Ningún personaje me pertenece. Todos son de JKRowling.
Levantó por el mentón a la delicada pelirroja que había salvado de una muerte segura y la obligó a mirarlo a los ojos. Ella se encontraba más que asustada y de eso él estaba seguro. Era momento de romper la tensión que había creado. Cuando sus ojos conectaron Ginny sintió que se deshacía.
Eran los ojos más hermosos que jamás en la vida hubiera visto. Y el rostro que acompañaba a esos magníficos ojos era sin duda perfecto. No podía evitar mirarlos de manera emboada. Si su madre la hubiera visto tan solo un segundo seguramente se reiría de ella. Pero, cuando se encontraba en el clímax de la observación, el dueño de los ojos se carcajeo destruyendo su perfecta contemplación para solo descubrir que también era perfecto mientras reía.
-El mío es Draco Malfoy y te encuentras en el reino de Slytherin. – Ginny abrió los ojos desmesuradamente y empujó al muchacho un poco.
-¡¿QUEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE EÉ?!
Capítulo 2: ¿Rivalidades?
Draco retrocedió un poco a causa del pequeño empellón de Ginny y frunció delicadamente el ceño. Nunca en su vida una mujer lo había empujado de esa manera tan sutil, pero llena de repulsión. Se sintió completamente ajeno a sus normales sentimientos, usualmente, si alguien es empujado de esa forma tiende a sentirse mal, pero él acababa de sentir como esa delicada muchacha a la que había salvado la noche pasaba le encantaba cada vez más.
Lucius y Narcisa se tensaron mínimamente. Su hijo solía tener reacciones desatinadas cuando las circunstancias se salían de sus manos. Un guardia intentó aproximarse para retirar a la extraña muchacha, pero el rey le dio la orden de detenerse. Querían ver como manejaba el príncipe a esa muchacha.
-¿Qué te sucede? – Inquirió Draco volviéndose a acercar a la pelirroja. Ginny tenía los ojos extremadamente abiertos, de todos los reinos en donde su bote podía que hundirse tenía que ser en el puerto de Slytherin. Simplemente increíble. Su suerte definitivamente era la peor de todas.
-Yo… Yo no puedo estar aquí. – Atinó a murmurar, Draco frunció el ceño.
-Te salve la vida, deberías ser más considerada. – Ginny se sintió terriblemente mal. El muchacho tenía razón. El PRINCIPE de Slytherin tenía razón. Sintió como todo lo que su madre, su padre, sus hermanos, Harry Potter, los Granger y su entorno entero caía sobre sus hombros de manera rotunda.
"Mi pueblo y Gryffindor son aliados, o bueno, aspiran a serlo. Estos bárbaros, sanguinarios y malvados Slytherin's son nuestros terribles enemigos, terribles enemigos de Gryffindor. Ellos nos odian y nosotros los odiamos a ellos, bueno, los reyes los odian y el príncipe Harry también, mis hermanos también. Yo… yo aun no comprendo el odio irracional. Pero son unos barbaros, le han declarado la guerra a Gryffindor por nada… No quiero ver de lo que serán capaces cuando sepan que soy la princesa de The Borrow. Seguro me matarán o me tomarán de rehén… ¡TAL VEZ YA SOY UN REHÉN!"
Draco vio como la muchacha se debatía mentalmente y decidió tranquilizar un poco las aguas. Se veía bastante linda con la nariz fruncida juntando deliberadamente todas sus preciosas pecas. Su madre muchas veces le había dicho que las pecas eran bastante desagradables, ya que indicaban una sobreexposición al sol, pero el acababa de descubrir que le gustaban, y mucho.
-¿Quieres desayunar? Debes tener hambre… – Logró asentir débilmente sin darse cuenta a lo que estaba afirmando. Draco le extendió la mano para conducirla a la mesa, ante la presencia de los reyes.
Ginny levantó la vista y vio la nívea mano extendida, la tomó sin pensarlo dos veces y un maremoto de sensaciones de apoderó de su cuerpo. NO. Simplemente el maldito príncipe de Slytherin no podía causar ese tipo de sobresaltos en ella. NO. NO. NO y no. Estaba llevándola hacia los reyes y ella apenas y se daba cuenta… ¡Iba a estar frente a los atroces gobernantes de Slytherin!
Caminaron callados hacia la mesa, en donde Lucius y Narcisa Malfoy (Terriblemente descompuestos) los esperaban con el semblante aparentemente tranquilo. Lucius no comprendía el extraño carácter de su hijo por momentos. Si lo obligaban a casarse, odiaba a las mujeres, si le decían que eso estaba delicioso, para él estaba horrible, si le decían que tal muchacha era fea, según él era la flor más bella del jardín. Narcisa comprendía un poco más el hecho de que siempre le llevara la contraria. Era un muchacho, casi un niño, y no le gustaba aceptar que a veces sus padres tenían razón.
-Padres, ella es Ginny y… - Empezó a presentarla Draco, pero al no tener la información adecuada la miró. Ella trago saliva, estaba a punto de mandarles una bomba ¿En qué extraño sueño se encontraba? ¿Cómo demonios había llegado su vida a complicarse tanto?
-Ginevra Weasley, princesa de The Borrow. – Cerró los ojos esperando que la echaran brutalmente del castillo, que gritaran, que le dispararán… pero, nada de eso sucedió. En cambio Narcisa exhaló un gran suspiro y se puso la mano en el corazón y Lucius sonrió de lado. Ginny abrió los ojos cuando sintió que el príncipe la jalaba un poco para que se sentara en la mesa.
-Gracias a dios… - Ginny se sentó bastante trastocada, uno de los sirvientes le colocó un plato delante y llenó su copa de jugo. – Estaba tan angustiada por que Draco había metido a una completa desconocida al castillo, podría haber sido una campesina. Pero eres una princesa y es nuestra responsabilidad como nobles es mantenerte a salvo. – Ginny sintió como todo le daba vueltas ¿Desde cuándo ellos eran amables y cordiales? – Pero explícanos, ¿qué fue lo que sucedió? – Bajó la mirada, las imágenes se materializaban en su cerebro de manera instantánea, las lágrimas amenazaron brotar de sus ojos. No podía permitir que la vieran llorar, juntó todas las fuerzas que encontró dentro de ella y procedió a intentar hablar sin que se le quebrara la voz.
