Nota: La historia comienza a evolucionar de una forma compleja, estén atentos…disculpen la demora, pero a cambio van 2 capítulos seguidos.

Besos…

Plumarosa1

Legeremancia

Capitulo III: Perspicacia, Orgullo y una pizca de Fé.

Tres pares de ojos se posaban sobre el matorral, justo a la derecha de la cabaña, tres varitas en alto y tres corazones palpitando con frenesí, dispuestos a protegerse y enfrentar a quien se escondiera entre la espesura de la vegetación. Buckbeak emitió un sonido gutural a la lejanía, alguna mezcla entre el relinchar de un caballo y el cacarear de un gallo, grave y alarmante, como si quisiera comunicarles algo, pero estaban demasiado ensimismados como para notarlo.

Una figura alargada se abrió paso entre las hojas enredadas sobre lo que parecía una gran malla tejida, cabello negro, que caía en suaves rizos hasta los hombros, ojos aun más oscuros, porte aristocrático, tez pálida y una sonrisa esplendida.

-¡Vaya!- exclamo el hombre con las manos en alto- Es bueno saber que están preparados para todo-

Vaya que estaba cambiado, Sirius Black no era aquella piltrafa de mago que había salido de aquella prisión tenebrosa, a Hermione le recordaba a uno de esos caballeros de la corte de la Reina Victoria, con ese traje púrpura con ribetes dorados, las botas negras hasta la rodilla y la postura altiva. Harry Potter se lanzo a los brazos de su padrino como si de un niño pequeño se tratase y este lo recibió cauto.- ¿Correrás así hacia tu enemigo si se viste como yo?- refuto con repentina seriedad.- Harry James Potter, ¿Cuáles fueron las ultimas palabras que te dije cuando nos vimos aquella vez?- sus ojos azabache chisporroteaban con picardía pero su rostro era un rictus inexplicable.

-¿Qué?- contesto el chico desorientado

-Limítate a contestar, si de verdad eres mi ahijado- repuso

-"Por un tiempo mi vida será impredecible, además, tu tienes que estar aquí"- lo ojos verde esmeralda se cubrieron por lagrimas casi imperceptibles, Sirius le devolvió el abrazo con fuerza, fundiéndose con sus recuerdos y revelando su lado mas paternal.

-¿Acaso te quedaras allí Mione?- susurro el pelinegro, ven a darle un abrazo a tu tío Sirius- dijo guiñándole un ojo en un gesto que solo ella podría haber comprendido, se estremeció y se abalanzo sobre aquel hombre, dejándose invadir por la calma que le profería su mera presencia.

Ronald miraba la escena con un gesto consternados, por varios segundos un deje de odio se dejo colar por sus azules orbes, arrugando su pecosa nariz en señal de fastidio y guardando su varita en sus gastados jeans.

-¿Cómo has estado Ron?- le pregunto acercándose al pelirrojo, pero este lo esquivo disimuladamente y murmuro un "Bien" entre dientes, mas para si mismo y luego asintió, era obvia su incomodidad, a ninguno le extrañaba, había estado bastante raro desde que las cartas habían llegado.

Sirius saco su barita para desactivar los hechizos que rodeaban la cabaña, explico que en estos tiempos difíciles, debían ser tomadas las mas absurdas y pequeñas precauciones si querían llegar a ver el final con un corazón palpitando aun en sus pechos.

El interior de la cabaña era totalmente opuesto a la sencillez de su fachada, era realmente enorme, se entraba por una galería repleta de retratos, que los miraban con dulzura y les daban la bienvenida, Ronald reconoció a Andrómeda Black, aferrada al brazo de un hombre que parecía ajeno al resto del recuadro, Hermione por su parte, se había dejado invadir por un sentimiento de nostalgia, todo era, quizás, demasiado familiar, pero no era hora de enfocarse en aquellos asuntos.

