Bueno, este es mi fic para el reto de "Cuentos infantiles" del grupo "Drinny/Dranny: ¡El mejor amor prohibido!" de Facebook… Está basado en el cuento La princesa y el guisante (también conocido como Una verdadera princesa) del popular escritor danés Hans Christian Andersen. Espero que sea de su agrado y aclarar que decidí mantener la historia en el contexto de época por que siempre he querido escribir una historia de época jijiji
Aclaro también que ningún personaje me pertenece, todos son de JKRowling.
Y bueno ya sin más les dejo el primer capitulo.
Capítulo 1: La muchacha perdida.
- Draco… ¿Estás seguro que Astoria está lista para la prueba? – Preguntó su madre al dejar su copa de vino en la ostentosa mesa de comedor donde ella, su marido, Lucius Malfoy y su hijo, Draco Malfoy cenaban tranquilamente.
- Totalmente seguro, madre. Simplemente con mirarle sé que ella es la indicada. – No había dicho esto de una forma romántica, ni mucho menos dulce o amorosa, hasta podría notarse un dejo de aburrimiento y repetición en su arrastrada y masculina voz. Los reyes de Slytherin se miraron algo preocupados.
Draco Malfoy se caracterizaba por ser un joven bastante frio y calculador, amante ferviente de la equitación, el esgrima y el chelo. Príncipe heredero del reino de Slytherin, acreedor de muchísimas hectáreas de tierra fértil, futuro gobernante de uno de los pueblos mineros a las orillas del mar, más hermosos, poderosos y ricos de todo Gran Bretaña. Era uno de los príncipes más guapos de todo el continente y su familia una de las mas poderosas. Su cabello rubio era corto y despeinado, si piel pálida parecía labrada en mármol decorada por sus perfectas facciones finas pero fuertes. Su cuerpo se había desarrollado de una manera increíblemente perfecta sacándole suspiros a más de una mujer. Su carácter era parecido al de un niño de 5 años, pero nadie sabía como lograba que el resto del mundo lo amara. Era, sin duda alguna, el hijo que los reyes habían deseado. Un príncipe ideal.
Lo único que requería, como cualquier príncipe heredero, era una princesa con la cual casarse. Pero, obviamente, al tratarse de DRACO MALFOY, el heredero de Slytherin, poderoso reino, no podía casarse con cualquier princesa de reino desconocido y sangre impura. Su linaje debía ser perfecto, sin ninguna persona que no fuera de sangre azul. Su físico debía ser singularmente hermoso, debía destacar sobre las demás mujeres del reino y por qué no, de los otros reinos.
- No te oigo muy seguro. – Sentenció Lucius, mirando de reojo a su primogénito. Jugaba con las habichuelas de su plato y miraba aburrido la escena, usualmente cenaba rápido y se dirigía a los establos reales para pasar un rato con Euterpe, su yegua purasangre.
- Da lo mismo. Por lo menos con ella podré hablar de caballos.
- ¿Qué sucede si Euterpe no la acepta? – Murmuró Narcisa frunciendo ligeramente el ceño.
- Euterpe es un caballo. Permiso. – Draco se levantó de la mesa y caminó tranquilamente a su habitación.
Lucius y Narcisa se miraron algo preocupados. Sabían muy bien que su hijo no deseaba casarse, sabían también que solo lo estaba haciendo para complacerlos. Tenían muy en cuenta que ya se había resignado, pero no tenían ni idea hasta que punto había llegado su resignación. Draco amaba a su yegua y jamás habría aceptado a alguien que le desagradará. Astoria no había ido a los establos aún.
No quería casarse, ni con Astoria ni con nadie. Todas las muchachas que su madre había invitado al palacio eran una descerebradas anoréxicas, que solo se divertían admirándolo, regalándole sonrisas falsas, rezando para que las eligiera y pudieran quedarse con su fortuna. Podía divertirse un rato con ellas, besarlas, hacer que tocaran el firmamento por una noche (sin que sus padres se dieran cuenta, por supuesto), hasta podía intentar hablar con ellas. Pero ahí estaba el problema, era imposible hablar con alguna por más de 5 minutos, no poseían un gran vocabulario, ni mucho menos más de 5 neuronas en el cerebro. Ninguna tenía lo que él estaba buscando. Una princesa de verdad (Y no lo que su madre consideraba una princesa de verdad), una que pudiera responder con propiedad pero sin perder sus valores, sus sentimientos y su respeto. Quería alguien que fuera ella misma, y no algo que podría gustarle.
