Sé que por el momento Emma está demasiado insoportable pero tiene sus razones que más adelante sabremos y qué prácticamente ha definido su forma de ser...
Sin más veamos en que Batalla ahora se enfrentaran estas chicas.
La revista de Regina se vendió bien, sin grandes diferencias con la de Emma. En unas pocas semanas la llegada de fotografías casi igualó la de cartas al consultorio de Regina y las tiradas de los ejemplares de ambas se equilibraron. La publicación, en vez de una revista semanal, se convirtió en dos quincenales, cada una con sus propios contenidos y sus propios compradores. Las ventas se estabilizaron en un límite aceptable, aunque no excesivamente lucrativo.
La lucha silenciosa y solapada entre Regina y Emma continuó, intentando ambas encontrar algo que superara a la otra en ventas, sin conseguirlo. También la guerra personal entre ambas siguió en un tira y afloja equilibrado.
Cuando Mixtrum llevaba ya siete semanas de publicación, August volvió a llamarlas a su oficina. Emma se presentó algo nerviosa sin tener una idea clara de qué podía ocurrir, pero en su interior temía que los accionistas pudieran eliminar la publicación sin darles una oportunidad para mejorar las ventas.
Ella sabía cuánto se estaba jugando con aquello, si la dirección decidía que no valía la pena mantener la revista en el mercado, ella se quedaría sin trabajo. Su anterior puesto ya había sido cubierto y el nuevo equipo lo estaba haciendo muy bien, no había vuelta atrás.
—¿Qué ocurre, August? —preguntó en cuanto Regina se hubo acomodado junto a ella—. ¿Algún problema con Mixtrum?
—Bueno, como ya saben, las ventas se han estabilizado y aunque dan beneficios, el margen no es muy amplio. Me preocupa que si no aumentan poco a poco, la dirección decida eliminarla.
Emma se tocó nerviosamente la muñeca, gesto que hacía inconscientemente cuando estaba preocupada.
—Sí, algo así me temía yo.
—He estado pensando y hay un par de cosas que se pueden hacer, si aceptan mi consejo, claro está.
—Yo estoy abierta a cualquier sugerencia.
—Una de ellas es enterrar el hacha de guerra, trabajar juntas, en colaboración. Al ser tan diferentes las dos revistas tienen su público, si las fusionan es muy posible que aumenten las ventas. Si reducen el número de páginas de los reportajes, se pueden incluir todas las secciones en un único ejemplar.
Emma sabía que August tenía razón; aun así sentía la rabia crecer en su interior. Si quería mantener la revista iba a tener que hacer concesiones.
—Por mí no hay problema —dijo Regina.
—¿Emma?
—De acuerdo —concedió de mala gana.
—Hay otra cosa más. El sábado próximo hay un evento literario en el hotel Hilton. Acudirá mucha gente del mundo intelectual y otros muchos que lo quieren parecer. Sería un buen sitio para promocionar Mixtrum y hacer suscriptores; les puedo conseguir un par de invitaciones si quieren intentarlo.
Regina asintió.
—Un poco de campaña publicitaria nunca viene mal, sobre todo en el sitio adecuado. Consígueme una invitación y yo me encargo de eso.
—¿Solo tú? La revista también es mía —dijo Emma molesta. Regina la miró con condescendencia.
—Por Dios, Emma, no digas estupideces. Déjame la publicidad a mí, tú solo conseguirías reducir las ventas. Con tu aspecto asustarías a cualquier posible suscriptor; aparte de que para vender algo, sea lo que sea, hace falta encanto, y tú tienes el encanto de una roca. ¿Y qué te ibas a poner ? Si solo tienes tres trajes... el negro, el negro y el negro.
Emma le lanzó una mirada despectiva.
—¿Qué sabrás tú, Mills, del encanto que soy capaz de desplegar cuando quiero, ni de lo que hay en mi guardarropa?
—Me baso únicamente en lo que me has mostrado durante las semanas que llevo trabajando aquí.
—Chicas, recuerden que han decidido trabajar juntas, y esta no es la mejor forma de hacerlo.
—Bueno, a veces un poco de rivalidad puede favorecer una causa — añadió Emma—. Consigue dos invitaciones y a ver quién hace más suscriptores.
—¿Van a ir juntas?
—¿Juntas? No, por Dios. Yo iré sola y nos encontraremos allí.