-Salí de viaje con una amiga y su familia. Una gran tormenta nos azotó en altamar y destruyó el navío. Todos los demás murieron y la verdad no estoy muy segura de como salí ilesa. Gracias a sus cuidados ya me encuentro en perfecto estado, los rasguños de mis pies y manos han sanado por completo y es como si nada hubiera sucedido… Solo que aún lo recuerdo todo…
-Nosotros… - Empezó Narcisa intentando no lastimar a la muchacha. Miró a todos los presentes quienes le dieron el pie a que continuara. – Nosotros lo lamentamos mucho, esperamos que tu estadía en el reino sea placentera y que por lo menos sonrías unos momentos. Debo avisarte que estuviste dormida por 5 días y que como no sabíamos quien eras no pudimos enviarle una carta a tu madre, pero nuestros sirvientes están a tu servicio y cuando desees podrán entregar las cartas que desees.
-Muchas gracias, son muy generosos…
Ginny les brindó una débil sonrisa. Estaba extrañada, estos reyes no se trataban de usted ni eran rimbombantes ni pomposos al hablar. Ella había visitado bastantes reinos y en ninguno había recibido un trato tan servicial como en Slytherin, definitivamente ellos eran distintos a lo que todo el mundo planteaba. Narcisa reía a lengua suelta a causa de algún comentario estrafalario del rey, mientras su hijo se levantaba de la mesa para jugar con su gran danés.
-¿Tú estás comprometida con el príncipe de Gryffindor verdad? – Musitó alegre Lucius. Ginny sintió como el corazón le daba un vuelco entero. Draco volteó a mirar a Ginny alucinado, dejando de lado a su perro y volviendo a sentarse en la mesa. – Tal vez podrías ayudarnos a frenar la guerra que quieren empezar. – Frunció el ceño.
-Esperen… ¿Ustedes quieren frenar la guerra? - ¿Acaso no eran ellos los artífices de la emboscada?
-Pero por supuesto. No tenemos absolutamente ningún deseo de invadir las tierras de James como ellos andan afirmando. Nuestro reino está en un estándar muy alto como para perderlo a causa de los estragos de la guerra. – Respondió Narcisa mientras un sirviente le servía frutas frescas en su plato.
-¿Tú estás comprometida? – Murmuró Draco algo extrañado. Nunca había sentido algo así dentro de él. Pero la pelirroja ni le brindó una mirada, estaba concentrada en su padre.
-Yo tenía la información errónea entonces. Tenía entendido que ustedes deseaban adueñarse de sus yacimientos de oro y plata. – Ginny se encontraba bastante exaltada, si los Slytherin's no querían invadir Gryffindor ¿Por qué James Potter afirmaba esa premisa y preparaba sus tropas?
-Completamente errónea, querida. Aquí en Slytherin tenemos los mejores yacimientos del condado. No tenemos ningún interés en sus tierras. – Narcisa no se notaba preocupada, al parecer el hecho de que les estuvieran adjudicando el inicio de una guerra monumental no le inquietaba.
-Pues es necesario que se lo informen a rey, ellos planean ataques próximos. – Su cerebro maquinaba a mil por hora, las cosas eran mucho más simples de lo que ella pensaba, pero al mismo tiempo más complejas. No entendía por qué los Gryffindor querían entrar a una guerra no-declarada ¿Cuál era la razón de este enfrentamiento? Deseaba poder hablar con su madre y pedirle que aclarara de una vez las cosas.
-¿Te vas a casar con Potter? – Insistió Draco logrando llamar la atención de Ginny, quien respondió robóticamente.
-Eso es lo que desea mi madre. Pero soy capaz de anular mi compromiso el día que quiera. – Ella volvió a mirar a Lucius, expectante de más información que la ayudara a comprender. Draco la miraba anonadado ¿Ella era capaz de anular su compromiso pero él no era capaz de elegir si quiera una esposa?
-¿Tú serías capaz de aceptar ayudarnos para frenar esta guerra? – Lucius se veía bastante emocionado por el hecho de que no habría contienda. Solo lograba confundirla más y más ¿No eran ellos los sanguinarios y bárbaros?
-Una guerra es lo último que deseo. Mi pueblo está muy ligado a Gryffindor y soy consciente de que si esta guerra se diera ellos saldrían mucho más perjudicados que ustedes, no deseo que mi pueblo sufra.
-¿Y planeas anularlo? – Ginny lo miró prestándole toda su atención. No logró comprender de qué hablaba el príncipe, por lo que frunció el ceño. – El casamiento ¿Planeas anularlo?
-No deseo casarme con él.
-¿Entonces lo anularas?
-Eso deseo.
-Entonces lo harás.
-Draco, ¿qué clase de modales son esos? – Intervino Narcisa para agrado de Ginny, quien empezaba a pensar que anularlo era el peor error de su vida. "Si no lo amas no hay matrimonio, si no lo amas no hay matrimonio. Él no es el indicado, él no es el indicado"
-Lo siento. – Murmuró Draco, volviendo a jugar con su ensalada de frutas. No entendía que era lo que estaba sintiendo dentro de su pecho ¿Opresión? ¿Enojo? ¿Celos? Apenas y conocía a esa muchacha ¿cómo era posible que le causara tantos sentimientos nuevos?
-¿Qué actividades tienes para hoy? – Lucius siempre intentaba calmar las aguas entre Draco y Narcisa, solían pelear a menudo. Los desayunos era el horario preferido.
-Esgrima es 20 minutos. – Respondió aburrido poniendo el codo sobre la mesa y apoyando su cabeza pesadamente sobre su mano. Ginny lo miró de reojo, al parecer al príncipe no le gustaba tener que cumplir su horario.
