Nota: Con respecto a algunos Reviews que recibí, este fic en 100% Dramione, paciencia, prometo que pronto comenzaran a comprender la situación, mi mente esta hiperactiva y las ideas están brotando…

Besos…

Plumarosa1

Legeremancia

Capitulo IV: Un Complicado Laberinto, Extrañas Verdades

Sirius los había reunido en las afueras de la cabaña justo cuando el reloj marco las nueve de la noche, una esplendida luna se alzaba en el firmamento, el viento helado calaba hasta los huesos, haciéndolos tiritar bajo sus gruesos abrigos, ya mas descansados y con el cuerpo aun adolorido, pero ansiosos ante la premisa que aquel misterioso hombre estaba a punto de anunciar.

-Bien, primero que nada quiero que comprendan que nada, absolutamente nada de lo que les voy a revelar esta noche debe saberlo nadie, ni siquiera los Wesley- dijo con seriedad- Merlín sabe que Molly me mataría por exponerlos a esto, pero yo, difiero de ellos, ustedes necesitan armas, habilidades mas allá de la varita- Los tres chicos asintieron, temerosos y expectantes a que continuara. - ¿Han escuchado hablar sobre la legeremancia?- inquirió, sus ojos negros se debatieron entre los tres rostros y luego se posaron sobre Hermione quien sonrió ampliamente.

-Es un tipo de magia que se utiliza para explorar la mente y los sentimientos de alguien, contra su voluntad- Respondió Hermione, con la barbilla muy en alto.

-¿Leer la mente?- inquirió Ronald, Hermione chasqueo la lengua y le miro con evidente fastidio

-No, claro que no, es mucho mas que eso, accedas a todo lo que puedan ocultar, si la utilizas bien no solo obtienes información, puedes hacer que tus pensamientos se proyecten hacia la otra persona, puedes incluso crear una especie de conversación mental, confundirlo, herirlo, lo que sea Ron- Hermione comprendió entonces la gravedad de sus palabras y palideció, miro a Sirius en busca de alguna respuesta, pero este solo ladeo una sonrisa

-No intento enseñarles a leer la mente, de hecho, quiero que aprendan a bloquear sus pensamientos- dijo Sirius- la oclumancia es, por decirlo de alguna manera, la contraparte de la legeremancia, Lord Voldemort es conocido por su afición de rebuscar entre los pensamientos de sus victimas sus peores recuerdos, sus mas grandes miedos, de esta manera los controla y los tortura, los mortifagos practican ampliamente estos métodos, así que lo mas oportuno es que aprendan a alejarlos de sus cabezas-

Harry lo miro atento, mientras explicaba paso a paso como controlar su mente, vaciarla de todo pensamiento y así burlar al legeremente, Ron por su parte se sentía demasiado nervioso, sus pensamientos aun rondaban cerca de un tema delicado, así que se dispuso a pensar en cualquier otro tema.

Hermione por su parte, se había limitado a sentarse cerca de la cabaña, sobre una gran rosa, estaba demasiado tensa, no quería intentarlo, no quería hacerlo, temía demasiado a las consecuencias, si confiaba en Harry y Ron, desde luego que si, pero ella mejor que nadie sabia lo delicado que era esa información en su cabeza, sabia que era justamente por ello que Sirius trataba de que esos dos aprendieran a burlar todo intento de penetrar sus conciencias, eso solo indicaba mas complicaciones, ya muchos habían perecido pro aquel secreto.

-"Los necesitaras a tu lado Mione"- La voz de Sirius Black resonó en su cabeza, levanto la mirada para ver como Harry apretaba fuertemente los parpados y Ronald se debatía consigo mismo, o eso parecía por su postura rígida y sus puños crispados. Sirius la observaba en silencio a unos dos metros de distancia.

-"No me hagas hacerlo"- le suplico- "Ellos no, aun no"- volvió a decir en su cabeza.