—Te estás tirando muchos faroles, Querida. No te digo que no seas buena periodista, aunque tus ideas sean difíciles de vender, ¿pero publicista en vivo y en directo? De eso no tienes nada.
—¿Qué te apuestas?
—¿Una cena?
—¿Contigo? Ni hablar, Mills ¡qué más quisieras! Algo de la revista.
—¿Como qué?
—La que gane tendrá el reportaje de portada durante seis meses.
—Hecho.
—Bien pues nos vemos pasado mañana en el campo de batalla.
—Y a partir del lunes tienen que editar un ejemplar único, recuérdenlo.
—No te preocupes, aceptaremos de buen grado el resultado de la apuesta y eso no influirá en absoluto en la revista conjunta.
—¿Y cuando se hagan las suscripciones, cómo sabremos quién las consiguió?
—Les diremos que lo hagan saber.
—De acuerdo, yo seré el árbitro imparcial — Se ofreció August.
Aquella noche, Regina cenó en casa de su hermana de nuevo. Normalmente lo hacía una vez o dos al mes.
Cuando el pequeño se hubo acostado, y ya de sobremesa con una copa en la mano, Zelena le preguntó a su hermana.
—Bueno, Regina, ¿y el trabajo cómo va? ¿Siguen llegando cartas a tu consultorio?
—Sí, continuamente. Aunque no el flujo de la primera vez. No te puedes imaginar la cara de las chicas del equipo cuando vieron el éxito.
—¿Y Emma?
—No estoy segura de si supo dominar la sorpresa o si ya lo sabía. Creo que lo segundo; probablemente alguna de las chicas se lo diría.
—¿Siguen enfrentadas?
—Más que nunca. El sábado se celebrará un evento literario en el hotel Hilton y tenemos que promocionar Mixtrum. Hemos apostado a ver quién conseguirá más suscriptores.
—¿En serio? ¡Qué divertido!. ¿Y que han apostado, hermana? ¿Algo interesante?
—¡Qué va! ¡Si es una sosa! Yo propuse una cena, pero no aceptó. Al final apostamos los reportajes de portada de la revista durante seis meses.
—¿Y eso no es interesante para ti? Te daría un buen control sobre la publicación, ¿no?
—Sí, pero lo verdaderamente interesante para mí es ganarle algo a la señorita Swan. ¿Pues no se ha atrevido a insinuar que podría hacer de relaciones públicas mejor que yo? No quiere reconocer que es una antisocial sin estilo y sin el más mínimo carisma.
—¿Entonces ella va a ir también?
—Eso pretende. Menos mal que vamos por separadas, no te imaginas cómo me avergonzaría tener que acompañarla, aunque fuera por un asunto de trabajo.
—¿No querías llevarla a cenar ?
—No exactamente. Quería que ella me llevara a cenar a mí, que se gastara el dinero. Y estoy segura de que en ningún momento iba a llevarme a un sitio donde alguien me conozca.
—¿Y en caso de ganar ella, dónde la hubieras llevado tú?
—¿Ganar ella? Zelena, no tiene la más mínima posibilidad. Si la conocieras lo sabrías.
—Bien, entonces vamos a conocerla. ¿Eh, Robín? Estoy que me muero de curiosidad.
—Yo también. ¿Puedes conseguirnos unas entradas, Regina?
—Yo las conseguiré, no impliques a tu cuñada. Iremos de incógnito y si podemos ayudarte a hacer suscripciones lo haremos.
—No, Zelena, nada de ayuda. Esto quiero hacerlo sola.
Zelena levantó las cejas sorprendida.
—¿Vas a jugar limpio? ¿En serio? No es tu estilo.
—Sí, en serio. Es pan comido y me sentiría mal si abusara de mi capacidad aceptando ayuda.
—Como quieras. ¿Te acompañará Elsa?
—No, ni hablar. Tendré que desplegar mi encanto con los posibles suscriptores y Elsa no se lo tomaría muy bien. Últimamente está un poco agobiante, creo que quiere dar un paso más en la relación.
—Es normal, Regina. ¿Cuánto tiempo llevan juntas?
—No estamos juntas, ni tenemos una relación. Salimos a cenar, follamos y punto y ni siquiera de forma continuada. Eso se lo dejé muy claro al principio y ella aceptó.
—Ya, pero sabes como es ella.
