Ninguno de los personajes me pertenece. Todos son de JKRowling. Fic basado en "La princesa y el guisante"

-¿Eso es cierto, su alteza? – Murmuró otro de los presentes refiriéndose a ella. Sentía demasiado peso en sus hombros, las palabras no salían de sus labios como ella lo esperaba y cuando sentía que la fuerza se le escapaba de manera rotunda una mano atrapó la suya infundiéndole todo el valor. Draco apretó con firmeza la delicada mano de Ginevra.

-Yo haré lo que sea para que Gryffindor y Slytherin no entren en contienda. Es mi deber como aliada y como noble evitar todo tipo de enfrentamiento no deseado. – Sus manos seguían entrelazadas y de ese modo, ella se sentía capaz de cualquier cosa, de ir en contra de su reino, en contra de Gryffindor, de anular su boda, su apellido, su linaje… Así, junto a Draco, se sentía capaz de amar.

Capítulo 3: Temporary Bliss

-Entonces irás con mi padre a Gryffindor. – Murmuró Draco mirando de reojo a la pelirroja.

Se encontraban caminando por el "Jardín de los sauces" apodado así por la reina Narcisa ya que era un precioso laberinto rodeado completamente de sauces que, extrañamente, de ellos brotaban hermosas flores blancas que caían todo el año creando una capa blanquísima en el suelo, asemejando a la nieve. Ginny vestía otro ostentoso vestido de color perla sin mangas, le habían arreglado el cabello en una trenza que no dejaba ningún cabello suelto. El sol adornaba sus hombros de manera angelical, resaltando cada una de sus perfectas pecas doradas. Habían pasado exactamente 8 días desde que Ginny había despertado y conseguido una grandiosa amistad con el príncipe de Slytherin. Si bien en los últimos días no lo había visto mucho ya que ella debía hablar con el rey bastantes horas al día y él debía sacar a pasear a Claire, todas las noches antes de acostarse en sus respectivos aposentos, charlaban un rato a la luz de las velas sentados en el piso del pasillo, siempre custodiados por dos guardias y una criada.

-No me agrada la idea de volver. – Murmuró Ginny algo abatida. Draco no quería que Ginny se moviera de su lado, quería amarrarla a las tierras de Slytherin y jamás desatarla. – Siento que será asqueroso…

-Tal vez no sea tan malo…

-Será una de las cosas más abominables de mi existencia. Estoy segura de eso. – Draco emitió una débil risa. Ginny lo miró preocupada, sentía que él no se daba cuenta de lo que realmente implicaba volver. Hermione, Harry, Gryffindor vs. Slytherin.

-No afirmes sin conocer todos los detalles.

Ginny lo miró y se detuvo a la altura de una banca de mármol. Le indicó al joven príncipe que deseaba reposar un rato de la caminata y este asintió sin dudarlo. Se sentaron hombro contra hombro y ella no titubeo al recostar su cabeza en el pecho de Draco. Unos sirvientes colocaron una mesita frente a ellos dejando encima dos copas con jugo de arándano y un tazón lleno de uvas. El príncipe, intuyendo que la situación se pondría un tanto personal y delicada, les indicó que los dejaran solos.

-No soporto a los que me siguen… - Murmuró al ver la espalda del último criado desaparecer. Ginny intentó reír pero la carcajada se le atoró en la garganta. Estaba realmente asustada. Tomó un poco de su jugo de arándano pero este le supo amargo, tal vez estaba pensando demasiado y debía dejar que las cosas fluyeran por si solas.

-Tendré que afrontar a mis padres en mi apoyo deliberado hacia Slytherin, hablar sobre la muerte de los Granger, viajar cerca de 3 días con tu padre, el cual me da algo de pánico. Aparte… tendré que ver a Harry. – Draco se tensó un poco a causa del príncipe mencionado, pero decidió responderle a otra de sus preocupaciones.

-Lucius es inofensivo. Es probable que viaje con Severus, su asesor, y jueguen ajedrez en todo el camino. No tendrás que hablarle. – Ginny sonrió. Tomó temerosa la mano de Draco. Sabía que él estaba evadiendo el tema de su boda. El príncipe se sobresaltó un poco al sentir el suave tacto de la pelirroja, pero entrelazó sus dedos con los de ella al instante, sin vacilación.

-Eso es de mucho aliento, Draco. No sé qué es peor, si hablarle o aburrirme… - Ginny emitió un sonoro suspiro y levantó la cabeza para poder mirar a Draco a los ojos. Le gustaba perderse en los tormentosos ojos gris huracán del rubio. Se divertía sintiendo que era devorada por estos y se perdía de la realidad, cosa que muchas veces sucedía y Draco debía hablarle un poco más alto para que volviera a prestarle atención. - ¿Cómo te fue con Claire? – Draco hizo un gesto de asco con el rostro el cual divirtió mucho a la pelirroja y procedió a responderle;

-¿Tú crees que si hubiera pasado la prueba estaría sentado aquí, contigo? Probablemente no, me encontraría escuchando la verborrea de mi madre sobre banquetes, vestidos, fiestas, carruajes… – Ginny emitió una débil risa y su corazón se tranquilizó un poco. – Al parecer mi madre volvió a fallar de princesa.

Se quedaron en silencio unos segundos mirándose fijamente. Al parecer acaban de tocar terreno delicado ya que sus mejillas tenían un delicado color rosado y sus ojos brillaban a sobremanera. Ginny decidió romper el contacto visual para volver a recostar la cabeza en el hombro de Draco. Apretó un poco la mano y acarició el dorso de la misma. Draco empezó a ponerse un poco nervioso, si bien las féminas nunca le habían dado ningún problema y siempre había sabido cómo tratarlas, con Ginevra era diferente. Nunca sabía que era a lo que ella se refería cuando le insinuaba cosas, ni lo que estaba pensado cuando se quedaba mirándolo fijamente, algunos días ella parecía estar perdida en divagaciones y otros desbordante de alegría.

-¿Se supone que solo una princesa pasará la prueba? – Esa era la clase de comentarios que a veces Ginevra soltaba y dejaba desconcertado a Draco. No creía que ella realmente fuera a profundizar el tema del matrimonio. Pero al parecer estaba equivocado.

-No, - Empezó algo incómodo. – en realidad todas las princesas deberían de ser capaces de afrontar con éxito esta prueba… - Ginny lo miró algo desconcertada para después volver a recostarse. – Está hecha para que solo lo hagan las verdaderas. Solo una princesa verdadera.

