Legeremancia

Capitulo II: Determinación.

El chico se movía con desespero evidente por toda su habitación, su cabeza explotaba en una oleada de dolor, su pecho parecía ser comprimido por algún peso invisible, estaba aterrado, en su mente una sola palabra se repetía… "NO"

Recordaba una y otra vez aquella conversación que había interceptado, sus padres jamás habían discutido abiertamente, pero esta vez, ni siquiera habían esperado llegar a su habitación.

"-Ya tiene edad para unírsenos, tiene que pensar en lo que es mejor para su familia- Había sentenciado su padre- Tendrá que estar feliz de cumplir con las ordenes del Señor Tenebroso, es un honor-

-Un honor- respondió Narcissa Malfoy con evidente repulsión por el termino que había utilizado su esposo- Es nuestro único hijo y tu quieres enviarlo al matadero- escupió las palabras en autentico reproche- Todo esto de la sangre no es mas que una estupidez, la mas grande de todas- los ojos de aquel hombre rubio se abrieron ante las exclamaciones de su conyugue.- Una que acabo con mi familia y no estoy dispuesta a ver como se lleva también a mi hijo- Termino con una mirada amenazadora.

-Cuidado con lo que dices, ¿O es que ahora defiendes a los Sangre Sucia y los Traidores de la Sangre?- Lucius parecía nervioso, trataba, como siempre, de disfrazarlo con su prepotente sarcasmo, la mujer no contesto, pero tampoco perdió su porte altivo- Draco estudiara artes oscuras, cuando este listo, honrará a su familia portando la marca tenebrosa y servirá a nuestro Lord, cuando este así lo desee- tomo un respiro profundo- No esta a discusión- finalizo."

Draco no supo cuanto había corrido después de eso, se adentro a los terrenos de la propiedad de los Malfoy, el sudor frió recorría su cuerpo, se sentía débil, frágil, acorralado, inseguro en su propio hogar, estaba harto, agotado y sin fuerzas, se dejo caer en el suelo, sin importarle que la tierra húmeda manchara su perfecto traje negro.

Cerro los ojos con fuerza y evoco, con anhelo, con desesperación, aquel par de orbes almendradas que desde hacia tanto le concedían la paz que buscaba, dejo rodar las lagrimas, libremente, como quería ser una de ellas, y desaparecer al tocar el suelo, ser absorbido por la tierra y no saber mas de si mismo.

Tenía quince años, y no podía contar un solo dia de completa felicidad, estaba cansado de estar perdido, de verse en el espejo como la sombra de alguien que realmente despreciaba, si, odiaba a su padre, porqué cuando mas necesitaba su cariño lo había relegado, porqué cuando quiso su apoyo había recibido inclemencias, odiaba a Lucius por cada lágrima que su madre había dejado salir cuando se creía totalmente sola, lo odiaba porqué su ceguera no hacia mas que herir a su familia y a todo el que contactara con él, lo odiaba porqué por él había tenido que confinar sus sentimientos y hacerse una coraza, un falso Draco que solo sabia esparcir veneno, que lastimaba lo que mas deseaba poder amar.

"Jamás seré como tu"

Se había prometido a si mismo, pero no era tan simple, mientras daba vueltas por su habitación a oscuras, volvía a sentir la voz burlona de la muerte asechándolo, no era tonto, era uno de los mejores estudiantes de su generación, había adquirido habilidades con la practica, pero algo estaba claro, no tenia madera de asesino, no podría con aquella carga que querían lanzar sobre sus hombros, pero mas allá de eso, el verdadero Draco, desde algún recóndito lugar de su alma, gritaba, con todas sus fuerzas.

-"Se fuerte, revélate, no los sigas, aléjate"-Imploraba su conciencia.

Es que, ¿Acaso podría salir de esta?, no, no, era imposible, si seguía los deseos de su padre, estaba mas que seguro, terminaría muerto, por no cumplir las expectativas, quizás por fallar, quizás por falta de pericia en batalla, aquella marca no era mas que una condena a muerte, tarde o temprano, lo era.

