Durante toda la semana Regina esperó alguna reacción por parte de Emma ante su provocación, pero no se produjo ninguna. ¿Sería posible que no hubiera visto la carta?. Sabía que Rubí leía cada ejemplar de principio a fin, y esperaba que se lo hubiera contado, pero ni Emma había hecho alusión alguna ni había contraatacado. ¿Se habría equivocado Zelena y no era la Emma White que ella creía?
Su hermana casi nunca se equivocaba, pero tampoco era propio de Emma dejar pasar una provocación semejante, sobre todo en lo que se refería a la "atracción" hacia su compañera de trabajo.
Su comportamiento hacia ella era el mismo de siempre, algún intercambio dialéctico y poco más cuando perfilaban el siguiente ejemplar. Ni siquiera insistió en revisar las cartas que se publicarían, su actitud no acusaba ningún cambio que la hiciera suponer que había leído la carta. Dejaría pasar una semana más y volvería a la carga, la idea era demasiado buena para que no hubiera surtido efecto.
El nuevo ejemplar se publicó y fue evidente que la revista conjunta estaba siendo un éxito. Las ventas aumentaban lo cual suponía un problema en parte, por que se hacía evidente que iban a tener que seguir compartiendo la dirección y no iban a poder librarse la una de la otra, al menos en un futuro próximo.
Ya estaban ultimando los contenidos del tercer ejemplar cuando Emma le comentó a Rubí mientras iban en el coche:
—Hoy va a ser el día.
—¿Qué día?
—El de la revancha.
—Vaya... ya me temía que lo fueras a dejar estar.
Emma apartó por un momento la vista que tenía concentrada en el tráfico de la mañana.
—Parece mentira que no me conozcas.
—¿Y qué tienes pensado?
—Bueno la señora Mills suele aludir mucho su encanto y la facilidad que tiene para conseguir mujeres, es toda una mujer muy sexual, eso lo convertiremos en su contra.
—¿Cómo lo harás?
—Voy a hacer correr la voz de que a la señora Mills le gustan muchas cosas pervertidas prácticamente es una enferma sexual. Rubí lanzó una risita.
—Necesito tu ayuda.
—Claro. Cuenta conmigo para lo que quieras. Por Dios que no te imaginas cómo me estoy divirtiendo con esta guerrita suya.
—Yo también hace tiempo que no me divertía tanto. En fin, veremos cómo encaja la señora Mills que nos metamos con su ego.
—Coconociéndola, lo va a tomar mal.
—Bueno, este es el plan. Tú tienes libre acceso a la oficina de Regina, ¿verdad?
—Sí, he estado allí algunas veces colaborando con ella.
—¿Sabes dónde guarda los borradores de los artículos?
—En su ordenador.
—No nos vale. ¿Y las cartas?
—¿Las que le llegan de los lectores? Selecciona y guarda en el ordenador las que se van a publicar y el resto las mantiene en uno de los cajones de su escritorio durante un tiempo, en una carpeta. El segundo, creo.
—Bien, pues cuando entre en mi oficina te deslizas con mucho sigilo y dejas caer esto en el cajón de las cartas. Que parezca escondido, pero que esté visible —dijo alargándole una pequeña caja, que contenía un dildo de 25cm, con unas pinzas para pezones, un vibrador anal y para rematar un frasco de gotas de Yumbina estimulante sexual.
—La puta que te parí...joderrrr...no podías agregar más cosas, ¿de donde coño haz sacado ese dildo? , ¿No te estarás pasando?
—No, definitivamente no, recuerda que ha usado mi verdadero nombre e inventadome una historía!
—Vale, ¿Crees que nos descubrirá?
—Ella no, lo descubrirá una de nuestras chicas. ¿Quién es más chismosa, Ashley o Rose?
—Ashley, sin lugar a dudas.
—Pues ella. Cuando hayas colocado todo esto me mandas un mensaje.
—De acuerdo. ¿Y cómo lo vas a hacer ?
—Tendré que improvisar un poco, pero lo lograré. Y después de que hayas comprobado que Ashley lo ha visto, tienes que recuperar el cuerpo el delito, Regina no puede saber de dónde proviene el rumor.
—De acuerdo.
—Yo trataré de entretenerla toda la mañana.