El largo corredor llevaba a una estancia acogedora, plagada de antigüedades, sillones mullidos de color borgoña, alfombras de pared a pared, paredes cubiertas con papel estampado y repujado en un metal dorado que reconocieron como oro, un enorme candelabro pendía sobre la estancia, apabullado solo por la imponente chimenea, de donde provenía un delicioso olor a romero.

-Supongo que les debo algunas explicaciones- comenzó el mayor, haciendo ademán para que se sentaran.

Harry y Hermione se dejaron caer en un sofá de dos puestos frente al sillón de cuero negro en el que Sirius había tomado asiento, Ron dio varias vueltas por la habitación, dejando ceder su furia ante aquel ambiente tan acogedor, para finalmente sentarse muy cerca de Harry.

EL crepitar de las flamas ardiendo los arrullaba, el aroma los relajaba, y de repente, un platón con diferentes dulces apareció cerca de ellos sobre una pequeña mesita de te.

-Siéntanse en la libertad de tomar lo que deseen, esta casa es tan suya como mía, ha pertenecido a los Black por generaciones, mi querida prima Andrómeda fue quien dispuso que yo me escondiera aquí, es mucho mas cómoda, y son pocos en mi familia los que conocen su ubicación, se la he ofrecido a Dumbledore, junto con la casa de mis padres en Londres, como colaboración a la causa, es lo menos que puedo hacer, mientras me oculto- los ojos negros se endurecieron, por un segundo crispo sus manos para luego relajarlas sobre los apoyabrazos del sillón- Los tiempos se han puesto difíciles, todo esta volviendo a ser como aquella vez, demasiado tenso, demasiado extraño, hay en nuestro lado, mucho, por no decir casi todos, que no están de acuerdo con que estén enterados aun de la situación, pero yo creo que ya que están en el ojo del huracán, es perfectamente imprescindible que conozcan los riesgos- Ni una sola respiración se podía escuchar en aquella calma expectante, ni los corazones desbocados que latían con furia, ni el temblor de los cuerpos nerviosos, ni las mandíbulas tensas que hacia tiritar los dientes- Los seguidores de Voldemort están volviendo a aparecer, sucesos muy extraños han pasado ya y empeoraran, Howgarts hace mucho tiempo, ya no es seguro, no importa lo que diga el ministerio- hizo una pausa, miro a Hermione que se había tensado en su lugar, conociendo el trasfondo de aquella información, luchaba por no perder la compostura y lo sabia bien, sonrió brevemente ante la fuerza que ella poseía, siempre la había admirado, se parecía demasiado a ella, quizás por eso se había apegado tanto a la chica.- Los llame por que creo que deben estar preparados, y yo me encargare de ello.

-¿Preparados para que exactamente?- Se atrevió a preguntar Harry.

-Para todo, aprenderán a pensar, actuar y atacar como sus enemigos, no tenemos mucho tiempo, en unas semanas mas empezaran las clases, deben estar listos.- respondió Sirius poniéndose de pie- pero ahora deben estar cansados por el largo viaje, ¡Kreacher!- grito

De inmediato un elfo domestico, con aspecto desgarbado, largas orejas caídas y mirada gruñona se apareció en la estancia, la pequeña criatura de largas ojeras caídas y prominente nariz un tanto deformada examino con sus ojos a los tres visitantes, un respingo muy mal disimulado fue su reacción ante la presencia de la chica, quien negó ligeramente con la cabeza y suplicaba con sus ojos que no emitiera palabra alguna, mediando la situación Sirius, quien era ahora en foco de aquella mirada asintió, el criatura hizo una reverencia, aparentemente dedicada a los tres invitados de su amo.

-¿Me llamo el amo?- dijo con voz sumisa.

-Muéstrales a los niños sus habitaciones, que tengan todo lo que necesiten Kreacher- sentencio

-Si amo, como ordene, Kreacher obedece de inmediato- respondió, comenzó a subir las escaleras a un costado de la habitación, seguido por los tres chicos, mas cuadros se desplegaban por las paredes hermosamente tapizadas, "un perfecto estilo victoriano para un caballero victoriano" pensó Hermione.