—Pues como siga en ese plan, a Elsa le queda poco tiempo conmigo.
—Bueno, hermana. Ya tienes treinta y cinco años y ya debes pensar en sentar cabeza.
—No te digo lo contrario, pero no con alguien como Elsa. Y ahora me marcho, es tarde y tengo que madrugar.
—Nos vemos el sábado entonces.
El sábado por la mañana Rubí y Emma recorrieron peluquerías, tiendas de ropa, zapatos y complementos. Hacía mucho que no disfrutaban de una buena sesión de compras y se divirtieron de lo lindo.
Emma se probó un vestido tras otro ante los ojos escrutadores de su amiga, sabedora que esta le aconsejaría adecuadamente qué ponerse para llamar la atención de un hombre. Por que estaba segura de que Regina iba a dedicarse más a las mujeres, y por lo tanto ella lo haría con los hombres. Regina no sabía que ella tenía un cuerpo espectacular, esa era su arma bajo la manga.
Al final se decidió por un vestido azul de un tono intenso que llamaba la atención a distancia, corto por encima de las rodillas, muy ajustado y con un profundo escote tanto por delante como por detrás.
—Ese —dijo Rubí cuando la vio aparecer —. Se va a caer de boca cuando te vea.
—¿Quién?
—Regina, por supuesto.
—No lo hago por ella, que quede claro. Este vestido es para los tipos con dinero que van a comprar mi revista y a darme la portada durante seis meses.
—Pero no me negarás que estás deseando presentarte delante de ella con el vestido.
—No lo niego. Voy a demostrarle que tengo cuatro vestidos: el negro, el negro, el negro... y el azul.
Rubí se echó a reír mientras se encaminaban a la caja a pagar.
—Y tienes que sacar a Emma White del closet.
Emma sonrió. Desde los veinticuatro años que decidió romper con su familia y adoptar el apellido de su abuela y una estética sobria, por que había aprendido que una rubia con curvas espectaculares solo hacía pensar en una tonta que se conformaba con que halagaran su belleza. La encantadora señorita White pasó a ser Emma Swan, la profesional dura y competitiva que era ahora. Pero no había olvidado ni el encanto ni el arte del coqueteo, y estaba dispuesta a desempolvarla por una noche para alcanzar sus fines.
Aquella noche Regina llegó al Hilton, enseñó su invitación y una vez dentro del salón donde se estaba celebrando la pequeña fiesta, se apresuró a mirar a su alrededor buscando a Emma. No la encontró, en cambio su hermana y su cuñado la saludaron con la mano y se apresuraron a despedirse de la mujer con quien conversaban y se dirigieron a ella.
El vestido negro con corte trompeta y escote redondo le sentaban como anillo al dedo.
Zelena la besó en la mejilla con afecto.
—¡Qué elegante estas hermana!
—Espero que todos piensen lo mismo y se suscriban mi revista.
—Ya tienes una suscripción. La mía.
—Gracias.
—La familia está para algo, aunque no te va a hacer falta ayuda. Muchos ojos se han dirigido hacia ti cuando te han visto entrar. — Comentó Robín
—Ya será menos.
—Eh, que me voy a poner celosa— dijo Zelena
—No tienes motivos, ya sabes que tú eres la única mujer en mi vida.
—Bueno, Regina, ¿y esa señorita que estamos deseando conocer quién es? Regina volvió a pasear la mirada por la sala y negó con la cabeza.
—No está. Se lo habrá pensado mejor.
—A lo mejor no ha llegado todavía.
—Lo dudo. Es puntual hasta la exageración, si fuera a venir ya estaría aquí.
—Vaya, con las ganas que tenía de conocerla. Ese jueguecito de ustedes es de lo más interesante.
La mirada de Regina se posó distraídamente en una melena rubia espectacular, llena de ondas naturales que caía por unos hombros bien formados sobre un vestido azul. Su mirada siguió deslizándose hacia abajo hasta un trasero de infarto y unas piernas no menos impresionantes. La dueña estaba conversando con tres hombres que Regina conocía de vista, todos ellos muy ricos.
Como si hubiera percibido su mirada, la rubia se dio la vuelta y sus miradas se cruzaron justo en el momento en que Regina se llevaba la copa a los labios. No llegó a beber, se quedó con la boca abierta y exclamó atónita.
—¡Joooodeeerrr ! ¿De dónde ha sacado las tetas?
