Bueno, tenemos ganadora de este round, admito que me dejado influenciar en sus comentarios jajaja
—¿Cincuenta y ocho suscripciones? —preguntó Regina incrédula cuando August la llamó por la línea interior la mañana del lunes.
—En efecto. Y tú treinta y una.
—Sé perfectamente que yo hice treinta y una.
—Bien, ya sabes que pierdes el reportaje de portada durante seis meses. Espero que lo aceptes como una buena perdedora y cumplas tu promesa de colaborar con ella en un ejemplar conjunto a partir de hoy.
—Por supuesto que lo aceptare, August. —«Y un carajo», pensó—. La revista saldrá adelante con mi plena colaboración, de eso no te quepa duda.
—Bien, pues pónganse a ello.
Colgó con rabia. « Emma había jugado sucio y ella la había subestimado, definitivamente no esperaba ese cuerpazo.. Seguramente habría ganado si no me hubiera quedando viéndole el culo, pero la guerra era la guerra y quien ríe al último ríe mejor. »
Comprobó su reloj y como faltaban apenas unos minutos para el descanso del desayuno, se dirigió como cada día, y luciendo su mejor sonrisa, a compartirlo con las chicas.
Pero al llegar con una bandeja de cupcakes en las manos, se encontró con una sorpresa. La mesa de Rubí ya tenía una bandeja con una tarta de chocolate con unas velas en las que se leía el número 24. Y lo más sorprendente de todo era que Emma estaba allí con una taza en la mano.
—Llegas a tiempo, Mills, para la celebración.
—¿Es tu cumpleaños? Creó que te has quitado algunos años, Querida. Debes rondar al menos los treinta, si no más.
—No son mis años, y no me quito ninguno, tengo treinta y tres. Veinticuatro son los ejemplares de las revistas de los que voy a tener el reportaje de portada. No sé si August te lo habrá dicho.
—Me lo ha dicho, sí. Pero eso no significa nada, no tiene ningún mérito ganar una batalla si se pierde la guerra.
—Veinticuatro batallas.
—Tampoco veinticuatro batallas hacen una guerra. Y menos si se emplean trucos sucios para ganarlas.
—¿Trucos sucios?
—Sujetadores con relleno, pantis que hacen imaginar un trasero inexistente, etc., etc. Ya sabes a lo que me refiero.
Emma lanzó una sonora carcajada.
—Conque eso piensas, ¿eh?
—No lo pienso, lo sé. Si hay una cosa que conozco bien son todos los trucos. No hay ninguna mujer despampanante que pueda fingir ser un palo de escoba.
Ella la miró con una sonrisa irónica.
—En fin tendrás que reconocer que en el amor y en la guerra todo vale. Y que cincuenta y ocho suscripciones bien valen un poco de inversión en ropa interior trucada.
—Vuelvo a repetirte lo mismo, has ganado una batalla, no la guerra. Acabaré por echarte de Mixtrum, todavía no conoces a Regina Mills.
Ella se inclinó un poco sobre la tarta con el cuchillo en la mano.
—¿Un poco de tarta? ¿O es demasiado para ti celebrar una victoria del enemigo?
—No hay nada en el mundo que me haga renunciar a una buena tarta de chocolate. Por suerte mi físico me permite comerla a menudo, no necesito ninguna celebración especial para darme ese placer.
—Bien, sírvete —dijo llevándose un tenedor a la boca con un buen pedazo del contenido del plato que tenía en las manos—. Y date prisa, que en veinte minutos empezamos a componer nuestra revista conjunta.
—En veinte minutos estaré dispuesta.
Rubí, Rose y Ashley asistían divertidas al intercambio de palabras. Aunque sabían de las diferencias entre ambas, nunca antes habían sido testigos de ningún altercado dialéctico.
Emma terminó su tarta y se dirigió a su oficina.
—Te espero en diez minutos, Mills.
—A la orden —dijo con una sonrisa.
Diez minutos después, ni uno antes ni uno después, Regina cruzaba el umbral de la oficina de Emma.
—¿Puedo sentarme?