-"El conocimiento es la mejor defensa, pero aun no es tiempo, sin embargo, tu también deberías aprender oclumancia"- Dijo con un tanto de sorna en su mirada, una sonrisa se amplio en su labio y su mirada cambio a un brillo pícaro- "Así que… esos ojos ¿Conozco al dueño?"-

Había entrado a su mente, ella no se había percatado, ¿Ojos?, ¡OH! en el nombre de Merlín y Morgana, Hermione se tenso e inmediatamente llevo sus pensamientos a cero, vaciando su mente, no sin un gran esfuerzo

-"Perfecto"- rió- Bien, deben practicar- prosiguió en voz alta- vaciar la mente es un verdadero arte, pero podría salvarles la vida, en especial a ti Harry, sabes bien que Voldemort tiene un especial interés en ti- hizo una pausa para sacar su varita, hizo señas para que se le acercaran- "Legeremens", díganlo con fuerza y determinación, un leve movimiento de varita bastara para que tengan acceso a la mente de su contrincante, no lo usen como diversión- Advirtió- Puede ser bastante conflictivo- esto ultimo lo dijo demasiado serio- Bien , ¿Quién lo intentara primero?- un silencio repentino se formo entre los tres chicos, se miraron furtivamente entre ellos, tratando de responder la pregunta.

Harry y Ron se miraron instintivamente, una palabra cruzo sus labio sin medirla, simple, obvia, oportuna…

-Hermione- dijeron al unísono.

La chica se tenso, solo por un instante, la habían lanzado a la línea de fuego, sin sentir el menor remordimiento, sonrió con malicia, empuño la varita y susurro un apenas audible "Cobardes".

-Muy bien, Mione, lo que debes hacer es apuntarme con la varita, pronuncia el hechizo, con firmeza y penetra mi mente- las palabras surgieron de sus labios con tanto significado como solo ambos podían haber comprendido- las mentes, son como un laberinto de pasillos, a lo largo de cada uno hay miles de puertas, si abres la adecuada, hallaras lo que buscas- culmino bajando la varita y abriendo sus brazos en señal de permiso.

Hermione medito unos segundos, demasiado nerviosa como para coordinar del todo sus movimientos, separo sus pies un poco en busca de apoyo y elevo la varita…

-Legeremens- pronuncio

-Immoderatus- susurro Sirius a su vez, nadie más pudo escucharlo.

Inmediatamente hermione vio aparecer ante sus ojos un mar de imágenes, se sentía mareada, era como flotar, pero sin moverse, como navegar entre aguas turbias, entonces vio un largo pasillo, la mente de Sirius, valla que había sido literal, camino, o quizás solo floto, entre aquellos resquicios de luz y oscuridad que se entrelazaban, una luz muy poderosa brillo cerca de ella, como si la llamara, alargo la mano y sintió como alguna fuerza la absorbía.

De repente ya estaba en otro lugar, una sala, hermosamente adornada, muy parecida al interior de la cabaña, Sirius sostenía una carta en las manos, conocía el sello de lacre que aseguraba el sobre, demasiado bien, un león y una serpiente sostenían una corona, rodeados por estrellas, el hombre rompió el sello y desplegó el pergamino.

"Querido Canuto,

Mi posición no me permite acercarme, pero la situación se agrava, mi esposo a decidido que D. esta listo, el se ha negado, no se de donde ha sacado la fuerza, pero esto solo ha complicado la situación, he dispuesto que durante el verano aprenda algunas habilidades antes de confesarle todo, creo que deberías tomar la misma ruta.

Mucha suerte, con amor C."

Las preguntas surgieron en la mente de Hermione casi tan rápido como obtuvo las respuestas de la de Sirius, dos imágenes vinieron a su mente, dos rostros familiares, pero que no esperaba encontrar allí, cabellos rubios, ojos grises y azules, porte altivo, ropas oscuras, aquellos ojos que tanto la habían atormentado, pero, ¿Qué significaba todo esto?, antes de obtener la respuesta a la nueva inquisitoria, el dueño de aquel recuerdo la había expulsado de sus pensamientos, la chica cayo al suelo exhausta, sintiendo sus piernas flácidas y su pulso acelerado, no sabia cuanto tiempo había transcurrido, si seguía en el mismo lugar, no sabia con certeza que sentía, sus parpados estaban pesados y su boca seca, sintió su cuerpo caer sobre la superficie fría y húmeda, mientras los rostros se desvanecían ante la oscuridad.

