A ver en cuál otro enfrentamiento se han metido estas chicas...


Al día siguiente Regina llegó puntual, como era ya habitual. Al pasar por recepción, Erica la miró muy atentamente, bastante más que de costumbre. Ella le dedicó su mejor sonrisa y un saludo alegre.

—Buenos días, Erica.

—Buenos días, Regina. ¿Qué tal?

—Pues ya ves, aquí dispuesta a ganarme el pan de cada día.

—Tú no necesitas ganarte el pan, tienes asegurado el filete de por vida.

—Eso díselo a mi padre. Él me obliga a venir aquí cada día y a ganarme el pan con el sudor de mi frente —bromeó.

—No exageres, aquí tenemos un estupendo sistema de acondicionamiento de aire. Nadie suda.

—Eso depende del trabajo que tengas que realizar, Querida. El mío es muy duro, a veces.

Erica soltó una carcajada.

—Sí, es posible.

El teléfono empezó a sonar y la chica respondió. Regina continuó su camino hasta su oficina. Se cruzó con varias chicas en el pasillo que se la quedaron mirando con fijeza. Cuando pasaron se miró de arriba abajo con la sensación de que tenía algo raro. Incluso se miró su blusa por sí la tenia mas desabotonada que de costumbre,por que, por un momento, le pareció que la mirada de una de ellas se había posado en sus pechos. Todo estaba en orden y siguió adelante.

En su despacho Edward también la miró de forma extraña.

—Debo estar paranoica hoy —se dijo—. O tengo monos en la cara. Jenny llegó poco después y también le pareció a Regina que la miraba con más fijeza de la habitual.

—Buenas, Regina.

—Hola, Jenny.

Ella se sentó sin dejar de mirarla.

—¿Pasa algo?

—No, ¿qué va a pasar ?

—No sé, parece que hoy tenga monos en la cara. Todo el mundo me mira.

—Es que tienes aspecto de cansada.

—¿Yo? Pues no sé. No estoy más cansada de lo habitual.

—Quizás estresada sea la palabra.

—Tampoco me siento estresada especialmente, Jenny.

—Hum, bueno, serán imaginaciones mías.

Regina abrió el cajón de su escritorio y encendiendo el ordenador portátil se dispuso a trabajar. Minutos después, él teléfono interno empezó a sonar.

—¿Sí? Ah, hola Emma, buenos días.

—¿Ya estás ahí? Pensaba que te habías retrasado.

—No me he retrasado, he llegado puntual, siempre lo hago.

—Pero no me has llamado para confirmármelo.

Regina suspiró. No estaba de humor esa mañana para tonterías. La noche anterior Elsa le había estado lanzando indirectas sobre el tiempo que ya llevaban juntas y ella intuía que deseaba avanzar un paso en su relación. Algo que no iba a suceder. Sacudió la cabeza y volvió a la realidad y a Emma Swan.

—¿Voy a tener que estar pasando el control hasta el final de los tiempos?

—Simplemente me extrañó.

—Bien, pues para que te quede claro, tengo muchísimos defectos, pero la impuntualidad no es uno de ellos, y nunca lo ha sido. Y a partir de ahora no voy a llamarte para anunciarte mi llegada. No eres mi jefa ni tengo que darte cuentas de mi tiempo.

—Vaya, Mills, ¿estamos de mal humor esta mañana?

—¿Tú también? ¿Qué le pasa a todo el mundo hoy, joder ? No estoy de mal humor, simplemente quiero trabajar en paz.

—Esta bien, trabaja y espero que merezca la pena.

Regina colgó un poco más bruscamente de lo que pretendía. Jenny y Edward la miraban fijamente de nuevo. Desistió de hacer ningún comentario y se dedicó a buscar información para su nuevo artículo.


Inexplicablemente, a lo largo de la mañana, varias empleadas de la redacción pasaron por la oficina; unas para saludar a Jenny, otras con excusas tontas y todas sin excepción le dedicaron a Regina un saludo y alguna sonrisita que no supo identificar.

A la hora del desayuno, acudió como de costumbre a la antesala de la oficina de Emma. Normalmente ella llevaba la comida mientras que las chicas se ocupaban del café, pero en esa ocasión vio sobre la mesa de Ashley unas revistas sobre sexualidad y unas magdalenas a lado. Ella colocó su caja de donuts y preguntó:

—¿De quienes son estas revistas?

—Nuestras— dijo Ashley

— Y eso que las tienen por acá .— dijo Regina, mientras tomaba una de ellas y las hojeaba, vio en las primeras hojas se hablaba sobre el BDSM, recorriendo vio notas acerca de como aumentar el libido que incluía ciertos alimentos, cerca de terminar noto un articulo sobre como saber si eres un manico (a) sexual.

— Solo por curiosidad, con eso que esta de moda 50 Sombras de Grey.

— Ah, veo, pero que curiosas han salido ustedes.— dijo Regina mientras las veía con una sonrisa picara.

— Sí ya ves, estar informada no hace daño por eso hemos pensado que es bueno incluir ciertos alimentos en la dieta habitual, alimentos que proporcionan energía, como dice ahí.

Regina se sirvió un café y cogió una magdalena. Estaba buena, parecía casera y el sabor a arándanos era muy intenso, como si quien la hubiera preparado hubiera sido muy generoso con el fruto.

—¿Te gustan? Las he hecho yo —dijo Rose muy complacida.