Las puertas de sus aposentos fueron abiertas para que él pudiera ingresar, bufó aburrido y ordenó que las cerraran tras él. Astoria pasaría esa misma noche la prueba de su madre y si conseguía superarla debería casarse con ella, por más descerebrada que fuera. Si bien tenía un poco más de intelecto que las demás, compartía con ellas el desagradable amor por adularlo las 24 horas del día.
Se lanzó agotado a su cama y se colocó una almohada sobre la cara. Deseaba que Astoria no pasara la prueba y así no tener que casarse con ella. Deseaba fervientemente que ninguna pasara la prueba. No quería casarse y tener que reinar Slytherin, sentía que era demasiada carga para sus hombros aun adolescentes. Rodó para quedar boca abajo y cerró los ojos fervientemente. Ojalá Astoria no pasara la prueba.
D&G
Ginny Weasley, prometida del príncipe de Gryffindor, Harry Potter, princesa del reino de The Burrow. Odiaba ese titulo, odiaba que sonara tan absolutamente largo. Odiaba que su familia quisiera emparentarla con alguien, ella consideraba que tenía el derecho de elegir a su esposo, o decidir no casarse.
- ¿Cómo es posible que no quieras casarte, Ginny? – Comentó su madre mientras paseaban por los jardines se su palacio un día soleado. La sombrillas las protegían de los rayos del sol y unos cuantos sirvientes abanicaban a su alrededor para evitar el bochorno.
- Soy completamente capaz de querer eso, Madre. – Murmuró bastante segura de si misma. No le gustaba que la controlaran, ni que decidieran por ella. – Aparte yo no estoy rechazando la idea, estoy rechazando a tu pretendiente.
- ¡Pero si siempre has estado emocionada por desposar al príncipe Harry! ¿Acaso no era tu sueño de pequeña?
- La gente madura… Yo lo hice y considero que ya no es un buen partido.
- ¿Qué no es un buen partido? ¡Ginevra, son más de 500.000 libras al año! Es el heredero de Gryffindor, uno de los reinos más hermosos del continente. – Ginny se quedó parada mirando severamente a su madre, la cual bajó la mirada algo apenada, no le gustaba gritarle a su hija.
- Yo no apuesto por el dinero de mis pretendientes, yo considero antes su intelecto que su fortuna. – Ginny continuó su camino orgullosa. – Deberías saberlo de memoria, Madre. – Molly intentó cambiar de tema para diluir el fuerte carácter de su hija.
- ¿Te iras de viaje con los Granger?
- Por supuesto, zarpamos mañana al amanecer.
D&G
Draco caminaba de un lado a otro por el comedor real esperando que Astoria hiciera su aparición en el recinto. Era la hora, en pocos momentos sabrían si era una princesa digna o todo lo contrario. En unos segundos su futuro podría verse trastocado de una manera increíble. Pasaba sus manos rápida y furiosamente por sus platinados cabellos revolviéndolos de manera infrahumana. Sus padres, quienes ya habían pasado por esta situación varias veces en el pasar de los años, estaban desayunando lo más tranquilos posible. Si bien a ambos les importaba en extremo el hecho de quien sería la futura esposa de su único primogénito, sabían que la prueba por la que hacían pasar a las princesas era perfecta.
Las trompetas que anunciaban que alguien estaba por ingresar a la habitación sonaron. Las puertas del comedor se abrieron de par en par dejando ver a una princesa preciosa con una perfecta sonrisa en el rostro. Draco Malfoy sintió que el corazón se le salía por la garganta. Igual debía confirmar.
- Muy buenos días. – Musitó Astoria haciendo una elegante reverencia, la cual fue respondida con un movimiento de cabeza y una invitación a sentarse. Caminó tranquila hacía su lugar en la mesa y fue rápidamente atendida por uno de los sirvientes del castillo.
-Draco, siéntate en la mesa, es de mala educación estar parado. – Musitó Narcisa bastante molesta, acababan de destruirle la mañana. Se suponía que Astoria lograría pasar la prueba y ya no se volvería a preocupar por el futuro de su hijo.
-Lo siento madre. – Draco no podía esconder su alegría, incluso llegó a sonreír en el desayuno. Lucius también sonrió de lado al notar el enfado de su esposa y lo tranquila que se veía Astoria.
-¿Qué tal durmió? – Preguntó Lucius mientras bebía algo de té. Astoria sonrió de oreja a oreja.
-Increíblemente bien. Gracias.