-Esta prueba mide la ¿realeza?

"Mide la capacidad para dormir mal." Pensó Draco. Era imposible explicarle completamente a Ginny en que consistía la prueba sin delatarla completamente. No supo que responderle, por lo que se quedó callado esperando que ella agregara algo más que lo sacara del embrollo.

-Tu prueba es pan comido. Draco. – Soltó de pronto sentándose de costado para quedar frente a frente. Le había soltado la mano. Sus miradas se conectaron nuevamente, pero esta vez ella le brindaba una llena de ataque, un ataque juguetón y pícaro que él no llegaba a comprender. Ginny había pronunciado esas palabras porque su corazón las había botado sin pensarlo.

-¿Lo crees? – Murmuró un tanto desconcertado.

-No lo creo, lo sé. – Ahora debía seguir lo que su corazón le indicara y no pensar… Si lo hacía todo se iba por la borda y terminaría casada con Harry Potter sin lugar a dudas. Tomó una gran bocanada de aire.

Draco no comprendía bien el juego de la pelirroja, pero sonrió de lado e intentó seguirle el hilo de la conversación. Si ella quería lanzarse a sus brazos, el no dudaría en abrirlos y atraparla.

-Tal vez deberías pasarla… - Murmuró tanteando un poco el terreno. Ginny sonrió de lado.

-Tal vez, debería.

-Ganarías. – Comentó Draco, intentando que no se notara que el corazón se le salía por la garganta.

-¿Lo haría? – Inquirió Ginny poniéndose algo nerviosa.

-Eso creo…

-¿Eso esperas?

-Tal vez ¿Tú?

-¿Yo qué?

-¿Te gustaría pasarla?

-Eso creo…

-¿Y ganarla?

-Puede ser…

-Entonces deberías casarte conmigo. – Respondió el bastante decidido mirándola fijamente a los ojos. Se acercó peligrosamente a su rostro y ella solo atinó a reír entre nerviosa y divertida.

-¿Debería hacerlo? – Murmuró ella siguiéndole el juego.

-Eso creo.

-¿Lo crees, so tonto?

-Cásate conmigo. – Ahí estaba. Lo acababa de pronunciar. Aquellas palabras que Draco había querido decir desde que la había visto y que Ginny había querido escuchar. Simples dos palabras que guardaba un mundo repleto de batallas, conflictos y amor. Se quedó paralizada, con el rostro del príncipe a escasos dos centímetros. Podían sentir la respiración del otro entrecortada, asustada, podían sentir la fragancia del otro entrar por sus fosas nasales e impregnarse en su cerebro. Fragancias que ninguno de los dos borraría de su memoria.

-¿Disculpa? – Susurró Ginny incapaz de ocultar una sonrisa de pánico.

-Hazlo, se mi esposa. – Draco no sonaba a estar bromeando, pero era imposible que hablara en serio. Ginny se sentó bien en la banca y dejó de mirarlo a los ojos, dejando al príncipe con su oreja a escasos centímetros.

-Yo… - No sabía cómo empezar, no sabía qué decirle, que responderle… ¿Acaso iba a decirle que no deseaba ser su esposa? Volvió a mirarlo a los ojos, Draco seguía intimidantemente cerca con los ojos abiertos y más claros que de costumbre. Ese hombre la volvía loca, con tan solo una mirada lograba hacer que cada pedazo de su piel se erizara y deseara su tacto. Decidió que era mala idea mirarlo. Pero acaso ella ¿deseaba casarse con él? ¡Por supuesto! pero, ¿podía hacerlo? Deseaba que sí, que anular su compromiso con Harry fuera sencillo. Anhelaba que todo esto fuera una invención de su cerebro y que en realidad Draco le hubiera preguntado si deseaba más uvas. Las imágenes de Harry a su lado comenzaron a brotar en su cerebro, a llenarlo de las sonrisas del pelinegro. Sintió como su corazón se oprimía, ella no podía destruir el corazón de Harry ¿Pero, acaso podía destrozar del de Draco?

-No debes responderme. – Draco se había sentado mirando de frente al igual que ella. Sus hombros volvían a chocar. Ginny emitió un largo suspiro, deseaba decirle que sí, que amaría ser su esposa… Pero no podía.

-Pero quiero hacerlo… Quiero responderte. – La voz se le cortaba, la respiración le fallaba. Estrujó la falda de su vestido y Harry no salía de su cerebro.

Volvieron a mirarse a los ojos, los de ella estaban bañados en lágrimas repentinas. Draco frunció el ceño y limpió algunas que empezaban a recorrer sus mejillas.

-Te escucho, solo si dejas de llorar. – Ginny sonrió y limpió sus ojos. Y de pronto Draco hizo algo que lleno de valor a la pelirroja, sonrió.

-Primero dime por qué. – Logró pronunciar ella a duras penas.

-¿Por que qué?

-No te hagas el lento, Draco… - Obviamente se refería a por qué deseaba casarse con ella. Draco sonrió tiernamente, apoyó sus codos en las rodillas y sostuvo su cabeza entre las manos.

-No estoy seguro. – Se semblante se puso serio y la miró penetrantemente. Ginny no pudo más.

-Yo… Debo irme – Quería salir de ahí y llorar amargamente. Siempre había deseado casarse por amor, tener una boda de ensueño al lado de un hombre esplendido y amoroso, tal vez tener una familia. No le importaba si era un campesino, un minero, un criado o un príncipe… Ella buscaba amor. Y ahora lo había encontrado, sentía que Draco Malfoy había calado muy profundo en su torpe corazón, sentía que lo necesitaba para ser feliz y, al parecer, el sentía lo mismo por ella. Había conseguido al príncipe encantado lleno de amor desbordante el cual deseaba casarse con ella. Pero, era imposible ¡Estúpida realeza, estúpidos títulos, estúpidos los matrimonios arreglados! Intentó levantarse de la banca pero Draco la tomó del codo, sin levantarse y la retuvo.

-No lo hagas. – Su voz sonaba cortada, como si estuviera evitando llorar.

-Lo lamento… - La voz se quebraba, no quería volver a llorar frente a él. – Pero estoy comprometida.

-La semana pasada deseabas anularlo.

-No es tan fácil.