-"Tu madre no soportaría tu muerte, ¿Qué será de ella sin ti?, se fuerte, revélate"- Volvía a rogar

Draco apoyo sus manos empuñadas en el alfeizar de la ventana, una corriente de aire frió le golpeo el rostro, refrescando sus ideas por un segundo, debía haber alguna salida, sabia que si se negaba moriría, si se quedaba bajo los designios de su padre, quizás alargaría un poco su vida, pero su destino podría ser mucho peor.

-"Por una vez se valiente"- le escupió su subconsciente.

¿Valiente?, que podría haber de valentía en un ser tan deplorable como lo era él, después de todo había pasado la mayor parte de su vida fingiendo, incapaz de alzar la voz, incapaz de demostrar afecto o respeto, actuando el papel que, algunos pensaban, le correspondía en ese teatro fatalista que era su vida, continuando errores absurdos de sus mayores, por miedo, pero, ¿A que le temía realmente?

Levanto sus ojos grises al cielo, estaba despejado, las estrellas lo adornaban cual terciopelo negro decorado con miles de diamantes, la luna se alzaba imponente en lo mas alto del firmamento, pidió, pro primera vez a alguna fuerza superior alguna señal, lo que fuera, necesitaba ayuda.

Su corazón latió fuerte, pues sus pensamientos lo guiaron de regreso a una tarde de otoño, había salido al lago, necesitaba aclarar su mente, entonces la vio, sentada junto a un árbol, inmersa en su propio cavilar, el viento frió hacia danzar sus rizos castaños y el se permitió perderse en aquella marea ámbar que lo relajaba plenamente, escondido tras un frondoso abedul, entonces tomo su decisión, apretando sus manos contra el barandal, prometiendo con la luna las estrellas como únicos testigos de su determinación que su vida seria muy distinta a la de su padre, después de todo, Draco Malfoy ahora era consiente de que había algo en este mundo que le daba vida a sus días, algo por lo que, sin dudas, valía la pena luchar.

Hermione abrió los ojos exageradamente, aferrando sus manos temblorosas al tronco nudoso de aquel árbol que ahora los cobijaba bajo su sombra, su corazón latía desbocado y se sintió muy mareada de golpe.

-¿Un hipogrifo?- Cuestiono exasperada- Harry Potter, ¿Te has vuelto loco?- cuestiono al pelinegro que sonreía con timidez, no era un secreto para ninguno de los presentes, que la castaña sentía pánico de volar.

-Piénsalo Mione, no podemos usar artefactos mágicos, podrían rastrearnos, no tenemos edad ni practica para aparecernos, no podemos llevar a nadie mas y si lo hiciéramos nos rastrearían aun mas rápido- se defendió el chico dándole bases totalmente practicas a su argumento.

La chica, totalmente en silencio, cosa que pocas veces sucedía, se dejo caer en las raíces elevadas del árbol, lívida, aun algo temblorosa y resignada.

-Pero Harry, ¿De donde sacaremos uno?- pregunto Ron.

-Ya lo había pensado, enviare mi patronus a Sirius, el enviara a Buckbeak, así alguien al menos sabrá exactamente a donde ir-

Para la hora del almuerzo un patronus en forma de perro había aparecido en la habitación de Ronald, afirmando que el animal en cuestión estaba en camino y que debían estar preparados para viajar a primera hora de la mañana del dia sábado, antes de que el sol saliera, para evitar ser vistos.

Hermione había empacado algunas cosas, utilizando un hechizo amplificador de espacio en su bolso, procurando aligerar el peso a la pobre criatura, después de todo tendría que llevarlos a los tres, solo Merlín sabia por cuanto trecho. Estuvieron listos para salir justo cuando su reloj de muñeca marcaba las 4 a.m., el sol amenazaba con asomarse en cualquier momento, justo entonces divisaron al enorme hipogrifo, los observaba desde una zona elevada de terreno, se acercaron con cautela, repitiendo los movimientos que Harry cuidadosamente ejecutaba

"Una reverencia, un paso hacia el, déjalo que avance hacia ti, despacio"

Recordaba aquella clase con Hagrid, que no había salido del todo bien para cierto rubio, recordaba como su corazón se había detenido, el rubor en sus mejillas al notar que se había adelantado más que el resto de los alumnos, el pánico y la adrenalina correr por sus venas, su diestra aforrándose a su varita, increíblemente dispuesta a ejecutar un hechizo contra el animal si daba un paso mas en dirección a Malfoy.