Narcisa tenía ganas de golpear su cabeza contra la mesa ¿Era acaso tan complicado encontrar a una princesa real? Sentía como el odio se escapaba por sus orejas generando humo. Draco de pronto se levantó de la mesa y se excusó con todos los presentes, sus padres solo giraron los ojos mientras que Astoria se quedó algo contrariada ¿Desde cuando el príncipe Draco se portaba de esa manera tan poco educada?
Tenía ganas de saltar, correr y reír a más no poder, sentía la felicidad desbordándosele por las mejillas. No podía evitar que una sonrisa de alegría se asomara por sus finos labios. Caminó altiva y rápidamente a los terrenos del castillo y, asegurándose que nadie lo viera, corrió desaforadamente hacía los cobertizos reales. Abrió las puertas de par en par de manera brutal, asustando un poco a los caballos. Trotó al fondo de la caballería en donde una puerta de roble reposaba.
Euterpe saltó de alegría al ver a su amo tan temprano por la mañana. Draco se aproximó a ella y comenzó a acariciar su lomo airoso. Se había librado de una princesa más… pero, su mirada se ennegreció y sus caricias decayeron, ¿Cuánto tiempo más le restaría? La princesa adecuada podría estar a dos kilómetros de distancia, o tal vez a años. Los ojos grises estaban tristes, apagados. Euterpe acarició con la mandíbula el cachete de Draco, quien solo logró dejar de tocarla.
-¿Es acaso realmente necesario que me casé ya? – Murmuró algo abatido. – Y… ¿por qué debo casarme con una desconocida? – Miró a su caballo quien relinchó despacio. Draco sonrió tristemente. – Obviamente tú me entiendes, para ti hay que escoger al caballo de mejor linaje. Tus crías deben ser preciosas. Te pasa lo mismo que a mi… - Volvió a acariciar el lomo con aun más ahínco. - ¿Qué pasará el día que aparezca alguien que si pase la prueba? ¿Y si no me gusta? ¿Y si yo no le gusto a ella? – Suspiró pesadamente. – Aún hay tiempo…
D&G
Sus ropas estaban empapadas, llenas de barro y rotas. Le costaba horrores respirar, ni siquiera sabía si realmente lo estaba haciendo, no estaba totalmente segura de que su corazón siguiera latiendo del mismo modo que lo había hecho por la mañana. Y para colmo, llovía a cantaros. Cayó de bruces contra el suelo enterrando sus manos contra el fango, había caminado cerca de 2 horas y aún no encontraba nada. El puerto estaba vacío al igual que los alrededores del mismo ¿Cómo no iba a estar todo cerrado en plena noche? ¿Dónde estaba? Se levantó como pudo y siguió arrastrando los pies. Vislumbró un hermoso e imponente castillo. Majestuoso a más no poder. Sonrió, después de dos horas de increíble agonía la vida volvía a sus labios. Y corrió, como jamás lo había hecho, como sus pies aceptaron hacerlo. Sin saber por qué las rejas del castillo pudo abrirlas de manera simple. Los rayos azotaban furiosamente contra todo y al mismo tiempo contra nada. Las lágrimas se escurrían por sus pecosas mejillas y la sangre comenzaba a fluir de sus pies y manos. Tal vez los guardias se habían resguardado de la terrible tormenta. No quería pensar que el castillo estaba deshabitado. Corrió por los terrenos y cayó varias veces. Golpeo innumerables veces el portón cuando por fin lo atrapó. El cabello rojo se le pegaba a las cienes. Todo tipo de elegante peinado estaba destruido. Su vida estaba destruida. El barco estaba destruido. Su mejor amiga había muerto. La familia de su mejor amiga había muerto. Maldita tormenta. Hermione. Golpeaba la puerta con fulgor pero al parecer nadie la escuchaba. Los rayos destruían el cielo. Gritaba con lo poco que le quedaba de la voz. Sus piernas se desvanecían. La fuerza se esfumaba. Su vida se deshacía. Un último grito.
Y de pronto, sintió la puerta desvanecerse frente a ella y cayó sobre un cálido cuerpo. Unos brazos fuertes la sostuvieron de manera sólida y le permitieron reponerse por un momento. Su respiración se calmó notablemente y volvió a sentir el constante latido de su ferviente corazón. Todo estaba en orden. Cayeron al suelo, donde ella pudo aferrarse mejor.
-¿Qué demonios ha sucedido? – Una voz gélida pero extrañamente cálida la despertó de su sueño. Definitivamente masculina. Nada estaba bien y nunca más volvería a estarlo.