El silencio los embargó. Dos almas desoladas, aparentemente destinadas a estar separadas, dos almas enamoradas. Draco soltó lentamente el codo de Ginny deslizando su mano por su antebrazo delicadamente, sostuvo unos segundos la mano de la pelirroja, una única caricia y la soltó por completo. Ginny sentía como sus mejillas se empapaban. Dio un paso, dos, tres. La voz estridente de un sonoro grito hizo que se detuviera en seco.

-¿Deseas casarte conmigo?

-¿Qué? – Ginny volteó a mirarlo y la imagen que encontró rompió su triste corazón. El príncipe tenía la cabeza gacha por lo que no llegaba a ver su rostro, estaba de pie y apretaba fuertemente los puños tensando los nudillos.

-¿Deseas ser mi esposa? – Su voz estaba quebrada. No como si estuviera a punto de llorar, más bien como si estuviera conteniendo un cúmulo de rabia a punto de explotar. – No te lo estoy proponiendo, te lo estoy preguntando, como si preguntara ¿Te gusta el color verde? Como las preguntas que hemos estado haciéndonos para conocernos… ¿Quieres casarte conmigo?

-Yo…

-Hace tan solo 10 segundos me preguntaste por qué y no respondí… Tenía miedo, tengo miedo porque tú generas en mi algo que creí no conocer, algo nuevo y maravilloso. Porque me has brindado la esperanza de ser feliz, de tener un futuro especial… Porque de manera irracional me gustas. – Ginny no podía seguir escuchando, sus palabras la llenaban de vida y la destruían al mismo tiempo ¿Cómo era eso posible?

-Tú también me gustas a mí. Pero… ¿Acaso eso basta para un matrimonio? Yo buscaba enamorarme.

-Yo buscaba no casarme nunca… y veme aquí, pidiéndole a la princesa de The Borrow que sea mi esposa.

-Yo quiero enamorarme.

-¿Quién te dice que no nos enamoraremos profundamente?

-¿Y si eso no sucede, Draco?

-¿Y si sí?

-Eres un idiota Malfoy. – Toda su realeza se había ido por la borda, después de escucharlo ya no le importaba nada. Draco levantó la mirada asombrado por la extraña declaración. Al encontrarla repleta de lágrimas pero con una inmensa sonrisa en el rostro se acercó a ella. – Y sí, deseo casarme contigo… Sí-í, lo deseo con cada fibra de mi cuerpo, siento que no seré feliz si no es a tu lado…

-Esas palabras hacen que cualquier cosa sea posible Ginevra. Hasta anular un pacto con la mismísima muerte. – Draco limpió raudamente las lágrimas de la pelirroja y esta se acomodó algunos mechones que se habían salido de su trenza, detrás de la oreja.

-¿Por qué haces que las cosas se vean simples? ¿Por qué logras que crea que soy capaz de ir en contra de Gryffindor, en contra de mi familia, de mis principios? Eres un idiota, Draco. – Lo abrazó de la manera más fuerte que pudo, teniendo miedo de que se escapara o de que los pensamientos de su compromiso retornaran a su mente de manera vil. Draco correspondió el abrazo y sus músculos lograron relajarse por unos momentos.

-Gracias por lo que me toca, eh… - Murmuró divertido. Ginny se separó de él y lo miró pensativa.

-Debes preguntarlo de nuevo.

-¿Disculpa? – Preguntó el rubio enarcando una ceja.

-Debes preguntarme de nuevo si quiero ser tu esposa… - Respondió Ginny con una sonrisa en el rostro. El semblante de Draco se empalideció al instante y sintió que el mundo le daba vueltas ¿Y se suponía que ya lo había hecho? ¿Por qué estaba tan nervioso?

-Yo siento que el coraje se esfumo…

-¿Te da vergüenza preguntarme si quiero casarme contigo? – Ginny había abierto los ojos de manera desmesurada y una carcajada se le escapó de los labios, tensando aún más al joven príncipe. – ¿A ti? ¿El magnífico príncipe de Slytherin? Teniendo en cuenta que, de hecho, ya me lo has preguntado.

-En verdad te lo ordené. – Admitió el príncipe, logrando que Ginny se tranquilizara un poco.

-¿Eh?

-Te dije; "Cásate conmigo. Hazlo, se mi esposa." No te lo pregunte… - Ginny frunció el ceño.

-Entonces estas en el momento indicado para hacerlo. – Ginny lo empujó un poco para separar el abrazo y lo miró expectante. Draco la miró aún más asustado.

-No puedo.

-¿Cómo que no puedes? – Draco observó como el semblante de Ginny pasaba de alegría a temor en dos segundos.

-¿Y si no pasas la prueba? – Ginny rodó los ojos y colocó sus manos en las caderas.

-¿Dónde quedó el discurso cursi en el que Draco Malfoy decía que el amor podría hacer cualquier cosa posible?

-Pero…

-Aparte… ¿Estas acaso insinuando que no soy una princesa verdadera?

-Yo jamás…

-Pregunta entonces.

-Ginevra Weasley, princesa de The borrow… - Ginny le puso una mano en la boca y levantó las cejas divertida.

-Es más lindo si te arrodillas.

-Eso solo se hace en la ceremonia de pedida de mano.

-Esto es más íntimo, hasta puede que te de un beso si te arrodillas. Empieza de nuevo. – Draco se arrodilló malhumorado.

-Gine… Ginny, llegaste a mi vida de una forma extraña, devastadora. Y en ese mismo segundo me encantaste con tu mirada ensoñadora y brillante. Este humilde príncipe…

-¿Humilde?

-Cállate… este humilde príncipe podrá tener todas las riquezas que su reino le brinde, pero sin tu amor está perdido… Así que, Ginevra Weasley, princesa de The Borrow me harías el grandísimo honor de convertirte en mi esposa para juntos reinar Slytherin y vivir plena y gratamente.

-Levántate. – Lo hizo con el gesto algo contrariado.

-¿Hice algo mal?

-Eres un tonto… ¿Acaso los tontos se enamoran? – Ginny rodeo su cuello con sus brazos y lo miró soñadoramente.

-Lo hacen, los tontos se enamoran (Fools rush in). – Rodeo sus caderas y la atrajo a él - ¿Aceptas?

-Acepto ser tu esposa por los siglos de los siglos.

-¿Y mi beso? – Ginny le colocó el dedo índice en los labios. Draco se sorprendió de sobremanera.

-Mi madre me enseñó que no debía besar a un hombre a menos de que fuera mi esposo.

-Soy tu futuro esposo. – Intentó decir ya que Ginny no sacaba su dedo. Ella emitió una dulce risa.