-Que Ginevra te acompañe. – Ginny se sorprendió ante el comentario de Lucius y despegó la mirada de Draco. El príncipe retomó un poco su semblante perfecto y miró a su padre inquieto.
-Esperamos la llegada de Claire. – Dijo Narcisa algo nerviosa. Ginny frunció el ceño mientras que Draco salió del semblante aburrido por completo y la emoción le llegó a los ojos.
-Apuesto a que Ginevra tiene buen criterio y puede ayudarte. – Lucius miraba su plato mientras hablaba, le divertía a veces sacar de quicio a su esposa. Narcisa acababa de incrustar algo furiosa su tenedor en un pedazo de manzana partiéndolo en dos.
-¿En qué asunto? – Inquirió Ginny algo abrumada, el rey de Slytherin consideraba que podía tener buen criterio. Realmente… ¿En qué sueño se había metido?
-Debo escoger una esposa… - El semblante de Draco se volvió a oscurecer y apoyó la cabeza contra la mesa de manera abrumada.
-Es la princesa de Rivehall, muy buenas referencias. Te apuesto que te encantará… - Ginny notó que a la única que le interesaba que le príncipe consiguiera esposa era a la reina. El rey mantenía el rostro inexpresivo mientras que Draco estaba, claramente molesto.
-Ni lo digas, madre… Seguro que es encantadora…
Definitivamente lo que los Gryffindor hablaban era mentira. Era imposible que estas personas fueran malvadas. Ginny emitió una débil risita a causa del gran ánimo con el que el príncipe había respondido. Draco levantó la mirada y clavó sus fríos ojos en la dulce muchacha risueña. Era sorprendente la forma en que con una simple risa lograba hacerlo sentir mejor ¡Apenas y la conocía! Suavizó un poco su mirada cuando está también lo miró. Conectaron sus ojos y se perdieron en los del otro… ¿Cómo era posible que lograran crear un vínculo así de fuerte con tan solo haberse visto por algunos días, o el en caso de Ginny algunas horas?
- Más bien, Draco… - Comentó Narcisa rompiendo el enlace, ambos la miraron y el color subió a sus mejillas. – Serás el encargado de conozca el castillo, el pueblo, el puerto, cada rincón del condado.
-No podemos permitir que siga pensando que somos un reino de sanguinarios, barbaros malvados. – Añadió Lucius. Ginny no cabía en su asombro.
-Yo jamás mencioné que ustedes… - Intentó excusarse, Narcisa la miró y le indicó que no continuara hablando.
-Sabemos la imagen que Gryffindor puede exponer de nosotros y bueno, no hemos hecho nada para detenerla. A veces es mejor mantener perfil bajo y que la gente piense lo que quiera ¿no crees?
-Supongo que sí, pero yo jamás…
-¿Estas dispuesta a cambiar tu modo de pensar acerca del reino de Slytherin? – Murmuró Lucius bastante divertido. Las cosas en el palacio habían estado bastante sombrías a causa de la guerra contra Gryffindor, la búsqueda de la esposa de Draco y la inconciencia de Ginevra.
-Por supuesto. – Realmente estaba dispuesta. Quería conocer la verdad sobre ellos. En el fondo deseaba pasar tiempo con el príncipe, quien la cautivaba de una manera increíble, quien sabe por qué.
-Será un honor para mí guiarla… - Volvieron a mirarse y a sonreírse por unos segundos hasta que la reina volvió a cortarles la conexión. Habría tiempo de sobra en el día para mirarse.
-Bueno, vayan yendo… No debes retrasarte…
D&G
Caminaban a paso lento por los pasillos del imponente castillo, todas las paredes estaban perfectamente decoradas con adornos de oro y mueblería fina, los espejos acosaban a las personas que caminaban. El techo estaba pintado con escenas de ángeles y de él caían las lámparas más hermosas y ornamentales que Ginevra había visto en toda su vida, llenas de cristales brillantes que creaban efectos hermosos en las paredes. Draco caminaba imponentemente y ella se concentraba en mirarlo simplemente ¿Cómo era posible que un muchacho tuviera tanta belleza? ¿Cómo era posible que todos en su pueblo pensaran que era un brutal y despiadado mercenario, cuando simplemente era perfecto? Su cabello rubio caía despreocupadamente por su frente, su piel pálida era increíblemente seductora y para terminar de acentuar la perfección, dos faroles plateados adornaban su rostro. Draco la miró por un momento y le dedicó una tenue sonrisa. Ginny se sonrojó a más no poder por haber sido descubierta admirándolo y bajó la mirada apenada.
-¿Te acuerdas de mí? – Preguntó Draco rompiendo el silencio que había reinado entre ellos. Ginny levantó la mirada y sonrió de lado aún bastante sonrojada.
-Gracias por eso… Si tú no hubieras estado cerca… en la puerta… – Su voz comenzó a quebrarse y dejó de caminar de un segundo a otro, las lágrimas empezaron a fluir de sus ojos de forma rotunda y en cuestión de segundos sus mejillas parecían un mar. – Si no fuera por ti, yo ahora… yo ahora estaría… - No podía pronunciar esa palabra. Unos fuertes brazos la abrazaron de manera posesiva, al igual que en el desayuno, pero esta vez ella logró corresponder el abrazo. Era extraño pero normal, extrañamente normal… ¿Por qué se sentía tan bien estando dentro de ese abrazo?
-No debes darme las gracias por nada…
-No fue por gusto que haya llegado a este castillo. Pasé momentos horribles…. devastadores, llenos de dolor. Mi mejor amiga y toda su familia se ahogaron, no sé cómo sobreviví… no sé si pueda hacerlo sin ella a mi lado… - Ginny lloraba amargamente aferrándose de manera devastadora al saco del príncipe.