—¿Quién? —preguntaron a la vez Robín y Zelena.
—Ella. Emma.
—¿Pero no decías que no había venido?
—Es esa, la del vestido azul.
—¿La del vestido azul?. Es Emma White.
—No, Zelena, es Emma Swan. Te has debido confundir.
—No lo creo, hace tiempo que no aparece por los eventos sociales, pero hace unos años, cuando estabas en Europa, era relativamente frecuente verla en algún que otro evento relacionado con el mundo literario. Además, tu Emma, al menos lo que nos has contado, es un palo de escoba, y hermana, esa mujer es un bombón.
—Ya, ¿crees que no lo veo? No sé de dónde habrá sacado las tetas. Zelena se rió con ganas.
—Con ese vestido deben de ser todas suyas. Imposible utilizar un sujetador de los que aumentan o levantan el pecho... de hecho, es imposible llevar ningún sujetador.
—Entonces, ¿cómo las esconde en el trabajo? Por que te aseguro que allí es plana como una tabla. ¿Tendrá alguna hermana gemela a quien le han extirpado los pechos?
—No, que yo sepa. James Swan solo tiene una hija y dos hijos.
—¿Es hija de James Swan, el escritor ?
—Escritor y periodista, sí. Le dieron el Pulitzer hace unos años, creo.
—Jodeeeer. Entonces, ¿qué hace escondida en una redacción de segunda luchando a brazo partido por hacerse un nombre y con el fantasma del despido sobre su cabeza? Su familia es tan rica e influyente como la nuestra.
—No lo sé, tendrás que peguntárselo a ella.
—Ni hablar. Este es un secreto que me voy a guardar, quizás algún día lo pueda utilizar. Por algún motivo la señorita estirada no quiere que se sepa quién es, y yo se lo voy a respetar... de momento.
—¿Nos la vas a presentar ?
—Cuando esté sola y pueda hacerlo como Emma Swan.
Emma se había vuelto de nuevo y les daba otra vez la espalda. La mirada de Regina no cesaba de deslizarse de la melena al trasero las piernas, rematadas por un par de espectaculares tacones de aguja del mismo color del vestido.
—Si no dejas de mirarle el culo, mañana no vas a poder evitar hacerlo en el trabajo, hermana.
—En el trabajo se te quitan las ganas de hacerlo, no te preocupes por eso.
Zelena se dirigió al bar a buscar bebidas y en ese momento Emma se separó sonriente del grupo con el que estaba y se dirigió lentamente hacia ellos.
—Veo que has venido —dijo Regina cuando estuvo a su lado.
—¿Acaso lo dudabas, Mills? ¿Cuántas suscripciones llevas?
—Unas cuantas —mintió—. ¿Y tú?
—También unas cuantas. Robín, a su lado, carraspeó.
—Emma, te presento a Robín Locksley. Emma Swan.
—Encantado de conocerte, Emma. Regina habla mucho de ti.
—¿En serio?
—Sí, en serio.
—Nada bueno, supongo.
Robín se echó a reír con ganas.
—Yo no diría tanto, mujer.
—No te preocupes, yo cuando hablo de ella tampoco lo hago en términos amables.
—Estamos en paz entonces, Querida.
—Bueno, te dejo que tengo que seguir trabajando. Yo no he venido aquí a divertirme.
La vio alejarse con paso firme sobre los altos tacones.
—Me gusta esa mujer —dijo Robín cuando ya no pudo escucharlo.
—¿Pero tú de parte de quién estás?, ademas le diré a Zelena que has dicho eso.
—Por supuesto que estoy de tu parte, y no le digas nada a Zelena que de seguro no paso de esta noche. En fin si no quieres perder las portadas de seis meses, más vale que dejes de mirarle el culo y espabiles. Ahí hay otro tipo babeando delante de ella y seguro que es otra suscripción.
—Sí, más vale que me ponga a trabajar. Y no le estaba mirando el culo, sino cómo maneja los tacones. En la editorial siempre va con zapatos planos.
—Ya…
Durante dos horas Regina deambuló por el salón desplegando encanto y simpatía, recogiendo suscripciones y observando que también Emma hacía lo mismo. El lunes siguiente verían quién había conseguido más.
Espero que hayan disfrutado la lectura, no olviden comentar que les pareció y por supuesto díganme quien creen que ganó este round.