-La palabra clave en tu oración es futuro. – Draco la miró con el ceño fruncido, Ginny levantó el dedo índice e intentó desvanecer las pequeñas arrugas que se formaban al centro de las cejas del príncipe. – Es una pena que no nos puedas acompañar a Gryffindor.

-Deberes reales, preciosa.

-Eso me suena a "prefiero matar antes de ir a ver a tus hermanos"

-Pues no lo es… Comienzan las festividades de primavera, debo ir con mi madre a presenciar cómo se abre el primer capullo de flor.

-Es una pena y al mismo tiempo hermoso. Me gustaría quedarme aquí contigo para verlo.

-Se abre en tu cumpleaños.

-Esperaré mi regalo cuando vuelva.

-No te preocupes que lo tendrás.

-Es momento de volver al castillo. Debo tener una buena noche de sueño, me esperan 3 largos días de viaje y tres terribles días en Gryffindor.

-Sin contar los otros tres días de regreso.

-Si es que no me encadenan al palacio.

-Si lo hacen, iré a buscarte y pelearé contra cualquiera que se interponga en mi camino. – Ginny sonrió y le dio un suave beso en la mejilla. Emprendieron camino de regreso al castillo con una sonrisa bailando en sus labios y las manos entrelazadas.

D&G

Había terminado viajando sola con Lucius Malfoy en el carruaje real. Los criados y los aristócratas de la corte viajaban en dos carruajes aparte. Estaba bastante nerviosa, ya llevaban cerca de 2 horas sin que ninguno de los dos pronunciara palabra alguna. Habían cruzado algunas miradas, pero ambos habían sentido la necesidad de desviar sus ojos al instante. Ginny anhelaba tener Draco al lado para poder sentirse más a gusto.

-¿Emocionada por volver a casa, Ginevra? - ¿Es que acaso todos los Malfoy iban a preguntarle lo mismo? Aunque la voz de Lucius la desconcertó un poco, sonrió dulcemente.

-No, en lo absoluto. – Ginny levantó la mirada y sus ojos conectaron con los del rey, teletransportándola a los ojos de Draco Malfoy. El sonrojo cubrió sus mejillas y volvió a bajar la vista. – Lo lamento…

-No te disculpes por ser sincera. – El silencio embargó al carruaje, nuevamente, mientras el galope de los caballos resonaba lejano.

-Me hubiera gustado estar más tiempo con… - Entendió lo que estaba a punto de decir. – En Slytherin.

-Tampoco debes esconder cosas…

-¿Disculpe?

-Draco le ha pedido a la reina que te permita pasar la prueba para casarte con él. – Ginny levantó la mirada asombrada ¿QUÉ DRACO HABÍA HECHO QUÉ?

-¿Él ha hecho eso?

-Lo hizo antes de que saliéramos de viaje… él estaba bastante emocionado al parecer, ninguna muchacha ha logrado causar eso en mi hijo más que tú.

Ginny se quedó en silencio sintiendo como el sonrojo la embargaba.

-Ella se lo ha negado. – Ginny sintió que todo le daba vueltas, miró penetrantemente al rey, como que dijera que era una broma.

-¿Lo negó? – Su voz sonó entrecortada y Lucius bajó la mirada.

-Alega que tu estas comprometida. La única forma en la que puedas pasar la prueba es que vuelvas al reino al mismo tiempo que yo… Draco le dijo que definitivamente lo harías y ella respondió que si él te lo pedía no habría acuerdo. Por eso se ha despedido tan frio. Está asustado por lo que pueda suceder.

-Solo me dijo; un placer conocerte. Fue extraño y desconcertante.

-Culpa a mi esposa, él no deseaba despedirse así.

-Lo tengo claro, no se preocupe.

Silencio desagradable, unas cuantas miradas desconcertadas y por fin él volvió a hablar.

-¿Entonces planeas volver?

-Eso lo tengo decidido desde que lo vi. – Respondió ella tajante mientras fruncía el ceño. – No sé por qué Draco causa en mí cosas extrañas… ¿Es acaso adecuado hablar de esto teniendo en cuenta que la reina no está de acuerdo?

-Tú harás feliz a mi hijo. Debes volver y debes pasar la prueba.

-No sé cómo hacer eso… Draco dice que es imposible pasarla.

-Es simple. No duermas bien, la prueba consiste en…

-No deseo saberlo. – El rey se sorprendió. – No me interesa, lo he pensado… y creo que es necesario que la reina entienda que no puede sujetar el matrimonio de su hijo a una prueba. Si lo que desea es a una princesa, lo soy. Tengo el cariño de Draco y creo que eso debería ser suficiente para afrontar cualquier prueba.

-No dudo que lo harás, Ginevra. – Ambos sonrieron y suspiraron al mismo tiempo. – Mi hijo es muy afortunado al tener tu amor.

-Su hijo es un obstinado.

-De eso no cabe duda… ¿Por qué lo mencionas?

-Le dije que no debía mencionárselo a su madre hasta que volviera al reino, pero no me hizo caso. Al parecer debía gritarle a los cuatro vientos que me había pedido la mano.

-Draco siempre fue así, desde pequeño. Le encanta presumir sus cosas nuevas.

Ginny emitió una risotada al escuchar el comentario del padre de su prometido, se quedó seria y miró por la ventanilla del carruaje.

-Ahora solo debo enfrentar a Gryffindor y a mi reino. Espero que no me odien.

-Si lo hacen, aquí tienes otro reino que te recibirá con las puertas abiertas.

-Gracias.

D&G

-Lucius Malfoy, Rey de Slytherin y Knockturn. Ginevra Weasley, princesa de The Borrow, prometida de Gryffindor.

-James Potter, rey de Gryffindor y Grimmauld. Lily Potter, reina consorte de Gryffirndor y Grimmauld. Arthur Weasley, rey de The Borrow. Molly Weasley, reina de The Borrow. Harry Potter, príncipe de Gryffindor y duque de Godric. Ronald Weasley, príncipe de The Borrow.

Finalizadas las presentaciones innecesarias y las reverencias rimbombantes Ginny procedió a estudiar las circunstancias. El rey de Gryffindor estaba acompañado por un grupo de aristócratas al igual que Lucius, estaba con su padre y las esposas de ambos. Harry y Ron la miraban severamente. El ambiente estaba claramente tenso y cargado. Ginny se atrevió, en medio del silencio seplulcral en el que el salón se había ahogado, a dar unos pasos hacía su madre.