-Debes hacerlo. Debes afrontar las cosas y la vida. A ella no le gustaría que sufrieras de ese modo. – Murmuró Draco mientras acariciaba algo torpe la melena pelirroja de la muchacha. Se sentía extraño, como si deseara borrar los problemas de Ginevra en un dos por tres, anhelaba con todo su ser hacerla feliz y que nunca más sus mejillas fueran cubiertas por lágrimas. Acababa de pronunciar palabras que en su vida habría pensado decir para consolar a una muchacha. – No debes dejarte vencer…
-Lo sé. – Ginny se apartó un poco del pecho del príncipe y este de manera automática le estampó un beso tierno en la frente. Su madre siempre le había dicho que debía mantener una cierta distancia del sexo opuesto, pero ese beso la había recompuesto, le había dado fuerzas, le había hecho pensar que la vida aún valía la pena. Draco Malfoy no significaba más para ella "El sanguinario y barbárico príncipe de Slytherin", él era el muchacho que le había brindado esperanza y por eso estaría eternamente agradecida. – Gracias, Draco.
Fue extraño escuchar su nombre pronunciado por esos labios, por ese rostro, por esa indefensa muchacha que se aferraba a él como si su vida dependiera de ello. Sonrió de lado y volvió a acercarla a su pecho ¿Qué diantres le sucedía? ¿Por qué esa petiza princesa causaba tantos estragos dentro de él?
-Es extraño ¿no? – Murmuró sin darse cuenta de lo que decía. Ginny se extrañó un poco pero aun así le respondió.
-¿El qué?
-El hecho de que dos personas puedan tener confianza una en la otra con tan solo conocerse poco… Siento que te sé mucho de ti pero en realidad no se casi nada. – Ginny sonrió contra su pecho, se sentía exactamente igual.
-¿Lees el pensamiento? – Draco rio tranquilamente y se separó completamente de Ginny, le limpió algunas lágrimas que aún se encontraban apresadas en las comisuras de sus ojos y sonrió. – Te propongo algo, gran príncipe de Slytherin.
Draco la miró expectante con una ceja alzada y su mejor sonrisa de galán plasmada en el rostro.
-Soy todo oídos, hermosa princesa de The Borrow– Ginny sonrió. Sus ojos brillaron con una fuerza inexplicable que maravilló al Malfoy.
-Ya que ambos sentimos que nos conocemos y que hemos creado de alguna extraña manera un vínculo en ¿dos minutos? – Draco asintió intentando seguir la idea de la pelirroja. – Propongo que nos hagamos preguntas a lo largo del día para conocernos un poco más ¿Qué te parece?
-Me imaginaba algo más indecoroso, pero está mucho mejor así. – Ginny lo golpeó delicadamente en el hombro y sonrió tiernamente. - ¿Tú comienzas? – Ginny asintió enérgicamente. – Solo por favor hay que seguir avanzando o llegara extremadamente tarde a mi entrenamiento.
-¿Te tienen algo controlado, no? Me refiero al hecho de que en el desayudo tu madre prácticamente te ha impuesto a una princesa.
-"Algo" es un término poco adecuado. Mi madre quiere casarme antes de que cumpla 20, ella no es la primera princesa que pisa el reino buscando casarse conmigo. – El rostro del príncipe denotaba aburrición, como si el tema del casamiento fuera tan recurrente con respirar o parpadear.
-¿Qué edad tienes? – No debía ser muy mayor, por su forma de expresarse y sus rasgos físicos Ginny estaba segura que no pasaba de los 19.
-18 casi recién cumplidos… Me quedan dos años para huir, después mi madre decidirá rotundamente.
-Que desagradable…
-Ahora tiene un método raro para decidir si puedo o no casarme con alguien, por qué tampoco es que yo pueda decidir a la muchacha que quiera. – Ginny se sintió algo confundida, pero decidió dejar de hablar de su casamiento. Intentó hablar de ella misma para hacerlo sentir un poco mejor. Él no era el único con problemas "amorosos".
-Mi madre quiere imponerme el matrimonio con Harry a como dé lugar… - Draco se fijó en como sus ojos perdían el brillo que tanto le había maravillado, al hablar de Harry Potter. – Tal vez de pequeña podía soñar con ser Ginevra Potter, princesa de Gryffindor y futura reina, pero las cosas cambian y la gente madura… eso es algo que ella no puede comprender.
-¿Tú qué edad tienes? – Intentó que el brillo volviera, pero ya se había extinto.
-Cumpliré 17 en dos semanas.
-Espero que sigas por aquí para poder saludarte. – Un intento de luminosidad se coló por sus pupilas y Draco decidió que iba a lograr que aflorara por más tiempo a lo largo del día.
Cuando atravesaron las puertas posteriores del castillo una criada caminó con ellos brindándole sobra a la pelirroja con una sombrilla. El sol nunca le había molestado, es más, hasta le agradaba. No entendía por qué estaba mal visto el hecho que se expusieran a él.
Llegaron al terreno de práctica en donde el príncipe recibía sus lecciones personales de esgrima. La dejó un momento a solas con la criada y esta le indicó que podía sentarse en una de las mesas de té de mármol que se encontraban alrededor del terreno. El sol bañaba los jardines reales de manera mágica, las flores adquirían más color y los arboles creaban sombras preciosas en donde seguramente sería perfecto recostarse y leer. La criada le cubría los rayos del sol con una hermosa sombrilla del mismo color del vestido que llevaba puesto. Ni siquiera se había detenido a admirar lo hermoso que era, había estado tan incómoda que simplemente había dejado que las criadas se lo pusieran por la mañana. Era bastante hermoso, color dorado con mangas cortas y que caían por los hombros. Era bastante voluminoso y con un sutil encaje en todo el pecho.
Draco cogió su florete y se puso en la posición adecuada cuando el instructor también lo hizo. Sus movimientos eran ágiles y gráciles, Ginny se concentró en observarlo, un criado le trajo un vaso con juego de naranja mientras otro la abanicaba de manera constante. Sonrió cuando Draco de un solo movimiento venció al profesor y volvieron a la posición inicial. Movía el arma con singular precisión y destreza, cautivaba de forma incontrolable a la pelirroja, quien ya suspiraba.
