Los personajes le pertenecen a Masashi Kishimoto.

Capítulo 13:

La sección prohibida

La puerta de madera finamente tallada estaba abierta. Tras ella, un pasillo de escalones que bajaban en forma de espiral. Había un tramo de luces que alumbraba los primeros peldaños, pero luego, más en el interior todo se volvía oscuridad. Una boca de lobo. Antes de adentrarse, Hinata puso una mano en alto. Rebuscó entre su bandolera hasta sacar una pequeña botella de vidrio con tapa de chapa ya retorcida. Ella lo bebió primero.

Los de olfato sensible (los dos demonios y el vampiro) notaron que el aroma a dulce que manaba de su ser comenzaba a desaparecer, sin dejar rastro alguno. Incluso su chaqueta de cuero dejaba de oler al material. Todo rastro de aroma se esfumó como por arte de magia. Irónicamente hablando.

— ¿Eso es…? — preguntó Sakura sorprendida al reparar en el líquido azul.

Refusa Miribalia —respondió Hinata—. Un secreto bien guardado por las brujas —le guiñó el ojo.

— ¿Eres bruja? —cuestionó Gaara estupefacto. El resto también esperaba respuestas.

—No —negó con la cabeza—. Pero tuve la suerte de encontrarme con una bruja. Ella era tan amable y me enseñó algunas cuantas cosas útiles para la vida —la mirada dura y expectante se le endulzó, los ojos mostraron una calidez abrasante, como si sus recuerdos la llevaran a cuando la conoció. Arrugada y canosa, pero con un corazón tan solemne y cálido como el amanecer—. Beban esto. Refusa Miribalia es una poción que oculta el olor. No queremos sorpresas… No más de las que he causado —ladeó la cabeza.

Luego de que todos ingirieran la poción comenzaron a descender. Las paredes eran de piedra, sin pulir. Algunas telarañas colgaban desde el techo (también de piedra) hasta las paredes. Bajaban en fila, puesto que mantenían la guardia en alto. Cuando el camino empezó a ser oscuro, Sakura cubrió su mano con la magia verde. Ninguno sabía cuántos metros abajo estaban ya, solo que llevaban como diez minutos. El aire, en cambio, no se encontraba espeso, como asfixiado. Sino surgía. E incluso soplaba viento.

—Tal vez es para que los libros no sean afectados por el encierro —habló Sasuke.

Finalmente, los peldaños de piedra comenzaban a hacerse más anchos al igual que el espacio. Siguieron bajando, ya a un paso apresurado. La luz volvía a hacerse presente. Dos lámparas de pared estaban colgadas junto a la gran arcada de piedra, la cual, justo en el centro y arriba, se encontraba tallado el mismo símbolo de la puerta de madera. Pasaron con cautela, como si cualquier movimiento en falso activara una trampa mortal.

Los libreros eran más antiguos, robustos. Esculpidos con un cuidado diligente. A los bordes, un patrón de flores, formando una cadena de líneas curvas. Se extendía desde la parte que tocaba el suelo hasta el borde de arriba. En los costados, tenían atornillados una placa de metal con la sección grabada. Magia Negra. Magia Blanca. Historia oscura. Seres mágicos. Y cientos de agrupaciones más. El piso de piedra irregular de la escalera pasó a estar dividido en baldosas uniformes. Las arañas de techo antiguas aportaban la iluminación, aclarando cada rincón. En una de las paredes, a la derecha de la arcada, colgaba un mapa de aproximadamente un metro ochenta. Antiguo y estaba enmarcado en un vidrio. Las manchas amarillas y marrones daban claros indicios de que tendría, por lo menos, un siglo.

—No toquen nada que les parezca sospechoso —dijo Sakura, embobada por todo lo que estaba bajo su nariz y nunca prestó atención—. Por algo es la sección prohibida.

—Limitémonos a buscar lo necesario —habló Naruto.

Sus voces creaban un pequeño eco.