Llegaron al edificio y la rutina comenzó como todos los días. Emma se encerró en su oficina y Regina avisó de su llegada a las ocho en punto de la mañana.
—¿Después del desayuno puedes hacer el favor de pasarte por mi oficina? Quiero que discutamos algunos puntos del próximo ejemplar.
—De acuerdo, allí estaré —dijo Regina pensando en que hacía mucho que no tenían ningún intercambio de opiniones interesante. Emma había estado muy comedida la última semana y media y echaba de menos sus dardos verbales.
Después del desayuno llamó a su puerta.
—Pasa, Regina.
Ella se quedó parada en el umbral, ¿La había llamado Regina? Era la primera vez que lo hacía.
—Supongo que puedo sentarme.
—Puedes sentarte, sí.
—¿Estás enferma?
—No. ¿Tengo aspecto de estarlo?
—Rara desde luego estás. Demasiado amable, diría yo. ¿Estamos en esos días? A la mayoría de nosotras nos vuelve irritables, pero como eso tú lo estás siempre, es posible que te haga el efecto contrario.
Ella ignoró su comentario.
—Me gustaría opinar sobre las cartas de la sección «Regina responde». Ella la miró fijamente. De modo que era eso. Sí había visto la carta.
—Creía que habíamos decidido que yo no me involucraría en la publicación de las fotografías y tú no lo harías en el consultorio.
—He cambiado de opinión.
—¿Y si me niego?
—Vetaré todos y cada uno de los artículos que propongas.
—¿Y se puede saber qué mosca te ha picado con lo de las cartas?
—No me ha picado ninguna mosca, simplemente quiero ver todas las que has recibido y poder opinar en su publicación. Quiero aportar una visión diferente.
Regina enarcó una ceja.
—En ese caso crea tu propio consultorio y dale una visión diferente. Aunque dudo que puedas.
—Bueno, no seas tan quisquillosa. Solo pretendo que me dejes leer todas las cartas y me permitas darte mi opinión sobre la publicación.
—¿Quieres leer todas las cartas?
—Sí, eso he dicho.
—Son muchas, te llevará horas.
—No me asusta el trabajo.
—Bueno, si es lo que quieres, por mí no hay inconveniente.
El móvil de Emma vibró levemente sobre la superficie de la mesa.
—Disculpa —dijo mirando el mensaje de Rubí—. Bueno, entonces de acuerdo. Leeré esas cartas y te comentaré algo a ser posible hoy mismo.
—Te las traeré en cuanto terminemos.
—¿Las tienes aquí?
—En mi oficina.
—En ese caso puedes pedirle a Ashley que te las traiga, mientras nosotras comentamos otros artículos. Y así me explicas un poco cómo haces para seleccionar las que quieres publicar.
—Bueno, si tienes tanta prisa...
Regina cogió el teléfono y pulsó el botón de Ashley.
—Ashley, ¿puedes hacerme un favor, preciosa? ¿Te importaría acercarte a mi oficina y traer una carpeta que hay en el segundo cajón de mi escritorio con las cartas recibidas esta semana? Está rotulada con «Regina responde».
—En seguida te la llevo.
Emma sacó un pequeño fajo de folios impresos y sujetos con un clip y se dedicó a explicarle con pelos y señales lo que pretendía con aquel artículo sobre medio ambiente. Regina la miró perpleja. ¿Realmente estaba intentando colaborar con ella y obtener su aprobación? ¿Significaba eso que había comprendido que era mejor para la revista participar hombro con hombro? Se sintió decepcionada al pensar que se acababa toda la diversión del trabajo.
Ashley se levantó de su escritorio y se dirigió a la oficina que Regina compartía con otras dos personas.
—Buenos días —saludó dirigiéndose al escritorio de Regina.
—Buenos días, Ashley. ¿Cómo tú por aquí?
—De recadera. Al parecer Regina ha olvidado algo.
Abrió el segundo cajón del escritorio y localizó la carpeta que le habían pedido pero al levantarla vio algo que la dejo en shock, jamas en su vida había visto semejante cosa!; por inercia movió su mano hacia el dildo y al jalarlo observó que aplastaba unas pinzas y encima a lado había un gotero que decía "estimulante sexual"
—Pero que mierda!, Por dios y todos los ángeles del paraíso! —No pudo evitar exclamar.