—Por supuesto. Esto nos va a llevar un buen rato.
—Me pondré cómoda entonces —dijo recostándose en el sillón de respaldo alto y cruzando los brazos a la altura del pecho.
—Tenemos que recortar páginas.
—Indudablemente.
—Propongo que el reportaje de portada, que es el principal, quede como está.
—¿Significa eso que me toca recortar a mí?
—No, claro que no, yo también reduciré páginas de los míos.
—¿En qué proporción?
—Eso es negociable.
—Cuánta generosidad. Acepto lo del reportaje de portada a cambio de que también «Regina responde» se queda tal cual.
—Pero eso no es lógico, tu consultorio sentimental no tiene la misma importancia.
—Puede, pero es una de las secciones que más gusta y que más éxito tiene. Y se trata de vender ejemplares, es por eso que estamos aquí.
Emma tuvo que reconocer que tenía razón.
—De acuerdo, ¿dónde recortamos entonces?
—Yo propongo en todos los artículos a partes iguales.
—¿Y si hay algún artículo que requiera más páginas de las que tiene asignadas? Sabes que puede ocurrir.
—En ese caso, si el artículo es tuyo, tú recortas del resto de tus secciones donde lo consideres oportuno. Y yo haré lo mismo si el artículo es mío. Creo que es lo justo.
—Está bien. Lo haremos así.
—¿Algo más, Querida?
—Bueno, he pensado que me gustaría tener más autonomía a la hora de seleccionar las fotografías de aficionados que se publiquen. No me gusta tener que pedirte tu opinión sobre eso, es una sección mía.
—No veo problema si tú me permites a mí publicar las cartas de «Regina responde» sin pasar por tu supervisión.
—No tengo el más mínimo interés en controlar ni seleccionar el contenido de las cartas de unas chifladas que pierden el tiempo queriendo «gustar » a un hombre.
—¿Quizás preferirías controlar a quienes piden consejo sobre cómo «gustar » a una mujer ?
—¿Qué quieres decir con eso?
—Hummm, tú sabrás... Pero en el fondo es lo mismo: se trata de «gustar ». ¿Algo más, Querida?
—Nada más, Mills. Nos volvemos a ver en un par de días con los borradores de los artículos para el ejemplar conjunto.
—Hasta entonces, Querida. Que te diviertas.
—Tú también.
—No lo dudes —respondió dándole vueltas a una idea que se le acababa de ocurrir.
Aquella tarde a la hora de salir, Emma y Rubí estaban recogiendo para marcharse cuando oyeron voces en la antesala. Inmediatamente sonó el teléfono interior.
—¿Sí, Rose?
—Aquí hay un señor que pregunta por Regina o por ti. ¿Le aviso o..?
—No, no, hazlo pasar.
—Te espero fuera.
Emma volvió a sentarse. La puerta se abrió y ante ella encontró al hombre que había estado con Regina en la fiesta el sábado anterior.
—¿En qué puedo ayudarlo señor...? No recuerdo su nombre.
—Robín Locksley . —«Y lo recuerdas perfectamente, hay pocas cosas que tú olvides», pensó.
—Bien, usted dirá.
Robín se hizo el ingenuo.
—En realidad estaba buscando a Regina. Pero en recepción me dijeron que trabajaba en esta sección, así que si pudiera hacer el favor de avisarle...
—¿La señora Mills lo espera?
—No, pero estaba cerca y como sé que es su hora de salir se me ocurrió pasar a buscarla.
—Comprendo. Bien, le comunico que Regina no trabaja en esta oficina; tiene una compartido en otra zona de la redacción. Con mucho gusto mi ayudante lo acompañará. Y la próxima vez que pase por aquí espere a la señora Mills en el vestíbulo. Es lo habitual, todos los amigos y amigas del personal deben hacerlo así.
—Disculpe, desconocía las normas. Siento haberla molestado.
—Solo será molestia si se repite.
—No se preocupe, no se repetirá. Gracias.
Emma se levantó y precedió a Robín hasta la antesala.