Naruto comenzó en la sección de demonios. Su intuición de tal lo llevó hasta ahí. Releyó los lomos de los libros, los cuales, por suerte, estaban en su idioma. Aunque sí algunos tenían una escritura desconocida. Rojos, marrones, de cuero, piel, miles de texturas y formas. Cuando pasó a la estantería de enfrente, se topó con algo que le llamó la atención. Era un libro lo bastante grueso como el largo de su pulgar. El enfundado era de cuero, cocido finamente con hilos negros. Sabio de los seis caminos. Leyó en susurros. Lo abrió. Las páginas amarillas indicaban que el libro tenía muchos años, además de la capa de polvo que cubría el corte de cabeza y la metada. Lo sacudió un poco. Parecía un manuscrito. La tinta negra gruesa no estaba desvanecida, pero claramente fue hecha a pulso. También observó una serie de dibujos disparejos, como el diario de un niño.

— ¿Qué es esto? —murmuró.

— ¿Encontraste algo? —era la voz de Gaara.

Él rápidamente dejó el libro en su lugar, indicando la cabeza en negación. Cuando vio que Gaara se dio la vuelta y se fue, tomó el libro entre sus manos. Se lo llevaría. El calor que manaba de ese libro alteraba sus sentidos. Kurama en su mente gruñó. Esto bastó para terminar de convencerse. Llevaba una mochila (gracias al cielo nunca salía sin ella) y lo metió ahí, entre sus ropas del bar.


Buscaba con desesperación entre la sección de clanes. Había nombres de todo tipo. Yamanaka. Inizuka. Nara. Akimichi. Senju. Y muchos más. Todos clanes antiguos que predominaron en alguna era. De los Hyuuga, nada. Los libros tenían en el lomo marcado cualquier nombre, excepto el de ella. Sakura estaba a su lado, con dos resultados en mano. Registros y Haruno. Así se titulaban. Lanzó un bufido, molesta. ¿Qué tanto el destino quería que no encontrara resultados? ¿Por qué todo en su vida tenía que ser difícil? A veces se cansaba de vivir, deseaba tirarse a la deriva, dejar de pender del hilo que la mantenía en pie. Pero, cuando cerraba sus ojos, veía a Demorius. Él no tenía la apariencia de un demonio en su mente, al contrario, lucía como un hombre. Alto, pálido, de pelo negro, ojos color naranja y sonrisa expectante. Recordaba la primera vez que lo vio aparecer, justo cuando tocó su pierna temblorosa y le dejó marcado el contrato. Al principio lo odio por hacerle eso, por convertirla en Hyuuga.

Y con el tiempo uno se acostumbra a los cambios. Al principio es una sensación incómoda, luego, cuando el tiempo pasa, ya es algo normal.

—No encuentro una mierda —bramó frunciendo el entrecejo.

— ¿Probaste en los estantes altos? —su pregunta hizo que resollase de risa.

¿Le jugaba una broma? Ella era mucho más pequeña que cualquiera.

Al observar su ceja alzada y sonrisa ladeada de incredibilidad, Sakura se rio.

—Perdona, deja que busco por ti.

Entonces Sakura siguió con su búsqueda. Toco los libros. No encontraba nada. Era como si se los hubieran llevado. Como si alguien dijo "Esto es mucha evidencia". Pero lo que más le llamaba la atención: sí había una placa tallada con el nombre de Hyuuga. Aunque estaba reemplazado el espacio con otros libros. Se pasó a la estantería de enfrente. Le dijo a Hinata que hiciera lo mismo. Ambas iniciaron otra búsqueda. Hasta que una empezó a gritar eufórica, alterando a los hombres, quienes corrieron rápidamente como caballeros yendo a rescatar a las princesas.

— ¿Qué pasa? —cuestionó Sasuke. Él ya empuñaba su sable.

— ¡Esto! —espetó Hinata.