—¿Qué pasa?! —exclamó Jenny, la fotógrafa que se sentaba en la mesa contigua.
—Ven a ver esto, no te lo vas a creer. Curiosa se acercó hasta el escritorio.
—Jodeeeeerr! … ¿Pero… que coñ…? —dijo bajito mirando hacia Edward que estaba hablando por teléfono, de espaldas y parecía no haberse percatado de nada.
La conversación siguió entre susurros.
—A lo mejor estas...cosas... no son suyas, las ha comprado para alguien. ¿Un estimulante sexual?
—Pero...tenerlas en la oficina...con que propósito..
—Francamente no se que pensar...tan decente que se veía... y de clase alta...jodeer
—Ya…esos son los peores; ¡Caray con Regina…! Tan encantadora, tan sexy… y sale con esto...Acaso necesita de todo esto para ella ... o será que los usa con alguien más...
—No sé, déjalo todo como estaba.
Camuflaron los objetos bajo otros papeles y Ashley salió con la carpeta. Cuando llegó a su oficina, levantó una enigmática ceja y entró en la de Emma.
—Aquí tienes —dijo alargándosela a Regina y evitando mirarla, no fuera a darse cuenta de su descubrimiento.
—Gracias.
Inmediatamente salió y se acercó a la mesa de Rubí.
—¡Acércate, Rose, tengo que contarles algo! Esta se levantó y se acercó a ellas.
—¿Qué ocurre? ¿Se están pegando? —dijo señalando a la oficina de Emma.
—No.
—¿Enrollándose, entonces?
—No, no tiene nada que ver con ellas dos, sino con Regina. Tiene un ...uno de...o por dios...
— Ya mujer, suelta la sopa, no nos dejes así.
—Un jodido y enorme dildo! y también estimulante sexual!
—¿En serio?! ¿estimulante!
Shhh, baja la voz, y eso no es todo, encima tenia unas pinzas raras, creó que son para pezones.
—Nooo...noo te creo, ella no parecer ser... — dijo Rose
—Pues créelo, es que ya no te puedes fiar de nadie, lo tenia un poco escondido, pero al tirar de la carpeta ha salido a la superficie.
—Oye, Ashley —intervino Rubí—. Creo que a Regina no le gustaría que eso se difundiera por ahí. Mejor que quede entre nosotras, ¿eh? Es algo privado.
—Por supuesto. No pensarás que soy una chismosa, ¿verdad?
—No, claro que no lo eres.
—Aunque Jenny lo ha visto también.
—Bueno, esperemos que sepa mantener la boca cerrada.
Las tres se separaron y volvieron a sus respectivos trabajos. Rubí aguardó instrucciones de Emma para recuperar la evidencia.
En el despacho contiguo, Emma seguía dando vueltas a su plan. Por un momento se llevó la mano a la frente y se presionó las sienes.
—Disculpa un momento— dijo. Regina frunció el ceño.
—¿Te ocurre algo?
—No, no es nada, se me pasará enseguida. Regina siguió observándola fijamente.
—¿Segura?
—Solo dame unos minutos.
Al poco tiempo levantó la cabeza.
—¿Qué es lo que te ocurre?
—Antes tenías razón, es la regla. Estoy un poco mareada.
—¿Has desayunado?
—Un yogur, como todos los días.
—Por Dios, eso no es desayuno… ¿Ni siquiera un café, para que la cafeína te levante?
—No me ha dado tiempo. Ella hizo un esfuerzo y se mordió el interior de la mandíbula para no soltar la risa.
—No te muevas, voy a salir y traerte algo de comer.
—No, Rubí se preocuparía. También insiste en que coma más. Saldré yo a tomar algo, no le digas nada a nadie.
—¿Tu imagen de dragón se vería dañada? ¿Emma Swan nunca se pone enferma?
—Más o menos.
—De acuerdo, pero yo te acompaño, no vayas a desmayarte en medio de la calle. Y nada de protestas, o te acusó con Rubí.
Emma puso cara de contrariedad mientras reía por dentro. Todo estaba saliendo como había pensado.
—Está bien, pero no me desmayo fácilmente.
—Por si acaso.
Se levantaron y salieron juntas de la oficina.