-Hermione. – Logró musitar antes de romper en lágrimas. Le dolía hablar. El extraño compañero la sostuvo más cerca de su pecho y comenzó a acariciar tranquilamente su húmedo cabello. Ella se quedó paralizada.
-Tranquila, todo estará bien en la mañana. – Sintió como todas sus funciones vitales se apagaban y la oscuridad se apoderaba de ella.
D&G
-¿Cómo es posible que no hubiera ningún guardia parado en la entrada anoche? – Inquirió Narcisa bastante molesta parada a los pies de una enorme cama. El cuarto estaba invadido. Había cerca de 5 guardias custodiando al rey y algunas sirvientas recogiendo la ropa de la misteriosa muchacha. La reina se encontraba con su escolta y los acostumbrados guardias de puerta custodiaban el recinto. Eran demasiadas personas para una misma habitación en donde se estaban tocando temas delicados
-No lo sé, madre. Pero esta muchacha se estaba muriendo. No me quedó otra opción que brindarle asilo. – Respondió Draco cruzado de brazos. Lucius miraba a la muchacha bastante preocupado. - ¡No podía dejarla afuera!
-Lo sé, lo sé. – La reina calmó un poco los nervios y miró a su marido. – Supongo que no tenemos otra opción. – Lucius la miró de vuelta y levantó los hombros.
-Tengo asuntos más importantes en lo que preocuparme. Debo evitar una guerra con Gryffindor. Encárguense ustedes por favor. – Dicho esto salió desesperado de la habitación con su séquito de guardias, realmente odiaba a las personas extrañas. Las sirvientas se disculparon con la reina y abandonaron la habitación rumbo a las lavanderías para encargarse de las ropas de la joven.
Narcisa sintió como su molestia crecía a límites inesperados ¿Cómo era posible que su hijo metiera a una desconocida total al castillo? ¿Cómo demonios era posible que su marido fuera tan idiota? "Relájate, eres una reina. Los nobles se comportan" Respiró lo más profundo que pudo, recordó las técnicas de meditación que la criada china le había enseñado y volteó a mirar a su hijo. Sus ojos se abrieron de par en par y su mandíbula cayó al suelo.
Draco Malfoy, príncipe heredero del gran y poderoso reino de Slytherin, se encontraba sentado al costado de la joven moribunda. La miraba de una manera especial, nunca había visto que su hijo observara algo de esa manera. Era una mezcla de preocupación, simpatía, cariño y extrañamente algo parecido al amor ¿Cómo era posible que mirara a esa simple jovencita de ese modo tan peculiar? A ninguna de las mujeres que habían traído a la casa para que se convirtiera en su esposa había sido observada de esa manera. La joven de pronto tosió de manera abrupta y emitió un gemido lastimero mientras fruncía el ceño de manera triste. Draco se levantó de su lado bastante asustado y miró a su madre buscando ayuda.
-Son solo síntomas de la fiebre. Está mejorando. Solo debe descansar. – Musitó aún bastante abrumada. Draco bajó la mirada y ella pudo notar como cerraba fuertemente sus puños detonando una terrible frustración. Él quería salvarla. – Puede mejorar más rápido si le colocamos algunos paños de agua fría en la frente. – El príncipe la miró bastante sorprendido. Su madre le pidió a su escolta que los consiguiera rápidamente. En un santiamén los paños de seda y el cuenco con agua helada se encontraban justo a la joven pelirroja.
-¿Cómo se supone que se hace eso? – Inquirió Draco sentándose al costado de su madre. Narcisa sonrió y metió y paño dentro del agua.
-Lo que debemos lograr es que la fiebre disminuya. Solo tenemos que mojar los paños así. – Exprimió un poco el paño y lo colocó en la frente de la muchacha quien se exaltó un poco. – Todo está bien.
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Se encontraban desayunando, Draco jugaba a hacer formas en su plato con las migajas de su pan. Siempre le había divertido jugar con la comida, disfrutaba más haciendo eso que comiéndosela. No había sido nunca un niño al cual le gustará comer en cantidades desmesuradas. Eso había contribuido notablemente a su aspecto medio enfermizo que a muchas atontaba. Al principio no había entendido por que las mujeres lo acosaban siempre, pero con el tiempo se había acostumbrado y ahora incluso se divertía. Pero en lo profundo, no le gustaba que lo acosaran. Podía mostrarse como una persona muy egocéntrica a la cual le gustaba la adulación y toda la parafernalia, pero para quienes lo conocían de verdad (su madre y su padre) podía ser un muchacho bastante sencillo al cual lo conquistabas fácilmente con un cerebro bien dotado, ganas de batallar contra él en el esgrima y obviamente un gran amor por los caballos. Porque, aunque no lo pareciera, a sus 18 años de edad, Draco Malfoy, príncipe heredero del gran y poderoso reino de Slytherin, era un simple niño aburrido de vivir en una constante rutina.