"Princesa estúpida, no deberías suspirar por él" Pensó divertida. Se sentía bien suspirar por alguien de manera natural, sin tener que pensar en que debía hacerlo para quedar bien con su familia. "No volveré a fingir que suspiro por Harry, hacerlo naturalmente es precioso."
-Sabias qué se considera como más hábiles a los floretistas ya que esa arma es la más técnica de las tres y requiere más destreza mental y física. – Comentó cuando Draco se acercó a la mesa con el florete al hombro para tomar algo de agua.
-No tenía ni idea. – Su voz salía divertida por la extraña acotación de su nueva amiga. Ginny lo miró entretenida.
-Pues ahora lo sabes… - Le quitó por un momento la espada y le apuntó al pecho, Draco levantó una ceja. – ¿Usas las tres armas?
-Sí, y si hubiera una cuarta también la usaría. – Sin ningún tipo de esfuerzo le arrebató el florete de las manos y lo colocó encima de su hombro derecho, amenazantemente. Ginny sonrió con suficiencia. – ¿Acaso tú sabes algo de esgrima?
-Soy la campeona de mi condado.
-Eres una caja de sorpresas, Ginevra Weasley. Me debes una batalla antes de marcharte. – Draco comenzó a alejarse sin dejar de mirarla. Ambos sonrieron como retándose, no iban a dejarse vencer cuando eso sucediera. El príncipe agregó de manera socarrona. – ¿Le has ganado también a Potter en batalla? – Ginny ahogó una risa mientras Draco volvía a luchar con su entrenador.
-Debo mencionar que no por qué podría destruir su imagen pero te diré que es irrefutable, a veces pelea como una niñita – Draco rio un poco mientras desarmaba a su contrincante. – ¿Tú lo conoces?
-Entre los príncipes de las cuatro regiones es imposible no conocerse. Existe esta reunión anual de sangre azul a la que todos debemos ir de manera obligatoria para forjar los lazos de amistad…
-No se oye como algo que realmente sirva para su propósito.
-Llevas la razón, es solo un lugar en donde nos vanagloriamos con nuestros mejores trajes y bailar.
-¿Entonces tú no te llevas bien con Harry?
-No lo soporto, todo bien educado, propio… Muy rimbombante para mí gusto.
Ginny jamás había logrado poner en palabras por qué ya no le agradaba Harry como prometido. Draco Malfoy acababa de exponerlo de la manera más clara y concisa jamás pensada. Tal vez por eso le empezaba a agradar tanto Malfoy, era todo lo contrario a Harry. Era un príncipe disipado que no buscaba caerles bien a las demás personas, si no, ser él mismo. No se preocupaba en decir cosas "poco adecuadas para un príncipe", en reír estridentemente, en decir abiertamente lo que pensaba y poner a sus ideales por encima de las creencias de sus padres. Tal vez por eso lo miraba de manera tierna y deseaba conocerlo más, por qué le recordaba lo que ella deseaba hacer con su vida, dejar de lado "lo que sus padres querían" y comenzar a vivir como ella deseaba. Tal vez por eso empezaba a emerger dentro de ella un curioso sentimiento que hace tiempo no la envolvía.
D&G
-¿Qué es lo que sigue en la atareada agenda del príncipe de Slytherin? – Murmuró Ginny en son de burla hacía Draco.
La práctica de esgrima había sido un éxito, habían regresado al castillo ya que Draco le había pedido a una de las criadas que le pusiera a Ginny algo más cómodo para la visita al pueblo.
-¿Para qué quieres que me ponga ropa más cómoda? – Inquirió Ginny mientras una criada la arrastraba hacía sus aposentos.
-Debes hablar menos y dejar que tome algunas decisiones. – Ginny frunció el ceño intentando mostrar algo de enojo, Draco le brindó una sonrisa y todos sus esfuerzos fueron en vano ¿Cómo era posible que ya le gustara ese estúpido muchacho?
Aparte fue imposible estar molesta después de ver la ropa que él había indicado que le dieran. Era simplemente espectacular. Digno del gran y poderoso reino de Slytherin. No era aún muy común que las princesas utilizaran pantalones, pero ella estaba acostumbrada por el hecho de practicar esgrima. Eran unos bastante apretados que se ceñían perfectamente a sus piernas y llevaba puestas unas botas altas con un poco de tacón. Le habían brindado una blusa preciosa de color coral con unos hermosos implantes de pedrería fina. Era bastante suelta y fresca, se ceñía a la altura de la cintura y tenía los hombros al descubierto. Cuando Draco la vio su cara fue un poema, no encontró las palabras exactas para transmitirle que se veía singularmente hermosa logrando así que Ginny se sonrojara furiosamente.
-Mi agenda es muy apretada, así que debes apresurarte… - Respondió divertido, sonrió de lado y la tomó de la mano. Una extraña electricidad los recorrió de pies a cabeza, pero este no dejó que continuara ya que empezó a correr de manera abrumadora.
-¡¿Sabías que las princesas no corren?! ¡Destruirás los zapatos! - Ginny hablaba entre risas.
-Te regalaré unos por tu cumpleaños ¡No te quejes!
Corrieron por los pasillos del castillo bajó la mirada extrañada de los guardias que custodiaban cada puerta. El príncipe solía ser bastante excéntrico con algunas de sus actividades, pero correr con una dama nunca había sido parte de su itinerario. Ambos reían a carcajadas y pronto estuvieron en los terrenos del castillo, pero esta vez los del ala oeste, contraria a donde Draco entrenaba esgrima. Algunas damas intentaban alcanzarlos para brindarle sombra a la princesa, pero no corrían.
-Me trajiste a la puerta de los establos… - Admitió Ginny sin aliento. - ¿Cómo supiste que estaba ansiosa por ver la hermosa madera tallada a gran detalle de la puerta? – Irónica.
-Siempre lo supe, mademoiselle. Quiero presentarte a alguien…
-¿Al encargado de los caballos? – Respondió Ginny algo temerosa, imaginándose lo peor. – Tú sí que eres un príncipe excéntrico haciendo amistad con tus empleados.