Había pasado varias semanas repitiéndose que había hecho lo que cualquiera con sentido común haría, ignorando su visita a la enfermería para cerciorarse de que estuviera bien, disfrazando el evento con un pequeño dolor de cabeza, se prometió borrar de su memoria aquella mirada que se había escapado de su conciencia, mientras Harry estaba inconciente, aquella que había sido interceptada por el rubio, provocándole un completo estado de pánico.

Se estremeció ante aquel recuerdo, permitiéndose subir al lomo del imponente animal, Harry le dedico una mirada tranquilizadora al subir detrás de ella, Ron les siguió entre emocionado y nervioso.

-Recuerden no arrancarle las plumas- Advirtió Harry aferrandose al cuerpo del Hipogrifo- Vamos Buckbeak, llévanos con Sirius-

El animal pareció entender la petición, sin darles tiempo corrió por los amplios terrenos de yerba alta y se elevo en los aires, sus amplias alas planeaban con las corrientes de viento, Hermione contenía un grito en su garganta, el aire frió le golpeaba el rostro sin clemencia, se aferraba con una mano al animal y con la otra hacia añicos la mano de Harry, sintió la cena buscar el camino de salida de su estomago y contuvo la respiración, podía sentir el latido de su corazón, fuerte y acelerado, el vértigo comenzaba a manifestarse, tanto que no podía admirar el hermoso paisaje que se desplegaba bajo sus pies, su mente se bloqueo, creyó sentirse desfallecer, luego de unas cinco horas en el aire no podía acostumbrarse al movimiento.

-Increíble- exclamo Ron de repente, solo entonces se había logrado abrir sus ojos y enfocar el paisaje, hermosas colinas, tan pobladas de pasto que casi parecían nubes verdes, un amplio lago de aguas calmas reflejaba el sol que ya se alzaba en el cielo, azul celeste, no había rastros de actividad humana, en hipogrifo comenzó a descender lentamente, dirigiéndose a un claro en medio de la espesura de árboles que rodeaba el basto de agua.

Una barrera mágica los rodeo, a unos 30 metros del suelo, sintieron un cosquilleo en la piel antes de ser absorbido por aquella esfera plateada, pudieron divisar entonces una pequeña cabaña, de paredes levantadas por gruesos troncos, la chimenea se alzaba a un metro del techo de adobe rojizo, dejando escapar remolinos de humo blanco con un ligero olor a romero.

El animal descendió con lentitud, aunque a Hermione le pareció demasiado rápido, Ron salto del lomo del hipogrifo demasiado excitado con la travesía, Harry lo siguió un tanto nervioso, ansioso quizás, mirando en todas direcciones en busca de alguna señal de Sirius.

Hermione respiro hondo cuando Buckbeak se inclino para dejarla mas cerca del suelo, se dejo caer sobre la hierva húmeda, agradeciendo el gesto con una sonrisa, su estomago se había adherido a su columna y temía las consecuencias de su reposicionamiento, apoyo su espalda sobre la suave alfombra natural, el frió del roció matutino le alivio el mareo, se sentía agotada, ni un solo músculo de su cuerpo se había relajado en todo el viaje, el sudor frió recorría su frente y finalmente logro respirar pausadamente, el cielo, hermoso y despejado, de un azul tan claro y relajante la transporto a un reino de paz y serenidad, el agua se escuchaba cerca, el golpeteo de las olas era un susurro que la relajaba, se incorporo para orientarse, habían descendido a una colina, a lo lejos, entre los árboles, podía ver muy de cerca como el lago golpeaba las rocas de la orilla, con gracia, con ritmo, estaba muy cerca, podía distinguir la bruma, de un pálido gris, un tono que le volvía a recordar un par de ojo, que sutilmente, la observaban a distancia, desde hacia ya un tiempo que lo había notado, no se había atrevido ni siquiera a considerar los motivos, pero su mente, traicionera como siempre, hacia alarde de aquel secreto que solo ella conocía, por que su naturaleza, cualquiera que fuera, causa de la mirada descubierta y silente, le aterraba.

