Corría entre la nieve lo más rápido que podía, su ropa negra estaba mojada y pesaba más de lo que en ese momento necesitaba, de cualquier forma eso no lo iba a detener. La respiración pesada por el cansancio se transformaba en vapor que salía de su boca cada vez que exhalaba, el agotamiento mental superaba el físico y sentía que las fuerzas ya llegaban a su límite, las esperanzas de encontrarlos vivos eran nulas. Paso a paso el viento se volvía su peor enemigo trayendo consigo más de esa asquerosa cosa blanca que lo rodeaba todo, pero no importaba, cuando el soldado más fuerte entre las filas tomaba una decisión nada lo detenía.

La visión era escasa al igual que el oxígeno que llegaba a sus pulmones, la tormenta llegaba en el peor momento de la misión, pero si conseguía su objetivo tenía una idea que poner en marcha y lograr que la academia jamás los encontraran, ya lo había escuchado de Axel. Todo era cosa de tiempo y suerte, mucha suerte. Un ruido llamó su atención, un vehículo de nieve se acercaba a tal velocidad que le sería imposible esconderse, no podría hacer como si no lo hubiese visto. Eso no estaba en los planes.

-¡Encontré a Roxas! –gritó el conductor de aquel vehículo, Terra se sacó sus lentes protectores que poco y nada le servían más que para dificultar más su vista y observó al susodicho. Inmóvil, casi congelado, casi muerto. Al menos había logrado escapar de ese asqueroso lugar. Desvió la mirada del rubio con algo de tristeza, esperaba que los suyos no estuviesen en el mismo estado, ¿si quiera estarían vivos? No quería pensar en ambos como cadáveres en medio del blanco paisaje, pero era una posibilidad que no podía desechar. Había que ser realista, sobre todo porque prefería "matarlo" él que dejarlos morir en la tormenta.

-Todavía no encuentro a los demás, pero esto no se quedará así.

-Axel encontró a Sora, sólo faltan dos –respondió Cloud lanzándole un casco a Terra para que captara la indirecta, no era más que una silenciosa orden de su superior y esperaba que la entendiera al instante, pues no tenía tiempo que perder.

El castaño observó el casco y se lo equipó sin pensarlo por más tiempo para subir al medio de transporte que le facilitaría la búsqueda, la verdad es que era extraño que el mayor ayudara de esa manera y es que Roxas y Ventus eran sus hermanos, pero ayudar a matarlos era todo un pensamiento que revolucionaba el paradigma acerca del callado y exigente SOLDADO de tercera clase. Mientras avanzaban por la nieve no pudo evitar pensar en todo lo que estaba pasando y en las consecuencias de lo que iba a hacer, si se llegaban a enterar su ejecución sería segura, porque sabía que los "desaparecidos" del establecimiento estaban con vida. Nadie que intentara escapar al director Xehanort vivía para contarlo. Tragó saliva y sacudió su cabeza para despejarla, nada podría salir mal, no todos los mundos estaban bajo su poder. Levantó la vista y pudo ver un brazo moviéndose a la distancia, unos cabellos dorados llamaron su atención y sólo pudo sonreír.- ¡Allá están!

Cloud pudo ver a uno de sus hermanos a lo lejos y giró el volante hacia su dirección, el corazón de Terra latía cada vez más fuerte ante la expectativa de haberlos encontrado a ambos y ante el brillante futuro que les veía, aunque eso significase apagar el suyo.

-¡Ven! –gritó Terra bajando del vehículo apenas dejó de moverse, se sacó el casco para poder ver lo que el menor abrazaba con fuerza envuelto en una manta y para su sorpresa era lo que estaba buscando.

-Tiene heridas, pero sé que no morirá… -Ventus observó el rostro pálido y frío que yacía entre sus brazos- nos protegió todo lo que pudo, pero por más que he utilizado Cura no ha progresado.

-Ven… tenemos algo que contarte, pero prométeme que jamás lo dirás, cuida este secreto con tu propia vida. Sólo cuida de Aqua cuando yo no esté… -al pronunciar el nombre de la fémina la observó con preocupación, tan frágil y pálida como nunca la había visto, sólo esperaba poder darle lo que ella no conocía. Una vida normal.