-No es un empleado… - "No por favor…"
-¿Una criada? – "NO, esto no está pasando…" Era suficiente estar en Slytherin como para tener que vivir esa experiencia también.
-No…
-¿Planeas presentarme un caballo…? – Murmuró algo temerosa, Draco abrió la puerta de la caballería donde cerca de 20 caballos reposaban tranquilamente, algunos dormían, otros comían alfalfa. Ginny sintió como los cabellos de su nuca se erizaban de manera antinatural y el miedo comenzaba a apoderase furiosamente de su cuerpo.
-No es cualquier caballo… es la mejor yegua del mundo. Mi yegua por supuesto. – Draco avanzaba por el establo sin darse cuenta que el pánico abrumaba a una pequeña pelirroja que caminaba asustada detrás de él.
-Aficionado a la esgrima y recientemente descubierto, entabla amistad con los caballos. Y yo que creía que el príncipe de Slytherin era sanguinario. – Logró bromear cuando llegaron a la pared del fondo.
-También disfruto el invierno, la nieve, tocar chelo, los atardeceres a la orilla del mar y la música. – Murmuró divertido mientras abría el candado de la puerta de roble que adornaba la pared.
-Excelente información, la añadiré a mi lista de "Cosas que le gustan a Draco Malfoy" – Necesitaba salir del lugar repleto de bestias cuadrúpedas en ese mismo momento o le daría un paro cardiaco.
-Debes saber que es de mala educación hacer listas sobre los nobles.
-No si también eres noble…
-Me atrapaste.
La puerta se abrió y antes de que Draco ingresara, Ginny corrió para apoyarse contra una de las paredes dentro de la nueva estancia. Cerró los ojos y respiró algo agitada. Draco avanzó sin prestarle atención.
-Euterpe, ella es Ginny. Es una princesa muy linda que ha pasado por cosas horribles en la última semana. – Los ojos color almendra de la princesa se abrieron abruptamente para encontrarse cara a cara con una enorme yegua de crin plateada que combinaba perfectamente con los ojos del príncipe. Sintió como su corazón se encogía de manera sobrenatural, pero cuando Draco se colocó a su lado y comenzó a hacerle caricias a la yegua en el hocico de manera muy tierna sus músculos se relajaron un poco.
-Hola, Euterpe… - Articuló casi sin voz, Draco volteó a mirarla y al encontrase con una pelirroja bastante asustada se preocupó un poco. Levantó una ceja y colocó una mano sobre el hombro desnudo de Ginny. Una carga eléctrica increíble lo sacudió de arriba abajo logrando que un tenue y débil sonrojo colorara sus pálidas mejillas. Ginny lo miró al notar que la mano se había tensado y sus miradas volvieron a conectarse.
Era irremediable, sentían algo él uno por él otro sin ningún tipo de fundamento. Simplemente lo sentían. Ginny colocó su mano sobre la del rubio entrelazando sus dedos sin separar sus ojos. Draco apretó un poco el hombro y dio un paso más para acercarse a ella. No estaban cerca pero tampoco lejos. Estaban a la distancia adecuada.
-¿Qué está sucediendo? – Murmuró Draco bastante extrañado, no solía sentir nada por las mujeres y con ella todo era distinto.
-No estoy segura. – Respondió quedadamente Ginny colocando la mano libre a la altura de su corazón, como si intentara entender lo que este intentaba decirle a gritos.
-Yo… - Empezó Draco, dirigió su mirada hacía sus manos entrelazadas. – Yo no te conozco. – Ginny parpadeó por un momento y apretó su mano sobresaltando al príncipe.
-Ni yo a ti… ¿Importa? – Sus ojos volvieron a conectarse y como si de imanes se tratará comenzaron a acercarse sutilmente, cuando de pronto la cabeza de Euterpe apareció entre ellos y lamió desmesuradamente a Ginny haciendo que esta emitiera un grito ensordecedor y saltara hacia atrás provocando que las manos de desenlazaran. Draco rio sonoramente ante el extraño quejido de la pelirroja y tranquilizó a la yegua que se había asustado un poco.
-¿No te agradan los caballos? – Inquirió divertido viendo como Ginny se limpiaba la saliva de la frente, le extendió su pañuelo y esta se limpió con más ahínco.
-Les tengo algo de fobia, de pequeña fui casi arrollada por un carruaje de caballos salvajes. Casi muero y desde ese momento les tengo algo de pánico.
-Euterpe sería incapaz de hacerle daño a alguien. – La yegua se acercó a Ginny y comenzó a acariciarle el brazo con la mandíbula. Draco se quedó anonadado, su yegua jamás se había acercado a una mujer y la había tratado de buena manera, normalmente les relinchaba e intentaba patearlas. Definitivamente esa pequeña pelirroja era especial. – Mira, al parecer le agradas…
-Creo que ella me agrada a mí… - Comentó la pelirroja acariciando el lomo de la yegua. Draco miraba anonadado la escena, era preciosa. Sonrió de lado y se acercó, tomó a Ginny de la cintura sobresaltándola notablemente y como si de una muñeca de trapo se tratara la subió de una al lomo ensillado de Euterpe. Ginny lo miró bastante asustada desde lo alto.
-Iremos a que conozcas el pueblo, no me gusta ir a carruaje. – Ambos sonrieron y dentro de ellos el sentimiento creció aún más y más. Deseaban haber podido concluir lo que Euterpe no permitió que concluyera.