…..

Hacia varios días que su casa se había convertido en una replica del infierno, rostros enmascarados de plata y cuerpos cubiertos con túnicas negras comenzaban a frecuentar los pasillos de Malfoy´s Manor durante las noches oscuras de luna nueva, cada mes, cuando su padre creía que el ya dormía, pero él hacia mucho tiempo que no conocía los placeres que ofrecía el reino de Morfeo, en cambio, se escabullía por pasillos internos de las antiguas y reforzadas paredes de mármol, cerca de las viejas tuberías que en alguna época habían trasportado aire caliente a toda la casa desde un cuarto de calderas, que yacía ahora en desuso en algún lugar junto a los calabozos.

Siempre acompañado por su fiel amigo el miedo y escoltado por la incertidumbre, contaba los segundos para moverse entre las sombras, en busca de escuchar algo útil, alguna información, una pequeña pista de lo que se tramaba, pero no había tenido suerte.

Se había negado abiertamente a seguir las dediciones de su padre, no había sido fácil, había requerido mas fuerza de la que pensaba que podría tener y estaba seguro, que si no fuese por el recuerdo de ciertos ojos color miel enmarcados en desenfrenados rizos castaños, aquella sonrisa que jamás seria para él, pero que al menos, a la distancia le infundía fuerza a su alma, si es que tenia una, no habría podido.

No había salido ileso, claro que no, estaba acostumbrado al dolor, su padre, no era precisamente amoroso, no con él, de hecho, con él menos que con nadie, pero esta vez su cuerpo, su orgullo y partes de su ser que desconocía que existían, habían sufrido.

-Ve a tu lugar feliz, vamos resiste, vete lejos, vuela Draco, vuela- le gritaba su conciencia

Aquellos ojos lo llamaban, aquel rostro perfecto, inocente, aquella esperanza que había encendido la luz en el, la flama de la discordia con aquellos que se autoproclamaban sus iguales, que por tanto tiempo había temido encender por miedo a terminar consumido por sus llamas, por que personas como Hermione Granger no merecían padecer por aquellos que compartían su techo, su mesa, sus elegantes y frívolas fiestas.

Lucho, por mantenerse en una pieza mientras sentía como su carne se desgarraba con cada estocada, lucho por respirar mientras se ahogaba en un mar de agrias lagrimas, saboreo el odio, el rencor y el valor en una sola bocanada de aire que parecía tan denso que no lleno sus pulmones, una brecha al rojo vivo se abría justo en la mitad de su cuerpo, absorbiéndolo, como si se tratara de un agujero negro que hacia que el dolor agudo y chocante se atenuara, lenta y casi imperceptiblemente.

Había perdido la cuenta en la décimo quinta ola de "Crucius", dejo de escuchar los gritos desesperados de su madre, poco después y perdido el conocimiento unos segundos mas tarde.

No recordaba mucho, recordaba haberla llamado en su mente, haberla visto a lo lejos, con el rostro crispado por alguna emoción que no pudo descifrar, para luego sorprenderse observando su reflejo en aquellos orbes almendrados, el aroma a fresas que lo golpeo cuando estuvo lo suficientemente cerca de ella y luego su voz, un timbre dulce, agudo, quedamente, como cuestionando cada silaba, había pronunciado su nombre, -¿Malfoy?- fue un segundo, pero basto para que se aferrara a lo que le quedaba de conciencia y no se rindiera ante aquella terrible tortura.

solo haber despertado en medio de las penumbras, sobre el mármol pulido del estudio de Lucius, bañado aun en sudor frió y pegajosos, incapaz de moverse debido al dolor, cualquier ser humano se habría vuelto completamente loco después de aquella tortura, pero no, no podía permitirse tal atrocidad, no caería ante un ser tan bajo como su progenitor.