Abrió sus ojos estremeciéndose en el acto, otra vez los sueños le recordaban el pasado que deseaba enterrar por el bien de su estabilidad mental. El gran problema es que se hallaba en un camión junto con los demás SOLDADOS para revisar la anomalía de Twilight Town, eso significaba enfrentarse de cara a lo que estaba escondido ahí, en ese mundo tan cálido. Las palabras de Demyx lo despertaron por completo y sacaron una sonrisa casi imperceptible, necesitaba dejar de pensar tanto en lo que ya estaba hecho.

-¿No podemos quedarnos unos días y volver con la gran mentira de que todo era normal? Piénsenlo, unos días de vacaciones fuera de ese edificio tan… gris seria de lujo –sonrió quizás pensando en las fiestas y lugares a los que asistiría sin pensar en el trabajo, cruzó sus brazos detrás de su nuca y sonrió victorioso- Vamos, digan que sí.

-No Dem, tenemos que buscar a Naminé y sacar a los chicos de ahí –Axel parecía más serio que de costumbre- ¿realmente crees que Xehanort se quedará tranquilo? De seguro ya envió a Vanitas a supervisar el trabajo.

-¡Pero Cloud es un SOLDADO de primera clase! –Señaló al mayor, quien iba manejando sin apartar la vista del camino- No necesita niñeras.

-Axel tiene razón, –señaló Terra- el Maestro tiene la libertad de elegir a un Keyblade Master para "apoyar" la misión y de seguro ya envió a Vanitas a registrar el lugar. El problema es que, aunque Sora es su hermano menor, no sé dónde está su lealtad…

Un silencio incómodo reinó en el vehículo, nunca se sabía lo que Vanitas estaba pensando, aunque Sora era su hermano él había estado en el laboratorio en el proceso. Terra no podía imaginar lo que podría tener en su cabeza al momento de dejar que atraparan a tu familia para ser ratas de laboratorio, con esa cantidad de cables y agujas en sus pieles, encerrados en celdas, casi sin alimentación… ¿En qué estaba pensando? Sin más preámbulos el vehículo se detuvo, ya habían llegado a la ciudad y no había tiempo que perder. Si Vanitas encontraba primero a Naminé estarían en serios problemas.

Al encontrarse en la estación de trenes no había mucho que decir, el plan estaba repasado y listo para funcionar. Si uno de ellos encontraba a la bruja blanca sólo debían apretar el botón de mensajería de alerta de sus teléfonos y eso les daría las coordenadas a los demás, ya que nunca se sabía si Naminé accedería a ayudar como hacía ya algunos años, lo que sí estaban seguros es que ella no había olvidado sus rostros. De igual forma, si uno de ellos veía a Vanitas debía contactar al resto como fuera necesario, sin más demora Cloud dio la orden para separarse y así lo hicieron.

Terra estaba algo abrumado observando aquel mundo, la última vez que lo había visitado no fue en las mejores circunstancias y la verdad cada rincón le recordaba a ella, casi podía sentir el perfume que utilizaba. Necesitaba encontrarlos antes de que el portador de la extraña Keyblade hiciera de las suyas. Pensando en él algo no le cuadraba, Vanitas nunca dejaba ir a su presa y lo más probable es que el Maestro le haya ordenado cuidar del laboratorio, ¿cómo escaparon del edificio ese día? ¿Los habría dejado escapar? ¿Entonces por qué Aqua y Roxas estaba tan lastimados? ¿Por qué dejaría que Sora se congelara en la tormenta? Un fuerte sonido le hizo volver a la realidad, deslizó su mano hacia su bolsillo y sacó el celular de la compañía para notar que tenía un mensaje. Era una señal de emergencia de Axel y eso le molestaba un poco, algo le decía que todo estaba resultando muy rápido y extraño para ser cierto.

Los edificios y las calles de ese mundo se le hacían tan familiares como dolorosos, conocía ese lugar como la palma de su mano y saber dónde encontrar a Naminé no era un secreto para él, pero sí debía serlo para el resto del mundo. Axel se sentía como en casa, todavía sentía los pequeños pasos de ambos cuerpos siguiéndolo como en aquellos días, las conversaciones y los helados eran tan nítidos en su memoria que casi sentía como si los estuviera viviendo en aquel momento. Pero no volverían nunca. El camino era trazado por sus pasos de manera segura y distante, la cima de la torre del reloj estaba cerca y ya casi era la hora para encontrarla ahí, sentada, comiendo esas cosas que ya no le sabían bien. Naminé le recordaba tanto a Xion.

-Es bueno verte de nuevo.