El viaje al pueblo fue glorioso. Ginny descubrió que su miedo irracional a los caballos se había esfumado de manera increíble, Euterpe era una yegua muy mansa que la trataba muy bien y cuando galopaba lo hacía de tal modo que era gratificante. Aparte Draco había estado explicándole cosas del reino conforme iban apareciendo. Ambos reían singular y libremente, como si no se tratasen de dos jóvenes de la realeza de reinos, aparentemente, enemigos. Eran Draco y Ginny pasando una mañana divertida y gloriosa. Conforme aparecían los lugareños, los saludos cordiales también volaban de un lado para otro. El pueblo en si no tenía nada de "pueblo" era bastante moderno para la época y hermoso, las casas eran de piedra fundida y todo estaba lleno de vegetación de colores vivos. El verde predominaba en el reino. Draco le mostro a lo lejos los yacimientos mineros y el puerto. Intentó no llevarla hacia el mar para que no tuviera ningún tipo de recuerdo malo o triste. Mientras avanzaban y se adentraban en la civilización más y más los regalos para el príncipe fluían como un rio caudaloso, las muchachas se abalanzaban para que este les diera la mano y miraban de no muy buena manera a la pelirroja, quien se limitaba a sonreírles. Una tenue lluvia comenzó a caer cuando se encontraban ya de regreso al castillo asustando de sobremanera a Ginevra.
-Tranquila, todo estará bien. – Murmuró Draco. Habían bajado de los caballos para que esta pudiera tranquilizarse un poco. La lluvia ya azotaba fuertemente y los había bañado de pies a cabeza. – Mira, te prometo que no ocurrirá nada de camino al castillo.
-No quiero que te pase nada. – Declaró de un momento a otro. Draco se quedó paralizado con la mano de Ginny entre las suyas. – La última vez que estuve en una tormenta, todos murieron… No lo hagas. – Draco volvió a abrazarla.
-Abrazarte se está volviendo una costumbre. Ya van tres veces en un mismo día. – Sintió como Ginny sonreía. – No moriré, Ginevra…
-¿Me lo prometes? – Levantó la mirada y él logró plantarle otro beso en la frente.
-Con todo mi ser.
Regresaron caminando el poco camino que les quedaba. A ninguno le molestaba mojarse.
D&G
-Color favorito. – Gritó Ginny mientras una criada le secaba el cabello. Le habían prestado un nuevo vestido, esta vez era de color azul oscuro, bastante voluminoso al igual que el primero pero este tenía las mangas largas hasta la altura de los codos y el escote en forma de corazón.
-Verde – Escuchó el grito de Draco desde la habitación contigua y se rio tranquilamente. - ¿El tuyo?
-Rojo. – La criada sonreía de forma extraña y Ginny estaba bastante extrañada. – ¿Hermanos?
-Hijo único ¿Por qué tu madre está tan empeñada en que te cases? - La pregunta la había sobresaltado. Le indicó a la criada que dejara de cepillarle el cabello y se levantó del tocador. Salió de la habitación y encontró al príncipe Draco Malfoy completamente seco y cambiado esperándola con el brazo listo. Debía ir a conocer a la princesa de Riverhall y aunque Ginny le había dicho de todas las maneras posibles que prefería no acompañarlo, ahí estaba ella.
-Bueno, hay un sin número de razones por las cuales debería casarme con Harry… empezando por que será el rey de uno de los reinos más poderosos del continente por lo tanto yo llegaría a ser la reina, viviría en uno de los palacios más hermosos y bueno eso asentaría nuestra alianza estratégica con Gryffindor. Y si me pongo a pensarlo fríamente es definitivamente la mejor y única opción que tengo, mi pueblo es pequeño, no tengo ofertas de matrimonio todos los días… Pero, algo dentro de mí me dice que Harry no es el indicado, que no seré plenamente feliz con él… por eso, a pesar de que mi reino se vaya a la ruina, mi madre me quite el habla… no me casaré con él.
-Por lo menos a ti te dejan opinar, si yo le dijera a mi madre con quien deseo casarme y por alguna razón, ella no pasará su estúpida prueba sería imposible para mi desposarla
-¿En qué consiste esa prueba? – Inquirió Ginny bastante confundida. Draco sonrió de lado y la miró de reojo.
-No te la puedo decir, no puedo decírsela a ninguna mujer soltera en edad de casarse o me desheredan… - Ginny emitió una débil risita, creando desconcierto en Draco.
-Pero yo no planeo intentar pasar la prueba. – Haber pronunciado esas palabras los había desconcertado a ambos. Ella en verdad no quería pronunciarlas y él no quería escucharlas. Intentó llevarlo de la manera más característica, en burla…
-¿Acaso te molestaría casarte conmigo? – Quería ponerla nerviosa y era bastante fácil conseguirlo. Ginny se coloreo rápidamente, parecía ya un hábito.
-No-o, yo yo nunca dije eso…. – Tartamudeó.
-Deberías relajarte un poco más, solo fue una broma…
-¿Entonces es a ti a quien le molestaría casarse conmigo? – Lo molestó algo más relajada creando un débil sonrojo en Draco, el cual se esfumó en unos instantes. La miró y le sonrió seductoramente.
-En lo más mínimo. Aunque la verdad es que no deseo casarme con nadie. – Ginny abrió los ojos extremadamente.
-¿No lo deseas?
-No es algo que yo desee… O tal vez es que no he encontrado a alguien… Y ¿tú?
-Pues, no quiero casarme con Harry y sé que no deseo hacerlo por compromiso.
-Tienes un grave problema. En el mundo las cosas no funcionan así o por lo menos no en nuestro mundo de realeza. Los matrimonios están plenamente arreglados y nosotros somos solo marionetas.
-Aún tengo la esperanza de que me permitan anularlo.
-Tal vez si consigues un mejor partido, con el cual tu pueblo también pueda hacer una alianza estratégica.
-Esa es una dirección que solo apuntaría aquí. Tú serías el único príncipe con el cual si me casara mi pueblo tendría una mejor alianza que con Gryffindor. – Ambos rieron cómplices, aún quedaba esperanza.
-Entonces deberías casarte conmigo. – Ginny emitió una risotada, Draco levantó una ceja.
-Para eso debo romperle el corazón a Harry, lograr que mis padres y hermanos no piensen que me caso con un sanguinario bárbaro malvado, ganar una real batalla entre tres reinos y finalmente pasar tu prueba. Lo siento, eres un partido muy complicado, aparte, tú mismo has dicho que no deseas casarte con nadie. – Ginny esbozó una sonrisa ganadora y Draco se dio por vencido. Esa muchachita iba más allá de sus límites.