—Sí, están muy buenas.

—Si quieres te paso la receta, así las puedes tomar siempre que quieras.

—De acuerdo, se agradece.

—He utilizado arándanos desecados para que la concentración fuera más intensa. Coge otra.

Regina intuía que todo aquello tenía un motivo oculto que se le escapaba.

No obstante cogió otra magdalena. Después regresó a su oficina.

Cuando llegó, Edward había salido a desayunar y Jenny estaba sola.

—Bueno, a ver si me dejan trabajar. Hoy todo el mundo está muy raro.

—Que quede entre nosotras, pero se ha corrido la voz de tus gustos.

Regina suspiró.

—¿Que gustos? .Mi único gusto es joder a Emma.

Jenny se la quedó viendo estupefacta.

—¿Emma Swan?

—Ajá.

—Pero… Ella y tú se llevan fatal… No sabía que las cosas habían cambiado.

—Nada ha cambiado, ha sido idea de August.

—¿De August?

—Sí, él piensa que para sacar adelante la revista Emma y yo debemos colaborar más estrechamente.

—¿Y ella está de acuerdo?

—No hay nada que Emma no haga para salvar Mixtrum. Parece que se le va la vida en ello.

—¿Tanto?

—No te lo puedes imaginar. Vive para esa revista.

—¿Y… colabora?

—Hace lo que puede… ya sabes cómo es.

—Sí, ya… No tiene que ser fácil para ti.

—No lo es, pero qué se le va a hacer. Yo soy una profesional. Mantener Mixtrum en el mercado también se ha convertido para mí en una cuestión de orgullo.

—Ahora entiendo que necesites esa "ayuda".

—Necesito «toda» la ayuda que pueda conseguir. Cada vez que la señorita Swan lo considera oportuno me llama a la oficina y yo cojo mis bártulos, me armo de valor y acudo a cumplir con mi deber.

—A colaborar.

—Exacto.

—En la oficina.

—Sí, normalmente utilizamos su oficina. Aquí están Edward y tú.

—Claro, clarooo.

—Pero ayer salieron juntas a desayunar.

—Lo de ayer fue una excepción, se dieron unas circunstancias especiales. Pero que coño … ¿Todo el mundo se ha enterado de que fuimos a desayunar juntas? ¿No se puede respirar en esta editorial sin que se entere hasta el gato?

—Me temo que no.

Los pasos de Edward se dejaron oír en el pasillo y la conversación se dio por finalizada.


Durante varios días la redacción fue un hervidero de rumores. Cada vez que Emma llamaba a Regina a su oficina, Jenny levantaba el pulgar en un gesto de ánimo.

Un día Edward revisó en el cajón por si las cosas aun seguían ahí y no las encontró.

—Ya no están —susurró.

—¿Qué no están?

—Aquello… ya sabes.

—Las habrá movido de lugar.

—O se ha dado cuenta de que las hemos visto y se los ha llevado a su casa.

—No lo creo, Edward, las usa aquí.

—¡¿Aquí?!

—No se lo digas a nadie, pero August prácticamente la obliga a follar con Emma. Por eso necesita todo eso. Dice que con el resto de las mujer no le es necesario. Pero imagino que con Emma ha de ser difícil.

—Estás de coña, Jenny. No sé quién te ha podido venir con ese cuento.

—Me lo dijo ella misma. Que August se lo impuso para mejorar el rendimiento de la revista y que ellas aceptaron. Así que de vez en cuando Emma la llama a la oficina y… Regina acude.

—¿Pero en la oficina? Rubí, Ashley y Rose trabajan en la habitación contigua.

—Serán silenciosas, hombre. No creo que se trate de encuentros pasionales, más bien algo así como cubrir un expediente. Un polvo de compromiso. La verdad es que no me imagino a la señorita estirada desmelenándose y retorciéndose de placer.

—Ni yo… pero si requiere de todas esas cosas…sobre todo el estimulante ha de ser porque le ha de dar trabajo satisfacerla.

Los pasos de alguien que se acercaba los hizo callar y enfrascarse en su trabajo.

Regina entró y se dejó caer en su sillón.

—¿Qué tal ha ido? —le preguntó Jenny.

—Difícil. Es agotadora esta mujer, nunca está satisfecha. Me lo ha hecho repetir tres veces.

—¿Tres?

—Sí, tres. ¿Y crees que al final estaba contenta? Pues no, me ha dicho que soy una mediocre. Joder, yo una mediocre…

—Lo has repetido tres veces, ¿en cuánto tiempo?, acaso usaste todo tus bártulos? Regina miró con hastío su reloj de pulsera.

—Por supuesto, pero ni así la contente y fue en aproximadamente una hora y cuarto.

—No eres una mediocre —exclamó Jenny—, te lo aseguro, solo ella es difícil.

—Gracias, Jenny. Es un consuelo, pero por desgracia no es a ti a quien debo tener contenta.

—A mí me tendrías más que contenta, Regina, te lo aseguro.

—En fin, volvamos al trabajo, que mañana toca dar todo por el todo de nuevo.

—¿Mañana?

—Eso ha dicho, que mañana quiere ver algo realmente espectacular.

—Vaya con la señorita Swan.


Vaya.. las cosas terminaron mal jajaja, cómo creen que reaccionara Emma cuando se entere de los nuevos rumores?.

Al final no sé ni cómo terminara esto jajaja, espero que me digan que tal les pareció.