….

Tres habitaciones contiguas los recibieron, camas amplias con dosel, tapiadas de mullidos cojines, hermosa vista desde amplias ventanas, un escritorio preparado para escribir tantas cartas como fuera posible, chimenea y cuarto de baño, Ronald estaba extasiado, privacidad, eso era lo que desbordaban aquellos cuartos, lujo y presunción de un estatus social que siempre había anhelado curiosear.

Se sentó en la butaca junto a la ventana, sus ojos vagaron por el macizo de agua tranquila que se desplegaba ante sus ojos, las gaviotas volaban al ras de las pequeñas ondas que formaban las olas, en un vaivén relajante que disipo la furia contenida de hacia unos momentos, por primera vez en mucho tiempo, se pregunto a si mismo, ¿De donde venia tanta rabia?, se lo había adjudicado a la presión, a los estudios, aunque nunca estudiara demasiado, a sus hermanos siempre revoloteando, a la constante atención de su madre hacia Ginny, luego hacia Harry, también había meditado el apego absorto que compartían el y Hermione, un lazo único que el jamás había podido vencer, conocía la sensación, había sido su fiel compañera por años, estaba celoso, lo sabia, solo que no comprendía aun las nuevas dimensiones que esta estaba tomando, era absurdo, sentirse desplazado, ellos eran una triada, así había sido desde que se conocieron, pero algo siempre lo estropeaba, la fluidez de la relación, ellos tres eran amigos, casi hermanos, pero Harry y Hermione, era como si estuviesen unidos por una corriente mental, que siempre les permitía estar en perfecta sintonía, para ser honesto consigo mismo, lo que lo ponía de peor humor era su confusión acerca de la chica, llamarla su "Hermana" ya no le parecía correcto, solía mirarla mientras ella estaba absorta en algún libro o mientras discutían, lo que era muy común, sintiéndose extrañamente prendado, pero no lo admitiría jamás, no podía hacerlo, arriesgaba demasiado, quizás solo seria algo momentáneo por lo que no valdría la pena arriesgar años de amistad, pero no podía controlar sus arranques, era tan injusto sentirse menos, incluso para ella.

Harry se recostó en su cama exhausto, su cuerpo le pedía a gritos un descanso, pero su mente vacilaba entre las palabras de su padrino, sabia que quería decir mas de lo que había expresado, todo hacia parecer que Lord Voldemort regresaría y el sabia muy bien lo que buscaba, a él, venganza, muerte, destrucción, lo había meditado varias veces, sabia que tarde o temprano tendría que enfrentarlo y cuando ocurriera, seria uno de los dos o ninguno, posos su mirada sobre el dosel de su cama, estrellas se movían por la tela oscura, pequeños cometas pasaban por todo el extenso manto negro, se relajaba, recordó a sus padres, sus rostros sonrientes mientras lo miraban orgullosos, una lagrima recorrió su rostro lívido y cansado.

Como deseaba tener solo unos minutos con ellos, tenia tantas preguntas, tanta rabia contenida, no solo los había matado, le había negado la oportunidad de abrazar a la hermosa Lily Potter, aprender a volar de la mano del gran James Potter, se los imaginó en las gradas de Gryffindor durante su primer partido de Quidditch, despidiéndolo en la estación de trenes junto a la plataforma 9 y ¾, recibiéndolo en casa durante las vacaciones, era mucho lo que Tom Riddle le había arrebatado. Tendría que pagar por ello.

Se sumió en un sueño profundo, viéndose a si mismo rodeado de aquellos que mas anhelaba, deseando con todas sus fuerzas permanecer en ese mundo tranquilo, un mundo sin peligros, sin guerra inminente, sin presiones, donde ya no era "El niño que vivió", era Harry, solo Harry… Harry, mamá y papá, como debió haber sido.