Ahora, mientras un elfo domestico apilaba ropa y algunos objetos dentro de un prístino baúl forrado en cuero negro, con las letras "DM" brillando en metal platinado y pulido con orgullo cerca de la agarradera, el se aferraba de nuevo al alfeizar de su ventana, encorvado aun por el dolor punzante que sentía en su estomago cada vez que respiraba demasiado profundo, pensaba, con tristeza mezclada con algún sentimiento desconocido, o mas bien, se aseguraba de recordarse que jamás tendría que volver, una vez que cruzara aquella verja negra, una vez que estuviera seguro en los pasillos del Expreso de Howgarts, seria libre, libre de escoger, libre de huir, libre de luchar, libre, a como diera lugar, pero lejos de aquel hombre que tanto daño le había causado.

No sabia muy bien que hacer, pero suponía que Dumbledore seria una buena primera parada, al menos el no lo juzgaría, no lo atacaría, quizás, hasta le creería. Solo había un fallo en su plan, su madre, ¿Qué pasaría con ella cuando el ya no estuviera?, lo resolvería según se presentaran las situaciones, tenia en su poder suficiente dinero como para poder solventar algunas cosas y luego ya vería, después de todo, habían varios parientes suyos, si mal no recordaba, en una posición muy similar.

La puerta de su habitación se abrió súbitamente, dando paso a un orgulloso rubio que caminaba altivo con su capa de terciopelo negro, aun puesta y su bastón en mano agitándose en el aire. Lucius Malfoy miro a su único hijo con estruendoso desprecio, chasqueo la lengua y golpeo al elfo para apartarlo del camino y acercarse al chico que lo miraba desafiante desde la ventana.

-El campeonato mundial de quidditch es este fin de semana, vendrás conmigo y te comportaras a la altura de la situación- dijo con voz suave pero firme, sin siquiera mirar a los ojos grises que destilaban ira.

Draco no se inmuto, ignoro el dolor que atravesó su cuerpo al tener que erguirse para mirarlo de frente, el agonizante instinto de supervivencia que ya no le permitía bajar la cabeza y asentir, su padre se retiro tan rápido como había entrado, azotando la puerta y dejando tras él, lo que a Draco le pareció el aroma pestilente de la mas franca cobardía.

Se dejo caer en una silla cercana, desde donde podía admirar de nuevo el cielo nocturno, el elfo había desaparecido llevándose todo rastro de sus maletas con él, se sumió en las penumbras de su propia mente, dejando que la oscuridad lo abarcara y le permitiera esconder las lágrimas furiosas, que caían por sus mejillas lívidas, entre sus ajuares lóbregos.

No supo cuanto tiempo había pasado en la misma posición, ya no sentía dolor, ni el frió del viento nocturno que arremetía contra las cortinas grisáceas de gasa y seda, se aisló en sus pensamientos de nuevo, en aquella chica que lo miraba con expresión sorprendida, la misma que vivía en sus sueños desde hacia tanto tiempo, la misma que sin saberlo, lo mantenía con vida.

Draco no se percato cuando una figura lánguida se coló por la puerta, sin hacer ruido, sus ropas colgaban de ella, se movían con el viento al mismo ritmo que las cortinas, sus pasos cautelosos le acercaban al chico que yacía de espaldas, inerte, ausente a inocente de la situación, lo contemplo unos instantes, sus ojos brillaron con el resplandor de la luna y sus movimientos se volvieron ágiles y rápidos, sin darle tiempo a hablar o siquiera percatarse había tapado la boca del rubio y con su mano libre lo había girado en su dirección, frente a frente, sin mascaras, sin tapujos.

Los ojos grises miraron aquella aparición con terror, pánico, desconcierto, estaba inmovilizado y no se atrevía a articular palabra, jamás en toda su vida había visto esa mirada en los siempre tranquilos y aparentemente fríos ojos de su madre.