Nick: No pierdas las esperanzas… -dijo Nick mientras hacia girar a Meri varias veces con su mano izquierda-.

Meri: ¿Sobre qué? –preguntó Meri con la voz entrecortada por el esfuerzo-.

Nick: Ya verás como volverá…

Meri: ¿De qué…qué estás hablando? –volvió a preguntar esta vez intentando disimular el nerviosismo-.

Nick: No hace falta que disimules, Vives… sabes que puedes hablar conmigo…

Meri: Ya sé que no me conviene… pero no puedo evitarlo…

Nick: ¡Vamos a descansar un rato! ¡Estoy exhausto! –exclamó Nick alejándola de la pista de baile-.

Meri: ¡Sí! Creo que necesito tomar algo.

Nick: No sé si es una buena idea…

Meri: ¿Por qué? Me siento divinamente…

Nick: No, si soy consciente de ello. Demasiado diría yo.

Meri: No estarás sugiriendo…

Nick: ¿Qué estás un poco achispada? ¡No, no lo sugiero, estoy seguro de ello! –exclamó Nick mientras ella trastabillaba al acercarse a la mesa-. No estás acostumbrada a beber y hoy te has pasado.

Meri: Pero si sólo he bebido un poquito… -dijo Meri intentando juntar sin éxito los dos dedos índices de cada mano-.

Nick: Sí, ya lo veo… Te pediré un zumo.

Meri: ¿Un zumo? ¡Eso es muy aburrido!

Nick: Aburrido… pero práctico.


Connors: ¿Te lo ha dicho alguna?

McNally: ¿Alguna qué?

Connors: Jovencita.

McNally: ¿Estás pensando en alguna en concreto?

Connors: ¿Yo? ¡No! –respondió Jamie con aire inocente

McNally: No me gustaría que hicieras daño a alguien a quien aprecio. ¿Qué hay detrás de esa cara de inocencia? ¿Qué pasa contigo Connors? ¿Qué ocultas?

Connors: No soy tan malo como andan contando por ahí…

McNally: He oído muchas historias… Algunas nada recomendables.

Connors: ¿Has estado preguntando por ahí? ¡Qué honor!

McNally: No te hagas el sarcástico. No he tenido que preguntar mucho. Eres toda una leyenda urbana…


Meri: Es toda una joya, ¿no?

Nick: Bueno… en el corazón no se manda.

Meri: ¿Por qué siempre nos atraen los chicos malos?

Nick: Es la historia de mi vida…

Meri: Lo siento -dijo Meri cogiéndole la mano-. Yo no quería…

Nick: ¡Lo sé! Tú y yo sólo somos amigos, ¿no?

Meri: Sí, bueno… eso creo… estoy hecha un lío… Yo sé que te quiero, pero no sé…

Nick: Me quieres como a un amigo… -dijo Nick con un nudo en la garganta-.

Meri: Sí, eso supongo…

Nick: Pero con él es diferente… La cara se te ilumina cuando hablas de él. Ahora mismo está pasando. Estás radiante.

Meri: Y borracha…

Nick: Bueno, sólo un poco, hahaha…

Meri: ¡Tengo miedo! Él nunca se va a fijar en alguien como yo.

Nick: ¿Por qué? ¡Eso no es verdad! A él le gustas.


Connors: Ella me gusta de verdad, Andy. Hacía mucho tiempo que no sentía algo así por nadie. Pensaba que ya nunca más sería posible.

McNally: ¿Qué pasó, Jamie?

Connors: No quiero recordar…

McNally: ¿Por qué?

Connors: Duele…

McNally: ¿Por qué llevas años intentando que te maten? –preguntó Andy, mientras Jamie apoyando su espalda contra la pared, se derrumbada hasta quedar sentado en el suelo, inmóvil-.

Connors: Éramos muy jóvenes. Los tres mosqueteros, así nos llamaban…

McNally: Swarek, Oliver y tú –sentenció Andy-.

Connors: No. Oliver llegó a nuestras vidas más tarde, en la Academia. Maddy, Sammy y yo –dijo Jamie con un evidente gesto de dolor-.

McNally: Nunca había oído hablar de ella…

Connors: Ella hace mucho que se fue… -sentenció Jamie mientras Andy corría a sentarse junto a él en el suelo-.

McNally: Ella era la novia de Swarek… -dijo Andy sintiendo una punzada de celos-.

Connors: Bueno… ellos salieron un par de veces, pero no fue nada serio – dijo Jamie con una sonrisa en la cara-. Ellos se conocían del barrio, desde pequeños… Yo llegué un poco más tarde. Al principio como un intruso… -suspiró- él era el perfecto gamberro, ella la niña buena que intentaba redimirlo.

McNally: No sé nada del pasado de Swarek…

Connors: No lo tuvo fácil, te lo aseguro –dijo Jamie con una sonrisa torcida-.

McNally: Me lo puedo imaginar…

Connors: No creo que puedas…

McNally: ¿Tan terrible fue?