Llegaron al salón de visitas en donde había una mesa con varias sillas, una muchacha se encontraba sentada en una de ellas con varias mujeres cerca, sus criadas. Uno de los guardias que les abrió la puerta procedió a presentarlos. Ginny intentó zafarse del brazo de Draco pero este no se lo permitió.
-Más vale que esto la intimide y huya. – Murmuró Draco logrando que Ginny se ahogara intentando ocultar una estrepitosa risa.
-Claire Bollingbroke, princesa de Riverhall, duquesa de Stomhold – La muchacha y sus criadas hicieron una increíble reverencia que casi llega al suelo.
-Draco Malfoy, príncipe de Slytherin, gran duque del contado de Wiltshire y Ginevra Weasley, princesa de The Borrow, prometida de Gryffindor. – Los dos hicieron una reverencia un poco más acertada y procedieron a sentarse en la mesita donde estaba sentada la princesa de Riverhall.
-Eso de prometida de Gryffindor deberían omitirlo. – Comentó Ginny mientras un sirviente le acomodaba la silla. Draco le sonrió tranquilamente para momentos después dirigir su atención hacía Claire
-Muy buenas tardes, señor. – Comenzó propiamente la joven. Ginny la admiró, era preciosa. Su cabello era color castaño claro y estaba perfectamente recogido en un mono hermoso, sus ojos eran del color del mar y estaban acentuados por unas pestañas increíblemente largas y muy bien formadas. Su rostro parecía el de una muñeca y sus ropas eran increíblemente elegantes.
-Hola, Claire. – Respondió Draco bastante relajado sobresaltando de manera abrupta a Claire.
-Pensé que estaríamos solos.
-Pensaste mal. – Claire se tensó un poco, pero no dudo en seguir adulando al príncipe
-Debo decirle que su castillo es imponente, hermoso. Su pueblo es muy cariñoso y me deleita el solo hecho de pasar por ahí. Da la sensación de paz.
-Vivo aquí casi los 365 días del año sé exactamente lo que me transmite, excepto algunas semanas que voy a Wilshire a disfrutar el aire… tú sabes. – Draco conocía de pies a cabeza el discurso estúpido que daban todas las aspirantes al trono de Slytherin, y también sabía exactamente como destruirlo en un santiamén.
-Obviamente, señor, el aire puro del campo.
-Aunque es exactamente igual al de aquí… - Ginny emitió una débil risa que llegó como gloria a los oídos del príncipe.
-Por supuesto, a eso me refería. – Intentó arreglar Claire algo asustada.
-Si… - Draco frunció el ceño y esperó a que la princesa de Rivehall volviera a hablar.
-Su traje debe estar hecho con la seda más fina de todo el condado.
-Es de algodón, pero gracias… bueno, ¿fue eso un alago verdad?
-Sssi, si por supuesto.
La conversación no fue más allá de simples banalidades aburridas. Ginny sentía como sus parpados querían cerrarse y cuando estaba a punto de perder cualquier tipo de elegancia estrellando su cabeza contra el vidrio de la mesa, Draco alegó que debían cumplir algunos decretos reales y que procedieran a ocupar alguna de las habitaciones que uno de sus criados les mostraría.
-Que insoportable es. Igual que cuando éramos niños. – Bufó Draco aburrido saliendo del salón con Ginny del brazo.
-Perdí el hilo de la conversación cuando habló de tu ropa. Lo siento…
-Debo ir a ver a mi padre… ¿Me acompañas?
-Claro ¿No será un problema verdad?
-En lo absoluto.
Caminaron callados por algunos pasillos del palacio y de pronto llegaron el despacho del rey, quien se encontraba con algunos aristócratas revisando unos papeles. Cuando vio a su hijo ingresar del brazo de Ginevra sonrió abiertamente.
-Justamente a ustedes dos deseaba verlos. – Draco frunció el ceño mientras que Ginny se tensó un poco. – Caballeros, ella es la muchacha de la que les estaba hablando.
-¿Qué significa esto padre?
-Draco, lo lamento, pero no podremos ir de cacería hoy. – Draco sonrió de lado.
-Lo supuse, está lloviendo a cantaros.
-¿Está su alteza seguro de que esta muchacha puede ayudarlo a frenar la contienda? – Comentó algo venenoso uno de los aristócratas. Draco se molestó y refutó.
-Esta muchacha es una princesa y debe ser tratada de la manera en la que su título lo merece. – Ginny lo miró encantada, esa era una faceta que no había visto a lo largo del día.
-Yo lo lamento. – Le hizo una reverencia al príncipe y miró al rey en busca de respuestas.
-Caballeros, ella es Ginevra Weasley, princesa de The Borrow y prometida del heredero al trono de Gryffindor, Harry Potter. – El corazón de ambos se oprimió. – Está dispuesta a demostrar que nosotros no deseamos en lo absoluto una guerra.
-¿Eso es cierto, su alteza? – Murmuró otro de los presentes refiriéndose a ella. Sentía demasiado peso en sus hombros, las palabras no salían de sus labios como ella lo esperaba y cuando sentía que la fuerza se le escapaba de manera rotunda una mano atrapó la suya infundiéndole todo el valor. Draco apretó con firmeza la delicada mano de Ginevra.
-Yo haré lo que sea para que Gryffindor y Slytherin no entren en contienda. Es mi deber como aliada y como noble evitar todo tipo de enfrentamiento no deseado. – Sus manos seguían entrelazadas y de ese modo, ella se sentía capaz de cualquier cosa, de ir en contra de su reino, en contra de Gryffindor, de anular su boda, su apellido, su linaje… Así, junto a Draco, se sentía capaz de amar.
D&G
Holaaaa, porfiiin después de días de sufrimiento, les dejo este capítulo increíblemente largo!
Por si acaso si quieren darse una idea del vestuario con pantalón de Ginny pongan en google imágenes: Saya Adagio Blood+ ojalá así les quede clarito jijiji