Un susurro. Algo en su interior saltó al escuchar esa voz tan conocida, volteó lo más rápido que pudo y por el rabillo del ojo vio una pequeña figura femenina corriendo cerca suyo. Una figura pelinegra muy conocida, un fantasma del pasado tan táctil como irreal, pero ahí no había nada. Respiró pesado en un intento de tranquilizarse, Xion no estaba ahí y no podía estarlo, ella no existía más. Siguió caminando con el ceño fruncido, una sensación extraña en su pecho le alertaba de que esto no sería fácil. De cualquier forma desafiar a ShinRa no sería fácil.

-Te estaba esperando, sabía que volveríamos a vernos –dijo la pequeña de cabellos dorados mirando el ocaso sin perderlo de vista, no era necesario verlo, pues sabía que esos cabellos de fuego le pertenecían a una sola persona.

-Necesito tu ayuda para salvar a Roxas.

Al escuchar ese nombre la joven volteó a verlo sin expresión alguna, Axel sabía que ella estaba al tanto de la situación, pero no sabía si iba a colaborar ni cuál sería el precio para volver a verlo. Sin embargo ahí estaba, esperando que la bruja blanca le cobrara el precio que fuera para ver a la persona que amaba en un profundo y asqueroso secreto que se pudría en su interior. Naminé lo observó de pies a cabeza observando que el hombre había cambiado, ya no era el joven inexperto de antes, el cadete con grandes sueños, por lo que sólo se levantó y caminó en dirección a la salida.

-Sabes cuál es el precio, es sólo un deseo por persona. Aunque quizás esta vez deba cobrar un poco más.

Una vez accedió a ayudarlos apretó el delgado botón rojo que se encontraba a un lado de su celular, eso alertaría a sus compañeros de que había encontrado a su objetivo y se dispuso a seguirla. De seguro se dirigirían a la Mansión abandonada.

La joven estaba sentada en su silla, frente a su mesa donde dibujaba algo que no lograban ver. Los hombres frente a ella la miraban impacientes, pero el silencio y la incomodidad era evidente. Demyx, el encargado natural de romper los silencios incómodos y los estantes de la biblioteca tosió para dar paso a la conversación que todos esperaban, pero que nadie sabía muy bien cómo empezar.

-Y bien, señorita bruja, ¿cuál es el precio por ir a ese mundo? Porque estamos algo cortos de tiempo y… -Cerró su boca de inmediato al ver que la niña levantaba la vista y la posaba en él sin una expresión que leer, ¿de verdad tenía poderes? Porque a los ojos del nocturno melodioso era muy joven para todo, incluso para estar sola en ese lugar tan… blanco.

-¿Eres nuevo? En la ocasión anterior no recuerdo haberte visto y no suelo olvidar a las personas que ayudo… -se levantó de su asiento y se acercó a los jóvenes que la miraban en silencio- El precio es el mismo, un cabello por deseo a cumplir, sólo puedo cumplir un deseo por persona así que no importa cuántos cabellos me entreguen. –Se acercó a la pared más amplia de la habitación, dónde descansaba un dibujo de Twilight Town.- Por ser la segunda vez que me visitan les debo recordar que sus amigos no recuerdan nada, su memoria podría volver sólo si logran salir de ahí.

Ya lo sabían, también sabían que era arriesgado sacarlos sin si quiera prepararlos para el viaje, la brusquedad de las memorias podría quebrantar el corazón y eso podría terminar por matarlos. Necesitaban tiempo para que ellos creyeran en la vida que realmente tenían, cosa que el Maestro no les daría. Todos asintieron y llevaron sus manos a sus cabezas, un cabello no era nada en comparación a lo que estaba dispuestos a pagar.

-Muy bien, pero tengo otra condición –dijo la bruja mientras tomaba entre sus manos los cabellos de cada chico- Encuentren a Kairi y tráiganla con vida. Espero que logren su cometido.

La chica por primera vez en mucho tiempo sonrió, los hombres la miraron con desconcierto y desde el suelo aparecieron prisiones de hermoso cristal que atraparon a los SOLDADOs. No se resistieron, pues a diferencia de Demyx sabían lo que iba a ocurrir. Sus parpados se volvieron pesados y con una sensación de tranquilidad se sumieron en un sueño que no podría ser interrumpido. Naminé se dirigió a su asiento mientras las prisiones se abrían paso a través del suelo, para así llegar a una habitación donde ya un joven de cabello negro yacía dormido.

-Esto es lo único que puedo hacer para asegurar una posibilidad de escapar sin olvidar quienes son.


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