Tenía aferrado entre sus manos un libro que de título decía Clan Hyuuga. La sonrisa que formó con sus labios era auténtica a la de una niña con juguete nuevo. Dejaba atrás cualquier atisbo de mirada fría, calculadora, al igual que con los rasgos duros. Ella lucía como una chica, normal, alegre, e incluso afectuosa. ¿Así podía lucir? ¿Cuán mala fue la primera impresión que tuvieron de ella? Nadie tan "malvado" podía sonreír de esa forma.

— ¡Es un libro sobre mi clan! —dijo animada.

—Bueno, no hay nada más —Sakura se acercaba limpiando sus palmas en los pantalones de jean—. Eso es lo único que tenemos.

Antes de que pudieran seguir hablando, oyeron pasos en las escaleras, al igual que una voz masculina. Se tensaron y metieron los libros en sus bolsos. Tenían un total de siete. Naruto se enlistaba para iniciar una pelea pero sintió un tirón de su mano. Volteó. Hinata lo tenía aferrado en sus dedos.

—No —susurró—. Tomen una parte de mí. Y no se suelten.

Sakura fue la primera en entender. Se sujetó de la muñeca de ella. Sasuke y Gaara la tomaron de los hombros. Naruto no quitó su mano de la de ella. No bastó ni dos segundos para que dijera Manto. Lo usaría para cubrirlos. Si uno se soltaba, estarían perdidos. Entonces, ella empezó a caminar en dirección a la escalera. Manto era una habilidad que aprendió bajo la tutela de Demorius. Aunque en un principio solamente llegaba a los cinco minutos, con los años podía mantenerlo por horas, y no solo eso, también lo expandía hacia otras personas si éstas se fijaban de ella. Si lo pensaba con detenimiento, podría ser una mejor asesina: poseedora del demonio más poderoso, capaz de ocultar el olor con Refusa Miribalia, utilizaba un manto de invisibilidad. Lástima que su corazón era blando.

—Dime que esa poción no es limitada —le dijo Naruto tragando duro.

—Si —respondió—. Pero es un uso de veinticuatro horas —sonrió de lado— No se suelten. Armar un ajetreo acá sería un desastre.

Se colocó junto a la pared que daba al pasillo. Los pasos en los peldaños cada vez sonaban más fuertes. Cada uno llevaba la impaciencia a su modo. Respiraban agitados, o simplemente se mantenían como estatuas, aguardando a caminar. Uno… Dos… Uno… Dos… Los pasos, pausados. De modo que esa persona sabía que alguien se encontraba abajo. Más fuerte. A la vez, era un hombre, podían percibirle el olor… Ceniza.

—Reconozco este olor —dijo Sasuke.

No conocía exactamente a la persona que olía así. Muchas veces, en las reuniones del clan procuraba no utilizar su olfato ya que podía terminar en colapso y perder su sentido. En cambio ese olor a ceniza, no importaba en qué parte del convento estuviese, lo percibía. Como si el sujeto caminara a dónde él iba. Desde niño. Un sentimiento de que alguien lo observaba. Molesto resultaba.

La sombra se hizo más grande. Dos botas negras aparecieron en los peldaños. Luego unos pantalones de mezclilla, la camiseta negra… La cara cicatrizada. Lo recordó al instante. Aquel hombre que poseía un ojo de vidrio. Excéntrico, bastante lame suelas de Madara. Obito Uchiha. Estaba con el ceño fruncido. Avanzo a los libreros con paso desconfiado. Tenía empuñada su espada. Miraba para todos lados. Ese maldito iba con todos los cuentos al jefe. Hijo de puta.

Dio un par de vueltas. Examinó pasillo por pasillo. Ellos aguardaban a que se fuera para poder salir, sería un problema hacer ruido. Lo único que el manto no protegía era el ruido. El más mínimo sonido y todo se iría al diablo.

Finalmente, para suerte de todos, ya al borde de la histeria, Obito se fue caminando por las escaleras. Aguardaron cinco minutos y Hinata sacó el manto.


Bueno, lo voy a dejar hasta acá.

Espero que les haya gustado. Muchas gracias por los review.

No se olviden de dejar uno.

Nos vemos!

Byee!