-Buenos días, madre. – Molly la abrazó de manera maternal aunque algo nerviosa.

-Hemos estado muy preocupado desde que recibimos la carta. – Ginny les había enviado una carta indicándoles que estaba en perfectas condiciones en el reino de Slytherin y que al día siguiente partiría hacia Gryffindor.

-Lamento haberlos preocupado.

-¿No te han extorsionado para que les des información confidencial? – Inquirió su hermano bastante molesto.

-¿Has sido torturada? – Musitó Harry parándose frente a la princesa. Ginny sintió que no deseaba mirarlo, no deseaba oír su rimbombante voz ni ver sus duras facciones.

-En lo absoluto, han sido unos anfitriones espectaculares.

-¡Si han puesto a mi hija en contra nuestra juro que…! – profirió Arthur dando un paso hacia Lucius. Ginny reaccionó rápidamente, ella tenía una misión y debía cumplirla. Se puso entre los gobernantes de cada reino y puso la mirada más seria que logró conseguir. Deseaba que Draco se encontrara a su lado y le brindará su apoyo incondicional.

-Ellos no me han torturado ni me han puesto en su contra, padre. – Todos la miraban atentamente. Tomó todo el aire que pudo entrar en sus pulmones y comenzó a hablar. – Mi barco se hundió debido a una destructiva tormenta, todos murieron. Hermione Granger y sus padres son ahora parte del océano y yo siempre los recordaré por su bondad y alegría. Por buena, o tal vez mala, suerte yo sobreviví. Logré salir del mar y caí en las costas de Slytherin, claro que yo no tenía ni idea de que estaba en esa región. El príncipe me abrió las puertas del castillo y junto a la reina me cuidaron durante los cinco días que permanecí desmayada. No mandaron a sus criados ni a otras personas, ellos en persona colocaron compresas de agua helada para que la fiebre disminuyera y ellos velaron por mi sueño hasta altas horas de la madrugada. No les importó si yo era una princesa, o una campesina… Ellos me cuidaron por sobre todo, porque ese era su deber como nobles. Cuando desperté y supieron quién era yo, no me amenazaron ni me atacaron, me abrieron las puertas a su mundo, a su reino y a su pueblo. Debo admitir que estaba aterrada, he crecido con la idea de que los Slytherin son bárbaros y sanguinarios pero son absolutamente todo lo contrario.

Slytherin es un reino ejemplo, glorioso como nunca en la vida había visto. Sus habitantes viven felices bajo el reinado de Lucius y Narcisa Malfoy, no como nos lo han planteado ciertas personas, lleno de desdicha y dolor. No sé por qué todos pensamos que ellos son malvados, que les gusta torturar a sus campesinos ni vanagloriarse por hacerlo. Son personas más normales que todos ustedes juntos, no son sanguinarios y jamás buscarían invadir Gryffindor sin ningún tipo de razón.

Tuve el placer de poder visitar sus yacimientos de oro y plata y debo admitir que son superiores a los de Gryffindor. Ellos no desean la guerra, confío plenamente en que las cosas se pueden solucionar sin un enfrentamiento bélico. Y para finalizar, no me están amenazando de muerte para que diga esto. – Añadió al ver los rostros contrariados de todos los presentes. – Lo digo por qué es mi deber como noble hacer llegar la verdad a sus oídos y velar por la paz y la tranquilidad entre las regiones. Si la guerra comienza no será por un ataque Slytherin. Tienen mi palabra.

Todos estaban boquiabiertos. Ginny suspiró un poco y antes de que notaran el hecho de que "los traicionaba" camino tranquilamente al lado de Lucius, quien le sonrió y colocó una mano en su hombro. Ginny le sonrió de vuelta y dirigió su mirada hacia sus familiares y amistades.

Los reyes de ambos reinos la miraban asustados, como si alguien hubiera poseído a la dulce y tranquila Ginevra Weasley y la hubiera convertido en una salvaje Slytherin. Las reinas miraban el piso algo azoradas, Ginny no estaba muy segura si se debía al hecho de que ella los estaba acusando de prejuicio o por el hecho de tener vergüenza de la pelirroja. Harry. Él era el más afligido, podía ver en sus verdes ojos la tristeza que las palabras de su prometida se habían hundido hasta lo más profundo de su corazón. Ron miraba el techo y tenía los brazos cruzados como si negara el hecho de que ella fuera de su misma sangre y linaje. Ginny sintió que sus ojos iban a desbordarse, pero recordó a Draco y la promesa que se habían hecho en el laberinto. Esbozó una tenue sonrisa.

-¿Qué le has hecho a la princesa, Lucius? – Murmuró colérico James Potter dando un paso al frente.

-Creo que ella es capaz de expresarse de la manera que quiere ¿No James? – Siseo el rey de Slytherin de manera mordaz, una sonrisa ladina se asomó por sus finas facciones. – Ella ha hecho que reconsidere mi opinión acerca de la inteligencia de sus reinos. Consideraré asistir a las reuniones de las cuatro grandes regiones si hay más gente como esta muchacha en el poder.

-Ella no es mi hija. – Murmuró dolido Arthur destruyendo en pedazos el corazón de la pelirroja.

-Ni mi hermana. – Los ojos de Ginny se aguaron e intentó dar un paso al frente, pero seguía con la mano de Lucius al hombro.

-Arthur, Ronald, creo que están siendo extremistas. – Murmuró la reina Lily. – Y tú también, James. – Todos se sorprendieron ante la prerrogativa de la dulce pelirroja. Ginny la miró a los ojos y encontró bondad en estos. – Yo confío en ella.

Todos se quedaron nuevamente boquiabiertos. Lily dio un paso al frente y le extendió la mano a Ginevra. Lucius soltó su hombro y le permitió avanzar hacia la reina. Se tomaron de las manos y conectaron sus miradas. Ambas sabían que Ginny decía la verdad.

-Esta muchacha es una de las mejores damas del reino de The Borrow. Una princesa modelo que nunca nos ha causado ningún exabrupto, al contrario de sus hermanos. – Ginny sonrió de lado y limpió sus lágrimas con el dorso de su mano. Lily le daba la espalda a Lucius y les hablaba a sus compañeros. – Ginevra nunca ha mentido y siempre se ha comportado de acuerdo a las reglas establecidas. Si ella no fuera una persona digna de nuestra confianza, no estaría comprometida con mi hijo. – El corazón de Ginny se oprimió de manera incontrolable ¿Cómo se suponía que debía decirles que no deseaba ser su esposa?