—Rubí, el señor es un amigo de la señora Mills. ¿Puedes hacer el favor de acompañarlo a su oficina?
—Sí, claro. Por aquí.
Emma regresó a su mesa y cogiendo el teléfono marcó la extensión de Regina.
—¿Qué ocurre? Estoy a punto de salir, es la hora.
—Solo me llevará un minuto. Haz el favor de decirle a tus amigos que esto es un lugar de trabajo.
—¿Qué?
—Uno de tus amigos se ha presentado en mi oficina a buscarte. Rubí lo está acompañando a la tuya. Déjale claro que la próxima vez te espere en el vestíbulo.
—¿Quién es?
— Me refiero a tu amigo de la fiesta del sábado. Robín no sé qué.
—¿Robín está aquí?
—Limítate a dejárselo claro. —Y colgó.
En aquel mismo momento Rubí y Robín se perfilaron en el umbral de la puerta.
—Robín —dijo acercándose a él—. ¿Pasa algo?
—No, no te preocupes. Luego te cuento. ¿Tardas mucho en salir ?
—No, ya me iba.
—Pues entonces vamos. He venido en metro, quizás puedas llevarme a casa.
—Por supuesto.
Cogió su saco y el bolso con el portátil y despidiéndose hasta el día siguiente, salió de la oficina con Robín a su lado.
Apenas cruzaron el vestíbulo Robín soltó una sonora carcajada.
—¿De qué te ríes? ¿De verdad no pasa nada?
—Pasa que después del sábado tenía una curiosidad incontrolable por conocer a la señorita insoportable en su salsa.
—¿En serio?
—Pues claro. Después de tu descripción y de lo que vi en la fiesta, me moría de ganas.
—¿Y?
—Es una tipa dura, sí. Me ha puesto en mi sitio con dos palabras. Menos mal que yo no me achico ante nadie.
—¿Te ha insultado?
—No, que va. Me ha corregido y poca paciencia. Por dios tengo que contarle a Zelena, seguró que va a querer conocerla pronto.
—Pues ya ves con lo que tengo que lidiar cada día.
—No te quejes, que estás disfrutando de esto, te encantan los retos.
Regina se echó a reír.
—La verdad es que sí. Salvo cuando gana ella. ¿Sabías que me ha ganado por un margen de veintisiete suscripciones?
—¿Tantas?
—¿Cómo tantas? ¿Tú no creías que fuera a ganar yo?
—No después de verla, cuñada, además aquella fiesta era su territorio, conoce demasiado bien el mundo literario; por muy hermosa que tú seas, no tenías la más mínima posibilidad de ganar. Bueno vayamos a casa, que seguro Zelena me espera.
Dos días después Emma y Regina se volvieron a reunir para poner en común el ejemplar compartido.
Regina aceptó casi todo lo que Emma propuso, limitándose a hacer solo algunas pequeñas modificaciones sobre la marcha.
Emma, que esperaba algo más de resistencia por su parte, se sintió ligeramente defraudada. Le costaba creer que hubiera aceptado tan fácilmente la derrota y se hubiera limitado a expresar su descontento con algunas frases cruzadas.
La revista se imprimió y salió a la calle. Ambas esperaban el resultado de las ventas que indicarían si habían obtenido su objetivo o no, y mientras empezaron a preparar el segundo ejemplar.
Emma estaba ojeando y seleccionando una buena cantidad de fotos cuando Rubí entró en la oficina con un ejemplar de la revista ya publicada en la mano.
—Emma... —dijo con el ceño fruncido y la voz grave—. Creó que deberías ver esto.
Lo cogió y pudo ver que estaba abierto por la sección «Regina responde».
En la segunda carta. Emma leyó:
«Tercera en discordia.»
«Querida Regina:
Soy una treintañera que ha estado teniendo problemas en aclarar su ideas; siempre supe que lo mío eran las mujeres, lo queme provocó problemas con mi familia hasta el punto de romper relaciones con ellos para poder vivir mi sexualidad libremente. Aunque soy agraciada,escondo mis inseguridades bajo una ropa fea sin estilo alguno,y mi carácter es agrio y despótico con todo el que me rodea.