Connors: Sí –dijo Jamie mirando hacia el suelo-. Él era un proyecto de delincuente cuando lo conocí.

McNally: ¿Sam?

Connors: Sí, hahaha… Difícil de creer, ¿no? Yo mismo fui víctima de una gamberrada suya la primera vez que nos vimos. Yo era un enclenque en esa época... Maddy intentó defenderme y eso fue suficiente para que Sammy se convirtiera mi protector… y claro está, porque supongo que le dí pena.

McNally: ¿Y qué pasó después?

Connors: Nos hicimos inseparables, crecimos juntos y me enamoré de Maddy. Supongo que era inevitable… Creo que la quise desde el primer momento en que la vi. ¿Crees en el amor a primera vista?

McNally: Bueno… nunca me ha pasado… siempre ha sido un proceso… he necesitado mi tiempo.

Connors: A veces sucede… -dijo sonriendo-. Pero claro, Maddy sólo me trataba como a un hermano. El hermano desvalido, hahaha… y yo tampoco intentaba nada, siempre pensé que ella estaba enamorada de Sammy, así que me mantuve en un segundo plano.

Nos hicimos mayores y decidimos que iríamos juntos a la Academia de Policía.

McNally: ¿Y cómo...?

Connors: Para Maddy siempre fue su vocación desde pequeña. Ella nos empujó de una manera u otra. Yo porque la hubiera seguido hasta el fin del mundo y Sammy pues… él por varias razones.

Andy en ese instante fue consciente de lo poco que sabía de la vida de Sam Swarek. De pronto soltó una carcajada irónica y captó la atención de Jamie.

McNally: No sé nada de él… no le conozco –dijo Andy con voz triste-.

Connors: Sammy siempre fue muy reservado, muy poco dado a mostrar sus sentimientos. Siempre creyó que eso lo hacía vulnerable.

McNally: ¡Genial! No sé como siempre que hablo con alguien que lo conoce llegamos a esa misma conclusión. No es demasiado alentador, que eso suceda una y otra vez y no poder hacer nada al respecto.

Connors: Lo sé. No sabes cuantas veces estuve a punto de tirar la toalla y dejarlo por imposible… pero luego la vida me dio un revés, y acabe comportándome como él.

McNally: ¿Qué pasó? –preguntó Andy sintiendo que estaban llegando al punto culminante de la historia-.

Connors: Dejamos los suburbios y nos vinimos a vivir a la ciudad, cada uno huyendo de nuestros propios fantasmas. Maddy tenía una beca… era muy buena estudiante, pero su madre se había vuelto a casar y muy sútilmente le había dicho que no había sitio para ella en la casa. En mi caso… mi familia quería que siguiera con la tradición de la familia y fuera un ilustre cirujano y cuando me revelé contra eso, ellos me apartaron de su círculo. Para Sammy fue la oportunidad de sentirse libre por primera vez en su vida. Su hermana ya se había casado y no tenía nada que lo retuviera en su casa.

Compartíamos un apartamento destartalado que pronto se convirtió en nuestro hogar. Nos llevábamos bien, pero yo por dentro, me moría de celos por la relación entre Maddy y Sam. Siempre me sentí como un intruso en esa relación a tres, aunque ellos nunca hicieron nada para que yo me sintiera así. No quería entrometerme… como si mi presencia hiciera que ellos no pudieran afianzar una relación más estrecha.

McNally: … una relación sentimental –dijo Andy terminando la frase que había comenzado Jamie-.

Connors: Ellos no hacían más que buscarme citas a ciegas, sin darse cuenta que yo no estaba interesado. Además no es por nada, pero yo ya había hecho el estirón y comenzaba a tener bastante éxito entre las chicas, así que no necesitaba para nada que me buscaran pareja, hahaha… Entonces tomé una decisión: marcharme a vivir por mi cuenta.

McNally: ¡Oh!

Connors: El día de la mudanza, Sammy se fue antes que yo me levantara. Estaba muy enfadado por mi decisión y llevaba semanas durmiendo en el sofá sin apenas dirijirme la palabra. El apartamento era muy pequeño y hasta ese momento compartíamos habitación, ¿sabes? Cuando me levanté, Maddy estaba en el sofá con la cara descompuesta llena de lágrimas. Me pidió que no me fuera, que si me marchaba las cosas cambiarían, que dejaríamos de vernos, pero yo no quise escucharla. Le prometí que nuestra relación seguiría igual. Entonces fue cuando ella me dijo que no quería que nuestra relación siguiera igual y me plantó un beso en la boca.

McNally: ¿Ella estaba enamorada de ti?

Connors: Sí… y yo no me había dado cuenta… ¡Qué idiota!

McNally: A veces las cosas más evidentes pasan desapercibidas.

Connors: Sí –dijo Jamie con pena, pero pronto una sonrisa radiante inundó su cara-. Ese fue el día más feliz de mi vida.

McNally: Y entonces… ¿qué paso?

Connors: Ella murió -contestó Jamie con la voz entrecortada-.