-Yo…- Miró a Lucius, quien le brindó una cálida sonrisa infundiéndole valor. – Yo no deseo casarme con Harry.

Acababa de pronunciarlo. Tres palabras que harían que su futuro cambiara por completo.

-¿Disculpa? – Murmuró Harry dando un paso más cerca. Lily le puso un brazo al frente y miró a Molly algo contrariada.

-¿Qué demonios? – Murmuró Ron desconcertado.

-¿Qué estás diciendo, Ginevra? – Gritó descontrolado Arthur. James simplemente la miró con los ojos llenos de furia.

-Creo que debemos ir a una sala aledaña… ¿No crees, Ginevra? – Comentó Lily pasándole un brazo por los hombros. Molly asintió y comenzó a avanzar para que los guardias abrieran la puerta.

-Como ustedes deseen, no temo hablar en público.

-¡Dejen que hable aquí! – Musitó Harry un tanto ofuscado.

-No creo que sea lo mejor, hijo. – Murmuró James poniendo la mano sobre el hombro de Harry.

-Aparte nosotros debemos hablar de temas más importantes ¿No creen, caballeros? – Musitó Lucius acercándose por primera vez a James, Harry, Ron y Arthur.

Ginny Weasley, la reina Lily y la reina Molly avanzaron tranquilamente hacia una sala contigua al salón donde se estaba dando la conferencia entre los reyes. Ninguna de las señoras la miraba y ella se sentía peor que un pequeño bicho a su lado. Se sentaron en una mesa de té y le pidieron a los guardias que las dejarán a solas y que custodiaran que ninguno de los hombres escuchara. Ginny se sentó frente a ellas y espero ser asediada por las inquisidoras preguntas. Pero estas nunca llegaron de la forma esperada. Lily colocó una de sus gentiles manos sobre la de Ginny y Molly le brindó todo su apoyo poniendo una mano sobre su hombro.

-¿Qué es lo que ha sucedido, Ginevra? – Inquirió la pelirroja de ojos verdes. Ginny no pudo si no sonreír ladinamente. Molly apretó un poco su hombro infundiéndole algo de valor.

-Desde hace meses que le menciono a mi madre que no deseo casarme con Harry, y no es a causa de él en si… - Recorrió la sala por unos momentos con la mirada para finalmente caer en los cálidos ojos verdes de la reina. – Yo no deseo casarme por compromiso.

-¿Tú no estabas enamorada del príncipe? – Inquirió Lily intentando descubrir lo que esa pequeña pelirroja sentía.

-Creo que fue un simple capricho de niña. No lo amaba. – Ginny suspiró y se mordió el labio inferior. – Quiero enamorarme y casarme con un hombre al cual ame.

-Pero sabes que es muy complicado encontrar a alguien que te quiera y que pueda casase con una princesa. – Añadió Molly, sabía que su hija era hermosa y que nunca le faltarían pretendientes, pero quería verla casada con alguien a su altura en cuanto a nobleza e inteligencia. Y eso no era fácil de conseguir.

-Si tanto te preocupa que no consiga un buen partido, madre, debes dejar de hacerlo. – Ambas la miraron sorprendidas. Concentraron toda su atención en las palabras que Ginny estaba a punto de pronunciar. - ¿O es acaso un mal partido el príncipe de Slytherin? – Soltaron las partes del cuerpo de Ginny que cada una tenía entre las manos y sus globos oculares se desorbitaron. Ginny las miró con suficiencia y sonrió. – Supongo que una alianza estratégica con ellos no les va nada mal ¿o sí?

-¿De qué estás hablando, Ginevra? – Murmuró Lily atónita.

-Explícate, Ginny ¿Draco Malfoy ha pedido tu mano? – Molly no cabía en su asombro. No estaba segura su debía ahorcar a su hija o hacerle un altar de flores.

-Su renta anual supera las expectativas, madre. Tu hija no podría tener un mejor partido. – No le gustaba hablar de Draco de ese modo. Lo hacía sonar tan vacío, como si también se tratase de un compromiso arreglado. Lo que sucedía entre ellos iba más allá de cualquier compromiso, de cualquier renta y de cualquier prueba.

-¿Él pidió tu mano sin el consentimiento de tu padre? – Murmuró Molly, no entraba en su cerebro aún que ella fuera a ser Ginevra Malfoy en algún futuro. Su mente ya se había acostumbrado a llamarla en sueños; Ginevra Potter.

-Lo hizo y yo acepté. – Ginny intentó concentrarse en los ojos de Draco para poder seguir hablando con la tranquilidad que hasta ahora la había acompañado. Dos senderos plateados se presentaron en sus pensamientos de manera instantánea y junto a ellos apareció una sonrisa que le daba poder. – No me interesa… No nos interesa lo que puedan pensar de nuestra unión.

-¿Ha pensado en las consecuencias que este matrimonio traerá? – Inquirió Lily algo confundida.

-He pensado en mi felicidad por primera vez en mi vida. Si desean desterrarme de ambos reinos lo entenderé.

-Jamás pensé en esa posibilidad, Ginny. – Era la primera vez que Lily la llamaba de ese modo. Ginny la miró a los ojos y solo encontró ternura en ellos. Le desconcertaba no ser asediada por miradas asesinas de las dos mujeres a su lado. – Creo que simplemente nos has sorprendido.

-¿No están en contra? – Estaba notablemente confundida. Ambas mujeres le sonrieron. Si ella había pensado que el ser tratada de una manera tierna y afable por parte de los Slytherin era un sueño, ser tratada con amabilidad por su madre y la madre del muchacho al que acababa de rechazar era, en definitiva, un sueño muy profundo.

-Si tienes dos propuestas de matrimonio puedes utilizar distintas formas de análisis. La mejor es empezar por lo que su corazón manda y no por el dinero o por la posición real. – Jamás había oído a su madre hablar con tal determinación y ternura.

-Una no escoge de quien enamorarse. Nosotras no somos quien para juzgarte sobre tus elecciones. También elegimos y dejamos de lado pretendientes. Yo por ejemplo; rompí mi compromiso con el mismísimo Lucius Malfoy. Él tampoco deseaba casarse conmigo, por lo que fue más fácil romper el enlace.

-¿Usted se iba a casar con Lucius? – Lily asintió tranquilamente.

