista, la cual se empezaba a nublar otra vez. Fue absorbido por el vórtice, solo que en vez de ir para adelante iba para atrás.

— ¡Sasuke —escuchó la voz de Sakura.

Parpadeó un par de veces Ya no sentía dolor. Sus ojos enfocaron los orbes verdes de Sakura, quien tenía el ceño fruncido de preocupación. Sus manos tomaban su rostro y lo sacudían levemente. Enfocó el piso, después las estanterías, y después los libros y así hasta estar seguro de que se encontraba en la biblioteca. Cuando quiso levantarse, ahora el pinchazo lo sintió donde estaba su marca. Agudo, palpitante.

— ¿Qué te pasó? Me asustaste, estúpido —confesó Naruto nervioso.

Iba a responder con un insulto, pero Hinata se adelantó.

—Chicos… la puerta… está abierta.


Espero que les haya gustado.

Muchas gracias por sus reviews y no olviden de dejar uno.

Ahora… jujuju, ¿qué habrá sido lo que le pasó a Sasuke?

En cuanto al romance, planeo desarrollarlo un poco después, ahora quiero meterme de lleno en lo del misterio y las dudas.

Me despido!

Byee!