-Hermione, ¿Esta todo bien?- Harry se había acercado, sus verdes ojos buscaban seguir la mirada perdida de la chica, sonrió al ver el lago, ignorando por completo el motivo de aquella consternada expresión y el prolongado silencio, nada habitual.

-Si, estoy algo mareada es todo- se limito a contestar sin desviar demasiado la mirada.

-Oigan, creo que deberíamos entrar- grito Ron desde el porche de la pequeña cabaña, sin darle tiempo a ninguno de los otros dos a nada, tomo el pomo de la puerta con su mano derecha y lo giro precipitadamente, una descarga eléctrica golpeo entonces su cuerpo, lanzándolo a unos tres metros de la entrada con violenta fuerza. – ¡Pero que demonios!- exclamo.

-¿Estas bien Ron?- Pregunto Hermione acercándose al chico, parecía muy divertida, ganándose una mirada iracunda del pelirrojo.

-¿Qué si estoy bien?- Contesto enfurruñado- No es gracioso Harry- el aludido suprimió la sonrisa que involuntariamente se había formado en sus labios.

Hermione lo ayudo a incorporarse, aun divertida por la falta de prudencia de Ronald, quien yacía sobre el suelo húmedo, bastante golpeado.

-¿Acaso esperabas que un prófugo de Askaban dejara la puerta abierta con una alfombra de "Bienvenidos" en el pórtico? – Hermione no suprimió el canturreo de la risa que se suprimía entre los músculos aun agarrotados de su garganta por el aire frió del viaje.

Ron la miro por un momento, entre sorprendido por la veracidad de sus palabras, apenado por su ignorancia y molesto por el tono que había utilizado.

-Quietos- susurro Harry, había sacado la varita, estaba tenso, sus ojos verdes revoloteaban por los alrededores, entre los arbustos, hermione se coloco a su diestra, empuñando la varita, intentando percibir lo que el moreno buscaba, Ron la imito a la izquierda del chico, confrontando sus espaldas, cubriendo sus flancos débiles, estaban sincronizados, habían pasado demasiadas cosas en poco tiempo como para no tensarse al menor preludio de peligro, real o no.

Hermione respiro hondo, apretando con fuerza su varita, sus nudillos palidecieron ante la presión ejercida, su sistema nervioso estaba demasiado excitado, ya habían pasado por algo así, era un ritual, la inevitable sensación de estar indefensos, seguida por el pico de adrenalina llenando sus terminaciones nerviosas, el rictus de sus cuerpos al tensarse, el sudor frió corriendo por su espalda, respiraciones agitadas y bocas secas, justo antes de desatarse alguna riña, antes de que volara el primer hechizo, antes de los gritos y el dolor de las heridas sangrantes, pero todo se había vuelto mas real desde que Ronald casi perdía una pierna aquella noche en la casa de los gritos, desde que la rata escurridiza de los Wesley fuera descubierta como un mortìfago que se creía muerto, desde que el mismo Dumbledore había reforzado la seguridad del castillo, desde que recibió aquella carta cifrada de Sirius, lo había meditado y reconsiderado.

Alguna vez, había dicho a Harry que solo el era quien debía enfrentar todo esto, lo que fuera que "esto" significara, ya que en cuatro años casi, aun no lo comprendía, ahora pensaba distinto, ellos eran su apoyo, su armadura, estaba dispuesta a todo, "esto" era algo mucho mas grande que ella y haría lo que fuera para ayudar, algo estaba claro, muchas vidas dependían de ellos, y sin saber a ciencia cierta lo verídico de sus cavilaciones, mientras ladeaba la mirada hacia un matorral que se movía suavemente, se prometió a si misma que costara lo que le costara, vería el final de "esto", desde el lado ganador y junto a sus amigos, así la vida se le fuera en ello.