…..

Ya eran pasadas las 6 de la tarde cuando Hermione se había dispuesto a bajar las escaleras, parecía que sus amigos se habían rendido ante el cansancio del viaje, descendió las escaleras hacia la estancia, encontró a Sirius distraído con el fuego que danzaba en la chimenea, se sentó cerca para calentarse un poco.

-Te habías tardado- menciono el hombre sin despegar la mirada de las flamas.

-Harry y Ron se han dormido- se limito a contestar.

-Supongo que esta confundida- lanzo Sirius luego de unos segundos

-Creo que el término es curiosa- respondió ella.

Sirius la mira con ternura, como había crecido, cada dia más parecida a aquella mujer, que en su juventud le había quitado el aliento en más de una ocasión, su corazón se estrujo, pensando como su queridísima Evelyn hubiera adorado a Hermione, eran tan parecidas, el cabello castaño que caía en suaves bucles sobre sus hombros, el rostro perfilado y esos labios naturalmente rosados, pero los ojos, esos si eran de alguien mas, alguien que también se sentiría como él al verla.

-El tiempo se agota pequeña, no sobrevivirán un dia de batalla si no están preparados, lo sabes mejor que yo-

-Lo se, puedo sentirlo, se fortalece, dia tras dia- Respondió ella con pesar- Pero no era de eso que querías hablarme- adivino

-No, claro que no- sonrió él- Hermione, Clarisse y yo pensamos que, quizás sea prudente, al menos por ahora, que tengas mas cuidado con lo que haces- Dijo muy quedamente, ante la mención de aquel nombre la chica se tenso visible y abruptamente.

-Pensé que el anonimato seria mi mejor barrera de defensa, por eso estoy aquí, por eso estoy viva- la voz, antes melodiosa, era ahora un conjunto de disfonías- Por eso me alejaron de todos.-

Sirius tomo su mano y le propino una caricia, la miro a los ojos con ternura y suspiro, sabia a lo que se refería, conocía el dolor que las dediciones tomadas le habían causado, pero era la única opción, ella era esperanza, era un as bajo la manga, mas allá de eso, era tan valiosa para él, para todos, mas de lo que ella misma podría imaginar en aquel momento.

-No sabes cuanto desearía haberte evitado todo esto, pero era lo mejor, para todos- hizo una pausa- Hermione, solo quedan ustedes dos- dijo con tristeza- él no tiene mucho mas que dar, ustedes son la única oportunidad y debemos cuidarlos, lo sabes, tienes un deber y yo jure protegerlos.

Hermione sintió su pecho colapsar, sabia a lo que se refería, debía prepararse, había cargado con aquel peso por tanto tiempo que se sentía desvalida de solo pensar en quitárselo de encima, ese secreto había mantenido su vida hermética, perfecta, desprovista de magia por once años, o al menos fuera del rango de búsqueda de quienes deseaban darle muerte, pero sabia, al igual que todos los implicados, que tarde o temprano ese secreto saldría a la luz y entonces todo seria diferente.

Se dejo caer sobre el regazo de aquel hombre que, había dado su libertad por ellos, que había padecido incontables torturas para que ellos pudieran subsistir, para que dado el momento, terminaran lo que aquellos que los precedieron y perecieron, iniciaron.

Sirius la miro con ternura, una vez mas rememorando aquel rostro que aparecía en sus sueños tan recurrentemente, aquellos tres niños, que pronto tendrían que demostrar ser adultos, eran sin duda un bien tan preciado, después de todo las guerras se ganan con el corazón, no con la fuerza, no con la mente y ellos lo tenían todo.

Harry era la perspicacia, el sentido de predecir los movimientos y actuar a tiempo, la estrategia y la entrada a la cabeza de aquel asesino, Ron era el orgullo, la confianza en los meritos y ala vez el miedo que evita pisar en falso, y Hermione, ella era sin duda la Fé que todos necesitaban en su alma para seguir adelante.