Mantengo una relación lésbica estable desde hace años, cabe decir que escondemos nuestra relación en el trabajo para que no nos traiga problemas de más, pero ahora en mi entorno de trabajo ha aparecido una mujer atractiva y divertida, me siento muy atraída por ella.
No sé qué hacer,estoy muy confusa, por un lado quiero a mi chica, pero definitivamente no me mueve todo como lo hace la otra.Se perfectamente que ella es lesbiana pero no sé porque no me hace caso,además de mi carácter hosco,no sé vestirme ni peinarme para agradar a una mujer de su magnitud,pero creó que si consiguiera atraer su atención y mantener una aventura con ella,podría aclararme mis dudas. He hablado de esto con mi pareja y por supuesto que sea enojado pero no quería mentirle, necesito aclarar mis dudas.
Pero no sé qué hacer para seducir a esa mujer,no sé qué le gusta ni cómo comportarme,y puesto que ella es muy parecida a ti,he pensado que quizás podrías aconsejarme.
Espero con ansia tu respuesta.
« Em. White »
Respuesta.
«Estimada Señorita White:
No están extraño el caso que me consultas. A veces conocemos personas que nos hacen sentir cosas que nunca hemos sentido y nos confunden. Está muy acertada al ser sincera con su pareja debes aclarar tus sentimientos, en este momento, es importante saber lo que quieres.
Si para ello debes mantener una aventura con tu compañera de trabajo y quieres que se fije en ti,lo primero que debes hacer es cambiar radicalmente de aspecto. Si no sabes cómo hacerlo acude a profesionales. Un buen peluquero,un asesor de imagen o simplemente la dependienta de una buena tienda de ropa pueden hacer milagros. El resto es cosa tuya,pero sin lugar a dudas debes modificar ese carácter agrióque dices tener. A nadie le agrada a una mujer así. Seguro que puedes conseguirlo si lo intentas.
Espero que mi consejo te ayude. Sinceramente tuya, Regina.»
—¡Joder ! Pero que le pasa a esta hija de perra!
—¿Se ha saltado el acuerdo de publicar algo sin tu consentimiento?
—No. Se las ha apañado para que yo la deje publicar su sección sin supervisar las cartas, la hija de puta. ¿Alguien ha visto la carta en la redacción?
—Sí, todo el mundo, pero nadie sabe que se trata de ti. Aquí eres Emma Swan y nadie te relaciona con Em. White.
—Pero en la calle mucha gente sí sabe quién soy. ¿Y cómo lo habrá descubierto esta cabrona?
—Seguramente alguien te reconoció en la fiesta.
—¿Y realmente piensa que me siento atraída por ella? ¡Por Dios, hay que ser egocéntrica!
—No lo creo, solo quiere provocarte.
—Es posible.
—¿Qué vas a hacer ?
—Puesto que lo ha hecho para provocarme, fingiré que no me he dado cuenta. No le voy a dar la satisfacción de reclamárselo en la cara. Y me vengaré, por supuesto.
—Por supuesto —dijo Rubí sonriendo—. No espero menos de ti.
—De momento la dejaré estar, no le haré saber nada para que se confíe, y cuando menos se lo espera... ¡zas!
—¿Y sabes cómo te vas a vengar ?
Emma se quedó pensativa.
—Hummm... Déjame pensar, esto hay que hacerlo fríamente.
—Jajaja. Miedo me das.
—Pero Rubí, de momento ninguna de las dos ha visto esas cartas.
—Por supuesto.
—Nadie en la redacción debe sospechar bajo ningún concepto que yo soy esa señorita White. Esas cartas me importan tan poco como el resto de su consultorio sentimental.
—Claro.
—Bien. Sigamos trabajando, tenemos una revista que publicar. Llévate ese ejemplar y déjalo donde estaba.
Por supuesto que Regina no iba aceptar la derrota tan facíl jajaja, de que creen que trate la venganza de Emma?...
No se olviden de comentar, quizá me deje influenciar :P