—Rubí, Regina y yo vamos a salir a tomar un café. Si hay algo urgente, encárgate por favor.
—De acuerdo.
Ambas desaparecieron en el corredor. Tanto Rose como Ashley se miraron estupefactas.
—¿Ha dicho café?
—¿Ha dicho juntas? Rubí rió con ganas.
—Eso parece.
—¡A que al final van a acabar siendo amigas!
—¡O enrolladas!
—No creo que sea para tanto, chicas. Solo han salido a tomar un café, todos los compañeros de trabajo lo hacen. Ni se van a emborrachar juntas ni se trata de una cita romántica.
—Nunca se sabe.
Rubí aprovechó la oportunidad que Emma le había proporcionado para entrar de nuevo en la oficina de Regina y recuperar las cosas, que deslizó sigilosamente en una bolsa que llevaba y que tapó con su chaqueta. Cuando salía de la oficina, vacía en aquel momento, se encontró con Jenny que entraba.
—¿Has venido a comprobarlo por ti misma? —preguntó con complicidad.
—He venido a devolver unos documentos.
—Ya… esa es la excusa, claro. Erica, la chica de recepción no podía creérselo.
—¿Se lo has contado?
—Pues claro, le tenía echado el ojo a Regina, así que debe saber, para que no la tome por sorpresa y por sí debía prepararse mentalmente, ¿no?
—Claro, debe saberlo.
—Todas las mujeres de este edificio que quieren meterse en su cama deben saberlo. Es lo justo.
—¿Y hay muchas?
—Un buen puñado, unas por curiosidad y otras por cuestión de gustos, diría yo. Lástima de sus gustos.
—A mí se me ha quitado la curiosidad y las ganas, solo de pensar en eso ni ganas, pero en fin para gustos hay colores.
—Bueno, será mejor que lo olvidemos y nos pongamos a trabajar.
—Ni lo sueñes. Voy a dar un vistazo por ahí a ver qué se comenta.
Rubí sonrió mientras daba media vuelta y regresaba a su oficina. Ashley tampoco estaba en ella.
Emma y Regina recorrieron la acera saltándose las cafeterías cercanas de mutuo acuerdo hasta llegara una relativamente lejos del edificio. Entraron y se acomodaron en una mesa.
—Un café solo. Fuerte y en vaso largo —pidió Regina.
—Otra para mí.
—Espere, por favor. Voy a pagar yo, y te vas a tomar un desayuno decente. A ver si por una vez se te alegra la cara, que seguro que el avinagrado se debe a que te saltas tus comidas. Tráigale un tazón de leche entera con los cereales bien azucarados, las tostadas con aceite y jamón y el zumo grande.
—Bueno, por una vez y sin que sirva de precedente.
El camarero se acercó y empezó a colocar platos sobre la mesa. Emma comió con apetito, ante la mirada divertida de Regina.
—¿Desde cuándo no comías, Querida?
—Desde esta mañana, ya te lo he dicho.
—Me refiero a comer de verdad.
—Siempre como de verdad.
—Permite que lo dude. No estarías devorando ahora como si fueran a prohibir la comida.
Emma soltó bruscamente la cucharilla dentro del bol de cereales.
—¿De qué vas? ¿Primero insistes en que coma y luego te burlas de mí?
—Solo era una broma, Querida. Sigue comiendo.
Le hizo caso. La verdad era que estaba hambrienta, y eso que no era cierto que hubiera desayunado solo un yogur. Emma comía bastante, y aunque procuraba hacerlo de forma equilibrada, ni con mucho era estricta en su alimentación. Tanto ella como Rubí disfrutaban de la comida y de la bebida, pero eso en el ámbito privado, nunca en el trabajo, al menos ella.
—Volvamos, ya llevamos demasiado tiempo fuera.
—Tranquila, nadie te va a recriminar que una vez en la vida hayas salido a desayunar. Mixtrum se va a publicar igualmente.
Ambas se levantaron y se dirigieron de nuevo a la editorial. Cuando entraron en el vestíbulo, Erica las siguió con la mirada con una expresión extraña en el rostro.
—¡Cuánta expectación por una simple salida a desayunar ! —dijo Regina
—. Vamos a tener que hacer lo más veces para que se acostumbren.
—Ni lo sueñes, Mills.
Espero sus opiniones ..