-Nosotras te apoyaremos frente a los hombres. Tu padre armará un escándalo y sin contar lo que se volverá el palacio con todos tus hermanos…

-Harry estará furioso ya que nunca se ha llevado bien con Draco Malfoy, James hará una pataleta pero se les pasará… Harry tiene tantas aspirantes a ser su esposa que no dudo que encuentre alguna que le guste.

-¿Él me quería?

-Creo que solo se había acostumbrado al hecho de que fueras tú su esposa.

Ginny sonrió de lado y su corazón volvió a latir, consiguió respirar con tranquilidad. Si bien su deseo era estar con Draco por el resto de su existencia, odiaba sentir que rompía el corazón de alguien tan buena persona como el príncipe Harry. Desde que había dejado a Draco en Slytherin su corazón parecía haberse parado y su respiración fallaba constantemente. Colocó una mano en su pecho y ahogó un sonoro suspiro. No entendía realmente todo lo que le estaba sucediendo, pero atinó a sonreírles a las mujeres.

-Tal vez podrías contarnos cómo fue que sucedió todo… - Inquirió Lily con una sonrisa ladina. Las mejillas de Ginny se incendiaron notablemente. Molly la tomó de las manos.

-Como ya les mencioné afuera, él fue el que me rescató de la lluvia, me abrió las puertas del castillo y me cuidó junto con su madre. Cuando desperté fue el encargado de enseñarme el castillo y se portó muy educado, lindo y tierno conmigo. Nos sentíamos en las mismas circunstancias ya que a él lo están obligando a casarse y se podría decir que yo me sentía igual, por lo que pudimos compartir nuestras experiencias… Madre, - Molly la miró dulcemente. – él ha logrado que mi miedo por los caballos desaparezca. Él ha trastocado todo mi mundo, lo ha puesto de cabeza de la manera más extraña y dulce. Pero estoy asustada, vieron como me trataron solo por mencionar que los Slytherin no eran malas personas…

-Deja todo en nuestras manos. – Murmuró con cariño Lily abrazándola.

-Todo saldrá bien, amor.

Estaba segura de que todo estaría bien… ¿Estaba completamente segura?

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"Es necesario que vengas por ella, está en problemas. Atte, Lily Potter." La carta no duró mucho tiempo, ya que fue lanzada ferozmente contra una chimenea prendida. Un grito desconsolado azotó Slytherin.

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-¡No pueden encerrarme de por vida! – Gritaba Ginny mientras golpeaba la puerta de su habitación con singular entusiasmo.

-Es por tu propio bien, Ginny. – Murmuró del otro lado Arthur.

-¡Déjenme salir! ¡Por favor! – Las lágrimas salían a borbotones de sus almendrados ojos, bañando por completo sus mejillas.

-Lucius ya ha partido.

Sintió como el corazón se le salía del pecho ¿Cómo habían sido capaces? Aún no podía creer que su padre, sus hermanos, James y Harry Potter la hubieran encerrado en su habitación al enterarse que había aceptado una propuesta de matrimonio por parte de Draco Malfoy. Su madre y Lily habían intentado impedirlo, pero había sido en vano. Los hombres no iban a ceder por ningún motivo. Se arrodilló delante de la puerta y siguió golpeándola sin fuerza ¿Cómo habían sido capaces?

-Él vendrá.

-No lo hará. Le dijimos a Lucius que tú no deseas volver a ese mugroso reino.

-Él no creerá eso.

-Su padre lo hizo ¿Por qué el idiota de su hijo no lo haría? – La voz de Ron había resonado en su mente como si un montón de cuchillos se le clavaran en el alma.

-Si así creen que me casaré con Harry, están muy equivocados. Yo jamás podré casarme con él después de haber conocido a Draco.

-¡Cierra la boca! – Harry no había contenido ni un poco de su furia.

-Contrólate hijo. – Murmuró James. Al parecer había una pequeña conferencia de hombres afuera de su sellada celda.

-Él vendrá por mí. Lo hará.

-Sueña, Ginevra. – La voz de James sonaba ya lejana. – Tienes mucho tiempo para pensar.

Ginny emitió un último y lastimero grito antes de hundirse en la pesadez de la depresión. Ellas le habían prometido que todo estaría bien, Draco también lo había hecho. No podía parar de golpear la puerta. Sus nudillos comenzaron a sangrar débilmente. No le importaba el dolor físico, había algo dentro suyo que la carcomía.

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La puerta se abrió lentamente sorprendiendo un poco a la joven pelirroja. Pero al ver quien era continuó viendo distraídamente la ventana de su cárcel.

-Ginevra…

-Harry, por favor. No necesito que me griten más.

-¿Draco Malfoy te pidió matrimonio?

-Creo que ya lo has escuchado varias veces

-No lo entiendo.

-Ni yo la verdad. Sucedió de pronto.

-¿Lo quieres?

-Definitivamente.

-¿Es que acaso tú no me amas?

-Yo simplemente te quiero. Te quiero de la misma manera a la que quiero a mis hermanos. Un amor fraternal. Nada más.

-Yo siento que estoy enamorado de ti.

-No… no puedes porque no me conoces.

-Yo simplemente lo siento.

-Solamente es un capricho. – Harry la obligó a mirarlo y a pararse de su cómodo asiento. La tomó por los hombros y la sacudió un poco. Ginny se empezó a asustar.

-NO LO ES.

-Estas lastimándome.

-Tú debes quererme.

-No tengo por qué hacerlo.

-Tú eres mi prometida.

-DÉJAME.

-¡Tú debes casarte conmigo, no con él! – Y así Ginny, la muchacha tranquila, perdió los papeles.

-¡No entiendo cómo pueden llamarlos a ellos barbaros! Ustedes son unos asquerosos y deplorables.

-¡CÁLLATE!

-NO QUIERO ¡Ustedes los llaman barbaros y malvados! Me han tenido encerrada por más de dos días casi sin comida y se atreven a llamarlos a ellos sanguinarios.

-Te lo advierto…

-SAL DE MI HABITACIÓN.

El rostro de Harry golpeó el suyo en un intento de beso que definitivamente resultó mal. El labio de Ginny fue atrapado en una mordida del pelinegro que hizo que sangrara casi al instante. La muchacha emitió un sonoro grito que asustó de sobremanera al príncipe. Harry ni siquiera la miró al salir apresuradamente de la habitación. Ginny se deslizó por una pared, con una mano se tocaba la herida mientras que con la otra limpiaba las lágrimas.

-Draco, por favor… - No podía parar de recordar sus deslumbrantes ojos plateados. – ven por mí.