-Debes comer algo, amor. Hoy tienes un día bastante atareado. – Draco bufó y apoyó la cara contra su mano. "Práctica de esgrima en diez minutos, visita al pueblo a las 11, visita de una nueva candidata a ser mi aburrida esposa, una gran tarde de casería con mi padre y su séquito de idiotas, tal vez cuidar a la misteriosa muchacha por la noche…"
Las trompetas que anunciaban que alguien estaba por ingresar a la habitación sonaron. Los tres se miraron de manera abrumada, ninguno esperaba a alguien. Aunque tal vez... Draco se levantó de la silla como si tuviera un resorte en el momento en el que las puertas se abrieron lentamente. Su respiración se pausó, se estancó, sintió que no podía emitir sonido alguno.
Le habían prestado un vestido y se sentía agradecida, pero al mismo tiempo incomoda. No recordaba nada desde que la puerta del castillo había sido abierta y un joven la había abrazado. Alisó un poco la falda momentos antes de que abrieran la puerta. Su carácter no solía ser tímido, pero la situación ameritaba ser humilde. Las puertas se abrieron y no le quedó otra opción más que avanzar con la cabeza agachada.
-Bu bu buenos días… Yo lamento mucho los suce… - Su voz se perdió en un cálido y fuerte abrazó. Sus ojos se abrieron desmesuradamente pero no atinó a devolver el cariño.
Los reyes se habían quedado estupefactos, Draco simplemente había corrido por todo el comedor de desayuno para abrazar a la misteriosa muchacha. Le sacaba por lo menos una cabeza de alto, por lo que solo llegaban a observar la espalda del saco negro de su hijo y a los lados el reluciente vestido dorado de la muchacha.
Draco había acomodado su cabeza en el hombro de la pelirroja y no estaba seguro de lo que estaba haciendo.
-Yo… - Murmuró la muchacha a duras penas. Sentía como los colores se le subían a la cara, ni siquiera había logrado ver el rostro del muchacho, pero estaba más que segura que era el mismo joven que la había rescatado en la entrada del palacio.
-Tu nombre. – Logró escuchar que el joven musitaba. Le había hecho cosquillas en el cuello al respirar, por lo que su cuerpo entero se había electrizado. Su voz era preciosa, sin duda alguna eran la misma persona.
-Yo… - susurró, estaba demasiado nerviosa como para responder. El joven la estaba abrazando demasiado. – Mi nombre es Ginny.
Poco a poco el abrazo se fue aflojando y de pronto quedaron parados uno frente al otro bajo la atenta mirada de los reyes (los cuales por cierto estaban más que asombrados por la extraña conducta de su hijo). Ninguno se atrevía a mirarse la cara, Ginny miraba el suelo y Draco miraba la coronilla de Ginny. Y fue él quien dio el primer paso.
Levantó por el mentón a la delicada pelirroja que había salvado de una muerte segura y la obligó a mirarlo a los ojos. Ella se encontraba más que asustada y de eso él estaba seguro. Era momento de romper la tención que había creado. Cuando sus ojos conectaron Ginny sintió que se deshacía.
Eran los ojos más hermosos que jamás en la vida hubiera visto. Y el rostro que acompañaba a esos magníficos ojos era sin duda perfecto. No podía evitar mirarlos de manera emboada. Si su madre la hubiera visto tan solo un segundo seguramente se reiría de ella. Pero, cuando se encontraba en el clímax de la observación, el dueño de los ojos se carcajeo destruyendo su perfecta contemplación para solo descubrir que también era perfecto mientras reía.
-El mio es Draco Malfoy y te encuentras en el reino de Slytherin. – Ginny abrió los ojos desmesuradamente y empujó al muchacho un poco.
-¡¿QUEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE EÉ?!
Continuaraaaa….
D&G
Holii, bueno, espero que les haya gustado y en el siguiente capitulo verán muchas cosas más y ya nos iremos metiendo más en el trama de la historia jajaja.
Como verán, tengo un afán con los ojos de mi estimado príncipe… déjenme ser porfis
Un besototote y felices fiestas jijiji
JM