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Ginny peinaba sus cabellos sin ganas frente al tocador de la habitación que le habían asignado en el reino de Gryffindor. Las lágrimas caían duramente sobre sus mejillas como si de cantaros abiertos se trataran sus ojos.

Si su conteo de días estaba en lo correcto, Lucius Malfoy ya debía estar por llegar a Slytherin. La lágrimas brotaban con más ahínco cuando se imaginaba el rostro de Draco al saber que no había regresado a su reino ¿Vendría a buscarla? ¿Narcisa se lo permitiría? Aun así él llegaría dentro de 4 días con muchísimas suerte. Dejó de cepillar su cabello, no tenía sentido hacerlo ¿Para quién quería estar presentable? Nada le importaba ya. Ni siquiera el hecho de que ese día cumplía 18 años, ni que nadie la hubiera saludado.

-Las flores deben estar abriéndose en Slytherin. – Murmuró pesadamente. Se pasó las manos por la cara, eliminando todo tipo de lágrimas.

Se miró por un momento al espejo y la imagen que este le devolvió era aterradora. Su cabello, por más que acababa de peinarlo estaba esponjado y descuidado, sus ojos estaban rojos y unas tenues ojeras los adornaban. Y para completar el cuadro de desolación, la palidez de su rostro era mortífera. El gesto de dolor que su rostro había adquirido en los últimos días no ayudaba en lo absoluto no ayudaba.

De pronto la puerta comenzó a sonar, una llave entraba desesperada a la cerradura y la abría con urgencia. Se levantó de prisa del tocador y se alejó lo más que pudo de la puerta. Tenía miedo de que Harry volviera a intentar besarla. La puerta se abrió estrepitosamente y la reina de Gryffindor la miraba asustada.

-Debemos apresurarnos, Ginny. – Murmuró haciéndole señas a la pelirroja para que la siguiera. Era de noche, por lo que Lily tenía agarrada una vela. Ginny no entendió bien a lo que refería Lily, pero aun así salió rápidamente de su habitación y juntas comenzaron a correr por los corredores del palacio imperial de Gryffindor.

No era usual ver correr a la reina, sin escolta, a la mitad de la noche, jalando de un brazo a la princesa de otro reino. Ginny no comprendía que era lo que estaba sucediendo. Llegaron al vestíbulo del castillo con las respiraciones entre cortadas. Ahí se encontraba su madre con un misterioso encapuchado. Su corazón se detuvo por unos segundos.

-Draco.

Su respiración estaba entrecortada, por la carrera y por la ilusión. El encapuchado avanzó hacia ella y cuando se encontraban frente a frente se sacó la túnica oscura que le cubría el rostro. Ginny cubrió su rostro con sus manos y las lágrimas cayeron sin reparo. Lágrimas de felicidad pura.

-¿Eres real? – Murmuró ella asustada.

Draco la tomó por la cintura y se aferró a ella como si su vida dependiera de ello. Ella lo tomó del cuello y sentía que si no lo apresaba se escaparía. Sus frentes chocaron y sus respiraciones se mezclaron creando un elixir mágico que los embriagaba. Era increíble la sensación de volver a tenerse cerca. Ginny paseó sus manos un momento por el rostro helado del rubio para momentos después volverlas a entrelazar con sus cabellos platinados. Draco al sentir el tacto de Ginny solo atinó a cerrar los ojos y acercarse un poco más al rostro de su amada.

-No sabes cuánto te extrañado. – Logró articular él con los labios casi sobre los de ella.

Lily y Molly tenían los ojos bañados en lágrimas. Eso era amor puro, sin prejuicios, sin arreglo, sin barreras. Sin realeza ni fachada. Se tomaron de las manos y asintieron para dejarlos solos unos instantes. Sabían que por la mañana todo sería un embrollo. Todos se enterarían que ellas le habían mandado una carta a Draco el mismo día que la pelirroja había arribado a Gryffindor pidiéndole que viniera a buscarla. También sabrían que la habían liberado de su encierro y que habían arreglado el encuentro.

-Sabía que vendrías.

Draco acortó aún un poco más la distancia entre sus bocas si es que eso era posible. Ginny se estremeció completamente cuando los finos labios de Draco rozaron los suyos y su mente explotó por completo cuando, con suma delicadeza, el príncipe tomó por prisionero a su labio inferior. Su respiración se paró por completo y sus piernas flanquearon. Draco acariciaba suavemente sus labios contra los suyos. No tenía idea de que hacer, era su primer beso y simplemente estaba paralizada. En el momento en el que él estrecho su cintura más cerca de su cuerpo sus deseos afloraron como bailarinas. Ginny entreabrió los labios sorprendiendo un poco a Draco, quien no dudó ni un segundo en arremeter contra la boca de la pelirroja. El inofensivo e inocente beso se había convertido en uno apasionado y lleno de urgencia, no podían parar. Sus lenguas rozaban una contra la otra y trazaban líneas que recordarían por toda su vida. Draco cargó un poco a la pelirroja, obligándola a ponerse en puntitas. Y cuando este mordió sin querer el labio inferior de ella, en el mismo punto donde Harry la había mordido, no pudo evitar estremecerse al recordarlo, pero una nueva sensación la embargó obligándola a soltar un pequeño gemido. Draco la bajó del abrazo con sumo cuidado y beso con ahínco su frente varias veces. Ginny estaba realmente sorprendida.

-Júrame que no me volverás a dejar. – Murmuró mientras colocaba una mano en sus labios, como si intentara confirmar que lo que había sucedido era real. Draco levantó su rostro por el mentón y la obligó a mirarlo a los ojos. Ahí estaban, esos dos faros plateados que tanto había extrañado y añorado. Sintió que el aire se le escapaba de los pulmones y todo le daba vueltas ¿Eran esos normales síntomas del primer beso?

-Nunca te dejé Ginn…

-Me encerraron, Draco. – Le costaba bastante respirar. Sentía como sus piernas flanqueaban y sus sentidos se apagaban. Draco sintió como Ginny se desvanecía en sus brazos. – Promete que no dejarás que lo vuelvan a hacer.

-Lo prometo, con todo mí ser…

-Promete que no morirás… - Ginny había murmurado palabras casi inaudibles. Draco la cargó en sus brazos y le dio un beso en la frente.

-Nunca. – Volvió a unir sus labios con los de la pelirroja, pero esta había caído desmayada. – Feliz cumpleaños, pelirroja.

D&G

Espero que le haya gustado, lo lamento por las demoras :c